La alcachofa es Cynara cardunculus var. scolymus, un cardo cultivado del que se come la inflorescencia antes de que abra. Lo que llamamos alcachofa es un capítulo floral inmaduro: las hojas carnosas son brácteas, el corazón es el receptáculo, y los pelillos del centro, la pelusa, son las flores sin desarrollar. Si la dejas en la planta, se abre en una flor grande de un violeta intenso.

Es un cultivo perenne que dura varios años y ocupa bastante sitio, así que antes de plantarla conviene saber que una mata adulta necesita casi un metro cuadrado para ella sola. En maceta se puede tener, pero solo en un contenedor muy grande. España es uno de los grandes productores del mundo, con zonas de referencia en Murcia, la Vega Baja del Segura, Castellón y la Ribera de Navarra, y ese peso se nota en la cantidad de variedades tradicionales disponibles.

Alcachofas en la planta antes de abrirse

Variedades

La variedad de referencia en España es la Blanca de Tudela, de capítulo cerrado, forma alargada y sin espinas, base del cultivo en Navarra y en el Levante. Está también la Violeta de Provenza, más pequeña, de brácteas moradas y muy tierna, que se come cruda cuando es pequeña, y variedades italianas de tipo Romanesco, redondeadas y de gran tamaño.

Aparte están las variedades híbridas de semilla, seleccionadas para producir el primer año y cultivarse como anuales. Son la opción práctica si no consigues plantones y quieres empezar de cero, aunque las tradicionales de estaquilla suelen dar mejor calidad y producen durante varios años.

Cómo se planta: la zueca o estaquilla

La alcachofa tradicional no se siembra, se planta a partir de hijuelos, llamados zuecas o estaquillas, que son los brotes que salen alrededor de la mata madre con un trozo de cepa y raíz. Se separan de una planta adulta con un corte limpio, se recortan las hojas para reducir la pérdida de agua y se plantan enseguida.

La época clásica de plantación en las zonas productoras españolas es el verano, de julio a agosto, para tener producción de otoño a primavera. En huerto familiar también funciona la plantación de final de invierno y primavera, de febrero a abril, sobre todo en el interior con inviernos duros, con producción a partir del verano o del otoño siguiente.

Si vas por semilla, siembra en semillero a finales del invierno y trasplanta en primavera cuando las plantitas tengan varias hojas verdaderas. Ten en cuenta que en las variedades de semilla la descendencia es más variable: no todas las plantas salen iguales.

Mata de alcachofa con sus hojas grandes

Suelo, marco y exposición

Quiere pleno sol y suelo profundo, fértil y bien drenado, con buen contenido en materia orgánica. Es una planta grande y exigente, así que prepara el terreno a fondo con compost o estiércol bien hecho antes de plantar. Tolera cierta salinidad, herencia de su origen mediterráneo, pero no soporta el encharcamiento: en suelos pesados, planta sobre caballón.

El marco es amplio: alrededor de un metro entre plantas y algo más entre líneas. Apretarlas da alcachofas pequeñas y favorece los hongos. Ten en cuenta además la sombra que proyecta, porque las hojas son enormes y en un huerto pequeño puede taparle la luz a lo que tenga al lado.

Riego y abonado

El riego es el factor que más condiciona la calidad de la alcachofa. Necesita agua regular y sin altibajos durante todo el periodo de producción; los golpes de sequía endurecen las brácteas y dan capítulos pequeños y fibrosos. Riego localizado y acolchado son la mejor combinación, porque además ahorran escardas.

En verano, si la plantación es de julio, hay que regar con frecuencia hasta que las plantas arraiguen bien. En invierno el riego se reduce mucho. Cuidado con el exceso, sobre todo en suelos pesados: la asfixia radicular y las podredumbres de cuello matan matas enteras.

Es una planta muy exigente en nutrientes por el volumen de hoja que produce. Aporta compost al plantar y refuerza en otoño y a la salida del invierno, cuando arranca la producción. En cultivo plurianual, un aporte generoso de materia orgánica cada año tras la limpieza de la mata mantiene el vigor.

Alcachofa en maceta

Se puede, con condiciones. Hace falta un contenedor grande, del orden de cuarenta o cincuenta litros o más, porque la planta desarrolla un sistema radicular potente y una mata voluminosa. Sustrato rico y drenante, riego frecuente y abonado regular, porque en maceta se agotan los nutrientes deprisa.

