El arándano que se cultiva en España es casi siempre el arándano alto americano, Vaccinium corymbosum, un arbusto de la familia de las ericáceas, la misma que los brezos y las azaleas. Ese parentesco no es un dato de adorno: es la clave de todo el cultivo. En el monte del norte peninsular crece además el arándano silvestre europeo, Vaccinium myrtillus, una mata baja de fruto más pequeño y oscuro, y bajo el nombre de arándano rojo se venden otras dos especies distintas, el Vaccinium macrocarpon y el Vaccinium vitis-idaea. Aquí hablamos del arbusto de fruto azul.
Antes de plantar cualquier arándano hay que asumir la condición innegociable: necesita suelo ácido, con un pH bajo, en torno a valores que en la mayoría de los suelos españoles no se dan. En terreno calizo el arándano no vive, y no hay riego ni abono que lo arregle. La buena noticia es que se cultiva perfectamente en maceta, y eso lo pone al alcance de cualquiera con una terraza, incluso en zonas de suelo básico.
Cómo es la planta
Es un arbusto caducifolio que forma un conjunto de varas erguidas que salen de la base, con hojas ovaladas que en otoño toman colores rojos y anaranjados muy vistosos. Florece en primavera con racimos de flores blancas o rosadas en forma de campanita colgante, típicas de las ericáceas, y el fruto es una baya redonda que pasa de verde a rosado y de rosado a azul oscuro, con una capa cerosa clara por encima, la pruina.
La raíz es lo que define su manejo: fibrosa, muy superficial y sin pelos radicales. Depende de hongos del suelo asociados a ella para absorber nutrientes, y esa asociación solo funciona en medio ácido. Al ser superficial, sufre enseguida si el suelo se seca, y por eso el acolchado no es opcional en este cultivo.
El suelo: lo que decide si vale la pena
El arándano quiere un suelo ácido, suelto, aireado y rico en materia orgánica, del tipo de los suelos forestales del norte. Si tu terreno es ácido de forma natural, como ocurre en buena parte de Galicia, Asturias, Cantabria y zonas del oeste peninsular, puedes plantarlo directamente en el suelo mejorando con turba rubia, corteza de pino y compost.
Si tu suelo es calizo, que es lo habitual en el interior y en el litoral mediterráneo, hay dos caminos. Uno es plantar en maceta o en bancal aislado con sustrato ácido preparado, que es lo que hace de hecho buena parte de la producción comercial en el sur. El otro es intentar acidificar el suelo, que es un trabajo continuo, caro y que rara vez se sostiene en el tiempo, porque el agua de riego y el propio suelo tiran del pH hacia arriba otra vez.
La señal de que el pH está alto es la clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios verdes marcados. Cuando eso aparece, el problema no es falta de hierro en el sustrato sino que el pH impide que la planta lo absorba.
Cultivo en maceta, paso a paso
Es la mejor opción para la mayoría de la gente y funciona muy bien.
- Maceta amplia, con buenos agujeros de drenaje. Empieza con un contenedor generoso y ve subiendo de tamaño cada pocos años.
- Sustrato para plantas acidófilas: turba rubia mezclada con corteza de pino, fibra de coco y perlita. Nada de tierra de jardín calcárea, ni cal, ni cenizas.
- Acolchado de corteza de pino, acícula de pino o serrín sobre la superficie, que mantiene la humedad y ayuda a conservar la acidez.
- Agua de lluvia siempre que puedas. El agua del grifo en zonas calizas viene cargada de carbonatos y sube el pH del sustrato en pocos meses. Si no tienes otra opción, recoge agua de lluvia en invierno para el verano o acidifica el riego.
Riego
Constante y sin excesos. La raíz superficial exige que el sustrato no se seque, pero al mismo tiempo el arándano es muy sensible a la asfixia radicular y a las podredumbres de raíz por encharcamiento. El equilibrio se consigue con sustrato aireado, buen drenaje y riegos frecuentes y moderados, mejor por goteo. En verano y en maceta, eso puede significar regar a diario.
Exposición y clima
Quiere sol, aunque en el sur y en el interior seco agradece sombra en las horas centrales del verano, porque el calor extremo le quema la hoja y le estropea el fruto.
