Las flores de este cactus no salen rectas. El tubo se curva hacia arriba y hacia un lado, los pétalos se abren de forma asimétrica y los estambres asoman por el labio inferior, apuntando hacia fuera. Esa forma torcida no es un defecto: es la firma del género Matucana, un grupo peruano cuyas flores están construidas para que las polinicen colibríes. La Matucana intertexta sirve bien como entrada al género: florece joven, se queda pequeña y perdona más errores que sus parientes.

Ejemplar globoso de Matucana intertexta con espinas entrelazadas

De dónde viene y cómo es

El género Matucana es endémico de Perú y toma el nombre de la localidad de Matucana, en el valle del Rímac, donde se recolectó la primera especie descrita. Las especies del género viven en los valles interandinos, en laderas pedregosas y secas, generalmente por encima de los 2.000 metros de altitud. La Matucana intertexta fue descrita por Friedrich Ritter, el coleccionista alemán que documentó buena parte de las cactáceas peruanas a mediados del siglo XX, y procede de la cuenca alta del Marañón, en el norte del país.

El epíteto intertexta significa «entretejida» y describe la espinación: las espinas de cada areola se cruzan con las de las areolas vecinas y forman una malla que envuelve el cuerpo. Son espinas rígidas, de color miel a castaño con la punta más oscura, que con la edad palidecen hacia el gris. Suele haber entre ocho y doce radiales, extendidas y algo curvadas hacia el tallo, y unas pocas centrales más largas y erguidas.

El cuerpo es globoso cuando es joven y se va alargando en un cilindro corto con los años, de unos 10 a 15 cm de diámetro y rara vez más de 25 o 30 cm de alto en cultivo. El color es un verde apagado, algo grisáceo o azulado, típico de las plantas de alta montaña que se protegen de la radiación ultravioleta. Las costillas, más de una decena, están divididas en tubérculos poco marcados, con la areola lanuda en el ápice de cada uno.

Casi nunca produce hijuelos. Crece como una cabeza única y solo si se daña el ápice suele ramificar, lo que tiene una consecuencia práctica importante que veremos al hablar de multiplicación.

Las flores salen del ápice a finales de primavera y en verano, en tandas sucesivas a lo largo de varias semanas. Miden unos 5 o 6 cm de largo, tienen un tubo estrecho y curvado, y su color va del naranja intenso al rojo carmín, a veces con matices salmón o con la garganta más clara. Duran varios días abiertas, que es más de lo que aguantan las flores de un Echinopsis o una Mammillaria. Un ejemplar de semilla suele empezar a florecer entre el cuarto y el sexto año, con unos 7 u 8 cm de diámetro.

Un apunte taxonómico que ahorra confusiones al comprar: la nomenclatura del género está muy revuelta. Muchos nombres publicados por Ritter y por otros autores se han ido sinonimizando o reagrupando, y no es raro encontrar la misma planta etiquetada con dos o tres nombres distintos según el vivero, a menudo acompañados de un código de campo. Que la etiqueta no coincida con la que has visto en otro sitio no significa necesariamente que te hayan vendido otra cosa.

Luz, calor y frío

Viene de una zona de luz muy intensa y gran amplitud térmica: días fuertes y noches frescas, con diferencias de quince o veinte grados entre el día y la noche. Reproducir eso a rajatabla no es posible en una terraza, pero conviene acercarse.

Quiere sol directo. En la mitad norte de la Península y en la cornisa cantábrica, todo el que puedas darle. En el interior y el sur, sol de mañana y sombra filtrada en las horas centrales de julio y agosto, porque en el hábitat el sol es intenso pero el aire es fresco y seco, mientras que aquí se junta la insolación con 38 °C de ambiente y el tejido se cuece. Si la trasladas de un sitio sombrío a pleno sol, hazlo de forma progresiva a lo largo de dos o tres semanas: la quemadura solar deja cicatrices blanquecinas permanentes en el flanco expuesto.

La falta de luz se nota en el ápice: crecimiento estrecho y de un verde más claro que el resto del cuerpo, espinas cortas y débiles, y ninguna flor. Ese estrangulamiento queda marcado en el cuerpo para siempre, aunque después corrijas la ubicación.

En cuanto al frío, es bastante más rústica de lo que suele creerse. Completamente seca y en un sitio ventilado aguanta heladas ligeras de hasta unos -3 o -4 °C, porque en su hábitat las noches de la estación seca bajan de cero con frecuencia. Ahora bien, la palabra clave es seca: con el sustrato húmedo, dos grados bajo cero bastan para reventar el tejido. Lo práctico en España es tenerla fuera todo el año en el litoral mediterráneo y el sur, bajo cubierto para que no le llueva encima en invierno, y en un invernadero frío o una habitación luminosa sin calefacción, a 5-10 °C, en el interior y el norte.

Ese invierno frío y seco no es un mal menor que la planta soporta, sino la condición para que florezca bien al año siguiente. Una Matucana que inverna caliente y con riegos crece un poco todo el año y no da flor.

Riego y agua

En los Andes peruanos las lluvias se concentran en la temporada de verano y el invierno es seco. Es decir, justo al revés del clima mediterráneo. Al programar los riegos hay que seguir el ciclo de la planta, no el del cielo de aquí.

