Las hojas de Pereskia no son un adorno ni un resto decorativo: son hojas completas, con limbo ancho, nervadura y estomas, y con ellas la planta hace la fotosíntesis igual que un rosal. Y aun así es un cactus, con todos los papeles en regla, porque tiene areolas —esas almohadillas de las que salen las espinas y las yemas— y esa estructura es lo que define a la familia Cactaceae, no la ausencia de follaje ni el tallo carnoso.
Verla por primera vez desconcierta: un arbusto leñoso y trepador, de hojas verdes brillantes, espinas curvas en el tronco y flores que recuerdan a las de un naranjo o un escaramujo. No parece un cactus y sin embargo lo es, y es de los más fáciles de mantener vivo si se entiende que sus necesidades no tienen nada que ver con las de un Echinocactus.
Qué es exactamente y por qué importa
Son arbustos, lianas o arbolillos originarios de las zonas tropicales y subtropicales de América, desde el sur de México y el Caribe hasta Brasil, Bolivia, Paraguay y el norte de Argentina. No viven en desiertos, sino en bosques secos estacionales, matorrales y sotos, en suelos con materia orgánica y con una estación lluviosa marcada seguida de una seca.
Su interés botánico va más allá de la curiosidad. Los estudios filogenéticos sitúan a este grupo cerca de la base del árbol de los cactus, y eso apoya la idea de que la familia procede de ancestros leñosos con hojas normales, y que la suculencia del tallo, la reducción de la hoja a espina y el metabolismo CAM llegaron después, como respuestas a la sequía. Dicho de otro modo: el cactus típico es el caso derivado, y la Pereskia se parece más al punto de partida. De hecho, sus hojas trabajan con fotosíntesis C3 corriente, mientras que en los tallos ya se detecta un funcionamiento de tipo CAM, un estado intermedio muy revelador.
Un apunte de nomenclatura para quien compare etiquetas: el viejo género Pereskia resultó no ser un grupo natural, y las revisiones recientes lo han repartido en tres —Leuenbergeria, Pereskia en sentido estricto y Rhodocactus—. En viveros y catálogos se sigue vendiendo todo bajo el nombre de Pereskia, así que no hay que extrañarse si la misma planta aparece con dos nombres distintos según la fuente.
Las especies que se encuentran aquí
Pereskia aculeata es la más difundida. Trepadora vigorosa, con tallos que pueden pasar de los cinco metros si tienen dónde agarrarse, hojas ovaladas de 5 a 9 cm y pares de espinas ganchudas en los tallos jóvenes que funcionan como garfios de escalada. Florece a finales de verano y en otoño, en racimos de flores blanco crema muy perfumadas, seguidas de frutos amarillo anaranjados. En Brasil se cultiva como hortaliza con el nombre de ora-pro-nóbis: la hoja es comestible cocinada y destaca por su contenido proteico. Existe una variedad de hoja variegada con tonos rosados y crema, Godseffiana, que es la que más se ve en centros de jardinería.
Pereskia grandifolia (tratada por algunos autores como Rhodocactus grandifolius) es un arbusto o arbolillo erguido que llega a cuatro o cinco metros, con hojas grandes y coriáceas y ramilletes de flores rosa magenta en verano. Es la más vistosa en floración y la que mejor funciona como planta de jardín en zonas sin heladas.
Pereskia weberiana, boliviana, es de porte más contenido y hoja pequeña, con flores blancas o rosadas. Su tamaño reducido la hace la más manejable en maceta y una candidata razonable para trabajarla como bonsái, aprovechando que engrosa un tronco leñoso de verdad.
Aparte quedan Leuenbergeria bleo, de flores anaranjadas, y L. lychnidiflora, ambas más tropicales y más exigentes en calor, que en la Península solo prosperan en invernadero templado.
Luz, temperatura y dónde ponerla
Quiere mucha luz: sol directo o, en el interior peninsular, sol de mañana y sombra ligera en las horas centrales de julio y agosto, porque las hojas se queman con más facilidad que la piel de un cactus columnar. A media sombra sobrevive, pero se estira, produce entrenudos largos y no florece.
El frío es el límite real. Por debajo de unos 10 °C empieza a soltar hojas; por debajo de 4 o 5 °C sufre daños en los tejidos jóvenes, y una helada seria se lleva la planta o la deja rebrotando desde la base. En la práctica española:
En la costa mediterránea sin heladas, Canarias, el sur de Andalucía y zonas resguardadas del Levante, se puede plantar en el suelo del jardín. P. aculeata es capaz de tapizar una pérgola o cubrir un muro, y conviene saberlo antes de plantarla, porque es invasora en varios países y aquí, en clima adecuado, se expande por sí sola.
En el interior, el norte y cualquier sitio con heladas, va en maceta y se entra en octubre a un lugar luminoso y fresco por encima de 10 °C. Si pierde parte de la hoja en invierno no pasa nada: es una planta caducifolia por sequía y frío, no un cactus perenne, y rebrota en primavera.
