La bardana o lampazo es Arctium lappa, una planta bienal de la familia de las compuestas, la misma del cardo y la alcachofa. En España crece de forma espontánea en cunetas, escombreras, bordes de camino y suelos removidos y ricos en nitrógeno, sobre todo en la mitad norte. Es una planta grande, de hoja enorme y con esas cabezuelas espinosas que se enganchan a la ropa y al pelo de los perros y que inspiraron el velcro. También existe Arctium minus, la bardana menor, más pequeña y también común; cuando se cultiva por la raíz, la que interesa es la mayor.
Lo que se cultiva de la bardana es la raíz, una pivotante larga, blanca por dentro y de sabor entre terroso y dulce, que en Japón se come como verdura corriente con el nombre de gobo. Antes de sembrarla conviene saber dos cosas: que esa raíz baja mucho y necesita suelo profundo y suelto, y que la planta ocupa bastante espacio en su primer año. En Europa se le conocen usos tradicionales en herboristería desde antiguo, y esto se cuenta aquí como lo que es, una tradición documentada; la ficha va del cultivo.
Cómo es la planta
El primer año la bardana forma una roseta de hojas muy grandes, acorazonadas, de haz verde oscuro y envés blanquecino y afieltrado, sobre pecíolos largos y acanalados. Recuerda a una hoja de ruibarbo por el tamaño. Bajo esa roseta se está formando la raíz.
El segundo año emite un tallo ramificado y robusto, que puede superar la altura de una persona, con capítulos de flores tubulares purpúreas rodeados de brácteas terminadas en gancho. Al secarse, esos capítulos son las famosas lampazas o pegotes, que se sueltan enteros y viajan enganchados a cualquier animal que pase. Después de florecer y granar, la planta muere.
Ese ciclo manda en el cultivo: la raíz se recoge antes de que la planta suba a flor, porque en cuanto florece la raíz se vuelve leñosa, hueca y fibrosa, y ya no sirve.
Suelo, que es lo que decide todo
La bardana necesita suelo profundo, suelto y sin piedras. Es el requisito de verdad importante: en tierra compacta o pedregosa la raíz sale corta, bifurcada y retorcida, imposible de arrancar entera. Los suelos arenosos profundos son ideales; las arcillas apelmazadas, lo peor.
Prefiere terrenos ricos en materia orgánica, como corresponde a una planta de ambientes nitrófilos, y no es exigente con el pH. Antes de sembrar, cava profundo y desmenuza bien, incorporando compost maduro. Si el estiércol está fresco, la raíz se bifurca.
En huerto casero, dos soluciones prácticas:
- Bancal elevado de al menos medio metro de altura, relleno de mezcla suelta.
- Tubo o contenedor alto: un tubo de PVC ancho, un saco de cultivo profundo o un cubo de obra alto relleno con tierra ligera y arena. Se siembra dentro y la raíz crece recta. Para recogerla, se vuelca el contenedor.
En una maceta corriente de balcón se puede tener la planta, pero no obtendrás una raíz aprovechable.
Exposición y clima
Sol o media sombra. Aguanta bien el frío del interior peninsular y también el clima húmedo del norte atlántico, que es donde más a gusto está. En el litoral mediterráneo y en el sur, el calor seco del verano la frena y la hace subir a flor antes de tiempo, así que ahí conviene darle media sombra en las horas centrales y no dejarla sin agua.
Siembra
Se siembra directamente en el sitio definitivo. El trasplante le sienta mal, porque la raíz pivotante se estropea en cuanto se manipula.
- Época: primavera, de marzo a mayo en la mayor parte de España, para cosechar en otoño. También se puede sembrar a finales de verano o principios de otoño en zonas de invierno suave, para recoger a finales del invierno siguiente.
- Profundidad: superficial, en torno a un centímetro. La semilla es grande pero no quiere quedar enterrada.
- Marco: deja bastante espacio entre plantas, del orden de un palmo largo en línea y más entre líneas, porque las hojas son enormes y se tapan unas a otras.
La nascencia es algo lenta e irregular. Conviene poner varias semillas por golpe y aclarar después dejando la plántula más vigorosa. Mantén el suelo húmedo hasta que nazcan.
