La espinaca (Spinacia oleracea) es una hortaliza de hoja anual de la familia de las amarantáceas, la misma que la acelga, la remolacha y las quinoas. Forma una roseta de hojas tiernas a ras de suelo y, cuando los días se alargan, emite un tallo floral y deja de servir para la mesa. Ese detalle manda sobre todo lo demás: la espinaca es un cultivo de días cortos y de tiempo fresco, y por eso en España se siembra de otoño a finales de invierno, no en primavera avanzada ni en verano.
Antes de sembrarla conviene tener claras tres cosas. La primera, que necesita suelo fértil y bien abonado, porque produce mucha hoja en poco tiempo. La segunda, que agradece la siembra directa: tiene raíz pivotante y el trasplante la retrasa y la predispone a subirse a flor. Y la tercera, que se cultiva perfectamente en maceta, siempre que la jardinera tenga fondo suficiente (unos 20 cm) y no se seque entre riegos. Es de las hortalizas más agradecidas para un balcón orientado a levante o mediodía en los meses fríos.
Cómo es la planta
La espinaca desarrolla primero una roseta de hojas de pecíolo largo y limbo entero o algo lobulado en la base. Según la variedad, la hoja es lisa (las llamadas de invierno, más resistentes al frío y cómodas de lavar) o abullonada y rizada, del tipo Savoy, con más textura y más recovecos donde se acumula la tierra. Hay también variedades intermedias, semirrizadas, que son las más habituales en semillero comercial.
Las variedades antiguas son dioicas, con pies macho y pies hembra, mientras que muchas modernas son híbridos monoicos seleccionados para tardar más en espigarse. Si compras semilla, busca en el sobre la mención a resistencia al mildiu y a la subida a flor: son las dos características que más se notan en el huerto.
Conviene no confundirla con la llamada espinaca de Nueva Zelanda (Tetragonia tetragonioides), que no es una espinaca ni pertenece a la misma familia, aunque se cocine parecido y se cultive justo en la estación contraria, en verano.
Cuándo sembrar en España
La regla general es sembrar cuando los días acortan o todavía son cortos, y evitar que la planta llegue a mayo hecha una roseta madura.
- Litoral mediterráneo y sur peninsular: de septiembre a febrero, con las siembras de octubre y noviembre dando las mejores matas. El invierno suave permite cosechar de forma escalonada casi sin parón.
- Interior peninsular: una tanda a finales de verano y principios de otoño, que se recoge antes de los fríos duros o pasa el invierno parada, y otra en febrero o marzo en cuanto se puede trabajar la tierra. La espinaca resiste bien las heladas, aunque con hielo fuerte la hoja se queda lacia y se recupera al templar.
- Norte atlántico: es donde más margen hay. Se siembra de finales de verano a primavera, e incluso en verano si el sitio es fresco y sombreado, porque las temperaturas moderadas retrasan el espigado.
Suelo, siembra y marco
Pide tierra suelta, profunda y rica en materia orgánica, con pH neutro o ligeramente alcalino. En suelos ácidos se queda pequeña y amarillea, así que en el norte suele compensar encalar o al menos aportar compost bien hecho. Antes de sembrar, incorpora compost o estiércol maduro y afina la superficie: la semilla es pequeña y necesita contacto con tierra fina para nacer pareja.
Siembra a golpes o en línea, a poca profundidad, cubriendo con un dedo escaso de tierra. Deja unos 25 cm entre líneas y aclara después las plantas a un palmo entre ellas. Si aprietas más el marco tendrás hojas más pequeñas y más problemas de hongos por falta de aire. En maceta, tres o cuatro plantas por jardinera de balcón es un número realista.
La semilla nace mejor con el suelo fresco. En las siembras de finales de agosto y septiembre, cuando la tierra todavía está caliente, la nascencia es irregular; se corrige regando antes de sembrar y manteniendo la superficie húmeda hasta que asome.
Riego y abonado
El riego tiene que ser regular. Un golpe de sequía basta para que la planta interprete que se acaba su ciclo y se suba a flor, y ya no hay vuelta atrás. Riega de forma que la tierra se mantenga fresca sin llegar a encharcarse, preferiblemente por goteo o a pie de planta: mojar la hoja de forma continua favorece el mildiu.
