La avena cultivada es Avena sativa, un cereal anual de la familia de las gramíneas que en España se siembra sobre todo en secano y en superficies grandes: Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía y Aragón concentran la mayor parte. Conviene decirlo de entrada porque cambia el enfoque: la avena es un cultivo de campo, no de maceta. Para tener grano de verdad hace falta una parcela, y sembrar un puñado en un tiesto no da una cosecha, da un manojo de hierba.
Dicho eso, la avena sí tiene dos usos domésticos razonables, y son los que mucha gente busca en realidad. Uno es sembrarla en bandeja o maceta para cortar la hierba verde tierna, la clásica hierba para gatos, que germina rápido y no necesita nada. El otro es usarla en el huerto como abono verde y cubierta de invierno: se siembra en otoño en los bancales que quedan libres, protege el suelo de la lluvia, se come el nitrógeno sobrante y se siega antes de que espigue para incorporarla o dejarla como acolchado. Las dos cosas se explican más abajo.
Cómo es la planta
La avena forma una mata de tallos huecos y hojas alargadas de un verde algo azulado, y se distingue del trigo y de la cebada en cuanto espiga: en lugar de una espiga compacta produce una panícula abierta y colgante, con las espiguillas repartidas en ramificaciones que se mueven con el viento. Es una gramínea de ciclo anual que ahíja, es decir, emite varios tallos desde la base, y que necesita más agua que la cebada y menos calor que el trigo para ir bien.
Además de Avena sativa se cultiva en menor medida Avena strigosa, la avena negra o avena estrigosa, muy usada como forraje y como cubierta. Y luego están las avenas silvestres, que no se siembran sino que se combaten: la ballueca o avena loca (Avena sterilis y Avena fatua) es una de las malas hierbas más molestas de los cereales de invierno en España, precisamente porque se parece tanto a la cultivada que cuesta distinguirla hasta que espiga.
Suelo y clima
La avena es el cereal menos exigente de los tres clásicos. Se conforma con suelos pobres, ácidos y mal estructurados donde el trigo no cuaja, y tolera bien la acidez que el trigo no soporta. Lo que peor lleva es el encharcamiento prolongado y la sequía en el momento del espigado.
En cuanto al clima, prefiere inviernos suaves o moderados y primaveras frescas y húmedas. Es más sensible al frío intenso que la cebada, así que en las zonas de invierno duro se siembra en primavera en vez de en otoño. El calor seco de mayo y junio, la temida "asurada", es lo que recorta la cosecha en el interior peninsular.
Cuándo sembrar
Depende de la zona, y aquí la diferencia es real:
- Litoral mediterráneo y sur peninsular: siembra de otoño, entre octubre y diciembre, aprovechando las lluvias. La planta pasa el invierno vegetando y espiga en primavera.
- Interior peninsular: también siembra de otoño en la mayor parte de la meseta, aunque en las comarcas de invierno más duro y altitud alta se retrasa a finales de invierno o principios de primavera, con variedades de ciclo corto, para esquivar las heladas fuertes.
- Norte atlántico: otoño para forraje y cubierta, aprovechando que el invierno es suave; la humedad no es problema mientras el suelo drene.
Para hierba verde en bandeja, en interior y con luz, se siembra en cualquier época del año, porque solo se busca la hoja de las primeras semanas.
Cómo se siembra
En parcela, la avena se siembra a voleo o en líneas, y a poca profundidad, del orden de dos a cuatro centímetros. Más hondo nace irregular. El suelo se prepara con una labor superficial que deje una cama de siembra mullida y sin terrones grandes, y después de sembrar se pasa un rulo o se rastrilla para tapar la semilla y ponerla en contacto con la tierra.
En el huerto familiar, para abono verde, basta con esparcir la semilla sobre el bancal recién despejado, rastrillar por encima y regar si no llueve. Nace en pocos días y cubre el suelo por completo. Es habitual mezclarla con veza o con habas, porque la leguminosa aporta nitrógeno y la avena aporta estructura y sirve de tutor.
