Los cactus son una familia botánica concreta, las cactáceas (Cactaceae), formada por plantas suculentas que almacenan agua en el tallo y que tienen una estructura exclusiva: la areola, el cojincillo afieltrado del que salen las espinas y las flores. No es una categoría de aspecto ni un sinónimo de planta con pinchos. Una planta es un cactus si pertenece a esa familia, y se sabe mirando si tiene areolas.

Todas las especies son originarias del continente americano, con una única excepción, y viven desde Canadá hasta la Patagonia, en desiertos pero también en selvas y en alta montaña. Se cuentan en torno a mil quinientas especies, aunque la cifra baila según el criterio de cada autor, repartidas en unos ciento treinta géneros.

Grupo de cactus de distintas especies

Dónde encajan dentro de las plantas

Las cactáceas pertenecen al orden Caryophyllales, el mismo que reúne a los claveles, las acelgas, las remolachas y las aizoáceas. Es un parentesco que sorprende porque nada de eso se parece a un cactus, pero está bien establecido y explica algunos rasgos químicos que comparten, como los pigmentos betalaínas responsables de los rojos y morados de las flores y frutos. Un cactus no tiene antocianinas, tiene betalaínas, igual que la remolacha.

Dentro de la familia se reconocen clásicamente cuatro subfamilias, y conviene conocerlas porque explican los grandes grupos que uno ve en un vivero:

  • Pereskioideae. Los cactus con hojas verdaderas, arbustos o pequeños árboles con areolas espinosas en el tronco. Son los que menos cara de cactus tienen y los que más se parecen a lo que fue el antepasado del grupo.
  • Opuntioideae. Las chumberas, nopales y chollas. Tallos segmentados en palas o en artejos cilíndricos, hojitas efímeras en los brotes nuevos y, sobre todo, gloquidios en las areolas.
  • Maihuenioideae. Un grupo minúsculo, con sólo dos especies del género Maihuenia, de la Patagonia argentina y chilena. Conservan hojas pequeñas y persistentes.
  • Cactoideae. La subfamilia grande, con la inmensa mayoría de las especies: globosos, columnares, epífitos de selva y prácticamente todo lo que la gente reconoce como cactus.

De dónde son

El área natural de la familia va desde el sur de Canadá, donde Opuntia fragilis aguanta inviernos durísimos, hasta la Patagonia. Los centros de mayor diversidad están en México, que es el país con más especies con diferencia, en los Andes centrales y en el este de Brasil. Las islas del Caribe tienen también su propio conjunto de especies.

La excepción es Rhipsalis baccifera, un cactus epífito de tallos colgantes que crece de forma silvestre además en África tropical, Madagascar y Sri Lanka. Es la única cactácea con poblaciones naturales fuera de América, y su presencia allí se explica probablemente por dispersión a través de aves.

Todo lo demás que se ve en otros continentes está plantado o asilvestrado a partir de plantas introducidas. En España la chumbera lleva siglos en el paisaje mediterráneo y muchos la dan por autóctona, pero llegó de México tras el contacto con América.

Todos los cactus son suculentas, pero no al revés

Esta es la confusión más extendida y merece dejarla resuelta. Suculenta no es una familia, es una forma de vida: la de las plantas que almacenan agua en hojas, tallos o raíces para pasar la sequía. Esa estrategia ha aparecido muchas veces por separado, en familias sin parentesco entre sí, y por eso hay suculentas en las crasuláceas (echeverias, sedums, crásulas), en las asfodeláceas (aloes, haworthias), en las euforbiáceas, en las apocináceas y en las aizoáceas, entre otras.

Las cactáceas son una de esas familias. De ahí que todos los cactus sean suculentas mientras que la mayoría de las suculentas no son cactus. Cuando dos plantas de familias distintas acaban pareciéndose tanto que se confunden, como pasa entre una euforbia africana y un cactus americano, se llama convergencia evolutiva: el mismo problema resuelto con la misma forma, sin ningún parentesco. Lo tienes desarrollado en la diferencia entre suculentas y cactus.

