La acelga es Beta vulgaris subsp. vulgaris, la misma especie que la remolacha de mesa y la remolacha azucarera. Lo que cambia es qué parte se ha seleccionado durante siglos: en la remolacha, la raíz; en la acelga, la hoja y la penca. Por eso las acelgas y las remolachas se cruzan entre sí si las dejas florecer juntas, algo que solo importa si vas a guardar semilla.
Es probablemente la hortaliza de hoja más rentable para un huerto pequeño o una terraza. Se siembra fácil, produce durante meses, resiste el frío mucho mejor que la lechuga y se cosecha hoja a hoja sin arrancar la planta, de modo que una fila corta da para toda la temporada. Funciona bien en maceta si la eliges honda, y aguanta condiciones que otras verduras no perdonan.
Cómo es la planta y qué variedades hay
Es una planta bienal que se cultiva como anual. El primer año forma una roseta de hojas grandes con un nervio central muy desarrollado, la penca, que en las variedades tradicionales españolas es ancha, blanca y carnosa. El segundo año, o antes si pasa frío siendo joven, emite un tallo floral alto y ramificado y la producción de hoja se acaba.
Las variedades se agrupan más o menos así. Las de penca ancha y blanca, como la Amarilla de Lyon o las llamadas de penca blanca, son las clásicas de huerta española y las que se buscan cuando se quiere aprovechar el tallo cocido aparte de la hoja. Las de penca fina, con la hoja más rizada y oscura, dan más hoja y menos tallo, y son las que se parecen a lo que en otros países se cultiva como espinaca perpetua. Y luego están las variedades de colores, con pencas amarillas, naranjas o rojas, que se venden en mezclas y funcionan igual de bien aunque su interés sea sobre todo ornamental.
Cuándo sembrar en España
La acelga tiene dos siembras claras. La de primavera, de febrero a mayo según la zona, en cuanto el suelo pasa de los primeros fríos, da cosecha en verano y otoño. La de final de verano, de agosto a septiembre, es la mejor de las dos en la mayor parte de España: la planta crece con el fresco, no sufre calor y produce durante todo el otoño, el invierno y hasta la primavera siguiente.
Por zonas, en el litoral mediterráneo y el sur la siembra de finales de verano es la buena, y se puede tener acelga en el huerto todo el invierno. En el interior peninsular, con heladas fuertes, la de otoño aguanta pero se para en los meses más duros y rebrota al final del invierno, y la de primavera hay que hacerla algo más tarde. En el norte atlántico se siembra en primavera y a finales de verano sin problema, con la ventaja de que el verano suave alarga mucho la producción.
Siembra: el detalle del glomérulo
La semilla de acelga no es una semilla suelta, sino un glomérulo: una estructura leñosa que contiene varias semillas juntas. Por eso, de cada punto de siembra suelen salir dos o tres plantitas, y por eso hay que aclarar sí o sí. Remojar los glomérulos unas horas en agua antes de sembrar acelera y uniformiza la nascencia.
Se puede sembrar directamente en el sitio, a un par de centímetros de profundidad, en líneas separadas unos cuarenta centímetros. Cuando las plantitas tengan tres o cuatro hojas verdaderas, se aclara dejando una cada palmo y medio o dos palmos: las que sobran se pueden trasplantar a otro sitio o comer como brotes. La otra opción es semillero en alveolos y trasplante, que gasta menos semilla y evita las pérdidas por babosas en la nascencia.
Suelo, riego y abonado
Quiere suelo profundo, mullido y con materia orgánica, y tolera bien los suelos algo salinos, herencia de su parentesco con las remolachas de costa. Prepara la tierra con compost bien hecho antes de sembrar. El pH le va bien entre neutro y ligeramente alcalino, así que en suelos ácidos del norte agradece un encalado moderado.
El riego debe ser regular y sin altibajos. Los golpes de sequía seguidos de riegos abundantes hacen que las pencas se agrieten y que las hojas salgan duras. El acolchado con paja mantiene la humedad y ahorra escardas. En cuanto al abonado, la acelga responde muy bien a un aporte de nitrógeno moderado durante el cultivo, porque se le está cortando hoja continuamente: un abonado de fondo con compost y algún aporte líquido cada pocas semanas en plena producción es suficiente.
Acelgas en maceta
Es una de las hortalizas de hoja que mejor va en contenedor. Necesita profundidad, porque la raíz tira hacia abajo: una maceta o jardinera honda, no un tiesto plano. En una jardinera de balcón caben dos o tres plantas dejando espacio suficiente entre ellas; apretarlas da hojas pequeñas y favorece los hongos.
Usa un sustrato con buena parte de compost o humus, y riega con constancia porque en maceta el sustrato se seca deprisa. En verano, sol de mañana y sombra de tarde; en otoño e invierno, todo el sol que puedas darle. Con abonado líquido cada dos o tres semanas mantendrás la producción durante meses en el mismo tiesto.
Cosecha: hoja a hoja, no de golpe
La primera cosecha llega unas semanas después del trasplante, cuando las hojas tienen ya buen tamaño. Se cortan las hojas exteriores por la base de la penca, con cuchillo o partiéndolas hacia abajo, y se deja intacto el cogollo central. Cortando así, la misma planta produce durante meses. Arrancarla entera solo tiene sentido al final del ciclo.
No cortes más de la mitad de las hojas de una planta de una vez, o se frenará. Las hojas más viejas y grandes, si se han quedado duras, se pueden retirar igualmente para que la planta no las mantenga. En la cocina se separan la penca y la hoja porque necesitan tiempos de cocción distintos: la penca tarda bastante más.
Plagas y problemas frecuentes
El clásico es el minador de la hoja, cuyas larvas cavan galerías translúcidas entre las dos caras de la hoja y dejan manchas ampolladas. La medida práctica es retirar y destruir las hojas afectadas en cuanto aparecen, y en huertos con mucha presión, cubrir con malla antiinsectos desde la nascencia. También aparecen pulgones, sobre todo el pulgón negro en el envés y en el cogollo, y babosas y caracoles en las plantitas jóvenes.
De enfermedades, las manchas foliares redondeadas con el centro claro y el borde oscuro son habituales en otoños húmedos, y el mildiu deforma y decolora las hojas jóvenes. En ambos casos ayuda mucho lo mismo: no plantar demasiado junto, regar al pie y no por encima de la hoja, retirar el material afectado y no repetir acelga o remolacha en el mismo bancal dos años seguidos.
El subido a flor ocurre cuando la planta pasa frío siendo pequeña y luego llegan días largos. Se evita no sembrando demasiado pronto en primavera. Cuando aparece el tallo floral, la hoja se endurece y lo razonable es arrancar la planta y sembrar de nuevo.
En resumen
Las acelgas son la hortaliza de hoja más agradecida que puedes tener: se siembran en primavera o, mejor todavía, a finales de verano, y producen durante meses cortando siempre las hojas de fuera. Piden suelo profundo con materia orgánica, riego constante sin altibajos y espacio suficiente entre plantas. En maceta funcionan bien si el recipiente es hondo y no dejas que se seque.
Ten presentes tres cosas y el cultivo sale solo: aclarar después de la nascencia, porque cada semilla es en realidad un glomérulo con varias; vigilar el minador de la hoja y retirar a mano las hojas con galerías; y no dejar que la planta suba a flor por sembrar demasiado temprano en primavera. Con eso, una fila corta de acelgas da verdura para toda la temporada.