Una hoja de Echeveria que se desprende al trasplantar y queda olvidada sobre la mesa del invernadero acaba, tres semanas después, con una raicilla rosada y un brote diminuto en la base. Ese accidente cotidiano resume bastante bien por qué las crasas y los cactus se multiplican con tanta facilidad: son plantas construidas para sobrevivir a la fragmentación. Un trozo desgajado por un animal o por una riada tiene reservas de agua suficientes para aguantar semanas sin raíces, y tejidos meristemáticos repartidos por todo el cuerpo capaces de reorganizarse y formar una planta entera.

Aprovechar eso en cultivo es cuestión de método. Hay cuatro caminos principales —esqueje, hoja, hijuelo o división, y semilla— más el injerto, que merece capítulo aparte. Cada uno sirve para un tipo de planta y para un objetivo distinto, y elegir mal el método es la causa más habitual de que una multiplicación acabe en un cubo de esquejes podridos.

Ejemplar de Ariocarpus fissuratus, cactus de crecimiento muy lento que suele multiplicarse por semilla

Lo que hay que entender antes de cortar

Un corte en una suculenta es una herida enorme llena de agua y azúcares, es decir, un medio de cultivo ideal para Fusarium, Erwinia y otros patógenos. La planta se defiende formando una capa de suberina —el callo— que sella el tejido. Todo el éxito de la multiplicación vegetativa depende de que ese callo se forme antes de que el corte toque tierra húmeda.

De ahí la regla que más se incumple: los esquejes de crasas y cactus no se plantan el mismo día que se cortan. Hay que dejarlos secar al aire, en sombra, con buena ventilación y sin nada de sustrato, hasta que la superficie cortada esté seca y correosa. El tiempo depende del grosor: dos o tres días para una hoja de Echeveria o un tallo fino de Sedum, una semana para un esqueje de Crassula o de Opuntia, y dos o tres semanas para un corte grueso de Euphorbia arbórea o de Cereus. Un corte de más de cinco centímetros de diámetro puede necesitar un mes largo.

El corte, además, conviene hacerlo limpio y de una pasada, con cuchilla o cutter desinfectado con alcohol de 96° entre planta y planta. Un corte serrado y aplastado calla mal. En las euforbias —que no son cactus, aunque lo parezcan— aparece de inmediato un látex blanco irritante que hay que cortar mojando la herida con agua fría o pulverizándola, y que obliga a usar guantes y a no tocarse los ojos: es cáustico de verdad y algunas especies causan quemaduras corneales serias.

Esquejes de tallo

Es el método rápido y el que garantiza que la planta hija sea idéntica a la madre, algo que importa cuando se trata de cultivares de color seleccionado o formas monstruosas y crestadas.

Funciona bien en todo lo que ramifica o produce tallos alargados: Crassula ovata, Kalanchoe, Sedum, Portulacaria afra, Aeonium, Senecio, y entre los cactus, en Opuntia (por paletas enteras, no por trozos de paleta), Echinopsis, Cereus, Selenicereus, Epiphyllum y los cactus de Navidad (Schlumbergera), en estos últimos separando segmentos de dos o tres artejos con un giro de la mano en la articulación.

Después del secado, el esqueje se apoya —no se entierra— sobre un sustrato muy mineral y apenas humedecido: mezcla de arena silícea lavada de grano medio, tierra vegetal tamizada y algún árido tipo pómez, akadama o picón, con al menos la mitad del volumen de material inerte. Enterrar el esqueje varios centímetros para que se sostenga es un error clásico; si no se aguanta de pie, se le pone un tutor o se calza con unas piedras. Nada de riego hasta que aparezcan raíces, lo que en verano suele tardar de dos a cuatro semanas. Comprobar tirando suavemente del esqueje: si ofrece resistencia, ha enraizado.

Las hormonas de enraizamiento no son necesarias en la mayoría de las suculentas y, en polvo sobre una herida grande, más bien facilitan la retención de humedad. Si se usan, se aplican solo en el borde del corte y sobre el callo ya formado.

