La cebada (Hordeum vulgare) es un cereal de invierno y, por superficie sembrada, el cultivo herbáceo más extendido de España. Eso condiciona todo lo demás: no es una planta de maceta ni de huerto urbano, sino un cultivo de secano que se siembra a voleo o con sembradora en parcelas medidas en hectáreas, se recoge con cosechadora y se destina sobre todo a pienso y a malta cervecera.
Dicho esto, sí hay tres cosas que se pueden hacer con un puñado de grano de cebada sin tener una finca: sembrarla en una jardinera como hierba tierna para gatos, germinarla para brotes, y usarla como abono verde o cubierta de invierno en un bancal del huerto. Al final de la ficha están las tres. Antes, lo que hay que saber de la cebada como cultivo, que es de lo que va de verdad.

Cómo es la planta
Es una gramínea anual de raíz fasciculada, con tallos huecos llamados cañas y hoja plana, más ancha y de un verde algo más claro y ceroso que la del trigo. La planta ahíja, es decir, produce varios tallos desde la base, y cada uno termina en una espiga.
La espiga es lo que la distingue a simple vista de cualquier otro cereal: lleva unas aristas larguísimas, mucho más que las del trigo, que le dan ese aspecto peinado y erizado, y se inclina al madurar hasta quedar colgando, mientras la del trigo suele quedarse más erguida. Al granar pasa del verde azulado al pajizo.
Hay dos grandes tipos según cómo se colocan los granos en la espiga:
- Cebada de dos carreras (dística). La espiga es plana y estrecha, con dos hileras de grano. Es la que se busca para malta cervecera, por grano más grueso y homogéneo y menos proteína.
- Cebada de seis carreras (hexástica, la llamada cebada caballar). Espiga más gruesa y cuadrangular, con seis hileras. Rinde bien en secanos duros y se destina sobre todo a alimentación animal.
Y dos ciclos: las variedades de ciclo largo, que necesitan pasar frío para espigar y se siembran en otoño, y las de ciclo corto o alternativas, que no lo necesitan y admiten siembra tardía o de primavera. Elegir mal el ciclo es el error más caro de este cultivo, porque una variedad de ciclo largo sembrada en febrero puede no llegar a espigar bien.
Suelo y clima
La cebada es el cereal de los secanos difíciles. Aguanta mejor que el trigo la sequía y la salinidad, y es más precoz, así que escapa antes de los golpes de calor de final de primavera. A cambio es menos resistente al frío intenso que el centeno y bastante peor que este en suelos ácidos: en terrenos de pH bajo, típicos del noroeste, la cebada sufre y el centeno o la avena la sustituyen con ventaja.
Quiere suelos francos, sueltos y con algo de caliza, de neutros a básicos, y bien drenados. Lo que no perdona es el encharcamiento: en una vaguada que retiene agua tras las lluvias de invierno, la cebada amarillea y se pierde.
En España se cultiva de forma masiva en Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón, Navarra y Andalucía. En el norte atlántico tiene menos peso, entre la acidez del suelo y la humedad de primavera, que favorece las enfermedades de hoja.


Cuándo se siembra en España
- Interior peninsular (las dos Castillas, Aragón, Navarra). Siembra de otoño, entre finales de octubre y principios de diciembre, buscando que la planta llegue al invierno ahijada pero no adelantada. En zonas de mucho frío se retrasa algo para que no espigue antes de tiempo.
- Sur y litoral mediterráneo. Siembras algo más tardías, de noviembre a diciembre, y variedades de ciclo corto o alternativas.
- Norte atlántico y zonas altas. Cabe la siembra de primavera, en febrero o marzo, con variedades de ciclo corto, cuando el otoño ha sido demasiado húmedo para entrar a sembrar.
La siembra se hace a unos tres o cuatro centímetros de profundidad, ni más ni menos: enterrada de más, la plántula gasta reservas y nace desigual; enterrada de menos, queda expuesta a la sequía y a los pájaros. La dosis de semilla ronda los ciento cincuenta a doscientos kilos por hectárea, y se ajusta según la variedad, el poder germinativo del lote, la fecha y el estado del terreno: cuanto más tarde se siembra y peor está la cama de siembra, más dosis.
El terreno se prepara buscando una cama de siembra fina y asentada, sin terrones grandes ni huecos, para que el grano contacte con la tierra húmeda. También se siembra mucho en siembra directa sobre rastrojo, sin laboreo previo, que conserva mejor la humedad del suelo.
Rotación y abonado
Repetir cereal sobre cereal año tras año es la receta segura para acumular enfermedades del suelo y hierba resistente. La cebada va especialmente bien detrás de una leguminosa (veza, guisante, garbanzo) o de un barbecho, y también detrás de girasol o colza donde el clima lo permite.
El abonado se plantea en dos momentos: uno de fondo antes o durante la siembra, con fósforo y potasio según lo que diga el análisis del suelo, y una cobertera de nitrógeno al final del invierno, cuando la planta arranca el ahijado y empieza a encañar. Pasarse de nitrógeno tiene dos consecuencias caras: la planta se encama, es decir, se tumba con el primer viento y lluvia, y en cebada cervecera sube la proteína del grano por encima de lo que admite la maltería.