Es un cultivo exigente en nitrógeno, pero pasarse tiene su factura. La espinaca acumula nitratos en la hoja, sobre todo con abonado nitrogenado abundante, poca luz y recolección temprana en el día. Por eso la AESAN mantiene recomendaciones publicadas para limitar su consumo en la alimentación de los más pequeños. En el huerto, la traducción práctica es sencilla: abona con compost y no cargues la mano con fertilizantes nitrogenados de acción rápida.
Exposición
En otoño e invierno, sol directo cuanto más mejor. En las siembras de final de invierno en el sur, una sombra ligera a mediodía en marzo y abril alarga la cosecha y retrasa el espigado. En interior, junto a una ventana, la espinaca sale endeble: es planta de exterior, de balcón o terraza, no de salón.
Plagas y problemas frecuentes
- Mildiu (Peronospora): el problema número uno. Manchas amarillentas por el haz y un fieltro grisáceo por el envés, con humedad y temperaturas suaves. Se previene aireando el cultivo, regando sin mojar la hoja y eligiendo variedades con resistencia.
- Pulgón: aparece en primavera con el calor. Revisa el envés y actúa pronto, porque una vez que la roseta está cerrada es difícil llegar.
- Minadores de hoja: dejan galerías blanquecinas. Se retiran las hojas afectadas y poco más, porque el insecto va por dentro.
- Espigado prematuro: no es una plaga, es calendario. Si te pasa siempre, siembra antes y elige variedad de invierno.
- Amarilleo generalizado: suele ser suelo ácido, encharcamiento o falta de abonado de fondo.
Cosecha y conservación
Hay dos formas de recoger. La primera, ir cortando las hojas exteriores según alcanzan el tamaño que te interesa, dejando el cogollo central para que siga produciendo; así una misma mata da varias pasadas. La segunda, cortar la roseta entera a ras de suelo cuando está hecha; se hace en cultivos densos y de una sola tanda.
La hoja se recolecta bien seca de rocío y se lava a fondo, sobre todo en las variedades rizadas, donde la tierra se agarra en los pliegues. Aguanta pocos días en frigorífico dentro de una bolsa perforada. Para conservarla más tiempo, lo estándar es escaldarla en agua hirviendo un par de minutos, escurrirla y congelarla en porciones; cruda directamente al congelador se apelmaza y pierde textura.
Sobre la mesa, la espinaca contiene ácido oxálico en cantidad apreciable, que es lo que le da esa sensación áspera en los dientes cuando se come cruda; el hervido y el descarte del agua de cocción reducen su contenido. Como con cualquier verdura de hoja cocinada, lo razonable es consumirla en el día y no dejarla recalentando de forma repetida.
Multiplicación y semilla propia
La espinaca se multiplica solo por semilla. Si quieres guardarla, deja espigar unas cuantas plantas y ten en cuenta que es de polinización anemófila, por el viento, y que cruza con facilidad con otras espinacas de la zona: la semilla saldrá pura solo si no hay otra variedad florecida cerca. Se recoge cuando el tallo está seco y las semillas se desprenden con facilidad, y se guarda en sobre de papel, en sitio seco y fresco. Su poder germinativo dura pocos años, menos que el de otras hortalizas.
En resumen
La espinaca es un cultivo de estación fría que se resuelve con tres decisiones acertadas: sembrar directamente en otoño o al final del invierno, dar tierra fértil y suelta con compost de fondo, y no dejar que se seque. Cumplido eso, produce mucho en poco espacio y va igual de bien en un bancal que en una jardinera de balcón con veinte centímetros de fondo.
Los dos fallos que arruinan la cosecha son sembrar tarde, cuando los días ya se alargan y la planta se sube a flor sin llegar a hacer roseta, y regar a golpes. El mildiu es el otro frente, y se combate más con aireación y variedad resistente que con tratamientos. Escalona las siembras cada dos o tres semanas y tendrás hoja tierna durante todo el invierno.