La artemisa es Artemisia vulgaris, una compuesta perenne que en España crece espontánea en cunetas, bordes de camino, riberas y baldíos, sobre todo en el centro y el norte peninsular. También se la llama altamisa o hierba de San Juan en algunas comarcas, aunque este último nombre lo comparte con otras plantas y da lugar a confusiones.
Conviene aclarar el género antes de nada, porque Artemisia incluye plantas muy conocidas y muy distintas: el ajenjo (Artemisia absinthium), de hojas plateadas y sabor amarguísimo; el estragón (Artemisia dracunculus), la aromática de cocina; el abrótano macho (Artemisia abrotanum); o la ontina (Artemisia herba-alba), de los saladares y estepas del interior y del sureste. Si compras planta o semilla, mira la especie: se venden todas bajo la etiqueta genérica de artemisa.
Cómo reconocerla
La artemisa común tiene un rasgo que la delata y que sirve para distinguirla del ajenjo y del resto: la hoja es verde oscura por el haz y blanca por el envés, cubierta de un fieltro de pelos muy finos. Si le das la vuelta a una hoja y ves ese contraste marcado entre las dos caras, es artemisa. El ajenjo, en cambio, es plateado por las dos caras y desprende un olor mucho más penetrante.
Forma matas altas de tallos erguidos, a menudo rojizos o purpúreos, con hojas profundamente divididas en segmentos puntiagudos. Florece a final de verano con panículas largas de capítulos diminutos, verdosos o pardo amarillentos, tan poco vistosos que mucha gente no se da cuenta de que la planta ha florecido.
El dato que hay que conocer antes de plantarla
La artemisa es anemófila: se poliniza por el viento, no por insectos. Y su polen es uno de los alérgenos importantes de final de verano y principios de otoño en España, especialmente en el interior y el norte. Las polinosis por Artemisia están bien documentadas y son un motivo real de consulta.
Esto no la convierte en una planta prohibida, pero sí es algo que hay que valorar antes de plantar una mata grande junto a una ventana o en un patio pequeño. Si en casa hay alguien con alergia estacional, es razonable cortarle las varas florales antes de que abran, que además es fácil porque la floración es tardía y muy visible cuando se conoce.
El otro dato: se extiende
La artemisa tiene rizomas y con ellos coloniza. Una planta puesta en un arriate se convierte en varios años en un rodal, y sacar los rizomas de entre otras plantas es un trabajo tedioso porque de cada fragmento que dejes rebrota una nueva.
La solución práctica es una de estas dos: plantarla en maceta, que además la mantiene a un tamaño manejable, o plantarla en el suelo con una barrera de raíces, como se hace con la menta. Si tienes espacio y no te importa que forme un rodal, en un rincón silvestre del jardín queda muy bien y no da ningún trabajo.
Dónde plantarla
Es de una rusticidad notable. Vive en suelos pobres, pedregosos, removidos y compactados, que es justo donde la ves de forma espontánea. Quiere sol, tolera bien la sequía una vez instalada y resiste el frío sin problema, ya que la parte aérea se seca en invierno y rebrota del rizoma en primavera.
Por zonas, se da bien en casi toda España. En el interior peninsular y en el norte atlántico es donde más abunda de forma natural. En el litoral mediterráneo también prospera, aunque en veranos muy secos agradece algún riego de apoyo para no quedarse mustia.
El suelo importa poco mientras drene. Lo único que no soporta es el encharcamiento prolongado, que le pudre el rizoma. Un terreno rico y muy abonado le da una vegetación exuberante y blanda, más propensa a tumbarse, así que tampoco hace falta mimarla.
Cómo obtener plantas
Por división de mata, que es lo más rápido y seguro. En primavera o al final del otoño se levanta un trozo de la planta con su rizoma y sus raíces, se separa con una pala o con las manos y se replanta enseguida, con un riego generoso. Prende casi siempre.
Por esqueje de tallo tierno en primavera o principios de verano, cortando un trozo de brote, quitando las hojas inferiores y poniéndolo en sustrato arenoso y húmedo a la sombra. Enraíza con facilidad.
Por semilla. Es diminuta y necesita luz, así que se siembra en superficie, sin enterrar, sobre sustrato húmedo, en primavera. Germina bien pero la plántula es lenta al principio y hay que protegerla de la competencia de las hierbas.
