Pasa el dorso de la mano por una penca de este cactus y no notarás nada raro; las molestias llegan media hora después, cuando ya has olvidado que lo tocaste y tienes decenas de pelillos microscópicos clavados en la piel. Esa es la primera lección de la Opuntia microdasys: el aspecto de peluche es una trampa, y entenderlo cambia por completo dónde y cómo se cultiva.

Dicho eso, se trata de una planta agradecida, de crecimiento moderado, que aguanta el calor seco del interior peninsular sin despeinarse y que perdona bastantes descuidos de riego. Si se coloca en el sitio adecuado, da poco trabajo durante años.

Qué planta es exactamente

La Opuntia microdasys pertenece a la familia de las cactáceas y procede del norte y centro de México, sobre todo del desierto de Chihuahua, donde crece en terrenos pedregosos y calizos con lluvias escasas y concentradas en verano. En España se conoce como alas de ángel, orejas de conejo o chumbera enana, y en el comercio internacional aparece a veces como polka dot cactus.

Su estructura es la típica del género: tallos aplanados llamados cladodios o pencas, ovalados, de unos 6 a 15 cm, de un verde mate aterciopelado, que van brotando unos de otros y forman una mata ramificada. En maceta se queda en 30-50 cm de altura con facilidad, y plantada en tierra en zonas cálidas puede pasar del medio metro y ensancharse bastante más de lo que ocupa en alto.

Lo que no tiene son espinas propiamente dichas. En su lugar, cada areola lleva un mechón denso de gloquidios: pelillos de uno o dos milímetros, con microganchos, que se desprenden al mínimo roce. Según la variedad esos mechones son blancos (var. albispina, la más vendida), amarillo pajizo (var. pallida) o de un tono canela rojizo, forma esta última que hoy se suele tratar como especie aparte, Opuntia rufida.

Opuntia microdasys u orejas de conejo con sus areolas de gloquidios amarillos

Los gloquidios mandan sobre la ubicación

Conviene insistir porque es el error más repetido con esta especie: que no tenga pinchos visibles no significa que sea inofensiva. Los gloquidios son, para el uso doméstico, más incómodos que una espina normal. Una espina se ve, se clava una y se saca con pinzas. Los gloquidios se clavan a decenas, son casi invisibles sobre la piel y sus microganchos hacen que al frotar se rompan y se hundan más.

De ahí varias decisiones prácticas:

  • Nada de ponerla en pasillos, junto al respaldo de un sofá, en el borde de una mesa o en un alféizar por el que se pasa la mano al abrir la ventana.
  • Con niños pequeños o gatos en casa, mejor buscar otro cactus o situarla donde no haya ninguna posibilidad de contacto. Un gato que se clava gloquidios en la boca o en las almohadillas acaba en el veterinario.
  • Para manipularla, guantes de nitrilo gruesos no bastan por sí solos: lo que funciona de verdad es sujetar la maceta con una tira de periódico doblado o con pinzas de cocina y no tocar las pencas.
  • En días de viento, los gloquidios sueltos vuelan. Evita colocarla justo a barlovento de una zona de estar en la terraza.

Si aun así te los clavas, no frotes ni intentes sacarlos soplando. Lo que mejor funciona es aplicar cinta adhesiva de embalar y tirar de golpe en la dirección contraria a la que entraron, repitiendo con trozos limpios. Para los que queden, una capa fina de cola blanca escolar sobre la piel, dejar secar del todo y despegarla como una película arrastra la mayoría. Los residuos que no salgan se expulsan solos en unos días.

Luz: sin sol directo no hay planta

Necesita sol directo, y cuanto más mejor. En exterior, pleno sol todo el año en cualquier punto de la Península. En interior, solo funciona pegada al cristal de una ventana orientada al sur, o al sureste con muchas horas de luz; a un metro de la ventana ya empieza a estirarse.

El síntoma de falta de luz es inconfundible: en vez de pencas anchas y planas, la planta emite brotes estrechos, alargados, de un verde más claro y blandos, casi cilíndricos. Eso se llama ahilado o etiolación y no tiene marcha atrás. El tallo deformado se queda así para siempre; lo único que puedes hacer es corregir la ubicación y, si molesta mucho, cortar la parte ahilada por la unión con la penca sana.

Con un matiz importante: si la planta viene de un invernadero sombreado o ha pasado el invierno dentro de casa, no la saques de golpe a pleno sol en mayo. La epidermis se quema y aparecen manchas blanquecinas o pardas permanentes. Dale una o dos semanas de aclimatación, primero a sol de mañana y luego a exposición completa.

Sustrato y maceta

El drenaje pesa más que la fertilidad. Un sustrato válido y barato se hace mezclando un tercio de sustrato universal o de turba con dos tercios de material mineral grueso: arena silícea de río de grano 2-4 mm, picón, puzolana, pómice o arlita machacada. La arena de playa no vale por la sal, y la arena fina de albañilería tampoco: compacta y se convierte en cemento.