De abril a septiembre, riego abundante que empape todo el cepellón, y esperar a que se seque por completo antes de repetir. Según el tamaño de la maceta, el material y el calor, eso se traduce en un riego cada siete a diez días. En pleno agosto, en el sureste, puede hacer falta cada cinco. En primavera y otoño se espacia mucho más.

De noviembre a marzo, seco absoluto si inverna en frío. Un cactus de este tipo no se deshidrata en cuatro meses; lo que sí hace, si se riega en frío, es perder las raíces. Solo si pasa el invierno en interior cálido conviene un riego mínimo cada cinco o seis semanas, lo justo para que no se arrugue.

Sobre la calidad del agua sí hay una particularidad que la separa de otros cactus. Las Matucana crecen sobre suelos de reacción ácida o neutra y llevan mal el agua muy caliza. Con agua dura, y en buena parte de España lo es, el sustrato se alcaliniza a los pocos años, el hierro deja de estar disponible y el ápice sale amarillento o clorótico. Si puedes, riega con agua de lluvia, de ósmosis o de grifo acidificada muy ligeramente. En su defecto, trasplantar cada dos años renovando el sustrato compensa buena parte del problema.

Sustrato y maceta

Mezcla francamente mineral, de un 60 a un 70 % de grano grueso: pómice, picón volcánico, akadama, arena silícea gruesa lavada o una combinación de ellos, con el resto de sustrato orgánico de calidad. La turba pura y los sustratos comerciales blandos no valen: retienen agua junto al cuello, se compactan y, cuando llegan a secarse del todo, cuesta rehumedecerlos.

El sistema radicular es relativamente fino y sensible al encharcamiento, así que maceta con buen drenaje y de tamaño ajustado, un par de centímetros más ancha que la planta. Una maceta demasiado grande mantiene húmeda una masa de sustrato que las raíces no ocupan, y ahí empieza la podredumbre. El barro sin esmaltar funciona muy bien en climas húmedos; en zonas secas y calurosas, el plástico o la resina evitan que se seque en un día.

Abonado, trasplante y multiplicación

Abona solo en crecimiento, de mayo a septiembre, con un fertilizante de cactáceas bajo en nitrógeno y proporcionalmente rico en potasio, cada tres o cuatro semanas y a media dosis. El exceso de nitrógeno hincha el cuerpo, produce un tejido blando que se agrieta y arruina la espinación, y esas grietas no se cierran nunca.

El trasplante se hace en primavera, cada dos o tres años, con el cepellón seco. Es buen momento para inspeccionar las raíces: se recortan las secas y se comprueba que no haya cochinilla de raíz. Después, una semana sin regar para que cicatricen las heridas.

La multiplicación es prácticamente por semilla, porque la planta no da hijuelos que separar. Se siembra en primavera, en superficie sobre sustrato mineral fino, sin cubrir apenas, con humedad constante y a 20-25 °C; germina en una o dos semanas. Aquí conviene saber algo antes de intentar sacar semilla propia: como buena parte del género, es autoestéril, así que una sola planta polinizada consigo misma no cuaja fruto. Hacen falta dos ejemplares de origen genético distinto, no dos esquejes del mismo clon, y polinizarlos a mano con un pincel el día que ambas flores estén abiertas. Es la razón por la que la semilla de Matucana escasea y por la que estas plantas suelen ser algo más caras que un cactus corriente.

Flores tubulares y curvadas de color anaranjado en Matucana intertexta

Problemas habituales

Pérdida de raíces. El fallo más común y el más silencioso. La planta deja de crecer, se afloja al empujarla con el dedo y, al desenterrarla, el cepellón está lleno de raíces secas o podridas. Suele venir de regar en frío o de un sustrato compactado. Si el cuerpo sigue firme, se corta lo dañado hasta tejido sano, se deja secar en seco y a la sombra una o dos semanas y se pone a reenraizar sobre pómice apenas humedecido.

Cochinilla algodonosa. Se instala entre las espinas del ápice y en la lana de las areolas, y también en las raíces. Alcohol de 96° con pincel para focos pequeños, jabón potásico o un insecticida sistémico si está extendida.

Ápice clorótico. Amarilleo del crecimiento nuevo mientras el resto sigue verde. Casi siempre es el agua caliza y el pH del sustrato. Se corrige cambiando el agua de riego y renovando la mezcla.

Manchas corchosas. Zonas pardas y secas, sobre todo en la base. Si son duras y no avanzan, es el envejecimiento normal del tejido. Si están blandas y húmedas, es podredumbre y hay que actuar.

En resumen

La Matucana intertexta es un cactus peruano de los valles interandinos, globoso a corto-cilíndrico, con espinas entrelazadas de color miel y flores tubulares curvadas de color naranja a rojo que aparecen en el ápice desde finales de primavera. Se cultiva toda su vida en maceta pequeña, con sustrato mineral en un 60-70 %, sol directo con sombreo en las horas duras del verano peninsular, riegos abundantes pero muy espaciados entre abril y septiembre y sequía total en invierno, con temperaturas de 5-10 °C que son las que le hacen florecer. Vigila el agua caliza, no la sobrealimentes con nitrógeno y ten presente que solo se reproduce por semilla y que necesita dos plantas distintas para producirla.


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