Sí, hay cactus que no pinchan. Unos porque han perdido las espinas del todo y solo conservan pelillos en la areola, otros porque las tienen blandas como plumas o tan apretadas contra el cuerpo que se pueden acariciar. Son los cactus lógicos para una casa con niños, con gatos curiosos o con un pasillo estrecho donde te rozas cada vez que pasas.
Pero hay una advertencia que casi nunca se hace y que conviene leer antes de fiarse de la etiqueta: sin espinas no significa sin gloquidios. Las opuntias llamadas inermes, esas palas de aspecto suave y lunares dorados, no tienen espinas grandes y siguen teniendo gloquidios, unos pelillos diminutos con púas hacia atrás que se clavan al menor roce, se parten dentro de la piel y son mucho peores que un pinchazo normal. Si buscas un cactus que no haga daño, el género Opuntia queda fuera aunque parezca liso.
Por qué un cactus puede no tener espinas
Las espinas de un cactus son hojas transformadas, y salen siempre de las areolas, esos cojincillos afieltrados que solo tienen las cactáceas y que son su marca de familia. En especies que crecen a ras de suelo, escondidas entre rocas o encaramadas a los árboles de la selva, esa defensa aérea pierde utilidad, y la evolución la ha reducido a pelos, a cerdas blandas o a nada. La areola sigue ahí; lo que ha desaparecido es la espina.
Eso explica que el grupo sea tan heterogéneo: hay mexicanos de piedra caliza, hay diminutos sudamericanos de grieta de roca y hay epífitos de selva brasileña. No comparten cuidados, solo la ausencia de pinchos.
Astrophytum, la piel moteada
Astrophytum myriostigma, el gorro de obispo, es el cactus sin espinas por excelencia: cuerpo de cuatro o cinco costillas anchas, sin una sola espina, cubierto de motas blancas de escamas diminutas que le dan el aspecto de piedra espolvoreada. Es mexicano, de crecimiento moderado, y florece amarillo desde el ápice.
Astrophytum asterias, el cactus estrella o erizo de mar, es aún más llamativo: un disco aplanado dividido en gajos, con las areolas alineadas como botones de lana blanca y ni rastro de espina. Es lento y algo delicado con el exceso de agua, y en cultivo agradece un sustrato muy mineral y, en verano, algo de sombreo en las horas centrales.
Mammillaria de espinas blandas
Aquí hay que matizar el título: estas no carecen de espinas, las tienen convertidas en plumas, en peine o en telaraña, tan finas y apretadas que la planta se puede tocar. Son casi todas mexicanas, pequeñas y de floración en corona alrededor del ápice.
- Mammillaria plumosa: la más conocida del grupo, cubierta de espinas blancas plumosas que forman un cojín algodonoso.
- Mammillaria lasiacantha: pequeña y globosa, con espinas cortísimas y plumosas pegadas al cuerpo.
- Mammillaria herrerae: una bolita blanca perfecta, con las espinas dispuestas en radios apretados, que florece en rosa intenso.
- Mammillaria humboldtii: cubierta de espinas blancas finas, con flores magenta que asoman entre la lana.
- Mammillaria pectinifera: espinas en peine, planas y aplicadas contra el tubérculo, suave al tacto.
- Mammillaria solisioides y Mammillaria albiflora: dos miniaturas blanquecinas del mismo estilo, de crecimiento muy lento.
- Mammillaria hernandezii: diminuta, con el cuerpo casi enterrado en su hábitat y flores rosas grandes en proporción.
Varias de estas son especies raras con poblaciones silvestres muy reducidas, así que cómpralas en vivero especializado con documentación de reproducción artificial: toda la familia está incluida en CITES y en la Unión Europea se aplica a través del Reglamento (CE) 338/97.