Los sustratos comerciales "para cactus y crasas" del supermercado suelen ser turba con un poco de arena y retienen demasiada agua. Si usas uno, córtalo al menos con un 40 % de mineral.

Maceta: mejor de barro sin esmaltar que de plástico, porque transpira por las paredes y el cepellón se seca antes. Y ajustada al tamaño de la planta. Una maceta demasiado grande mantiene un volumen de tierra húmeda que las raíces no colonizan, y ahí es donde empiezan las podredumbres. Agujero de drenaje siempre, y nada de plato con agua estancada debajo.

Riego: el calendario real por estaciones

Es un cactus de crecimiento en verano, así que el riego sigue la temperatura:

De abril a septiembre, riego abundante cada vez que el sustrato esté seco por completo, incluido el fondo. En una maceta de 15 cm de barro, al sol y en pleno julio castellano, eso puede ser cada 6-8 días; en un balcón de la cornisa cantábrica, cada 12-15. Nunca por calendario fijo: comprueba metiendo un palillo de madera hasta el fondo, y si sale con tierra adherida, espera.

Marzo y octubre, riegos espaciados de transición, más o menos la mitad de frecuencia.

De noviembre a febrero, prácticamente nada. Si la planta pasa el invierno fresca (por debajo de 10 ºC), lo correcto es no regar en absoluto durante esos meses. Un cactus deshidratado en frío se recupera; uno con el sustrato húmedo y a 5 ºC se pudre por el cuello. Solo si inverna en un salón calefactado a 20 ºC conviene darle un riego ligero cada cinco o seis semanas.

Riega siempre al sustrato, no sobre la planta. Mojar los cladodios estropea el aspecto aterciopelado, favorece manchas por sales del agua y, en zonas de agua muy calcárea como buena parte del levante y del interior, deja costras blancas difíciles de quitar. Y olvídate de pulverizar: esta planta no quiere humedad ambiental.

La deshidratación se detecta antes de que haya daño: las pencas pierden turgencia, se arrugan levemente y toman un aspecto acartonado. Con un riego a fondo se recuperan en dos o tres días. El exceso de agua, en cambio, avisa tarde y mal: la base se oscurece, se reblandece y cuando lo ves ya no hay nada que salvar salvo esquejar la parte alta.

Frío e invernada en España

Aguanta bastante más frío de lo que se le supone, siempre que esté seca. Con el sustrato seco tolera heladas breves de en torno a -4 o -5 ºC sin daños permanentes. Con el sustrato húmedo, a 0 ºC ya se congela el agua de los tejidos y aparecen manchas blandas translúcidas que luego se pudren.

En la práctica española:

  • Costa mediterránea, Baleares, Canarias, valle del Guadalquivir: puede quedarse fuera todo el año, incluso plantada en el jardín, si el suelo drena bien.
  • Interior peninsular (ambas mesetas, Aragón, Navarra): fuera en verano, pero a resguardo en invierno. Un porche cubierto, un invernadero frío o una galería sin calefacción son ideales. Lo importante es que esté seca y aireada, no que esté caliente.
  • Cornisa cantábrica y Galicia: el problema no es el frío sino la lluvia invernal continua. Aquí es imprescindible ponerla bajo cubierto de octubre a marzo aunque no hiele.

Abonado y trasplante

Poca cosa. Un abono específico de cactus, o cualquier fertilizante bajo en nitrógeno y alto en potasio (del tipo 5-10-10), diluido a la mitad de la dosis de la etiqueta, una vez al mes de abril a septiembre. Nada de abono en otoño e invierno.

Abonar de más da crecimiento rápido, tejidos blandos y aguados, pencas que se deforman y una atracción evidente para las cochinillas. Un ejemplar algo hambriento es más compacto y mucho más resistente.

El trasplante toca cada dos o tres años, a finales de invierno o al comienzo de la primavera, antes de que arranque el crecimiento. Sube solo un par de centímetros de diámetro de maceta. Trasplanta con el cepellón seco, sacude la tierra vieja, revisa que las raíces estén blancas o beis y firmes, y no riegues hasta pasada al menos una semana: cualquier raíz rota necesita cicatrizar antes de tocar el agua.

Floración y frutos

Florece a finales de primavera y comienzo del verano, entre mayo y julio según la zona, con flores amarillas de unos 4-5 cm que salen del borde superior de las pencas maduras y que a menudo viran a tonos anaranjados o cobrizos antes de marchitarse. Cada flor dura poco, un par de días, pero se abren escalonadas.

Después vienen frutos globosos rojizos o purpúreos, también cubiertos de gloquidios. Son comestibles en teoría, como los de todas las chumberas, pero con tan poca pulpa y tantos gloquidios que no merecen la pena.

