Corte un tallo de corona de Cristo y verá brotar de inmediato un látex blanco y espeso. Ese detalle, más que las espinas, es lo que define a la Euphorbia milii y lo que conviene tener presente antes de meterla en casa: no es un cactus, es una euforbia, y la savia irrita piel y mucosas.

La confusión es comprensible. Tiene tallos leñosos cubiertos de espinas largas, aguanta la sequía sin inmutarse y se vende en el mismo expositor que los mammillarias. Pero pertenece a la familia Euphorbiaceae, la misma que la flor de Pascua y la lechetrezna, y su parecido con los cactus es un caso de libro de convergencia evolutiva: dos linajes sin parentesco que acaban con la misma forma porque resuelven el mismo problema, el de vivir con poca agua.

De dónde viene y qué tamaño alcanza

Es originaria de Madagascar, donde crece en zonas rocosas y secas del suroeste de la isla. En su medio forma matas leñosas y ramificadas que rara vez pasan de metro y medio o dos metros de altura; en maceta, en un piso español, lo habitual es que se quede entre 40 y 80 centímetros, y crece despacio, unos pocos centímetros al año.

Los tallos son grises o pardos, de sección casi cilíndrica, y están erizados de espinas de hasta dos o tres centímetros que no son hojas modificadas sino estípulas endurecidas. Las hojas verdaderas, verdes y en forma de cuchara, se agrupan en la punta de los tallos. Son caducas por necesidad: cuando pasa sed o frío, la planta las suelta y se queda en tallos desnudos. Muchos aficionados se alarman en enero al ver que su corona de Cristo se ha quedado pelada; salvo excepciones no está enferma, está pasando el invierno como sabe.

Flores de Euphorbia milii con sus brácteas rojas

Las flores que no son flores

Lo que llamamos flor en esta planta son dos brácteas modificadas, rojas, rosas, amarillas, blancas o bicolores según el cultivar, que rodean una estructura diminuta llamada ciatio. El ciatio es la inflorescencia típica de las euforbias: un conjunto de flores masculinas reducidas a un solo estambre y una flor femenina central, todo empaquetado en una copa. Las brácteas duran semanas, y de ahí que la planta parezca florecer sin parar.

Con luz suficiente florece prácticamente todo el año en el litoral mediterráneo, con un parón en los meses más oscuros. En interior, la floración depende casi exclusivamente de la luz que reciba: junto a una ventana al sur florece, en el fondo de un salón no.

La variedad clásica de jardinería es Euphorbia milii var. splendens, de porte más largo y flexible. La var. milii es más compacta. Y en los últimos años se han impuesto los híbridos tailandeses, conocidos comercialmente como Euphorbia x lomi o "poysean", con brácteas mucho más grandes, hojas anchas y una paleta de colores que va del crema al granate. Son igual de fáciles, pero algo más sensibles al frío que la especie original.

Luz, temperatura y dónde ponerla en España

Quiere sol directo. Cuantas más horas, más floración y tallos más compactos. En sombra se estira, pierde hojas y deja de florecer. En verano, en el interior peninsular, agradece que el sol de mediodía llegue algo filtrado si está en maceta pequeña y oscura, más por el recalentamiento del cepellón que por la planta en sí.

El límite serio es el frío. Por debajo de 10 °C se detiene, y a partir de 5 °C empieza el riesgo real de daño en los tejidos. La helada la mata. Eso deja un mapa bastante claro:

En la costa mediterránea sin heladas, en Canarias y en el litoral andaluz vive en el jardín todo el año, y ahí es donde despliega su verdadero potencial: mata leñosa de metro y medio, floreciendo casi sin interrupción. Se usa mucho como seto bajo impenetrable, precisamente por las espinas. En Levante y Baleares suele salir adelante en zonas resguardadas junto a muros orientados al sur.

En Madrid, Castilla, Aragón, el interior de Cataluña o la meseta norte hay que cultivarla en maceta y entrarla antes de las primeras heladas, hacia mediados o finales de octubre. En la cornisa cantábrica y Galicia el problema no es tanto la temperatura como la lluvia continua del invierno: fría y encharcada es una combinación que no perdona. Bajo cubierto, en una galería luminosa, pasa el invierno sin dificultad.

Sustrato y riego

El sustrato tiene que drenar rápido. Sirve una mezcla de tierra de cactus comercial con un tercio de arena gruesa de río, perlita o picón, en maceta con agujero. El barro cocido va bien porque evapora por las paredes y perdona algún exceso.

