El nombre Hatiora es un anagrama. Cuando Britton y Rose describieron el género en 1915 quisieron honrar a Thomas Hariot, el matemático y naturalista inglés del siglo XVI, pero el nombre Hariota ya estaba ocupado, así que barajaron las letras. Ese pequeño juego resume bastante bien la historia de este grupo de cactus: un puñado de plantas brasileñas que llevan un siglo cambiando de nombre y que casi nadie identifica correctamente en el vivero.
Qué es una Hatiora y qué ya no lo es
Son cactus epífitos y litófitos de la Mata Atlántica brasileña, principalmente de Minas Gerais, Río de Janeiro y São Paulo, donde crecen entre los 700 y los 2.000 metros sobre ramas cubiertas de musgo o en grietas de roca. Sin espinas visibles, con tallos segmentados y flores que salen del extremo de los segmentos. Nada que ver, ecológicamente, con los cactus de desierto.
Conviene aclarar el lío de nombres, porque las etiquetas del comercio van con décadas de retraso. Durante mucho tiempo el género incluyó tanto las especies de tallos cilíndricos y flores pequeñas como las de tallos aplanados y flores grandes. Los estudios moleculares las separaron:
Hatiora en sentido estricto agrupa las de segmentos cilíndricos o claviformes y flores pequeñas, amarillas o rosadas: H. salicornioides, H. cylindrica, H. herminiae y H. epiphylloides.
El llamado cactus de Pascua, de segmentos planos y flores grandes en estrella, salió del género. Hoy se le nombra Rhipsalidopsis gaertneri y Rhipsalidopsis rosea (con sus híbridos, Rhipsalidopsis × graeseri), aunque encontrarás muchísimas etiquetas y libros que todavía ponen Hatiora gaertneri. Como sus cuidados son casi idénticos a los de las demás, el error práctico es menor, pero merece la pena saber qué se tiene delante.
La especie que más se cultiva bajo el nombre correcto de Hatiora es Hatiora salicornioides. Sus segmentos, de 2 a 5 cm, tienen forma de botellita o de bolo, más estrechos en la base, y se van encadenando y ramificando hasta formar una mata arbustiva y luego colgante de 40 a 100 cm. En Brasil la conocen como rabo-de-macaco y en inglés se ganó el apodo de drunkard's dream, «el sueño del borracho», por el parecido de los segmentos con botellas apiladas. Da flores amarillas o anaranjadas de apenas un centímetro, en el extremo de los tallos, a finales de invierno y comienzos de primavera. No son espectaculares una a una, pero una planta adulta puede cubrirse de cientos.
Hatiora herminiae es la joya del género y una planta rara en cultivo: segmentos cilíndricos y delgados, y flores acampanadas de un magenta intenso, grandes en proporción a la planta. Está catalogada como amenazada en su medio natural, restringida a la Serra da Mantiqueira.
Ubicación y luz
Sombra luminosa, siempre. Bajo el dosel de un bosque nublado reciben luz filtrada abundante, y eso es lo que hay que reproducir: mucha claridad indirecta y nada de sol directo entre las once y las seis. El sol de mediodía de un verano peninsular quema los segmentos en cuestión de horas y deja cicatrices blanquecinas permanentes.
En interior, ventana orientada al este o muy cerca de una ventana norte. Al ser una planta de porte colgante, funciona muy bien en cesta o maceta elevada, donde los tallos caen libremente. Al aire libre, de mayo a octubre, tolera perfectamente estar fuera bajo un árbol o una malla de sombreo del 60 %; en el litoral mediterráneo, en Canarias o en el norte húmedo puede quedarse fuera todo el año en un rincón resguardado.
Con poca luz la planta no se muere, pero se estira, hace segmentos más largos y pálidos, y deja de florecer. Un tono verde claro con ligeros matices rojizos en las puntas suele indicar que la luz es la correcta.
Temperatura
Rango cómodo de 15 a 25 ºC. Por encima de 30 ºC se para y conviene aumentar la humedad ambiental y la sombra. El límite inferior seguro está en torno a los 7-10 ºC: aguanta puntualmente algo menos si el sustrato está seco, pero no resiste la helada. En el interior peninsular, con heladas de noviembre a marzo, hay que entrarla o pasarla a invernadero frío.
Ese frescor invernal, eso sí, no es solo tolerable: es necesario. Una Hatiora que pasa el invierno a 22 ºC en un salón con calefacción rara vez florece.
Sustrato y trasplante
Al ser epífitas, sus raíces son finas y están adaptadas a un medio muy aireado, orgánico y ácido (pH 5,5-6,5). El sustrato mineral para cactus de desierto es una mala elección; se compacta, retiene mal el aire y tiene un pH demasiado alto.
Una mezcla apropiada: 40 % de turba rubia o fibra de coco, 30 % de corteza de pino de grano fino, 20 % de perlita y 10 % de humus de lombriz. El resultado debe drenar en segundos y quedar húmedo pero nunca empapado.
Maceta pequeña en relación con la planta y con buen drenaje. Trasplanta cada 2 o 3 años, siempre después de la floración, en primavera, subiendo un solo tamaño de maceta. Las raíces son frágiles: manipula el cepellón lo mínimo y no lo desmenuces.
Riego y agua
De primavera a otoño, riega cuando los dos o tres centímetros superficiales estén secos, empapando bien y dejando escurrir por completo. Nunca dejes agua en el plato ni en el cubremacetas. En un piso español eso puede significar cada 4-5 días en verano y cada 10-15 en pleno invierno.
