El nombre engaña. En el nopal rojo lo rojo no son las pencas, sino los mechones de gloquidios: pequeños penachos de un pardo rojizo, color canela u óxido, repartidos como lunares sobre unos cladodios que en realidad son verde grisáceo, casi azulados bajo el sol fuerte. Quien lo compra esperando un cactus de tallos escarlata se lleva una decepción; quien lo compra por el contraste entre el gris de la penca y el rojo de las areolas, acierta.
La Opuntia rufida procede del desierto de Chihuahua, en el norte de México, y del área del Big Bend, en el oeste de Texas, donde crece sobre laderas calizas y suelos pedregosos con lluvias escasas de verano. Buena parte de la bibliografía la trata como subespecie de la Opuntia microdasys (O. microdasys subsp. rufida), y en los viveros españoles se vende indistintamente con uno u otro nombre. A efectos de cultivo da igual: los cuidados son los mismos. Lo que sí cambia es el porte.
En qué se diferencia de la Opuntia microdasys
Si dudas entre dos plantas etiquetadas casi igual, estas son las señales:
- Color de los gloquidios. Pardo rojizo o canela en la rufida; blancos o amarillos en las formas habituales de microdasys. Es el rasgo más fiable.
- Color y textura de la penca. Verde grisáceo mate, con un tono ceniciento, frente al verde más franco y aterciopelado de la microdasys.
- Tamaño y porte. La rufida es notablemente más grande. En condiciones favorables supera el metro de altura, puede acercarse al metro y medio y con los años forma una base leñosa a modo de tronco corto. La microdasys se queda en una mata baja y extendida.
- Areolas. Más espaciadas y algo más pequeñas, lo que da un aspecto de lunares sueltos en lugar de un moteado denso.
Otra confusión frecuente conviene aclararla aquí: los cladodios sí pueden enrojecer, pero eso no es lo que da nombre a la especie. Cuando la planta pasa frío, sed prolongada o sol muy intenso, produce antocianinas y las pencas toman tonos violáceos o rojizos. Es una respuesta de estrés perfectamente normal, reversible, y de hecho un ejemplar bien "estresado" al aire libre en invierno resulta más vistoso que uno mimado en interior. No hay que corregir nada.
El apodo "cegador" y lo que sí debes tomarte en serio
En Texas la llaman blind prickly pear, la chumbera que ciega, por una vieja creencia ganadera según la cual los gloquidios que se desprenden con el viento dejaban ciego al ganado que ramoneaba cerca. Ese extremo no está demostrado y probablemente exagere lo que ocurre de verdad, que ya es bastante: los gloquidios se sueltan con una facilidad enorme, incluso con corrientes de aire, y se clavan en la piel, en la ropa y, sí, también en las mucosas.
No tiene espinas largas, y precisamente por eso mucha gente la manipula con confianza. Es al revés que en un cactus normal: una espina se ve y se saca; un gloquidio mide dos milímetros, tiene microganchos, entra a decenas y al frotar se parte y se hunde más.
De todo esto salen unas cuantas reglas de sentido común. No la coloques en zonas de paso, ni al alcance de niños o mascotas, ni a barlovento de una mesa de terraza. Manipúlala sujetando la maceta con periódico doblado o pinzas de cocina en lugar de tocar las pencas. Y si te clavas gloquidios, aplica cinta adhesiva de embalar y arranca de golpe, o extiende una capa de cola blanca escolar, déjala secar del todo y despégala como una película. Frotar con un trapo es lo peor que se puede hacer.
Exposición y clima
Pleno sol, sin matices. Viene de un desierto con radiación durísima y en España no hay ninguna orientación exterior que le sobre. En interior solo prospera pegada al cristal de una ventana al sur; a partir de ahí empieza a emitir brotes estrechos, blandos y pálidos que ya no recuperan la forma.
Sí hay que aclimatarla si viene de invernadero o de pasar el invierno bajo cubierto: dos semanas de exposición progresiva antes de dejarla a pleno sol en primavera, o aparecerán quemaduras blanquecinas permanentes en la epidermis.
En cuanto al frío, resiste bien las heladas breves siempre que el sustrato esté seco: en torno a -5 ºC no suelen causarle daños. Con la tierra húmeda, en cambio, a 0 ºC ya aparecen manchas blandas y translúcidas que acaban en podredumbre. Traducido a la geografía española:
- Litoral mediterráneo, Andalucía occidental, Baleares y Canarias: puede vivir todo el año en el exterior e incluso plantada en el jardín, si el terreno drena de verdad.
- Interior peninsular: fuera de abril a octubre y a resguardo el resto, en un porche, una galería fría o un invernadero sin calefacción. Lo que necesita es estar seca y ventilada, no caliente.
- Norte húmedo: aquí el enemigo no es el termómetro sino la lluvia continua de octubre a abril. Bajo cubierto obligatoriamente durante esos meses.
Sustrato, maceta y trasplante
Mezcla con al menos dos tercios de componente mineral: arena silícea de 2-4 mm, puzolana, picón, pómice o arlita triturada, más un tercio de sustrato orgánico. Los preparados comerciales "para cactus" suelen ser turba con algo de arena y retienen demasiado; conviene cortarlos con más mineral. Nada de arena de playa ni de arena fina de albañilería, que compacta.
Como llega a hacerse grande y de base leñosa, tarde o temprano pide maceta ancha y estable, mejor de barro. Una planta de un metro en un tiesto ligero se vuelca con el primer viento fuerte, y recoger del suelo un ejemplar de Opuntia rufida volcado no es una tarde agradable.
