Una flor de Mammillaria abre por la mañana, se cierra al atardecer y repite la maniobra tres o cuatro días. Si en ese margen nadie ha llevado polen compatible hasta su estigma, la flor se seca y la planta no produce ni una sola semilla. Ese trasvase de polen desde las anteras hasta el estigma es la polinización, y en cultivo casi nunca ocurre solo: en un invernadero o en una terraza faltan los insectos, los pájaros y los murciélagos que hacen ese trabajo en México, Perú o Chile.

Conviene separar dos ideas que se confunden a menudo. La polinización es el transporte físico del polen. La fecundación es lo que ocurre después, cuando el tubo polínico baja por el estilo y llega al óvulo. Se puede polinizar perfectamente y no obtener nada, porque el polen sea de la misma planta, esté muerto o proceda de una especie demasiado lejana. Entender por qué falla es más útil que aprender solo a mover un pincel.

Cómo es una flor de cactus por dentro

Salvo contadas excepciones, las cactáceas tienen flores hermafroditas: los órganos masculinos y los femeninos conviven en la misma flor. En el centro sobresale un único estilo rematado por un estigma dividido en lóbulos, con aspecto de estrella o de dedos separados; alrededor, decenas o cientos de estambres con sus anteras cargadas de polen. El ovario es ínfero, es decir, queda por debajo, embebido en el pericarpelo, que es la parte carnosa que luego se convierte en el fruto.

Flor hermafrodita de cactus con el estigma en el centro rodeado de estambres

Que la flor sea hermafrodita no significa que se autofecunde. De hecho, la estructura floral suele estar diseñada para evitarlo: el estigma madura antes o después que las anteras de su propia flor, o sobresale por encima de ellas para que el polinizador lo roce al entrar y no al salir cubierto de polen propio.

Hay excepciones al esquema hermafrodita. Algunas especies del género Opuntia y del género Consolea son funcionalmente dioicas o ginodioicas, con ejemplares que solo aportan polen y otros que solo producen fruto. Son casos minoritarios, pero explican por qué a veces una chumbera concreta jamás fructifica por más flores que dé.

Quién hace este trabajo en el hábitat

La forma, el color, el horario de apertura y el olor de la flor cuentan bastante sobre quién la visita. No es un detalle folclórico: si entiendes el síndrome de polinización de tu planta, sabes a qué hora tiene el polen fresco y el estigma receptivo.

Las flores diurnas, abiertas y de colores vivos —amarillas, naranjas, magentas— de Rebutia, Mammillaria, Parodia o Echinopsis son territorio de abejas y otros himenópteros. Abren con el sol alto y suelen tener el polen suelto entre media mañana y primera hora de la tarde.

Rebutia narvaecensis en flor, típica flor diurna polinizada por abejas

Las flores tubulares y rojas o rosa fuerte, sin apenas aroma y con mucho néctar, corresponden a la polinización por colibríes: es el caso de Cleistocactus, de buena parte de los Disocactus y de la chilena Eriosyce subgibbosa. El tubo estrecho deja fuera a casi cualquier insecto y obliga al ave a introducir el pico hasta el fondo.

Las flores blancas, grandes y nocturnas, muy perfumadas, apuntan a mariposas esfíngidas (Selenicereus, muchos Echinopsis de la antigua sección Trichocereus, Peniocereus) o directamente a murciélagos nectarívoros en los grandes columnares mexicanos como Pachycereus, Carnegiea o Stenocereus. Estas últimas son robustas, de olor más rancio que dulce y con un montante de polen enorme. Si cultivas una de ellas, la polinización manual hay que hacerla de noche o a primerísima hora, antes de que la flor colapse.

La autoincompatibilidad: la razón por la que no obtienes semillas

Aquí está el punto que más disgustos da. Gran parte de las cactáceas son autoincompatibles: la planta reconoce su propio polen y bloquea el crecimiento del tubo polínico antes de que llegue al ovario. Da igual lo bien que hagas la transferencia; con polen de la misma flor, de otra flor del mismo ejemplar o de un hijuelo separado de esa misma planta, no habrá fruto.

Y ese matiz del hijuelo es el que se pasa por alto. Dos ejemplares distintos comprados en la misma tienda pueden ser clones, esquejes o hijos de la misma planta madre, y entonces son genéticamente idénticos a efectos de compatibilidad. Para que la cosa funcione hacen falta dos individuos de origen genético diferente: dos plantas nacidas de semilla, o compradas a productores distintos.

Sí existen especies autofértiles, y merece la pena conocerlas porque permiten obtener semilla con un solo ejemplar. El caso más llamativo es el género Frailea, cuyas flores muchas veces ni siquiera llegan a abrirse: se autopolinizan en el interior del capullo (cleistogamia) y aun así producen fruto lleno de semillas. También hay clones autofértiles repartidos en Gymnocalycium, Rebutia y algunas Mammillaria, aunque la fertilidad varía de un individuo a otro y lo honesto es comprobarlo en tu planta concreta antes de darlo por hecho.

Polinizar a mano, paso a paso

La operación en sí es sencilla; lo que decide el resultado es el momento y la elección de las plantas.

1. Elige el día y la hora. Un día soleado y templado, con el aire seco y la temperatura por encima de 20 °C. En la península, la temporada útil de los géneros globulares va de abril a julio. A media mañana el polen ya se ha soltado y el estigma está en su punto.

2. Comprueba que el estigma está receptivo. Los lóbulos deben estar bien separados, abiertos como una estrella, con aspecto húmedo o brillante. Si siguen apretados formando una columna, la flor todavía no está lista; espera al día siguiente. Un estigma cerrado o ya mustio y pardo no acepta polen.

