Empecemos por el sitio y no por la planta. Antes de elegir entre un Astrophytum y una Mammillaria hay que mirar dónde va a vivir, porque en un cactus de interior el factor que decide todo lo demás es la luz que entra por la ventana, y ese dato no lo cambia ninguna técnica de riego ni ningún abono.

Conviene decirlo sin rodeos: el cactus de interior, entendido como cactácea de desierto que vive feliz dentro de una casa, no existe. Las únicas cactáceas realmente adaptadas a la sombra son las epífitas de selva, que es otra historia. Lo que sí existe es un puñado de géneros que toleran bien las condiciones de un piso siempre que se les dé el mejor sitio de la casa y se respete el descanso invernal. De esos géneros va este artículo.

El sitio: ventana sur, y pegado al cristal

La luz cae con el cuadrado de la distancia a la ventana. Un cactus en el alféizar de una ventana orientada al sur está razonablemente bien; el mismo cactus sobre la mesa del salón, a dos metros, recibe una fracción minúscula de esa luz aunque la habitación nos parezca luminosa a nosotros, porque el ojo humano compensa y engaña. Ese es el motivo real de que los cactus regalados acaben deformes: el ápice se estrecha y se estira hacia arriba, la planta pierde las costillas marcadas y adquiere ese aspecto de puro pálido y apuntado que ya no tiene arreglo. La parte etiolada no se recupera nunca.

Orientaciones, de mejor a peor: sur, sureste, suroeste, este, oeste. Al norte no sobrevive ninguna cactácea de desierto. Y la maceta hay que girarla un cuarto de vuelta cada dos o tres semanas, porque si no la planta crece torcida hacia el cristal y se queda inclinada de forma permanente.

La invernada, o por qué su cactus no florece

Esta es la corrección más útil que puede llevarse quien lee sobre cactus decorativos: la floración no depende del abono ni de la edad, sino del invierno. Casi todas las cactáceas globulares necesitan un reposo de unas doce a dieciséis semanas, entre noviembre y marzo, en seco absoluto y con temperaturas frescas, idealmente entre 5 y 10 grados. Ese estrés controlado es lo que induce la formación de botones florales en primavera.

Un cactus que pasa el invierno en un salón a 21 grados junto a un radiador y con riegos mensuales no florece, o florece muy poco, y además crece durante los meses de menos luz, que es exactamente cuando peor lo va a hacer: brota blando, estirado y deformado. La solución doméstica es sencilla y funciona: de noviembre a marzo, el cactus se traslada a una habitación sin calefacción, a un porche cerrado, a una galería acristalada o al alféizar interior de una ventana fría, y no se riega ni una gota. Sí necesita seguir recibiendo luz durante ese periodo, así que un trastero oscuro no vale. En invierno seco y bajo cubierta, muchos géneros toleran incluso mínimas cercanas a cero, pero por debajo de 5 grados con humedad aparecen manchas necróticas.

Cactus globulares cultivados en maceta

Género Astrophytum

Mexicanos, lentos, geométricos y muy agradecidos a la vista. Astrophytum myriostigma, el bonete de obispo, no tiene espinas y su superficie está cubierta de motas blancas de pelos diminutos; Astrophytum asterias es un disco plano dividido en ocho gajos, sin espinas, con el cultivar superkabuto de moteado especialmente marcado; Astrophytum capricorne aporta espinas largas y retorcidas, y Astrophytum ornatum es el más vigoroso y el que mejor tolera un cultivo algo descuidado. Todos florecen en amarillo, con flores grandes que se abren durante el día en verano.

Son los más delicados de esta lista con el agua. Necesitan un sustrato casi enteramente mineral, con un componente calcáreo, y riegos claramente espaciados: en su hábitat crecen en suelos calizos y pedregosos. En cambio son muy resistentes a la insolación y aguantan pleno sol de verano sin quemarse una vez aclimatados. Crecen despacio, así que un ejemplar de tamaño medio ya tiene años encima y merece un trasplante cuidadoso.

Astrophytum asterias cultivar superkabuto

Género Echinopsis

Si alguien quiere un cactus que florezca sí o sí, este es el género. Echinopsis oxygona y Echinopsis eyriesii, sudamericanos, producen flores enormes, de hasta veinte centímetros de largo, sostenidas sobre un tubo largo y peludo, generalmente perfumadas y de color blanco o rosa. Se abren al anochecer o de madrugada y duran apenas un día, lo cual desconcierta a quien no lo espera; a cambio, una planta adulta puede dar varias tandas a lo largo del verano.

Son de las cactáceas más tolerantes que existen: crecen deprisa, admiten un sustrato algo más rico que el resto y perdonan errores de riego. Producen hijuelos en abundancia alrededor de la base, que se separan en primavera, se dejan secar unos días y se plantan directamente en sustrato apenas humedecido. Los híbridos comerciales de Echinopsis con Trichocereus y Lobivia han multiplicado la gama de colores, con naranjas y rojos intensos. Como pega, con el tiempo la planta madre se llena de hijuelos y pierde la forma esférica limpia; hay que aclarar cada pocos años.

Género Mammillaria

Probablemente el género más práctico para decorar de verdad una casa, porque reúne tamaño pequeño, floración fiable y una variedad de texturas enorme. En lugar de costillas tienen tubérculos o mamelones, y las flores salen de las axilas formando una corona perfecta alrededor del ápice, un efecto que a escala de una repisa resulta más vistoso que una sola flor grande. Después llegan los frutos, unas vainas rojas alargadas que duran meses y decoran tanto como la flor.

