Cinco costillas de sección casi geométrica, epidermis azul ceniza y hasta cuatro o cinco metros de altura en su tierra. Así es el garambullo, Myrtillocactus geometrizans, un cactus columnar mexicano que en España se ve por todas partes en maceta —y muchas veces mal llevado, porque su aspecto rústico invita a olvidarse de él y su punto débil está justo donde no se espera: el frío húmedo del invierno.

Qué planta es

Pertenece a la familia de las cactáceas y es originario del centro y norte de México: Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí, Puebla y Oaxaca, en matorral xerófilo entre los 1.000 y los 2.400 metros de altitud. Allí forma poblaciones densas y llega a comportarse como un pequeño árbol.

El porte es arborescente y candelabriforme: un tronco corto y leñoso del que salen ramas erectas que a su vez se ramifican, hasta formar una copa ancha. Los tallos miden entre 6 y 10 cm de diámetro y tienen normalmente cinco costillas —a veces seis— de aristas marcadas, de donde viene el epíteto geometrizans. Las areolas van muy espaciadas y llevan cinco espinas radiales cortas y una central más larga, de color negro o pardo oscuro, que puede alcanzar los 7 cm en plantas adultas.

El rasgo que lo identifica de lejos es el color azul glauco. No es un pigmento del tejido sino una capa de cera epicuticular, y esto tiene una consecuencia práctica que conviene saber: si pasas el dedo por el tallo, la cera se va y queda una marca verde brillante que no se recupera. Esa huella permanece durante años, hasta que el crecimiento la desplaza hacia la base. Trasplanta sujetando la planta por el cepellón o con guantes de tela gruesa, nunca manoseando los tallos.

Ejemplar de Myrtillocactus geometrizans con sus tallos azulados y costillas marcadas

Flores y frutos

Florece de marzo a mayo en su área natural, y en primavera avanzada en el Levante y el sur peninsular. Las flores son pequeñas, de 2 a 3,5 cm, blanquecinas o crema con un tinte verdoso, y tienen una particularidad poco frecuente entre las cactáceas: salen varias por areola, hasta cinco o nueve, repartidas por las costillas de la parte alta de los tallos. Abren de día y duran poco.

El fruto es lo que da nombre popular a la planta. Se llama garambullo una baya redondeada de 1 a 2 cm, de color rojo purpúreo a casi negro cuando madura, dulce y de sabor muy parecido al del arándano. De ahí el nombre del género: Myrtillus es el arándano en latín botánico, y Myrtillocactus significa literalmente «cactus arándano».

En México se consume fresco, se seca como pasa, se hace mermelada, licor y helado, y las flores se comen guisadas en algunas regiones. En España la fructificación es rara: hace falta un ejemplar grande y maduro, muchísimo calor acumulado y polinización, y eso solo se da en jardines de la costa mediterránea, Canarias o Baleares con plantas plantadas en suelo desde hace años. En maceta y en un balcón de Madrid, no cuentes con ello.

Usos en jardinería

Además de como planta ornamental, el garambullo se usa mucho como patrón de injerto. Es vigoroso, de crecimiento rápido y compatible con muchos géneros, así que sostiene bien Astrophytum, Gymnocalycium, Ariocarpus o cactus crestados. Su limitación es la misma que la de la planta entera: no aguanta el frío, y un patrón de Myrtillocactus en un invernadero sin calefacción se pierde el primer invierno duro. Para exterior en clima continental es más seguro un patrón de Trichocereus (Echinopsis pachanoi o E. spachiana).

Merece una aclaración el cactus que se vende en floristerías con el nombre de «cactus de los pechos», «boobie cactus» o Fukurokuryuzinboku. No es otra especie: es una forma monstruosa del propio Myrtillocactus geometrizans, con las costillas deformadas en protuberancias redondeadas. Los cuidados son idénticos, con un matiz: al ser una forma monstruosa crece más despacio, tiende a acumular restos de agua en los repliegues y es algo más sensible a la podredumbre, así que hay que regar con más cabeza todavía. También existen ejemplares crestados, obtenidos por fasciación del meristemo.

Cuidados

Luz. Pleno sol. Es lo que mantiene los tallos compactos, las costillas marcadas y el color azulado intenso. En sombra parcial el crecimiento se estira, los tallos adelgazan y pierden rigidez, y ese estiolamiento no tiene marcha atrás. Ahora bien, si la planta viene de interior o de un invernadero sombreado, acostúmbrala al sol de forma gradual a lo largo de dos o tres semanas: un salto directo al sol de junio le provoca quemaduras que aparecen como manchas amarillentas que luego se vuelven pardas y corchosas.