Necesita además una cantidad de frío invernal para brotar y florecer bien. Las variedades clásicas de arándano alto piden bastantes horas de frío, y por eso se comportan tan bien en el norte atlántico y en el interior peninsular. Para el sur y el litoral mediterráneo se han desarrollado variedades de bajo requerimiento de frío, del tipo southern highbush, y también funcionan los arándanos ojo de conejo, más tolerantes al calor y a suelos algo menos ácidos. Al comprar la planta, pregunta expresamente por este punto: es la diferencia entre un arbusto que produce y uno que apenas florece.
Cuántas plantas y de qué variedades
Muchas variedades de arándano son parcialmente autofértiles, pero todas producen bastante más con polinización cruzada. Plantar dos o tres variedades distintas que coincidan en floración se traduce en más fruto, más grande y con maduración más agrupada. Si solo tienes sitio para dos macetas, que sean de dos variedades diferentes.
Escalonar variedades tempranas, medias y tardías alarga la recolección varias semanas, que es justo lo que se busca en un huerto familiar.
Abonado
Poco y del tipo adecuado. Se usan abonos para plantas acidófilas, que además de aportar nutrientes ayudan a mantener el pH bajo. Evita el estiércol fresco, las cenizas de madera y cualquier enmienda calcárea, que suben el pH.
El arándano prefiere el nitrógeno en forma amoniacal a la nítrica, otra particularidad ligada a su origen en suelos ácidos de bosque. Es una planta poco glotona: un exceso de abono le quema las raíces finas con facilidad.
Poda
Los primeros años prácticamente no se poda: se deja que la planta forme estructura y, si acaso, se le quitan las primeras flores para que invierta en crecer en lugar de en fruto. A partir del tercer o cuarto año se entra en poda de renovación, en invierno.
El principio es sencillo: el arándano produce mejor en madera joven. Se eliminan cada invierno las varas más viejas, gruesas y poco productivas, cortándolas a ras de la base, para favorecer la salida de varas nuevas desde el suelo. También se quita la madera seca, la que se cruza y las ramitas finas del interior que no van a dar nada. Una mata bien podada mantiene siempre varas de distintas edades y no envejece.
Plagas y problemas frecuentes
- Pájaros. El problema número uno, con diferencia. Una malla antipájaros sobre las plantas en el momento de la maduración es la única solución realmente eficaz.
- Drosophila suzukii. La mosca de alas manchadas pone dentro del fruto sano, no en el pasado, y es hoy la plaga más seria de los frutos rojos. Se maneja con recolección frecuente, retirada de fruta caída o pasada, malla de paso fino y trampas de seguimiento.
- Botritis. Podredumbre gris en flores y frutos con humedad. Ventilación y no mojar el fruto.
- Podredumbres de raíz. Por encharcamiento o sustrato compactado. Es la causa habitual de que una planta se marchite entera sin razón aparente.
- Clorosis férrica. Señal de pH alto. Se corrige el pH, no se pinta la hoja con hierro indefinidamente.
Cosecha y conservación
Aquí hay un error casi universal: el arándano no está maduro cuando se pone azul. Necesita unos días más en la mata después de tomar color para acumular azúcar y perder acidez. La señal buena es que la baya se desprende sola con un ligero movimiento del pulgar, sin tirar. Si hay que arrancarla, todavía no toca.
Se recoge en varias pasadas, porque el racimo madura escalonado. Se cosecha en seco, mejor por la mañana, y se manipula lo justo para no borrar la pruina, esa capa cerosa que protege el fruto y alarga su conservación.
En frío y sin lavar aguantan bastantes días. Se lavan justo antes de comerlos. Y congelan estupendamente: extendidos en bandeja hasta que endurecen y después a una bolsa, quedan sueltos y se conservan meses.
Multiplicación
Se multiplica por esquejes: de madera dura en invierno, tomados de varas del año anterior, o semileñosos en verano. Se plantan en sustrato ácido, muy aireado y con humedad ambiental alta, y enraízan despacio. Por semilla también se puede, pero la descendencia sale variable y tarda años en producir, así que solo tiene sentido como experimento.
En resumen
El arándano es un arbusto acidófilo, y esa es la condición que manda sobre todas las demás. En suelo calizo no vive, así que la vía práctica en la mayor parte de España es cultivarlo en maceta con sustrato para acidófilas, acolchado de corteza de pino y agua de lluvia siempre que sea posible.
Elige variedades adecuadas a las horas de frío de tu zona y planta al menos dos distintas para mejorar la polinización. Poda en invierno renovando varas viejas, protege la cosecha de los pájaros y, sobre todo, no recolectes en cuanto la baya se ponga azul: espera unos días más, hasta que se suelte sola.