La producción será menor que en tierra y la planta durará menos años, pero es viable en una terraza amplia y soleada. Con menos de esa capacidad de maceta, tendrás una planta ornamental de hoja bonita y muy pocas alcachofas.

Alcachofa abierta en flor violeta

Cosecha

Se corta el capítulo cuando ha alcanzado buen tamaño y las brácteas están todavía bien apretadas. En cuanto empiezan a separarse por la punta, la alcachofa se pone fibrosa y el corazón se llena de pelusa. En la duda, mejor pronto que tarde.

El primer capítulo en formarse es el central, el más grande, que sale en el extremo del tallo principal. Se corta con un buen trozo de tallo, que también es comestible pelando la parte exterior fibrosa. Tras cortarlo, la planta desarrolla los capítulos laterales, más pequeños pero muy tiernos, que se van recogiendo escalonadamente durante semanas.

Fresca aguanta unos días en la nevera. Se conserva bien cocida y congelada, o en conserva en aceite tras un escaldado, y las alcachofas pequeñas se prestan al encurtido. Al cortarla se oxida rápido, y por eso se sumerge en agua con limón o perejil mientras se prepara el resto.

Corazón de alcachofa cortado

El ciclo plurianual: limpieza y renovación

Terminada la producción, cuando llega el calor y la planta se agota, se corta la mata a ras de suelo y se deja descansar durante el verano con riegos mínimos. En otoño rebrota desde la cepa con brotes nuevos, y ahí es cuando se hace la operación clave: dejar solo uno o dos brotes por mata y eliminar el resto. Si dejas todos, tendrás muchas plantas raquíticas y alcachofas pequeñas.

Los brotes que quitas son precisamente las zuecas con las que se hacen plantaciones nuevas. Una plantación bien llevada produce bien durante tres o cuatro años; a partir de ahí las matas envejecen, dan capítulos más pequeños y conviene renovarlas con hijuelos propios en otro bancal.

En el interior peninsular, con heladas fuertes, la parte aérea se quema en invierno. La cepa suele resistir si se protege con un buen acolchado de paja u hojas sobre la base, y la planta rebrota en primavera. En el litoral mediterráneo el cultivo va de otoño a primavera sin interrupción, y en el norte atlántico el problema no es el frío sino la humedad invernal, que exige un drenaje impecable.

Plagas y enfermedades

El enemigo número uno es el pulgón negro, que se instala en el envés de las hojas y dentro de los propios capítulos, donde es difícil de alcanzar y arruina la alcachofa. Conviene revisar con frecuencia y actuar pronto, favoreciendo la presencia de mariquitas y otros auxiliares.

El otro problema serio es el barreno o taladro, la larva de una polilla que perfora el tallo y la cepa: la planta se marchita de repente, y al abrir el tallo se ve la galería y el serrín. Las matas afectadas hay que arrancarlas y destruirlas, no dejarlas en el huerto.

Aparecen también la mosca de la alcachofa, cuyas larvas se desarrollan dentro del capítulo, el oídio y el mildiu en épocas húmedas, y las podredumbres de cuello por exceso de agua. Aclarar bien la mata, no regar por aspersión y mantener un marco amplio previene buena parte de esto.

Capítulos de alcachofa listos para cortar Hijuelos o zuecas de alcachofa

En resumen

La alcachofa es un cultivo perenne, grande y exigente que se planta a partir de hijuelos o zuecas en verano en las zonas templadas, o a finales de invierno y primavera en el interior. Pide pleno sol, suelo profundo y fértil, marco amplio de en torno a un metro entre plantas y, sobre todo, riego constante y sin altibajos, que es lo que separa una alcachofa tierna de una fibrosa.

Corta los capítulos con las brácteas todavía apretadas, empezando por el central y siguiendo con los laterales. Después de la producción, siega la mata a ras, déjala descansar en verano y en otoño deja solo uno o dos brotes por cepa: esa selección es la que mantiene el calibre. Renueva la plantación cada tres o cuatro años con tus propios hijuelos, y vigila el pulgón negro dentro de los capítulos y el barreno en el tallo.


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