La capuchina es Tropaeolum majus, conocida también en España como taco de reina, espuela de galán o llagas de Cristo según la comarca. Es originaria de los Andes, de la zona entre Perú, Bolivia y Colombia, y llegó a Europa en el siglo XVII, donde se extendió como planta de jardín por lo fácil que resulta y por lo llamativo de sus flores naranjas, rojas y amarillas.
Dos cosas conviene saber antes de sembrarla. La primera es que es completamente comestible en hojas, flores y semillas, con un sabor picante muy característico, parecido al del berro, que no es casualidad: la capuchina pertenece al mismo orden botánico que las coles y los berros, y comparte con ellos los compuestos azufrados responsables de ese picor. La segunda es que crece mucho más de lo que la gente espera. Las variedades trepadoras cubren varios metros de valla en una temporada, y las de mata se extienden hasta ocupar un metro cuadrado largo.

Cómo es la planta
Tiene hojas redondeadas y de aspecto muy reconocible, con el pecíolo insertado en el centro del limbo en lugar de en el borde, lo que los botánicos llaman hoja peltada y que da a la planta ese aire de sombrillas verdes. Los nervios salen radialmente desde ese punto central. La superficie repele el agua, de modo que tras la lluvia quedan gotas rodando como perlas sobre las hojas.
Las flores son grandes, de cinco pétalos, y llevan un espolón largo por detrás que es lo que le da el nombre popular de espuela. Los colores van del amarillo pálido al rojo oscuro, pasando por todos los naranjas, y hay variedades con manchas y con flores dobles. Cada flor dura poco, pero la planta produce sin parar durante meses.
El fruto se separa en tres piezas rugosas y arrugadas que contienen las semillas, grandes y fáciles de recoger. Es de las plantas más agradecidas para guardar semilla propia.
Variedades
- Trepadoras. Tiran guías largas y se agarran enrollando el pecíolo de las hojas. Necesitan una valla, una malla o algo por donde subir, o se dejan colgar desde una jardinera alta.
- De mata compacta. Forman una bola baja y ancha, mucho más manejable en maceta y en el borde de un bancal.
- De flor doble. Más vistosas, aunque suelen producir menos semilla.
- De hoja variegada. Con las hojas jaspeadas de crema, decorativas incluso sin flor.
Para balcón interesan las compactas o las colgantes; para cubrir una valla fea en un verano, las trepadoras no tienen rival.

Cuándo y cómo sembrar
La semilla es grande, dura y muy fácil de manejar, lo que convierte a la capuchina en una planta perfecta para sembrar con niños. Se siembra directamente en el sitio definitivo, porque la planta acusa mucho el trasplante: tiene la raíz frágil y sufre si se le rompe el cepellón.
Se entierran a dos centímetros aproximadamente, dos o tres semillas por golpe, y se deja después la plántula más fuerte. Poner las semillas en remojo unas horas antes acelera la germinación, que suele producirse en una o dos semanas con temperatura suave.
| Zona | Siembra | Floración |
|---|---|---|
| Litoral mediterráneo y sur | Febrero a abril, y septiembre en zonas sin heladas | De abril a las primeras heladas |
| Interior peninsular | Abril a mayo | De junio a octubre |
| Norte atlántico | Abril a junio | De junio a noviembre, muy larga |
Es sensible a la helada, así que no se adelanta la siembra. En cambio, en el litoral cálido y en Canarias puede comportarse como perenne y vivir varios años, rebrotando tras el invierno.
Suelo, sol y riego
Aquí está el consejo más contraintuitivo de toda la ficha: la capuchina florece mejor en suelo pobre. Si la plantas en tierra estercolada o la abonas, obtendrás una planta enorme, con hojas del tamaño de un plato, y muy pocas flores. Es de las pocas especies de jardín donde abonar es un error.
Quiere sol directo para florecer bien, aunque tolera media sombra en el sur, donde el sol de julio le quema las hojas. El suelo debe drenar; no soporta el encharcamiento.
El riego es moderado. Aguanta bien la sequía una vez establecida, y de hecho un ligero estrés hídrico favorece la floración. En maceta hay que regar más a menudo, pero sin dejar plato con agua.
En maceta funciona muy bien: un recipiente de veinte o treinta centímetros de profundidad con sustrato normal, sin enriquecer, y buen drenaje. Las variedades colgantes en jardinera alta dan un efecto estupendo.