En invierno, reduce el riego de forma marcada pero no lo suprimas del todo: un riego ligero cada dos o tres semanas, lo justo para que los segmentos no se arruguen. Ese reposo seco y fresco es lo que dispara la formación de botones.
Sobre el agua, un aviso importante en España: estos cactus son sensibles a la caliza. Con agua dura, el sustrato se alcaliniza en pocos meses, el hierro y el manganeso quedan bloqueados y aparece una clorosis que muchos aficionados interpretan como falta de abono. Riega con agua de lluvia siempre que puedas, o con agua embotellada de mineralización débil; si usas agua del grifo dura, renueva el sustrato con más frecuencia y aporta quelato de hierro una o dos veces en primavera.
La humedad ambiental alta le sienta bien. Pulveriza con agua sin cal en los meses secos, o coloca la maceta sobre un lecho de arlita húmeda, pero nunca mojes las flores ni los botones.
Abonado
De marzo a septiembre, cada 15-20 días, con un fertilizante líquido equilibrado para plantas de interior a media dosis. Los abonos específicos de cactus, muy bajos en nitrógeno, se quedan cortos para una planta que en su hábitat vive sobre hojarasca en descomposición.
A finales de verano, dos aportes con un abono rico en potasio y pobre en nitrógeno preparan la floración. Desde octubre hasta que la planta haya terminado de florecer, nada de abono.
Floración: cómo provocarla
Hatiora salicornioides florece de febrero a abril, y las Rhipsalidopsis (el mal llamado «cactus de Pascua») lo hacen algo después, entre marzo y mayo. Es el calendario opuesto al de las Schlumbergera, que florecen en otoño e invierno; confundir unas con otras lleva a aplicar el tratamiento de inducción en el mes equivocado y a no ver una flor nunca.
La receta es sencilla y consiste en un reposo invernal real:
De noviembre a enero, mantén la planta entre 10 y 15 ºC, con riegos muy espaciados y sin abono, en un sitio luminoso. Seis u ocho semanas en esas condiciones bastan. Cuando en enero o febrero veas asomar los botones en las puntas, sube gradualmente el riego, devuélvela a la temperatura habitual y deja de moverla: los cambios de orientación, las corrientes y los altibajos de riego durante esa fase provocan la caída de los botones, que es el fallo más repetido con estas plantas.
La otra causa habitual de que no florezca es el abonado nitrogenado prolongado hasta el otoño, que mantiene a la planta produciendo segmentos nuevos en vez de flores.
Multiplicación
Por esqueje, y es facilísimo. En primavera o principios de verano, tras la floración, desprende con los dedos una cadena de 3 o 4 segmentos. Déjala secar a la sombra un par de días para que cicatrice el corte —plantada en fresco se pudre— y clávala un par de centímetros en una mezcla de turba y perlita apenas húmeda.
A 20-22 ºC y en sombra luminosa enraíza en 3 o 4 semanas. No riegues durante la primera semana y luego mantén el sustrato solo ligeramente húmedo. Plantando media docena de esquejes en la misma maceta se consigue un ejemplar denso y presentable en poco más de un año.
La poda no es imprescindible, pero un despunte de uno o dos segmentos en cada rama tras la floración induce ramificación y, como las flores nacen en las puntas, se traduce en más flor la temporada siguiente. Aprovecha esos restos como esquejes.
Plagas y problemas
Cochinilla algodonosa. Se esconde entre las articulaciones de los segmentos, donde es difícil de ver. Alcohol con bastoncillo en ataques puntuales; jabón potásico o aceite de neem, tres aplicaciones separadas 7-10 días, en infestaciones extendidas, y siempre sin sol directo. Revisa también las raíces al trasplantar: la cochinilla de raíz es frecuente y debilita la planta sin síntomas aéreos claros.
Araña roja. Aparece con aire seco y calor, sobre todo en interiores con calefacción. Da a los tallos un aspecto mate y punteado. Sube la humedad y trata con jabón potásico o acaricida.
Podredumbre de la base. Segmentos blandos, oscuros y que se desprenden solos. Casi siempre por exceso de riego o sustrato compactado. Cuando el cuello está afectado no hay tratamiento fiable: salva la parte alta sana en forma de esquejes y rehaz la planta.
Segmentos arrugados. Puede ser sed, pero también raíz podrida que ya no absorbe. Comprueba el cepellón antes de regar más.
Amarilleo generalizado. Normalmente clorosis por agua caliza o sustrato agotado. Cambia el agua, aporta quelato de hierro y renueva el sustrato en primavera.
En resumen
Las Hatiora son cactus epífitos brasileños de bosque húmedo, sin espinas y de tallos segmentados, cuyo representante más cultivado es H. salicornioides, la de los segmentos en forma de botellita y flores amarillas de finales de invierno. Piden sombra luminosa sin sol directo, sustrato orgánico, aireado y ácido, riegos regulares en la temporada de crecimiento con agua poco caliza, y de 15 a 25 ºC sin llegar nunca a la helada. La clave de la floración es un reposo invernal de seis a ocho semanas entre 10 y 15 ºC con muy poco riego y sin abono, y no mover la planta una vez formados los botones. Se multiplican con esquejes de tres o cuatro segmentos secados un par de días antes de plantarlos. Y si tu etiqueta pone Hatiora gaertneri, ya sabes que en realidad tienes una Rhipsalidopsis: mismos cuidados, distinto apellido.