Trasplante cada dos o tres años, al final del invierno o principios de primavera, subiendo poco de diámetro. Hazlo con el cepellón seco y no riegues hasta pasada una semana, para que cicatricen las raicillas rotas.
Riego a lo largo del año
Crece en primavera y verano y descansa en invierno, así que el riego debe seguir ese ritmo:
De abril a septiembre: riego abundante, empapando hasta que salga agua por el drenaje, pero solo cuando el sustrato esté seco hasta el fondo. En una maceta de barro a pleno sol en verano puede tocar cada semana; en un balcón fresco, cada dos. Comprueba con un palillo largo en lugar de fiarte del calendario.
De noviembre a febrero: nada, o casi nada. Si inverna en frío, cero riegos. Solo si pasa el invierno en una habitación calefactada a temperatura de salón conviene un riego escaso cada cinco o seis semanas.
Riega siempre al sustrato y nunca sobre la planta. Mojar las pencas deja costras de cal con las aguas duras del levante y del interior, apelmaza los penachos de gloquidios y no aporta nada. Pulverizar tampoco: la humedad ambiental alta no le hace ningún favor.
Cuando le falta agua, las pencas pierden turgencia y se arrugan ligeramente; se recuperan en dos días con un buen riego. Cuando le sobra, el cuello se oscurece, se reblandece y para cuando lo notas ya no hay solución más que cortar por encima y esquejar la parte sana.
Abonado
Un fertilizante de cactáceas o cualquier fórmula baja en nitrógeno y con potasio alto, tipo 5-10-10, a media dosis y una vez al mes de abril a septiembre. Nada en otoño ni invierno. Abonar de más produce pencas grandes pero aguadas, más blandas, más propensas a las cochinillas y menos resistentes al frío.
Floración
Florece a finales de primavera y comienzo de verano, con flores amarillas de unos 5 cm en el borde superior de las pencas maduras que, al envejecer, viran a naranja o salmón. Como la apertura es escalonada, es habitual ver a la vez flores amarillas y anaranjadas en la misma planta, y de ahí la impresión de que hay dos colores. Después vienen frutos rojizos, comestibles en el mismo sentido en que lo son los higos chumbos, pero pequeños, secos y llenos de gloquidios: no vale la pena.
Para que florezca hacen falta tres cosas: sol directo abundante, cierta edad y volumen (rara vez antes de los tres o cuatro años) y sobre todo un invierno fresco y seco. Un ejemplar que pasa el invierno a 21 ºC en el salón y regado cada quince días crece, pero no florece nunca.
Cómo multiplicarla
Por pencas, y sale casi siempre. La época buena va de mayo a julio.
- Sujeta la penca elegida con periódico doblado o pinzas y sepárala por la articulación con un cuchillo limpio, sin cortar por la mitad del cladodio.
- Déjala cicatrizar al aire, en sombra y en seco, de una a dos semanas, hasta que la herida forme un callo duro. Saltarse este paso es la causa número uno de fracaso.
- Entiérrala 2 o 3 cm en sustrato mineral apenas humedecido, en vertical, sujeta con un par de piedras si no se tiene.
- No riegues los diez primeros días; después, riegos ligeros cada dos semanas. Con 22-30 ºC enraíza en tres a seis semanas.
La siembra por semilla es posible en primavera a 20-25 ºC, pero germina de forma irregular y tarda años en dar algo presentable.
Problemas habituales
Cochinilla algodonosa. Se refugia en las axilas entre pencas y bajo las areolas, donde se confunde con los propios penachos. Alcohol de 70º con bastoncillo en focos pequeños; jabón potásico al atardecer, tres aplicaciones cada 7-10 días, en ataques amplios.
Cochinilla del carmín (Dactylopius opuntiae). Plaga específica de las chumberas, muy extendida en Andalucía, Murcia y el litoral mediterráneo desde hace años. Se identifica al aplastar la masa blanca: suelta un tinte rojo intenso. Aísla la planta de inmediato y trata con jabón potásico y aceite de verano; si el ataque está avanzado, es preferible eliminar el ejemplar antes que mantener un foco cerca de otras opuntias.
Podredumbre basal. Consecuencia del riego excesivo, del sustrato compactado o del frío en húmedo. Se corta bien por encima de la zona blanda, se comprueba que el tejido sale blanco y firme, y se esqueja esa parte.
Ahilado. Brotes finos y pálidos por falta de luz. No se corrigen: se elimina la parte deformada por la articulación y se cambia la ubicación.
Antes de plantarla en el jardín
Varias especies del género Opuntia están incluidas en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras por su facilidad para naturalizarse en zonas costeras y semiáridas: basta con que una penca caiga al suelo para que enraíce por su cuenta. Por prudencia, no la plantes en terreno natural ni tires restos de poda al campo o al contenedor de restos vegetales. Seca los recortes al sol dentro de una bolsa cerrada antes de desecharlos.
En resumen
La Opuntia rufida es la versión grande y gris del cactus de orejas de conejo, con gloquidios de color óxido en lugar de blancos, capaz de superar el metro y de formar tronco con los años. Cultivarla se reduce a cuatro decisiones: pleno sol, sustrato con dos tercios de mineral en maceta ancha y estable, riegos abundantes pero espaciados de abril a septiembre y un invierno seco y fresco que además es lo que desencadena la floración del año siguiente.
Se multiplica sin dificultad separando pencas por la articulación y dejándolas cicatrizar una o dos semanas antes de plantarlas. Y la advertencia que ninguna etiqueta de vivero trae en letra grande: la ausencia de espinas no la hace inofensiva. Elige el sitio pensando en los gloquidios, no en la estética, y ten cinta adhesiva a mano.