Especies recomendables: Mammillaria gracilis (hoy Mammillaria vetula subsp. gracilis), pequeña, blanquecina y de hijuelos que se desprenden al menor roce y enraízan solos donde caen; Mammillaria elongata, la de dedos dorados; Mammillaria hahniana, cubierta de pelos blancos y con flores rosas; Mammillaria plumosa, de espinas plumosas que parecen algodón, y Mammillaria zeilmanniana, la que antes florece, a veces con dos años de vida.

Cuidado con las especies muy lanudas o de espinas plumosas: no se deben regar por encima, porque el agua queda retenida en la lana, se acumula la cal y aparecen manchas y podredumbres apicales. Riego siempre al sustrato, o por inmersión de la maceta.

Género Rebutia

Vienen de las montañas del sur de Bolivia y el norte de Argentina, a bastante altitud, y eso marca sus dos rasgos útiles: florecen siendo muy jóvenes, con dos o tres años, y lo hacen de forma masiva, tapando literalmente el cuerpo de la planta con flores rojas, naranjas o amarillas que brotan desde la base y no desde el ápice. Rebutia fiebrigii, Rebutia minuscula y Rebutia muscula son las más habituales, y ninguna pasa de unos pocos centímetros, así que caben varias en el mismo alféizar.

Por su origen montano soportan mejor el frío seco que otros géneros del grupo y, en cambio, agradecen algo más de agua en pleno crecimiento y una sombra ligera en las horas centrales de julio y agosto en el sur peninsular, donde el sol directo tras un cristal puede quemarlas. Necesitan sin falta la invernada fría: es un género que responde a ella de forma espectacular.

Otras opciones que funcionan dentro

Gymnocalycium es el género que mejor tolera la luz escasa, porque en su hábitat crece protegido entre hierbas y arbustos; los famosos cactus injertados de bola roja o amarilla son Gymnocalycium mihanovichii sin clorofila sobre un patrón de Hylocereus, y hay que saber que ese patrón es tropical, no aguanta frío y suele durar unos pocos años. Parodia y los antiguos Notocactus florecen bien y son poco exigentes.

Y para las habitaciones sin ventana al sur, la respuesta correcta son las cactáceas epífitas: Schlumbergera (el cactus de Navidad, que florece con días cortos y noches frescas), Rhipsalis de tallos colgantes finos y Epiphyllum. Estas sí quieren luz filtrada, sustrato con más materia orgánica y no soportar sequía extrema. Son el único grupo que se comporta como una planta de interior convencional.

En el lado contrario, hay cactus muy vendidos como decoración que en un piso van mal: Echinocactus grusonii, el asiento de suegra, necesita muchísima luz y termina alcanzando un tamaño considerable; los Ferocactus pierden el color de sus espinas sin sol pleno, y los cereus columnares crecen deprisa y, con poca luz, lo hacen estrechándose progresivamente hasta quedar ridículos.

Cultivo, en cuatro reglas

Sustrato. Entre un 60 y un 70 % mineral (puzolana, pómice, arena silícea de grano medio, arlita machacada) y el resto fibra de coco o turba. Nunca el sustrato universal solo, que retiene agua durante semanas.

Riego. De abril a septiembre, empapar hasta que drene y esperar a que se seque del todo, lo que en un piso suele significar entre diez y quince días. En octubre se espacia, y de noviembre a marzo, nada. La primera regada de la temporada se da a finales de marzo o principios de abril, cuando el ápice empieza a moverse.

Abonado. Fertilizante bajo en nitrógeno y alto en potasio, tipo 5-10-10, a media dosis, una vez al mes de mayo a agosto. Nada de abono en invierno ni durante el mes posterior a un trasplante.

Trasplante. Cada dos o tres años, en primavera, con el cepellón completamente seco y usando papel de periódico doblado o guantes gruesos para manipularlo. Es el momento de revisar las raíces: la cochinilla algodonosa de raíz, esas motas blancas pulverulentas en el subsuelo, es la plaga más dañina y la más difícil de detectar a tiempo. Tras trasplantar, no se riega hasta pasada una semana.

Errores decorativos que pasan factura

Las flores secas pegadas con cola al ápice, muy habituales en cactus de bazar, dañan el punto de crecimiento; hay que retirarlas con cuidado en cuanto se compra la planta. La gravilla de colores encolada sobre el sustrato impide comprobar la humedad, dificulta la evaporación y esconde plagas: fuera. Los terrarios cerrados de cristal son incompatibles con los cactus de desierto por acumulación de humedad y falta de ventilación. Y las macetas sin agujero, por bonitas que sean, solo valen como cubremacetas, con la planta dentro en su tiesto de plástico.

Un apunte más sobre la araña roja, favorecida por el aire seco de la calefacción: deja cicatrices marrones oxidadas en la epidermis que no desaparecen nunca, porque el tejido de un cactus no se regenera. Con estas plantas, prevenir importa más que curar: cualquier daño que sufran hoy seguirá visible dentro de diez años.

En resumen

Para decorar la casa con cactus, la elección acertada pasa por géneros de tamaño contenido y floración fiable: Mammillaria por su corona de flores y sus frutos rojos, Rebutia porque florece joven y en masa, Echinopsis por sus flores gigantes y su tolerancia a los descuidos, y Astrophytum por su geometría, aceptando que es el más exigente con el sustrato y el riego. A cambio hay que cumplir dos condiciones no negociables: el sitio más luminoso de la casa, pegado a una ventana orientada al sur, y un invierno de tres o cuatro meses fresco y sin una gota de agua. Si la ventana no da para tanto, la opción honesta no es forzar un cactus de desierto, sino cambiar de grupo y quedarse con una Schlumbergera o una Rhipsalis, que sí están hechas para vivir a la sombra.


Contenidos relacionados