Lophophora williamsii, el peyote
Es el ejemplo de libro de areola sin espinas: en lugar de pinchos, cada areola lleva un mechoncito de pelos lanosos. El cuerpo es blando, azul verdoso, dividido en gajos, y florece con flores pequeñas rosadas en el centro. Crece a una lentitud notable y vive en el desierto de Chihuahua y el sur de Texas.
Dos cosas que hay que decir con claridad. La primera, que contiene mescalina, una sustancia fiscalizada: este artículo trata del cactus como planta ornamental y de su botánica, nada más. La segunda, que sus poblaciones silvestres están muy castigadas por la recolección y la especie figura en CITES, así que el único ejemplar defendible es el de vivero con papeles.
Los epífitos de selva: ni una espina
Son los cactus más fáciles de tener sin pinchos, y los que menos parecen cactus. Viven sobre las ramas de los árboles en la selva brasileña, con tallos aplanados o cilíndricos y colgantes.
Rhipsalis es un género entero de tallos colgantes sin espinas, ideal para maceta colgante o estantería alta. Hatiora salicornioides, que muchos catálogos siguen listando dentro de Rhipsalis, hace tallitos articulados con forma de botella diminuta. Epiphyllum oxypetalum tiene tallos anchos como cintas y da flores blancas enormes que se abren de noche. Y la Schlumbergera, el cactus de Navidad, florece en pleno invierno sin nada parecido a una espina.
Ojo con el cuidado: estos no son cactus de desierto y tratarlos como tales es lo que los mata. Luz filtrada y no sol directo de mediodía, sustrato aireado con materia orgánica (una mezcla de corteza, fibra de coco y perlita va bien), agua poco calcárea y riego regular mientras crecen. El agua dura del este y el sur peninsular les deja cercos blancos y les va peor que el agua de lluvia recogida.
Cuatro más para la lista
Echinopsis subdenudata es un globoso verde oscuro de costillas marcadas, con las areolas reducidas a motas de lana blanca y espinas casi inexistentes. Da flores blancas grandes y nocturnas, y es de los fáciles y baratos. Blossfeldia liliputana, el cactus más pequeño de la familia, tampoco tiene espinas: solo pelillos, sobre un cuerpo gris de un par de centímetros.
Echinocereus rigidissimus no es estrictamente inerme, pero sus espinas pectinadas forman bandas de color pegadas al tallo que le valen el nombre de cactus arcoíris y que apenas se notan al tacto. Y Pachycereus marginatus, el órgano mexicano que se usa como seto vivo, presenta las areolas alineadas en una franja blanca continua a lo largo de las costillas, con espinas muy reducidas; es planta de jardín en zonas sin heladas fuertes.
Las opuntias y los gloquidios, otra vez
Las opuntias de palas lisas y las Tacinga brasileñas de tallos finos aparecen en muchas listas de cactus sin espinas, y es cierto que a la vista no tienen pinchos. Tienen gloquidios, que es peor. Se desprenden con el aire al manipularlas, se clavan en los dedos y en los labios de un niño o en la lengua de un perro que las muerda, y sacarlos requiere cinta adhesiva y paciencia.
Si el motivo por el que buscas un cactus sin espinas es la seguridad en casa, salta la subfamilia de las opuntias entera y quédate con Astrophytum, las Mammillaria plumosas, Echinopsis subdenudata y los epífitos.
En resumen
Los cactus que de verdad no pinchan son unos cuantos y muy distintos entre sí: Astrophytum myriostigma y asterias, las Mammillaria de espinas plumosas o en peine, Lophophora, Blossfeldia, Echinopsis subdenudata y el grupo entero de los epífitos de selva (Rhipsalis, Hatiora, Epiphyllum, Schlumbergera). Los primeros se cultivan como cactus de desierto, con sol, sustrato mineral e invierno seco; los epífitos, justo al revés.
Y la regla que conviene no olvidar: las opuntias inermes no pinchan a la vista, pero sus gloquidios hacen más daño que una espina. Para una casa con niños o animales, mejor fuera.