Esquejes de hoja

Solo funciona en unos pocos géneros, y ahí está la confusión más extendida. Dan planta entera a partir de una hoja Echeveria, Graptopetalum, Graptoveria, Pachyphytum, Sedum de hoja gruesa (el Sedum morganianum o cola de burro es el ejemplo perfecto), Crassula y las Sansevieria verdes. No funciona en Aeonium, ni en Sempervivum, ni en Aloe, ni en Haworthia —salvo excepciones muy concretas—, ni en ningún cactus: en esos géneros la hoja no lleva consigo el tejido capaz de regenerar una yema.

La clave está en el desprendimiento. La hoja debe salir completa, con su base intacta, girándola a un lado y a otro hasta que se desarticula sola. Si queda un jirón de hoja pegado al tallo, o si se arranca de un tirón y se rompe la base, no habrá brote nunca: la yema adventicia se forma justamente en esa zona basal. Escoger hojas maduras del tercio medio de la roseta, ni las viejas de abajo ni las tiernas del centro.

Tras dos o tres días de secado, se colocan las hojas tumbadas sobre sustrato seco, sin enterrar, en luz clara pero sin sol directo. A partir de ahí, paciencia: primero salen raíces aéreas, después una rosetita en la base, y solo cuando esa rosetita tiene tamaño de moneda y raíces propias empieza el riego, muy fino, y se deja que la hoja madre se consuma sola. Arrancarla antes de tiempo priva a la plantita de sus reservas.

Un detalle de calendario: en la Península, de mayo a septiembre las hojas brotan en tres o cuatro semanas; puestas en noviembre pueden tardar meses o pudrirse sin más. No es un método de invierno.

En Sansevieria la hoja se corta en trozos de unos siete centímetros y se plantan respetando la polaridad —el extremo que miraba hacia la raíz, hacia abajo—; puesto del revés no enraiza. Y conviene saber que los cultivares de borde amarillo, como 'Laurentii', pierden la variegación al multiplicarse así, porque el brote nace del tejido verde interno: si se quiere conservar el borde, hay que dividir la mata.

Hijuelos y división de mata

El camino más seguro de todos, porque la planta hija ya trae raíces o está a punto de tenerlas.

Muchos cactus globosos producen hijuelos alrededor de la base: Mammillaria, Echinopsis, Rebutia, Gymnocalycium, Parodia. Se separan con un giro o con un corte al ras en el punto de unión, se dejan callar unos días y se plantan. Lo mismo vale para los chupones de Aloe, Agave, Haworthia y Gasteria, y para los rizomas de Sansevieria.

Los Sempervivum lo hacen todavía más fácil: emiten estolones con rosetas hijas ya arraigadas que basta con desprender y plantar. Como cada roseta muere después de florecer, esos hijos son la continuidad de la mata, y una plantación que nunca se divide acaba con huecos.

La mejor época para dividir es el arranque de la primavera, marzo o abril en la mayor parte de España, antes de que la planta se lance a crecer pero con temperaturas ya suficientes para cicatrizar. En zonas de invierno suave del litoral mediterráneo, septiembre también funciona bien.

Semilla

Es el método lento, y también el único que da variabilidad genética, el que permite obtener híbridos nuevos y el que hace accesibles géneros que no producen hijuelos ni admiten esqueje: Ariocarpus, Astrophytum, Lophophora, Aztekium, Lithops y compañía. También es la vía legal y ética para tener plantas de especies protegidas, en lugar de material de dudoso origen recolectado en campo.

Híbrido de Astrophytum asterias obtenido a partir de semilla

La siembra se hace de finales de marzo a junio, cuando el calor natural ya acompaña. El germinado necesita entre 20 y 30 °C y, a diferencia de todo lo demás en este mundo, humedad constante. La técnica más fiable es la del semillero cerrado: recipiente transparente con tapa, sustrato mineral fino (arena silícea y turba tamizada, o pómez molida) previamente esterilizado en el microondas o regado con agua hirviendo, semillas repartidas por la superficie sin cubrir —la mayoría de los cactus necesitan luz para germinar— y riego inicial por inmersión desde abajo hasta que el sustrato se empape por capilaridad.