Plagas y enfermedades
- Oídio (Blumeria graminis). Manchas de aspecto algodonoso blanco en la hoja, típicas de primaveras suaves y húmedas y de parcelas muy densas.
- Roya parda (Puccinia hordei). Pústulas pardo anaranjadas que manchan la ropa al rozarlas. Aparece con temperaturas ya templadas.
- Rincosporiosis y helmintosporiosis (la llamada red de la cebada). Manchas necróticas en hoja, favorecidas por humedad y por restos de cosecha anteriores. La rotación y el enterrado del rastrojo cuentan mucho aquí.
- Virus del enanismo amarillo. La planta se queda achaparrada y con las hojas amarillentas o rojizas desde la punta. Lo transmiten los pulgones, sobre todo en siembras tempranas con otoños cálidos.
- Zabro (Zabrus tenebrioides). Escarabajo cuya larva devora la hoja de noche desde una galería en el suelo y deja las plantas deshilachadas, en rodales.
- Encamado. No es plaga, es la suma de exceso de nitrógeno, siembra muy densa y variedad de caña larga. Complica la cosecha y baja el rendimiento.
Cosecha
La cebada es el primer cereal en recogerse. En Andalucía y el interior sur se cosecha ya en junio; en el interior norte y las zonas altas, entrado julio. El punto es el de madurez completa: el grano ya no se raya con la uña, la espiga cuelga y la caña está seca. Se recoge con humedad baja, y si el grano entra en el almacén con humedad de más, se calienta y se estropea.
El grano se guarda limpio, seco y aireado, protegido de gorgojos y de roedores. La paja, que en cebada es abundante y de buena calidad, se empaca detrás de la cosechadora y se aprovecha para cama y alimentación del ganado.

Qué se puede hacer con cebada en casa
Hierba para gatos. Es el uso doméstico real. Se llena una jardinera baja con sustrato, se reparte una capa densa de grano casi tocándose, se cubre con un dedo de tierra y se riega. En pocos días sale una alfombra de hierba tierna que el gato mordisquea. Cuando se pone dura o amarillea, se tira y se siembra otra tanda. Usa grano de cebada sin tratar, no semilla certificada de siembra, que va tratada con fungicida y no debe llegar a un animal.
Brotes. El grano se pone en remojo unas horas, se escurre bien y se enjuaga dos veces al día en un tarro germinador hasta que apunta la raicilla. La higiene aquí no es un detalle: el germinado húmedo y templado es un medio ideal para bacterias, así que hay que enjuagar a diario, escurrir de verdad y desechar cualquier tanda con mal olor o aspecto viscoso.
Abono verde. Sembrada en otoño en un bancal que va a quedar vacío, la cebada cubre el suelo, evita que la lluvia lo apelmace y lo lave, y compite con las malas hierbas. En primavera se siega antes de que espigue y se deja en superficie como acolchado o se incorpora. Es de los abonos verdes más baratos y sencillos.

En resumen
La cebada es un cultivo de secano de ciclo invernal: se siembra en otoño en el interior peninsular, se abona con la cobertera al final del invierno y se cosecha antes que ningún otro cereal, en junio o julio según la zona. Aguanta la sequía y la salinidad mejor que el trigo, pero le sientan mal los suelos ácidos y el encharcamiento, y elegir bien entre ciclo largo y ciclo corto según la fecha de siembra decide media cosecha.
En un huerto o una terraza no tiene sentido cultivarla para obtener grano, porque el rendimiento de unos metros cuadrados es ridículo. Sí lo tiene sembrarla como cubierta de invierno en un bancal en descanso, o llenar una jardinera para tener hierba tierna en casa. Para eso conviene comprar grano limpio sin tratar, nunca semilla certificada tratada con fungicida.