El riego se rige por una regla sencilla: regar a fondo y no volver a hacerlo hasta que el sustrato esté seco varios centímetros por debajo de la superficie. En plena actividad, de abril a septiembre, eso puede significar una vez por semana en maceta pequeña al sol, o cada diez o quince días en macetas grandes. En invierno, con la planta parada y a menos de 15 °C, un riego ligero al mes es suficiente, y si ha perdido todas las hojas, incluso menos.

El error que más ejemplares se lleva por delante no es la sequía, es el riego de invierno. Una euforbia sin hojas y a 12 °C no está consumiendo agua; el sustrato se queda húmedo durante semanas y la base del tallo se pudre. Cuando el tallo empieza a reblandecerse y a amarillear desde abajo, ya suele ser tarde.

Abono: un fertilizante para cactus y crasas, bajo en nitrógeno y con potasio suficiente, cada tres o cuatro semanas de primavera a final de verano. Nada de abono entre octubre y marzo.

El látex: precauciones reales

El látex de Euphorbia milii contiene ésteres de forbol, compuestos irritantes. En la piel provoca enrojecimiento y escozor; en los ojos, una conjuntivitis química que puede ser seria y que ha llevado a más de uno a urgencias. Ingerido causa vómitos y ardor bucal.

Las precauciones son de sentido común y bastan: guantes al podar, no llevarse las manos a la cara, lavar con agua y jabón cualquier salpicadura, y aclarar el ojo abundantemente y acudir al médico si entra savia. No la coloque a la altura de la cara de un niño ni al alcance de un perro que muerda plantas. Dicho esto, la planta no emite nada al aire: tenerla en casa sin tocarla no supone ningún riesgo.

Ejemplar de Euphorbia milii var. milii con sus tallos espinosos

Poda y multiplicación por esquejes

Se poda a finales de invierno o al principio de la primavera, antes del arranque. Rebaja los tallos que se hayan estirado y despunta para forzar ramificación: cada corte suele dar dos o tres brotes nuevos. Es una planta que rebrota bien incluso de madera vieja.

Los trozos que retire sirven de esquejes, y aquí está el paso que casi nadie hace y que decide el resultado. Al cortar sangra látex, y ese látex sella mal y atrae podredumbre. Hay que sumergir la base del esqueje en agua tibia unos minutos hasta que deje de manar, secarla y dejar el esqueje a la sombra entre una y dos semanas para que forme callo. Solo entonces se planta, en arena o sustrato muy drenante, apenas humedecido.

Enraíza en cuatro a ocho semanas si la temperatura ronda los 22-25 °C, es decir, de mayo a septiembre. Esquejar en noviembre es perder el esqueje.

Problemas frecuentes

Caída masiva de hojas. Normal en otoño y con frío, y también tras un trasplante o un cambio brusco de ubicación. Si ocurre en pleno verano, suele ser sed prolongada o, al contrario, raíces asfixiadas.

Tallos alargados y sin espinas apreciables. Falta de luz. No tiene arreglo retroactivo: hay que podar y darle sol.

No florece. Casi siempre luz insuficiente. En segundo lugar, exceso de nitrógeno, que da hojas grandes y ninguna bráctea.

Cochinilla algodonosa. Se instala en las axilas de las hojas y entre las espinas, donde es incómoda de alcanzar. Alcohol de 70° con un bastoncillo en infestaciones pequeñas, jabón potásico o aceite de neem si está extendida, repitiendo cada semana durante tres semanas para pillar las generaciones que van naciendo.

Araña roja. Aparece con calor seco, sobre todo en interior con calefacción. Punteado amarillento en el envés y telarañas finísimas. Subir la humedad ambiental ayuda, pero conviene tratar con acaricida específico o azufre si se ha asentado.

Manchas negras hundidas en la base del tallo. Podredumbre. Retire la planta de la maceta, corte por encima de la zona sana, deje callar y trate ese trozo como un esqueje. La parte podrida no se recupera.

En resumen

La Euphorbia milii es una euforbia suculenta de Madagascar, no un cactus, con espinas de origen estipular, brácteas de colores que hacen las veces de flores y un látex irritante que obliga a podar con guantes. Quiere sol directo, sustrato drenante, riegos espaciados y, sobre todo, sequedad en invierno: por debajo de 10 °C deja de beber, y regarla entonces es el modo más habitual de perderla. En el litoral mediterráneo y en Canarias vive en el jardín todo el año; del interior peninsular hacia el norte, en maceta y a cubierto desde octubre. A cambio de tan poco, florece durante meses y se multiplica con solo cortar un tallo, lavarle el látex y tener paciencia hasta que cicatrice.


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