Los cactus no hibernan. La palabra se ha quedado en el vocabulario de la afición, pero lo que ocurre entre noviembre y marzo no es un sueño invernal como el de un lirón: es una parada vegetativa provocada por el frío y por la falta de agua, y el cultivador no la sufre, la administra. Entenderlo cambia por completo la forma de tratar la colección en invierno.

Y cambia también los resultados. El reposo invernal seco no es un mal trago que haya que hacer pasar a la planta: es el requisito que después dispara la floración. Un Echinopsis que ha pasado el invierno a 20 °C en el salón, regado cada quince días, rara vez florece en mayo. El mismo ejemplar a 6 °C y sin agua desde octubre revienta en flores.

Qué le pasa por dentro al cactus

Los cactus son plantas de metabolismo CAM: abren los estomas de noche y almacenan el CO₂ en forma de ácido málico para procesarlo de día con los estomas cerrados, lo que les ahorra una barbaridad de agua. Ese metabolismo depende de la temperatura y de la radiación, y por debajo de unos 10 °C se ralentiza hasta casi detenerse. La planta deja de fotosintetizar de forma útil y deja de crecer.

A la vez, las raíces dejan de absorber. Aquí está la clave de todo lo demás: si la absorción se ha parado y el sustrato sigue húmedo, el agua no se va a ninguna parte. Se queda alrededor de unas raíces inactivas, a temperatura baja, que es el escenario perfecto para Fusarium, Phytophthora y compañía.

De ahí la regla que sostiene todo el invierno del cactus: el frío no mata; el frío con humedad mata. Muchas especies que se pudren a 5 °C con el sustrato mojado aguantan sin daño a temperaturas bastante más bajas si están completamente secas. Un Echinocereus, una Opuntia de altura o una Escobaria soportan varios grados bajo cero en seco; con el cepellón húmedo, un par de noches a 2 °C bastan para arruinarlos.

Colección de cactus en macetas durante el reposo invernal

Las tres condiciones del reposo

Frío, pero no cualquiera. La horquilla que funciona para la mayor parte de los cactus globosos y columnares de colección está entre 5 y 10 °C. Por encima de 12-15 °C la planta no llega a parar del todo y el efecto sobre la floración se diluye. Por debajo de 0 °C empieza a haber especies que sufren, aunque unas cuantas resisten mucho más si están secas.

Sequía. Sin riego desde finales de octubre hasta que el tiempo se estabilice en primavera. Es el punto donde más gente se echa atrás, y es el que no admite negociación.

Luz. Es la condición que se olvida y la que estropea colecciones enteras. Un cactus guardado en un trastero oscuro a 8 °C no se pudre, pero al calentarse la primavera arranca con reservas mermadas y ahilado. Peor todavía es la combinación contraria: un armario cálido y oscuro. Ahí la planta sigue intentando crecer sin luz, se estira, se estrecha y produce un tejido pálido y blando que ya no se corrige. La habitación fría y luminosa es el sitio; el cuarto oscuro y templado, jamás.

Dónde invernan bien en España

El sitio ideal en el interior peninsular es una galería o terraza acristalada sin calefacción orientada al este, sur o sureste. En Madrid, Castilla y León, Aragón o Navarra ese espacio suele moverse entre 3 y 12 °C en invierno, con luz de sobra: exactamente lo que se busca. Un invernadero frío o una caseta con techo traslúcido cumplen la misma función.

En la costa mediterránea, en Andalucía occidental y en Canarias el problema es el inverso: los inviernos son demasiado suaves para forzar un reposo real. Ahí la planta se para menos y florece algo peor. Se compensa dejándola fuera en la parte más fresca y expuesta de la terraza y cortando el riego igualmente; la sequía sola ya induce buena parte del reposo aunque no baje tanto el termómetro.

En Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco la temperatura no suele ser el enemigo, pero la lluvia constante y la humedad ambiental alta sí. Ahí es imprescindible cubrirlos de la lluvia: un porche, un voladizo, una estructura con techo. Un cactus a la intemperie bajo dos meses de sirimiri no llega a marzo, por muy resistente al frío que sea su especie.

Los cactus que no deben invernar en seco

Aplicar el mismo protocolo a toda la estantería es el error clásico. Hay grupos enteros que no llevan bien este trato.

Los cactus epífitos. Schlumbergera (el cactus de Navidad), Rhipsalis, Epiphyllum, Hatiora. Vienen de selvas húmedas brasileñas, no de desiertos. Necesitan pasar el invierno por encima de 12-15 °C, con humedad ambiental y con riegos reducidos pero no suprimidos. Además, el de Navidad florece precisamente en esos meses: dejarlo sin agua durante la floración hace que suelte los capullos de golpe. Lo que sí agradece la Schlumbergera es un otoño fresco, alrededor de 12-15 °C y con noches largas y oscuras, para iniciar los botones florales.

Los géneros tropicales de tierras bajas. Melocactus, Discocactus, Uebelmannia, Pilosocereus y buena parte de los cactus caribeños o del este brasileño no toleran los 5 °C. Quieren un mínimo de 12-15 °C y algún riego muy ligero cada cuatro o seis semanas para que no se les sequen las raíces finas. Con el tratamiento estándar se manchan de corcho, pierden raíces y a menudo mueren.