3. Comprueba que hay polen. Las anteras deben haber abierto y mostrar el polvo amarillo suelto. Si al rozarlas no se mancha nada, aún no han dehiscido.

4. Transfiere. Un pincel de pelo suave del número 0 al 2 basta. También funciona muy bien arrancar un estambre entero con pinzas y frotarlo directamente contra el estigma, método que tiene la ventaja de no arrastrar polen residual de una flor a otra. Toca todos los lóbulos del estigma, no uno solo.

5. Hazlo recíproco. Poliniza la planta A con polen de la B y la B con polen de la A. Duplicas las probabilidades y, si una de las dos falla, todavía tienes la otra.

6. Limpia el pincel entre cruces. Con alcohol y bien seco, o usa un pincel por planta. El polen que queda entre las cerdas es la causa más habitual de híbridos accidentales.

7. Etiqueta. Una tarjetita atada al tallo con madre × padre y la fecha. Sin eso, dentro de seis meses tendrás semillas de procedencia desconocida, que en la práctica valen poco.

Si en tu zona hay abejas trabajando y quieres asegurar la paternidad, cubre la flor con una bolsita de tul o de malla fina antes de que abra y retírala solo para hacer el cruce. En especies autofértiles que quieras cruzar de verdad, hay que emascular: retirar todos los estambres con pinzas antes de que las anteras se abran.

Guardar polen cuando las floraciones no coinciden

Es un problema constante: la planta que quieres usar como padre florece dos semanas antes que la madre. El polen de cactus aguanta bastante bien si se recoge seco. Corta las anteras maduras, déjalas secar unas horas a temperatura ambiente sobre un papel, y guárdalas en una cápsula de gelatina o un sobrecito de papel dentro de un bote hermético con gel de sílice, en la parte menos fría de la nevera. Así se mantiene viable durante semanas; congelado, bastante más. Lo que lo mata es la humedad ambiental, no el frío. Sácalo con el bote cerrado y espera a que llegue a temperatura ambiente antes de abrirlo, para que no condense agua encima.

Del fruto a la semilla

Si el cruce ha funcionado, la flor se marchita pero el pericarpelo, en lugar de secarse, empieza a engordar. Los plazos varían muchísimo según el género: en Echinopsis o Gymnocalycium el fruto madura en unas semanas; en muchas Mammillaria, los frutos rojos y alargados —los famosos chilitos— tardan meses en emerger entre los tubérculos, a veces hasta la primavera siguiente.

Mammillaria pseudoperbella mostrando el anillo de flores en el ápice

Recoge el fruto cuando cambie de color y ceda ligeramente a la presión, o cuando se abra solo, como ocurre con las cápsulas de Astrophytum. Aplasta la pulpa en un colador bajo el grifo, separa las semillas de los restos, extiéndelas sobre papel absorbente y déjalas secar dos o tres días a la sombra antes de guardarlas en un sobre de papel —nunca en plástico hermético si no están completamente secas—. Muchas cactáceas germinan mejor con semilla fresca del mismo año; otras, como las Opuntia, tienen la cubierta muy dura y germinan de forma irregular durante meses.

Ten en cuenta también el coste para la planta. Madurar un fruto lleno de semillas consume reservas, y un ejemplar pequeño al que cargas de frutos cada año crece menos. Si vas a producir semilla en serie, cuida el abonado y el riego durante la maduración.

Errores frecuentes

Polinizar dos plantas del mismo clon. Ya se ha dicho, pero es la causa número uno del fracaso. Antes de invertir un verano, averigua el origen de tus ejemplares.

Llegar tarde o pronto. Un estigma todavía cerrado o ya pardo no sirve. Es preferible visitar la flor dos veces en días consecutivos que jugárselo todo a un intento.

Creer que un cactus solo dará semillas "si le da el aire". El viento no interviene en la polinización de las cactáceas: su polen es pegajoso y pesado precisamente porque viaja en el cuerpo de un animal.

Cruzar cualquier cosa con cualquier cosa. Las cactáceas hibridan con una facilidad notable dentro de un mismo género e incluso entre géneros próximos, y ahí está el origen del desbarajuste de nombres que arrastra el comercio. Si quieres conservar una especie pura, aísla sus flores; si buscas híbridos, adelante, pero etiqueta el cruce y no vendas la descendencia con el nombre de la especie madre.

Confundir hijuelos con reproducción sexual. Separar un brote lateral es multiplicación vegetativa: obtienes una copia. La polinización es lo único que genera individuos nuevos, con variabilidad, y lo único que mantiene sana una colección a largo plazo.

En resumen

Polinizar cactus consiste en llevar polen fresco desde las anteras de una flor hasta el estigma receptivo de otra, sustituyendo con un pincel o unas pinzas a la abeja, el colibrí o el murciélago que faltan en tu terraza. Las flores son casi siempre hermafroditas, pero la mayor parte de las especies rechaza su propio polen, así que hacen falta dos plantas de origen genético distinto y no dos copias de la misma. El resto es cuestión de acertar con el momento —día soleado, media mañana, estigma con los lóbulos abiertos y anteras ya sueltas—, hacer el cruce en ambos sentidos, etiquetarlo y esperar a que el pericarpelo engorde. Si las floraciones no coinciden, guarda el polen seco en frío. Y anota siempre lo que has cruzado: una semilla sin procedencia conocida vale bastante menos que una semilla con apellidos.


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