La capuchina en el huerto
Tiene un papel bien conocido entre hortelanos: es un imán para el pulgón negro. Plantada cerca de las habas o de otros cultivos sensibles, concentra buena parte de las colonias, lo que permite verlas y actuar sobre ellas en un solo sitio. Es lo que se llama planta trampa.
Hay que asumir la consecuencia: tu capuchina se va a llenar de pulgón, y eso es precisamente lo que se busca. Si la quieres impecable para comer las flores, no la pongas al lado de las habas.
También atrae abejorros y otros polinizadores, y su follaje denso cubre el suelo y ahoga las malas hierbas en los bordes del bancal.
Plagas y problemas frecuentes
- Pulgón negro. Casi garantizado. Un chorro de agua a presión, el aplastado manual o simplemente dejar que lleguen mariquitas y sírfidos suelen bastar.
- Orugas de la col. Como la planta está emparentada con las crucíferas, las mariposas blancas ponen sobre ella. Las hojas aparecen agujereadas.
- Minador. Deja galerías sinuosas y blanquecinas dentro de la hoja. Es feo pero rara vez grave; se retiran las hojas afectadas.
- Araña roja. En veranos secos y calurosos, sobre todo en maceta.
- Mucha hoja y poca flor. Exceso de abono o de riego, o falta de sol.

Usos en cocina
Las flores se comen enteras, crudas, y aportan color y un picor suave a ensaladas y platos fríos. Se recogen recién abiertas y se revisa el interior, porque suelen alojar insectos. Las hojas jóvenes, picadas, tienen un picante más marcado, parecido al del berro o al de la rúcula, y se usan en pequeña cantidad.
Las semillas verdes, todavía tiernas, se encurten en vinagre y se usan como sustituto tradicional de las alcaparras. Se recogen justo después de que la flor caiga, cuando aún están blandas, y se dejan en salmuera y luego en vinagre. Es un uso muy antiguo en la cocina europea y el más interesante de la planta.
Como con cualquier planta de sabor fuerte, se consume en cantidades razonables y como condimento, no como verdura de plato. Y hay que asegurarse de que no se ha tratado con nada: si vas a comer las flores, la planta no lleva ningún producto encima.
Guardar semilla y resiembra
Las semillas caen al suelo por sí solas cuando maduran, y se recogen fácilmente del pie de la planta. Se dejan secar unos días y se guardan en un sobre de papel en sitio seco; conservan la germinación varios años.
Conviene saber que la capuchina se resiembra sola con mucha facilidad y que en zonas de clima suave y húmedo, como el norte atlántico o Canarias, se naturaliza y puede extenderse fuera del jardín. No es una planta para soltar cerca de un espacio natural: se mantiene dentro de los límites del jardín y se recogen las semillas si no quieres que colonice.

En resumen
La capuchina se siembra directamente en primavera, en suelo pobre y con sol, y florece sin parar hasta las primeras heladas. No hay que abonarla ni regarla en exceso, porque las dos cosas dan hoja a costa de la flor. En maceta funciona igual de bien que en tierra, y las variedades trepadoras cubren una valla en una sola temporada.
Sus tres virtudes prácticas son que atrae el pulgón lejos de los cultivos sensibles, que se guarda semilla sin ningún esfuerzo y que se aprovecha entera en la cocina, con las flores en ensalada y las semillas verdes encurtidas como alcaparras. A cambio pide vigilancia en un punto: se resiembra sola con mucha facilidad, así que conviene tenerla controlada.
