Un cactus tiene menos piezas de las que parece y casi todas tienen un nombre propio que se repite en cualquier ficha, catálogo o etiqueta de vivero. Son estas: el tallo (que hace de tronco, de hoja y de depósito), las areolas, las espinas centrales y radiales, los gloquidios, las costillas o los tubérculos, a veces un cefalio, las raíces y la flor con su fruto. Hojas, salvo en un puñado de géneros, no hay.

Este artículo es el glosario: qué es cada pieza, para qué le sirve a la planta y en qué cactus la puedes ver sin lupa. Con estos ocho o diez términos entiendes la descripción de cualquier especie sin tener que traducirla sobre la marcha.

Cactus columnar visto de cerca, con costillas y areolas espinosas

El tallo, que aquí lo es casi todo

En un cactus el tallo asume el trabajo que en otras plantas se reparten el tronco y las hojas. Sostiene, almacena agua y fotosintetiza. De fuera hacia dentro tiene estas capas:

  • Cutícula. La película cerosa exterior. Es lo que da el tacto mate o el aspecto azulado de algunas especies y lo que frena la evaporación. Se raya con facilidad y la marca no se cura, así que un cactus arañado se queda arañado.
  • Epidermis. La piel viva, con los estomas repartidos en ella. Suelen ser pocos y estar hundidos, para que el vapor escape lo menos posible.
  • Clorénquima. La capa verde de debajo, la que hace la fotosíntesis. Al no haber hojas, el color verde del tallo es literalmente el órgano fotosintético.
  • Parénquima acuífero. El tejido esponjoso e incoloro del interior, el depósito de agua. Es la parte que se hincha y se arruga según la planta esté llena o vacía.

Según la forma, el tallo se describe como globoso (esférico, tipo Echinocactus), columnar (alargado y erecto, tipo Cereus), cespitoso (en grupo de muchos brotes) o postrado y rastrero.

La areola

Es la pieza que define a la familia. Una areola es una yema modificada, un cojincillo casi siempre afieltrado del que salen las espinas, los pelos, los brotes laterales y las flores. Ninguna planta fuera de las cactáceas la tiene, así que es el criterio que separa un cactus de una euforbia o de un ágave.

En algunos géneros la areola es dimorfa, es decir, está partida en dos zonas: una produce las espinas y otra, situada en la axila, produce las flores. Eso explica por qué en una Mammillaria las flores salen en corona entre los tubérculos y no en la punta de cada uno.

Espinas centrales, radiales, pelos y gloquidios

Las espinas son hojas transformadas y salen siempre de una areola. Se describen por su posición:

  • Espinas radiales. Las del borde de la areola, normalmente más finas, cortas y claras. Se disponen en abanico pegadas al cuerpo y hacen de parasol y de aislante.
  • Espinas centrales. Las del centro, más gruesas, largas y oscuras, a menudo una sola o unas pocas. Son las que defienden la planta y las que en ocasiones acaban en gancho, como en Ferocactus o en varias Mammillaria.
  • Pelos o tricomas. Espinas convertidas en filamentos blandos. El cactus viejo o cabeza de viejo (Cephalocereus senilis) y las Espostoa están cubiertos de ellos, y funcionan como sombrilla.
  • Gloquidios. Merecen apartado propio.

Los gloquidios son espinitas diminutas, finas como pelo y provistas de ganchos microscópicos, que salen a cientos de las areolas de las Opuntia y de todo el grupo de las chumberas, incluido el famoso cactus orejas de conejo. Se desprenden al mínimo roce, se clavan sin que te des cuenta y salen fatal, porque se parten al tirar de ellos. Con esas plantas van guantes gruesos siempre, y no son buena idea donde haya niños o animales sueltos.

Costillas, tubérculos, mamilas y axilas

La superficie del tallo casi nunca es lisa. Hay dos soluciones principales:

  • Costillas. Pliegues verticales que recorren el tallo, con las areolas alineadas sobre la cresta. Permiten que el cuerpo se expanda y se contraiga como un acordeón sin que la piel se rasgue, y dan sombra a parte de la superficie. Típicas de Echinocactus, Ferocactus y la mayoría de los columnares.
  • Tubérculos. Protuberancias individuales dispuestas en espiral, cada una con su areola en la punta. Cumplen la misma función que las costillas pero por piezas. Son la marca de Mammillaria, Coryphantha o Ariocarpus.