Cultivo en maceta
Funciona bien y es la forma recomendable si tienes poco espacio o quieres evitar que se extienda. Necesita una maceta amplia y profunda, porque el rizoma ocupa, y sustrato normal con arena o perlita para que drene. Riego moderado, dejando secar la superficie entre riegos, y sol directo.
Cada dos o tres años conviene sacarla, dividir la mata y replantar una porción con sustrato nuevo, porque el cepellón se convierte en una maraña de rizomas y la planta pierde vigor. La porción sobrante da plantas para regalar o para otra maceta.
Poda y mantenimiento
Es de mantenimiento mínimo. Al final del invierno se corta a ras toda la parte aérea seca del año anterior, y de la cepa saldrán los brotes nuevos. Si quieres una mata más compacta y con más hoja, despunta los tallos a mitad de primavera: ramificará más y quedará más baja.
Si te preocupa el polen o la resiembra, corta las varas florales antes de que los capítulos abran, a final de verano. La planta lo agradece y sigue igual de vigorosa.
Plagas y problemas
- Prácticamente ninguno. Es una planta rústica que rara vez enferma. Los problemas que da suelen ser al revés: que crece más de lo que uno quería.
- Pulgón. Puede aparecer en brotes tiernos en primavera, sobre todo en plantas muy abonadas. Se resuelve solo.
- Oídio. En otoño y en plantas muy apretadas o a media sombra. Aclarar y airear basta.
- Pudrición de rizoma. Por encharcamiento. El único fallo de cultivo que la mata de verdad.
Recolección y secado
La parte que se recolecta son las sumidades, es decir, los extremos de los tallos con hoja tierna, y se cortan en verano, poco antes de que la planta florezca, que es cuando el aroma es más marcado. Se corta a media mañana, con la planta ya seca de rocío.
Se hacen manojos pequeños y se cuelgan boca abajo en un sitio ventilado, oscuro y seco. Cuando las hojas están quebradizas, se desmenuzan y se guardan en tarro hermético, al abrigo de la luz. En manojo aguantan y pierden menos aroma que ya desmenuzadas, así que si tienes sitio, guarda los manojos y ve desmigando.
Usos tradicionales y precauciones
La artemisa tiene una presencia larguísima en la etnobotánica europea. En la cocina centroeuropea se usa como condimento de asados grasos, en particular del ganso, y en la tradición popular española aparece asociada a las hierbas de la noche de San Juan y a distintas costumbres locales. También se ha empleado como planta amarga en la elaboración de bebidas antes de la generalización del lúpulo.
Esa es la tradición documentada, y hasta ahí llega esta guía: aquí no atribuimos propiedades ni explicamos preparados. Sí conviene decir lo que sí es un dato de composición: la artemisa contiene tuyona, el mismo compuesto que ha hecho famoso al ajenjo, y por eso no es una planta para consumir en cantidad ni de forma continuada. La tradición herbolaria y las fuentes de fitoterapia coinciden además en desaconsejarla durante el embarazo. Si tienes cualquier duda sobre su consumo, consulta a un profesional sanitario.
Añade a eso lo del polen: quienes son alérgicos a las compuestas pueden tener también reacciones de contacto al manipular la planta.
La artemisa en el jardín
Más allá del uso como planta aromática, la artemisa funciona muy bien en jardines de bajo mantenimiento y de estilo naturalista. Aguanta el sol, la sequía y el suelo pobre, tiene un follaje de textura fina y bicolor que combina bien con gramíneas ornamentales, y en invierno los tallos secos aportan estructura si no los cortas hasta el final de la estación. Las variedades ornamentales del género, algunas de follaje plateado, se usan mucho en bordura por ese motivo.
En resumen
La artemisa es una perenne rústica, de sol y suelo pobre, que se cultiva sin ninguna dificultad en casi toda España. Se reconoce por la hoja verde oscura por arriba y blanca por debajo, y se multiplica sobre todo dividiendo la mata, que es el método más rápido y seguro.
Sus dos peculiaridades son las que hay que tener en cuenta al plantarla: se extiende por rizomas, así que va en maceta o con barrera de raíces, y su polen es un alérgeno estacional relevante, por lo que en un patio pequeño conviene cortarle las varas florales antes de que abran. Con eso resuelto, es de las plantas que menos trabajo dan en un jardín.