Temperatura. Aguanta el calor sin problema, incluso por encima de 40 °C, siempre que tenga las raíces frescas. El frío es otra historia. Soporta bajadas puntuales hasta 0 °C estando completamente seco, y ejemplares aclimatados toleran algún grado bajo cero muy breve, pero por debajo de eso aparecen manchas translúcidas y blandas que después se necrosan. Traducido al mapa peninsular: puede vivir todo el año en el exterior en la costa mediterránea (Málaga, Almería, Murcia, Alicante, Valencia), en Canarias y en Baleares. En Madrid, Castilla, Aragón o el interior de Andalucía hay que cultivarlo en maceta y meterlo de octubre-noviembre a marzo en un porche acristalado, una galería fría o un invernadero, siempre con mucha luz y sin regar. Lo que mata no es tanto el frío como el frío con el sustrato húmedo.

Sustrato. Drenaje por encima de todo. Una mezcla que funciona: 50-60 % de material mineral (pómice, picón, arena silícea gruesa de 2-4 mm o akadama) y el resto sustrato de cactus comercial. Evita la turba pura, que se compacta y luego cuesta mucho rehumedecerla. En jardín necesita suelo profundo y suelto; si el terreno es arcilloso, planta sobre un caballón o montículo elevado de 30-40 cm con grava incorporada, porque en un hoyo el agua se queda acumulada y la planta se pudre por el cuello.

Maceta. Mejor de barro sin esmaltar, que transpira y seca antes. Y ancha y pesada: el garambullo se hace alto y estrecho, y con el viento vuelca con facilidad una maceta ligera de plástico. Siempre con agujeros de drenaje, y nada de platos con agua debajo.

Riego. Es el punto donde se pierde la mayoría de los ejemplares, y no por sed. La regla es regar abundantemente y luego dejar secar el cepellón por completo. En verano, en maceta y al sol, eso significa aproximadamente cada 5 a 8 días; en primavera y otoño, cada 12 a 20 días; en invierno, nada en absoluto si la planta está por debajo de 12-15 °C. Riega por la base o por el borde de la maceta, no sobre los tallos, y hazlo a primera hora de la mañana o al atardecer. Un dato que ayuda a decidir: el peso. Levanta la maceta después de regar y compárala en unos días; cuando pesa como si estuviera vacía, toca regar.

Abonado. Fertilizante específico de cactus, con poco nitrógeno y proporción alta de potasio y fósforo, una vez al mes de abril a septiembre, a la dosis de la etiqueta o a la mitad. El exceso de nitrógeno produce tejidos blandos, aguados y verdes, más vulnerables al frío y a las cochinillas. En invierno no se abona.

Trasplante. Cada dos o tres años, a principios de primavera, subiendo un solo número de maceta. Trasplanta con el sustrato seco, revisa las raíces por si hay cochinilla, retira las dañadas y espera de siete a diez días antes del primer riego para que cicatricen los cortes.

Poda y multiplicación. No necesita poda. Si un tallo se rompe o quieres multiplicarlo, corta con hoja limpia, deja el esqueje cicatrizando en vertical, a la sombra y en seco, de una a tres semanas según el grosor, y luego plántalo en sustrato mineral apenas humedecido. La mejor época es de mayo a julio. Por semilla también es sencillo: siembra en primavera a 20-25 °C con humedad constante, y germina en una o dos semanas.

Problemas más frecuentes

Podredumbre basal. El tallo se ablanda y oscurece desde abajo. Casi siempre es riego excesivo, sustrato compactado o frío con humedad. Si se detecta pronto: corta por encima de la zona afectada hasta encontrar tejido sano y blanco, deja cicatrizar y reenraiza el trozo bueno. La parte podrida no se recupera.

Cochinilla algodonosa (Planococcus citri), en las areolas y entre las costillas, y cochinilla de las raíces (Rhizoecus), que se ve como un polvillo blanco en el cepellón al trasplantar. Para focos pequeños, bastoncillo con alcohol isopropílico; para infestaciones extendidas, jabón potásico o aceite de parafina, siempre aplicado a la caída del sol y nunca sobre una planta a pleno sol, para no quemar la epidermis.

Araña roja en ambientes cálidos y secos, sobre todo en interior. Deja un moteado bronceado en la parte alta de los tallos. Mejora la ventilación y trata con acaricida.

Manchas corchosas. Suelen ser cicatrices antiguas de golpes, quemaduras solares o roces, no una enfermedad. Son irreversibles pero inofensivas.

En resumen

El garambullo o Myrtillocactus geometrizans es un cactus columnar mexicano de tallos azulados y cinco costillas, con flores crema en primavera y frutos comestibles parecidos a arándanos. Quiere pleno sol —con aclimatación previa—, sustrato muy drenante con al menos la mitad de material mineral, riegos espaciados que sequen el cepellón entre uno y otro, abono de cactus mensual de abril a septiembre y, sobre todo, un invierno seco. Al aire libre todo el año solo en la costa mediterránea, Canarias y Baleares; en el interior, resguardado bajo cubierto y sin regar de noviembre a marzo. Y no toques los tallos más de lo imprescindible: la cera azul que los cubre no vuelve a formarse.


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