Para hierba de gato: bandeja o maceta con unos centímetros de sustrato, semilla muy densa, una capa fina de tierra encima, riego y luz. En una semana o poco más tienes hoja para cortar, y cuando se agota se resiembra.
Riego y abonado
En España la avena se cultiva casi siempre en secano, y el rendimiento lo marca la lluvia de primavera. En regadío se riega en los momentos críticos, que son el ahijado y sobre todo el llenado del grano. En maceta o bandeja, riego frecuente y ligero, porque un sustrato poco profundo se seca en un día.
El abonado nitrogenado hay que medirlo: con exceso de nitrógeno la avena crece mucho, se pone tierna y se encama, es decir, se tumba con la primera tormenta y ya no se levanta. Un cereal encamado se cosecha mal y se enmohece. Si vienes de un cultivo bien abonado, la avena aprovecha lo que quedó y no necesita más.
Plagas y problemas frecuentes
- Roya coronada (Puccinia coronata), la enfermedad más típica de la avena, con pústulas anaranjadas en la hoja. Se agrava en primaveras húmedas y templadas. Las variedades resistentes son la mejor defensa.
- Carbones (Ustilago), que sustituyen el grano de la panícula por un polvo negro. Se controlan con semilla sana y tratada.
- Oídio, con el polvillo blanco en hoja, más frecuente en siembras densas y poco aireadas.
- Pulgones, que además de picar transmiten virosis del cereal. Suelen aparecer en otoño templado y en primavera.
- Avena loca y otras malas hierbas. En el huerto se arranca a mano; en parcela obliga a rotar cultivos, porque repetir cereal de invierno año tras año la multiplica.
- Encamado, ya comentado, y pájaros en la siembra y en el grano lechoso.
Siega y cosecha
Hay dos momentos distintos según para qué la hayas sembrado:
Para forraje o abono verde, se siega cuando la planta está en pleno crecimiento y la panícula empieza a asomar. En ese punto tiene el máximo de materia verde tierna. Si la dejas espigar, se lignifica, pierde calidad como forraje y, si la querías como abono verde, te arriesgas a que grane y se resiembre sola por todo el huerto.
Para grano, se cosecha ya en verano, cuando la paja está seca y amarilla y el grano no se marca con la uña. En huerto, a mano: se siegan los tallos, se atan en gavillas, se dejan secar unos días y luego se trilla golpeando las panículas dentro de un saco o una tela. Después hay que aventar para separar el grano de la paja fina, aprovechando un día de brisa y volcando el material de un recipiente a otro.
El grano de avena va vestido, es decir, conserva unas glumillas adheridas que hay que quitar para consumirlo. Ese descascarillado es el paso que más cuesta a mano y la razón de que la avena casera se destine más a los animales o a la siembra del año siguiente que al desayuno. Guardado bien seco, limpio y en recipiente cerrado, el grano se conserva sin problema de una campaña a otra.
Una nota sobre el gluten
La avena no contiene el gluten del trigo, pero comparte cadena con él: se siembra en las mismas comarcas, se cosecha con las mismas máquinas y se muele en los mismos molinos, así que la contaminación cruzada con trigo, cebada o centeno es habitual. Quien tenga que evitar el gluten busca avena con certificación específica. Es un dato de etiquetado, no un consejo dietético.
En resumen
La avena es un cereal rústico que se conforma con suelos pobres y ácidos, se siembra superficial y en otoño en casi toda España, y se resiente sobre todo de la sequía de primavera y del exceso de nitrógeno, que la tumba. Para grano necesita parcela y una trilla y un descascarillado que a mano dan bastante trabajo.
Si lo que quieres es aprovecharla en casa, sus dos papeles buenos son la cubierta vegetal de invierno en los bancales del huerto, sola o mezclada con veza, y la bandeja de hierba tierna para cortar. En ambos casos es de las plantas más fáciles que puedes sembrar: nace deprisa, cubre bien y no pide nada.