Sustrato y riego: aquí es donde se falla
El error habitual es tratarla como un cactus de desierto: sustrato mineral puro, gravilla y un dedal de agua cada tres semanas. Con ese régimen no se muere, pero se queda raquítica, amarillea y no da flor.
Necesita un sustrato fértil y drenante a la vez: sirve una mezcla de dos partes de sustrato universal de calidad con una parte de árido —perlita gruesa, pómez o arena silícea de 2 a 4 mm—. Es una planta de bosque seco, no de duna.
El riego sigue las estaciones. De abril a septiembre, en pleno crecimiento, riegos abundantes en cuanto los dos primeros centímetros del sustrato estén secos; en agosto, en un patio de Sevilla o Murcia, eso puede significar regar cada dos o tres días. De octubre a marzo, con la planta parada y con menos hoja, se espacia mucho: lo justo para que el cepellón no se deshidrate por completo, tal vez una vez cada dos o tres semanas según la temperatura del sitio donde inverne. Regar en invierno con el mismo ritmo que en verano, con la maceta fría, es lo único que la mata con facilidad.
Abonado: durante la primavera y el verano agradece un abono para plantas de flor con potasio, cada quince días a dosis normal, o un abono de liberación lenta a comienzos de temporada. Los fertilizantes específicos de cactus se le quedan cortos en nitrógeno para el follaje que produce.
Poda, una operación impensable en otro cactus
Pereskia se poda, y se poda bien. Al final del invierno o al arrancar la primavera, antes de la brotación, se acortan las ramas largas y desgarbadas y se eliminan las cruzadas y las secas. Rebrota con fuerza desde madera vieja y ramifica, que es justo lo que hace falta para convertir una liana desmadejada en un arbusto compacto y con más puntos de floración.
Conviene hacerlo con guantes gruesos: las espinas de P. aculeata son ganchos que se clavan al tirar de la rama, no al empujarla.
Multiplicación
Por esqueje es casi automático. De mayo a julio se cortan trozos semileñosos de 15 a 20 cm, se les quitan las hojas del tercio inferior, se dejan orear un par de días —menos tiempo que un esqueje de cactus suculento, porque aquí el riesgo de deshidratación es mayor que el de podredumbre— y se plantan en una mezcla de turba y perlita a partes iguales, en semisombra y con humedad constante. A 22-25 °C enraízan en tres o cuatro semanas.
Por semilla también funciona, sembrando en primavera con calor de fondo, aunque tarda mucho más en dar una planta presentable y la semilla fresca no siempre es fácil de conseguir.
Como patrón de injerto: una confusión frecuente
Se lee a menudo que Pereskia es "el patrón de los cactus epífitos". Hay que matizarlo. Históricamente se usó P. aculeata para injertar Schlumbergera y Epiphyllum y conseguir esos ejemplares en forma de arbolito con la copa colgante, y para eso sigue sirviendo. Pero el patrón que se emplea hoy en la propagación masiva de plántulas de cactus es Pereskiopsis, un género distinto aunque emparentado y también con hojas, que acelera de forma espectacular el crecimiento de las semillas injertadas. No son intercambiables.
Problemas y plagas
Al tener hoja tierna, sufre las plagas de una planta ornamental corriente más que las de un cactus. La araña roja aparece en ambientes secos y cálidos, sobre todo en interior con calefacción: punteado amarillento en el haz y telilla fina en el envés; se combate subiendo la humedad ambiental y con acaricida si la colonia está establecida. La cochinilla algodonosa se refugia en las axilas de las hojas y en las areolas. Los pulgones van a los brotes tiernos de primavera.
Entre los desórdenes de cultivo, la caída masiva de hojas suele deberse a un cambio brusco: un traslado del exterior a un interior oscuro, una corriente fría o un encharcamiento. Si el tallo sigue firme y verde, la planta se recupera al llegar el calor. Un tallo blando y oscuro en la base, en cambio, es podredumbre por exceso de agua en frío y ahí la única salida es cortar por encima de la zona afectada y enraizar lo sano como esqueje.
En resumen
Pereskia demuestra que un cactus no se define por la ausencia de hojas sino por sus areolas, y que la familia arrancó con plantas leñosas de follaje normal. En el jardín es un arbusto o trepadora de crecimiento rápido, con flores perfumadas o de un rosa intenso, que pide sol, sustrato fértil con buen drenaje, riegos generosos de abril a septiembre, sequía relativa en invierno y protección total frente a las heladas. Se poda a finales de invierno para mantenerla compacta y se multiplica por esqueje sin apenas esfuerzo. El único fallo grave es cultivarla como un cactus del desierto: con ese trato no se muere, simplemente nunca llega a ser lo que puede ser.