Plántulas y ejemplares recién trasplantados. Un semillero de dos años en maceta de cinco centímetros tiene una masa ridícula de sustrato: se deseca por completo en semanas y las raicillas mueren. A esos conviene darles un riego mínimo, apenas humedecer la superficie, cada tres o cuatro semanas, o directamente mantenerlos en cultivo cálido y con luz artificial durante su primer par de inviernos.

Los injertos sobre patrones tiernos. Los Gymnocalycium mihanovichii de colores injertados sobre Hylocereus, tan vendidos, dependen del patrón, y el Hylocereus es friolero: no baje de 10-12 °C.

Cómo preparar la colección en otoño

La invernada no empieza el día que hace frío; empieza en septiembre.

Último abono en agosto. Y sin nitrógeno alto. Un cactus abonado en octubre entra en el invierno con tejido nuevo, blando y acuoso, que es el primero en agrietarse y en pudrirse. Si se abona tarde, mejor un producto rico en potasio, que endurece.

Riego decreciente en septiembre y octubre. Espaciar progresivamente, no cortar de golpe. El último riego a fondo, hacia mediados o finales de octubre según la zona, y a partir de ahí nada.

Revisión planta por planta antes de guardarlos. Es el momento de sacar de la maceta cualquier ejemplar sospechoso y mirarle las raíces. Cochinilla algodonosa de raíz, esos grumos blancos entre el cepellón, es el problema que más colecciones arruina en invierno, porque avanza sin que se vea nada por fuera. También conviene tratar preventivamente contra hongos si el otoño ha sido húmedo.

Limpieza. Retirar restos de flores secas, hojas caídas entre las espinas y sustrato viejo de la superficie. Todo eso retiene humedad y aloja plagas justo en la zona del cuello, que es donde empiezan las podredumbres.

Qué se ve durante el invierno y qué es normal

Un cactus en reposo seco se arruga y encoge. Los ejemplares costillados cierran las costillas como un acordeón y los globosos pierden turgencia. Es normal, es la planta consumiendo sus reservas de agua, y se recupera en pocos días cuando se reanuda el riego. No es una señal para regar.

También es normal que el color se apague, que se vuelva más rojizo o más grisáceo. Los pigmentos que la planta acumula con el frío y la luz fuerte protegen los tejidos; en primavera vuelve el verde.

Lo que no es normal es que la base se reblandezca, tome un color pardo oscuro o desprenda olor. Eso es podredumbre, casi siempre por humedad residual, y hay que actuar de inmediato: sacarlo del sustrato, cortar por encima del tejido dañado hasta ver corte limpio, dejar secar y tratarlo como un esqueje. Tampoco es normal ver manchas blandas y translúcidas tras una noche muy fría: eso es daño por helada y ya no se revierte, aunque la planta puede sobrevivir y rebrotar desde una zona sana.

Cactus en maceta tras el reposo invernal

El despertar de primavera, sin quemarlos

El primer riego marca el fin del reposo, y conviene no adelantarlo. En el interior peninsular, entre mediados de marzo y principios de abril, cuando las mínimas nocturnas se mantengan por encima de 8-10 °C de forma estable. En la costa mediterránea puede ser a finales de febrero o principios de marzo. Un riego prematuro con noches todavía frías es el mismo problema del invierno, con otro calendario.

Ese primer riego, además, no debe ser un remojón. Muchas raíces finas se han secado durante el invierno y el cepellón está tan seco que repele el agua. Lo razonable es un riego moderado, dejar que la planta reaccione durante una semana o diez días, y a partir del segundo riego volver al ritmo normal de empapar y dejar secar. Regar en abundancia el primer día sobre raíces atrofiadas provoca podredumbres justo cuando parecía que ya estaba todo hecho.

Y queda el detalle que más disgustos da en marzo: la aclimatación a la luz. Una planta que ha pasado cuatro meses tras un cristal, con sol de invierno, tiene la epidermis desacostumbrada. Sacarla de golpe al sol pleno de un día despejado de abril produce quemaduras: manchas blanquecinas o amarillentas que luego se acorchan y no desaparecen nunca. Hay que reintroducirla progresivamente, con sombreo o unas pocas horas de sol al día durante dos o tres semanas. Las especies muy lanosas o muy espinosas lo llevan mejor; los astrophytum de piel lisa y los cactus verdes sin apenas espinas son los que se marcan.

El trasplante y el primer abono llegan después, ya con la planta en marcha y con signos claros de crecimiento en el ápice.

En resumen

Lo que llamamos hibernación del cactus es un reposo invernal seco, frío y luminoso que el cultivador provoca a propósito, y del que depende buena parte de la floración de la temporada siguiente. La receta general para cactus de desierto es de 5 a 10 °C, cero riego desde finales de octubre hasta marzo, y toda la luz posible; el riesgo mortal no es el frío en sí, sino el frío combinado con sustrato húmedo. La preparación empieza en agosto, cortando el abono, y sigue con un riego decreciente y una revisión de raíces antes de recogerlos. Quedan fuera del protocolo los epífitos como la Schlumbergera, los géneros tropicales tipo Melocactus, las plántulas pequeñas y los injertos sobre patrones tiernos, que necesitan calor y algo de agua. Y en primavera, dos cautelas: primer riego moderado y no prematuro, y vuelta al sol de forma gradual para evitar quemaduras que ya no se borran.


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