El cajú es Anacardium occidentale, el árbol del que sale el anacardo. Según dónde se hable recibe un nombre distinto: cajú en Brasil y Portugal, marañón en buena parte de Centroamérica y Colombia, merey en Venezuela y anacardo en España. Es un árbol tropical originario del nordeste de Brasil que los portugueses llevaron en el siglo XVI a la India y a África oriental, donde hoy se concentra la mayor parte de la producción mundial.
Conviene decirlo desde el principio, porque cambia todo lo que viene después: el cajú no se cultiva en España fuera de una colección de invernadero o de un microclima costero muy protegido de Canarias. No es una cuestión de paciencia ni de técnica. Es un árbol que no tolera el frío, que necesita calor constante durante todo el año y una estación seca marcada para florecer y cuajar. En el interior peninsular una sola noche de helada acaba con él, y en el litoral mediterráneo el invierno es demasiado fresco y húmedo para que llegue a producir.

Aviso importante sobre la cáscara
Hay una razón por la que nunca has visto anacardos con cáscara en una tienda. Entre las dos capas de la cáscara de la nuez hay un líquido oscuro y aceitoso, conocido industrialmente como CNSL, cargado de ácido anacárdico y cardol. Son compuestos fenólicos de la misma familia química que el urushiol de la hiedra venenosa, y son cáusticos: producen quemaduras y dermatitis intensas en la piel y en las mucosas.
Por eso el anacardo se procesa siempre antes de llegar al consumidor. Las nueces se someten a tostado o a vapor para destruir y expulsar ese líquido, y solo después se descascarillan. Incluso lo que se vende como anacardo crudo ha pasado por ese tratamiento térmico. Abrir una castaña de cajú a mano, sin equipo ni protección, es una manera segura de acabar con quemaduras en las manos y en la cara.
La familia botánica ayuda a entenderlo: las anacardiáceas incluyen también el mango, el pistacho y el zumaque, y varias de ellas comparten esa química irritante. Añade a eso que el anacardo es uno de los frutos secos que con más frecuencia provoca alergia alimentaria grave.
Cómo es el árbol
Es un árbol de porte medio, muy ramificado desde bajo y con la copa ancha y desordenada, a menudo más ancha que alta. En cultivo se le mantiene bajo para facilitar la recolección, pero abandonado se extiende mucho y sus ramas bajas llegan a tocar el suelo y a arraigar. Tiene hojas simples, coriáceas y de nervio marcado, y una raíz pivotante profunda que le permite aguantar sequías largas una vez establecido.
La floración es en panículas con flores pequeñas, y la fructificación es la parte que confunde a todo el mundo. Lo que parece la fruta, esa pieza carnosa con forma de pimiento amarillo o rojo, no es el fruto: es el pedúnculo engrosado, un pseudofruto que los botánicos llaman hipocarpo. El fruto verdadero es la pieza gris con forma de riñón que cuelga en el extremo, y dentro de ella está la semilla, que es lo que comemos.

Qué clima necesita
El cajú es un árbol de tierras bajas tropicales. Necesita temperaturas cálidas durante todo el año, sin heladas en ningún momento, y una alternancia clara entre una estación de lluvias y una estación seca. Esa sequía estacional no es opcional: la floración y el cuajado se producen en la época seca, y la humedad ambiental alta durante la floración favorece la antracnosis, que arrasa las inflorescencias.
Prefiere altitudes bajas y tolera muy bien la proximidad al mar, incluso el viento salino, motivo por el cual se ha plantado tradicionalmente para fijar dunas y suelos arenosos degradados. Lo que no soporta es el frío, ni el suelo encharcado, ni los inviernos largos y húmedos.
Por qué no prospera en España
Ninguna zona peninsular reúne esas condiciones. En Andalucía y en el litoral mediterráneo, donde crecen mango y aguacate en las comarcas más abrigadas, el problema no es el verano sino el invierno: las mínimas bajan lo suficiente para dañar o matar al árbol, y el ciclo seco no coincide con lo que la planta necesita para florecer. En el norte atlántico y en el interior no hay ni discusión.
Canarias es el único territorio español donde tiene alguna posibilidad, y aun así de forma marginal: hace falta una zona costera cálida, sin viento frío y sin heladas, y el resultado suele ser un árbol que vive y florece pero cuaja poco y de forma irregular. No existe producción comercial española de anacardo.
Si aun así quieres tener la planta, lo realista es plantearla como ejemplar de invernadero cálido o de colección botánica, con calefacción en invierno, y asumir que verás el árbol pero probablemente no la cosecha.

Cómo se cultiva donde sí crece
En sus zonas de producción se multiplica por semilla y, para plantaciones comerciales, por injerto sobre patrón de semilla, que adelanta la entrada en producción y mantiene el tipo. La semilla debe ser fresca, porque pierde viabilidad deprisa, y se siembra directamente en el sitio definitivo o en bolsa grande, ya que la raíz pivotante se estropea con los trasplantes tardíos.
Quiere suelos ligeros, arenosos y profundos, con drenaje excelente. Tolera suelos pobres, y de hecho ese es parte de su interés agronómico en zonas áridas. El encharcamiento, en cambio, lo mata. Se planta a marcos amplios, porque la copa se extiende mucho, y en los primeros años se riega para asegurar el arraigo; después tira con la lluvia estacional.
La poda es de formación y de limpieza: se levanta la copa para poder trabajar debajo, se eliminan las ramas que tocan el suelo y se aclara el interior. Entre los problemas más habituales están la antracnosis en floración, el mildiu polvoriento y varios insectos chupadores que dañan brotes e inflorescencias.
Cosecha y procesado
La recolección se hace en el suelo: el conjunto de pseudofruto y nuez cae cuando está maduro y se recoge a mano. La nuez se separa del pseudofruto y se seca al sol, y a partir de ahí empieza el procesado industrial que ya se ha explicado, con tostado o vapor antes del descascarillado.
El pseudofruto es la parte que no se exporta. Es muy jugoso, algo astringente y extremadamente perecedero, así que se consume localmente en fresco o se transforma en zumos, dulces y bebidas fermentadas. En Brasil es habitual la cajuína, un zumo clarificado, y en Goa se destila el feni a partir del mismo jugo.

Qué plantar en su lugar
Si lo que buscabas era un frutal de sabor tropical para el sur de España, hay opciones que sí funcionan según la zona. En las comarcas subtropicales de Málaga y Granada se cultivan con éxito el aguacate, el mango, la chirimoya y el níspero japonés. En el litoral mediterráneo más templado van bien el caqui, la granada y el níspero. Y si el interés era el fruto seco, el almendro y el pistacho son cultivos plenamente adaptados al clima peninsular, con la ventaja de que aquí hay variedades, viveros y experiencia acumulada.

En resumen
El cajú es un árbol tropical de tierras bajas, originario del nordeste brasileño, que necesita calor todo el año y una estación seca para florecer. Fuera del invernadero no hay ningún punto de la España peninsular donde pueda cultivarse, y en Canarias sus posibilidades se limitan a microclimas costeros muy concretos y con producción poco fiable. Cualquier guía que te explique cómo plantarlo en una maceta del balcón te está contando un cultivo que no existe.
Lo que sí conviene retener es la parte de seguridad: la cáscara de la nuez contiene un líquido cáustico emparentado químicamente con el de la hiedra venenosa, y por eso el anacardo pasa siempre por un tratamiento térmico antes de descascarillarse. No se abre a mano en casa. Y lo que en las fotos parece la fruta es en realidad el pedúnculo engordado; la nuez es la pieza gris que cuelga de su extremo.