Riego y cuidados
Riego regular y abundante durante todo el ciclo. La bardana es una planta de hoja grande que transpira mucho, y la sequía le provoca dos cosas malas: raíces fibrosas y subida prematura a flor. Un acolchado de paja alrededor mantiene la humedad y ahorra escarda.
Los cuidados se reducen a mantener limpio el bancal las primeras semanas, hasta que las hojas cubren el suelo y ya no deja crecer nada debajo. No necesita poda. Si aparece un tallo floral en el primer año, cabe cortarlo, aunque lo normal es cosechar antes.
Plagas y problemas
- Caracoles y babosas, que se ceban con las hojas tiernas y con las plántulas.
- Oídio en las hojas a finales de verano, con el típico polvo blanco. Es feo pero rara vez compromete la raíz.
- Minadores y orugas que agujerean la hoja sin más consecuencias.
- Subida a flor prematura por calor y falta de agua, que arruina la raíz. Es el fallo más habitual en el sur.
- Raíces bifurcadas por suelo compacto, piedras o estiércol sin descomponer.
Cuidado con que se te escape
La bardana produce mucha semilla y los pegotes se transportan solos enganchados a cualquier cosa. Si la dejas florecer y granar, aparecerá en sitios donde no la has puesto, y arrancar una bardana de segundo año en suelo duro es un trabajo desagradable. Si no vas a recoger semilla, corta las cabezuelas antes de que se sequen. Es también una molestia real para perros de pelo largo, que salen del campo cargados de lampazas.
Cosecha
La raíz se arranca en otoño del primer año, o a finales de invierno del segundo si vives donde el invierno es suave, siempre antes de que arranque el tallo floral. Se riega bien el día antes para ablandar el suelo, se cava una zanja al lado y se tira de la raíz por el cuello, con cuidado, porque se parte con facilidad. En contenedor, se vuelca y listo.
Se limpia de tierra con un cepillo bajo el grifo, sin pelar del todo, porque la piel tiene buena parte del sabor. Al cortarla se oxida y se oscurece deprisa; se evita metiendo los trozos en agua fría. Se cocina como una verdura de raíz: hervida, salteada o guisada, nunca cruda en cantidad, porque es dura y muy fibrosa. Cruda y rallada se usa en pequeñas cantidades. Los pecíolos tiernos de las hojas jóvenes también se comen pelados y cocidos, y el tallo joven del segundo año, pelado, se ha comido tradicionalmente en algunas zonas de Europa.
La raíz se conserva unas semanas en la nevera envuelta en papel o en un tarro con arena húmeda en un sitio fresco. También se corta en rodajas y se seca o se congela.
Un aviso sobre recolectar bardana silvestre
Si vas al campo a por raíz de bardana, la identificación tiene que ser segura. Las rosetas de primer año de la bardana se parecen, a ojos poco entrenados, a las de otras plantas de hoja grande y ancha que son tóxicas, empezando por la digital (Digitalis purpurea) y siguiendo por la belladona (Atropa belladonna). Hay casos documentados de intoxicaciones por lotes de raíz de bardana contaminados con otras especies.
Fíjate en el envés de la hoja, que en la bardana es blanquecino y afieltrado, y en el pecíolo largo y acanalado. Y si tienes cualquier duda, no la arranques: siémbrala tú, que germina sin dificultad y cuesta poco. Evita también los márgenes de carreteras y de fincas tratadas, porque una raíz de este tamaño acumula lo que haya en el suelo.
En resumen
La bardana es fácil de cultivar y difícil de cosechar bien: lo que marca la diferencia es la profundidad y la soltura del suelo. Se siembra directa en primavera, se riega sin escatimar, se aclara para dar espacio a esas hojas enormes y se arranca la raíz en otoño del primer año, antes de que la planta suba a flor.
Ten en cuenta que se resiembra sola con facilidad y que sus pegotes se pegan a todo, así que corta las cabezuelas si no quieres verla por todo el huerto. Y si prefieres recolectarla en el campo, asegúrate de la identificación antes de arrancar nada.