De dónde viene la palabra

Cactus procede del griego káktos, que nombraba a una planta espinosa de Sicilia, seguramente un cardo. El término pasó al latín y Linneo lo tomó en el siglo XVIII para bautizar el género Cactus, donde metió las plantas espinosas y sin hojas que llegaban de América. Aquel género se acabó desmontando en decenas de géneros distintos, pero el nombre se quedó para toda la familia.

En español conviven dos formas, cactus y cacto, ambas correctas. El plural de cactus es invariable, los cactus, y el de cacto es los cactos. Lo que no existe es el singular cactu.

No todos viven en el desierto

La imagen del saguaro contra un cielo naranja ha hecho mucho daño al cuidado de estas plantas. Dentro de la familia hay:

  • Cactus de desierto y semidesierto, los del tópico: Ferocactus, Echinocactus, Carnegiea, muchas Mammillaria.
  • Cactus de selva, epífitos que viven sobre ramas y rocas con sombra y humedad: Schlumbergera, Rhipsalis, Epiphyllum, Hylocereus.
  • Cactus de montaña, de los Andes y las sierras del Cono Sur, con noches frías y radiación muy alta: Rebutia, Lobivia, Gymnocalycium, Maihuenia.
  • Cactus de costa árida, como las Copiapoa chilenas, que dependen de la niebla marina más que de la lluvia.

Esto tiene una consecuencia práctica inmediata: la palabra cactus no te dice cómo regar la planta. Te lo dice su procedencia. Hay un artículo dedicado a eso en los cactus del desierto.

Cómo se reconoce uno

El criterio, otra vez, es la areola: un cojín afieltrado, colocado con un patrón regular a lo largo de las costillas o sobre los tubérculos, del que salen juntas las espinas, la lana, las ramas nuevas y las flores. Ninguna otra familia la tiene. Un ágave pincha en la punta de la hoja, un aloe tiene dientes en el borde, una euforbia lleva las espinas por parejas sobre un escudo y suelta látex blanco, y ninguno de los tres tiene areolas.

Como pista secundaria está la flor: nace de una areola, tiene muchísimos estambres y muchos tépalos que van cambiando de escama a pétalo sin frontera clara entre sépalos y pétalos. Si quieres el método completo, lo tienes en cómo reconocer un cactus.

Una familia más amenazada de lo que parece

Puede sonar raro tratándose de plantas tan comunes en las tiendas, pero muchas cactáceas están en aprietos en su hábitat, por la expansión agrícola, la ganadería y la recolección ilegal de ejemplares para coleccionistas. Una evaluación global publicada en 2015 situó cerca de un tercio de las especies evaluadas en alguna categoría de amenaza.

Por eso toda la familia Cactaceae está incluida en el Apéndice II del convenio CITES, con varios géneros y especies en el Apéndice I, que es el de mayor protección. En la Unión Europea se aplica a través del Reglamento (CE) nº 338/97. En la práctica significa que su comercio internacional está regulado y que hay que comprar plantas de vivero, propagadas en cultivo, y no ejemplares de origen dudoso ni recogidos del campo.

En resumen

Un cactus es un miembro de la familia de las cactáceas: planta suculenta de tallo carnoso, casi siempre sin hojas, americana de origen y provista de areolas, que es lo que la define y lo que ninguna otra familia tiene. Alrededor de mil quinientas especies repartidas en cuatro subfamilias, con México como gran centro de diversidad y una sola especie silvestre fuera de América.

Lo que más conviene llevarse es que cactus no equivale a desierto ni a planta con pinchos. Dentro de la familia hay epífitos de selva, plantas de alta montaña y arbustos con hojas, y ese origen concreto es lo que decide cómo se cuida cada uno. Y conviene comprarlos siempre en vivero, porque son un grupo con una parte importante de sus especies amenazadas y protegidas por CITES.


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