Si tu planta no florece, la causa casi siempre es una de estas tres: le falta sol, es demasiado joven (rara vez florece antes de los tres o cuatro años y de alcanzar cierto volumen) o ha pasado el invierno caliente y regada. Ese reposo invernal frío y seco no es solo una medida de supervivencia: es lo que induce la floración del año siguiente.

Multiplicación por pencas

Es de lo más sencillo que hay en cactáceas y sale prácticamente siempre. La época buena es de mayo a julio, con la planta en pleno crecimiento.

  1. Elige una penca madura y sana. Sujétala con papel de periódico doblado varias veces o con pinzas.
  2. Sepárala por la articulación con la penca madre, con un cuchillo limpio. No cortes por la mitad de un cladodio.
  3. Deja el corte cicatrizar al aire, en sombra y en seco, entre 7 y 15 días, hasta que la herida forme un callo seco y duro. Este paso es el que separa el éxito del fracaso: plantar en fresco es garantía de podredumbre.
  4. Planta la penca vertical, enterrando solo 2-3 cm en sustrato mineral apenas húmedo. Si no se sostiene, sujétala con dos piedras o un palito.
  5. No riegues los primeros diez días. Después, riegos muy ligeros cada dos semanas hasta notar resistencia al tirar suavemente, señal de que ha enraizado.

Con calor suficiente (22-30 ºC) enraíza en tres a seis semanas. La semilla también funciona, en primavera y a 20-25 ºC, pero germina de forma irregular y tarda años en dar una planta presentable, así que solo tiene sentido si te interesa el proceso en sí.

Plagas y podredumbres

Cochinilla algodonosa (Planococcus citri y afines). Es la plaga número uno en interior y en invernadero. Se esconde justo en las axilas entre pencas y bajo el mechón de gloquidios, donde parece más pelusilla blanca. Con pocos focos, un bastoncillo mojado en alcohol de 70º sobre cada colonia basta. En infestaciones amplias, jabón potásico pulverizado al atardecer, repitiendo cada 7-10 días tres veces, y revisando también las raíces al trasplantar, porque hay cochinillas radiculares que solo se ven al sacar el cepellón.

Cochinilla del carmín (Dactylopius opuntiae). Muy específica de las chumberas y muy presente desde hace años en Andalucía, Murcia y el litoral mediterráneo, donde ha arrasado plantaciones enteras de Opuntia ficus-indica. Se reconoce porque al aplastar la masa blanquecina suelta un líquido rojo intenso. Si aparece en un ejemplar de maceta, lo sensato es aislarlo de inmediato y tratarlo con jabón potásico y aceite de verano; si el ataque está avanzado, eliminar la planta entera es mejor que dejar un foco cerca de otras cactáceas.

Araña roja. Aparece con calor seco, sobre todo en interior con calefacción. Deja un moteado gris plateado en la epidermis que no se recupera. Se controla con acaricida específico o azufre mojable, pero como esta planta tampoco quiere humedad, la prevención pasa más por ventilar que por pulverizar.

Caracoles y babosas roen los brotes tiernos en primavera en el exterior. Daño estético, poco más.

Podredumbre basal. No es una plaga sino la consecuencia del exceso de riego, del sustrato compactado o del frío en húmedo, con hongos del suelo como Fusarium o Phytophthora aprovechando la ocasión. Empieza por el cuello, que se oscurece y ablanda. No hay tratamiento fiable una vez avanzada: corta bien por encima de la zona afectada, comprueba que el tejido interior sale blanco y limpio, y esqueja esa parte sana siguiendo los pasos del apartado anterior.

Detalle de los mechones de gloquidios blancos de la Opuntia microdasys

Una advertencia sobre plantarla en el jardín

Varias especies del género Opuntia figuran en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras por su capacidad de naturalizarse en zonas costeras y semiáridas: cualquier penca que cae al suelo enraíza sola. Aunque la microdasys es de porte pequeño y crecimiento lento comparada con las chumberas grandes, la regla de prudencia es la misma: no la plantes en terreno natural ni tires restos de poda al campo o al contenedor de vegetales. Los recortes se secan al sol dentro de una bolsa antes de desecharlos.

En resumen

La Opuntia microdasys es un cactus fácil siempre que aceptes dos condiciones que no admiten negociación: mucho sol y un invierno seco. Sustrato con dos tercios de mineral, maceta de barro ajustada, riego abundante pero solo cuando la tierra está seca del todo de abril a septiembre, y prácticamente cero riego de noviembre a febrero. Abono ligero y bajo en nitrógeno una vez al mes en la temporada de crecimiento, trasplante cada dos o tres años a la salida del invierno y multiplicación por pencas dejadas cicatrizar entre una y dos semanas antes de plantarlas.

Y la parte que más gente aprende por las malas: el aspecto de peluche esconde gloquidios que se clavan a decenas y se sacan con cinta adhesiva, no frotando. Elegir bien el sitio desde el primer día, lejos de pasillos, niños y mascotas, evita el noventa por ciento de los problemas que tiene esta planta.


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