A los tubérculos de las Mammillaria se les llama también mamilas, y al hueco entre dos de ellos, axila. Fíjate en la axila cuando cuides una: si la especie lleva lana o cerdas ahí, es donde se acumula la humedad y donde empieza la cochinilla algodonosa.

Cladodios, palas y artejos

Cuando el tallo crece en segmentos, cada segmento tiene nombre. En las chumberas y nopales se llaman cladodios, o palas en lenguaje corriente: son tallos aplanados, no hojas, aunque lo parezcan. En Schlumbergera y en otros epífitos se habla de artejos o segmentos. Es un dato práctico, porque la propagación de estas plantas se hace justo por la unión entre dos segmentos.

Cefalio y pseudocefalio

Algunos cactus, al llegar a la madurez, desarrollan una zona especializada donde se concentran las flores, densamente cubierta de lana y cerdas. Eso es un cefalio. El ejemplo claro es el Melocactus, que forma en la coronilla una especie de gorro rojizo y, a partir de ese momento, deja de crecer en tamaño y sólo alarga el cefalio. Cuando la zona fértil es una franja lateral a lo largo del tallo, como en Espostoa o Cephalocereus, se llama pseudocefalio.

Las raíces

Suelen ser someras y muy extendidas, una malla a pocos centímetros de profundidad que atrapa la lluvia antes de que se evapore o se escurra. Muchas especies emiten además raíces de lluvia, raicillas finas y temporales que aparecen en días tras una tormenta y se secan cuando el suelo se seca.

Algunos géneros tienen raíz napiforme, engrosada como una zanahoria, que sirve de reserva y de anclaje. Es importante en cultivo porque esas raíces carnosas se pudren con una facilidad pasmosa si la maceta se queda encharcada, y piden macetas profundas y sustrato muy mineral.

Flor, fruto y semilla

La flor sale de una areola y tiene una estructura que la delata: muchos tépalos que pasan gradualmente de escama a pétalo, muchísimos estambres y un ovario hundido en el tejido del tallo, con un tubo floral por encima. La parte del tallo que envuelve ese ovario se llama pericarpelo, y por eso el fruto de un cactus lleva a menudo areolas, espinas o gloquidios en la superficie, como comprueba cualquiera que haya cogido un higo chumbo sin guantes.

El fruto puede ser carnoso (la tuna o higo chumbo de Opuntia, la pitaya de Hylocereus) o seco y dehiscente. Las semillas son en general pequeñas y numerosas.

Crestados y monstruosos

De vez en cuando aparece en el vivero un cactus con forma de abanico ondulado o de masa retorcida. No es una especie distinta. En los crestados (cristata) el punto de crecimiento, en vez de ser un punto, se alarga en línea y produce ese abanico; es una fasciación. En los monstruosos se multiplican los puntos de crecimiento de forma desordenada. Son anomalías que se mantienen por esqueje o injerto porque resultan decorativas.

Tabla rápida

TérminoQué esDónde verlo
AreolaYema afieltrada de la que salen espinas y floresTodos los cactus
GloquidioEspinita con ganchos, se clava en cuanto la rozasOpuntia, chumberas
CostillaPliegue vertical que permite hincharse y encogerseFerocactus, columnares
TubérculoProtuberancia con areola en la puntaMammillaria
CefalioZona lanuda donde se concentran las floresMelocactus
CladodioSegmento de tallo aplanado, la palaNopal, chumbera
PericarpeloTejido de tallo que envuelve el ovarioFruto del higo chumbo

En resumen

Con este vocabulario se lee cualquier ficha: el tallo guarda el agua y hace de hoja, la areola es el órgano exclusivo del que sale todo, las espinas centrales y radiales se reparten defensa y sombra, los gloquidios son el peligro doméstico de las chumberas, y costillas o tubérculos son dos maneras de resolver lo mismo. El cefalio marca la madurez de unos pocos géneros y las raíces, someras y frágiles, explican casi todos los problemas de riego.

Si quieres el paso siguiente, la areola es además la clave para no confundir un cactus con una euforbia, y eso está contado en cómo reconocer un cactus. Para ver cómo funcionan estas piezas en su ambiente original, échale un ojo a los cactus del desierto.


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