El recipiente se mantiene cerrado, en luz clara pero nunca a pleno sol —dentro de una caja transparente el sol de mediodía cocina las plántulas en minutos—. La nascencia empieza a los pocos días en Astrophytum o Echinopsis, y puede tardar semanas o meses en Ariocarpus. La ventilación se introduce poco a poco a partir del segundo o tercer mes, abriendo la tapa un rato cada día y ampliando el hueco progresivamente; una apertura brusca deshidrata las plántulas de golpe.

El enemigo del semillero es el damping-off, el colapso de la base del tallo por hongos, y por eso importa tanto esterilizar el sustrato y no sembrar demasiado denso. Las plántulas se repican por primera vez cuando tienen el tamaño de un guisante, normalmente al año, y se manejan con unas pinzas suaves.

Conviene ajustar las expectativas: un Astrophytum de semilla tarda tres o cuatro años en parecer una planta de vivero, y un Ariocarpus, diez o más. Ese es precisamente el motivo por el que existe el injerto sobre patrón vigoroso, que acelera enormemente los primeros años.

El injerto, en dos líneas

Merece su propio artículo, pero conviene situarlo aquí. El injerto no se usa solo para acelerar el crecimiento de plántulas lentas: es la única manera de mantener vivas las formas sin clorofila —los Gymnocalycium mihanovichii rojos y amarillos que se venden como cactus de colores— y de salvar una planta con la base podrida, cortando por tejido sano y soldándola a un patrón. Los patrones habituales en España son Hylocereus, Myrtillocactus geometrizans, Echinopsis y, para plántulas diminutas, Pereskiopsis.

Errores que se repiten

Regar el esqueje recién plantado. No tiene raíces con las que absorber; el agua solo sirve para que se pudra. La planta vive de sus reservas hasta que enraíza.

Multiplicar en otoño o invierno. De octubre a febrero las suculentas están paradas o casi, la evaporación es baja y la humedad ambiente alta. Casi todo lo que se corte en esos meses tarda el triple o se pudre. La ventana buena en la Península va de abril a septiembre, con junio y julio como mejor momento.

Poner los esquejes en agua. Es lo que se hace con un potos, y aquí es la vía directa a la pudrición blanda. Las raíces que salgan en agua, además, son de otro tipo y sufren al pasar a sustrato.

Sustrato con demasiada materia orgánica. Turba pura o tierra de saco retienen agua durante días. Para enraizar hace falta un medio que se seque en horas.

Sol directo sobre el material recién multiplicado. Sombra clara o media sombra hasta que haya raíces funcionando; después, aclimatación gradual. Un esqueje sin raíces no puede reponer el agua que pierde y se deshidrata o se quema.

Confundir aspecto con parentesco. Euphorbia, Stapelia y Pachypodium parecen cactus y no lo son, y su látex o su fisiología cambian el manejo del corte. Lo mismo con las hojas: que una planta sea carnosa no significa que su hoja sepa hacer una planta nueva.

En resumen

Multiplicar crasas y cactus se reduce a tres decisiones. La primera es qué método admite esa planta: esqueje de tallo si ramifica, esqueje de hoja solo en los géneros que lo permiten, hijuelo o división si los produce, y semilla en los cactus globosos lentos o cuando se busque variabilidad. La segunda es cuándo: entre abril y septiembre, con la planta en crecimiento activo. Y la tercera, la que decide casi todo, es respetar el callo: cortar limpio, dejar secar los días que pida el grosor del corte y no regar hasta ver raíces. Con esas tres cosas resueltas, el porcentaje de éxito es altísimo y sobran plantas para regalar.


Contenidos relacionados