Diecinueve metros. Esa es la altura que se ha llegado a medir en un ejemplar de Pachycereus pringlei en Baja California, y por eso esta especie encabeza cualquier lista de cactus gigantes. El Carnegiea gigantea, el saguaro de las películas, se queda algo por debajo: los ejemplares campeones documentados en Arizona rondan los 13 o 14 metros. Los dos se venden en viveros españoles en macetas de 10 centímetros, y ahí empieza el malentendido: quien compra uno no está comprando un árbol, sino el principio de un proyecto que le va a sobrevivir.
Este artículo va de eso, de cómo se cultivan de verdad estas dos especies en España, qué ritmo de crecimiento hay que esperar y cuáles son los fallos que matan la mayor parte de los ejemplares antes de que lleguen al metro.
Carnegiea gigantea, el saguaro
El saguaro es endémico del desierto de Sonora: sur de Arizona, una franja del sureste de California y el noroeste de México. Es un cactus columnar de tronco grueso, con 12 a 24 costillas según la edad y el grado de hidratación, porque las costillas funcionan como un fuelle: se pliegan cuando la planta pierde agua y se separan cuando el tejido se llena tras las lluvias.
Lo primero que hay que interiorizar es su lentitud. Un saguaro de semilla puede tardar cerca de una década en alcanzar el palmo de altura. En su hábitat empieza a florecer pasados los treinta o cuarenta años, y los brazos característicos no aparecen hasta bien entrada la vida de la planta, con frecuencia después del medio siglo. En cultivo, con riego regular y calor, se puede acelerar bastante ese ritmo, pero seguimos hablando de una planta que crece unos pocos centímetros al año durante mucho tiempo. Si alguien le promete un metro en cinco años, no le está contando la verdad.
Las flores son blancas, grandes y nocturnas: abren al anochecer de finales de primavera, aguantan la mañana siguiente y se cierran. Están pensadas para murciélagos nectarívoros y para las palomas y abejas que las visitan de día. El fruto es carnoso, rojo por dentro, y se ha recolectado tradicionalmente por los tohono o'odham para hacer jarabes y una bebida fermentada.
Clima y resistencia al frío
El saguaro tolera heladas cortas y secas. Con el sustrato seco y buen drenaje aguanta bajadas puntuales de unos grados bajo cero; lo que no perdona es el frío prolongado ni, sobre todo, la combinación de frío y humedad. Ese matiz es el que decide si se puede cultivar al aire libre en un sitio o no. En la costa mediterránea, del sur de Cataluña a Almería, en Murcia, en el litoral de Málaga, Cádiz y Huelva y en Canarias, puede plantarse en el jardín con normalidad. En el interior peninsular es posible con protección invernal: un voladizo, un porche orientado al sur o un plástico que impida que la planta se moje entre noviembre y marzo. En la cornisa cantábrica y en la Galicia atlántica, olvídese del suelo: allí el problema no es el termómetro, es que llueve cuando el cactus está parado.
Hay otro detalle del que se habla poco: el saguaro está adaptado a un régimen de lluvias de verano (el monzón de Sonora). Nuestro clima mediterráneo hace justo lo contrario, seco en verano y lluvioso en invierno. Por eso en España conviene regarlo generosamente en julio y agosto, cuando la planta está en pleno crecimiento y aquí no llueve, y mantenerlo seco de noviembre a febrero.
Pachycereus pringlei, el cardón gigante
El cardón es la especie más corpulenta de la familia. Vive en Baja California y Sonora, y su porte es distinto al del saguaro: ramifica más abajo y más pronto, formando un candelabro de varios brazos gruesos que sale casi del suelo, y el tronco principal puede pasar del metro de diámetro. Un cardón adulto pesa toneladas, la mayor parte agua.
Para el aficionado hay una noticia buena: crece bastante más deprisa que el saguaro. En maceta grande, con calor y riego de temporada, es de los cactus columnares gigantes más agradecidos. En quince o veinte años de buen cultivo se puede tener un ejemplar de porte respetable, cosa que con Carnegiea no ocurre.
Dos rarezas biológicas que merecen mencionarse. La primera es su sistema reproductivo: en las poblaciones de P. pringlei conviven individuos hermafroditas, individuos funcionalmente femeninos y en algunas zonas también masculinos, un caso poco frecuente entre las cactáceas. Para el cultivador tiene una consecuencia práctica: no todos los ejemplares dan fruto aunque florezcan, y para obtener semilla propia conviene tener varios plantones de origen distinto. La segunda es su relación con bacterias endófitas asociadas a las raíces, que le permiten instalarse sobre roca casi desnuda y ayudar a disgregarla. Traducido a la maceta: es una planta que se apaña con sustratos muy pobres y muy minerales.
En frío es algo más delicado que el saguaro. Tolera heladas ligeras y secas, pero se marca antes con manchas y cicatrices, así que en el interior peninsular su sitio es un invernadero frío o una galería luminosa durante el invierno.
Sustrato, maceta y trasplante
Los dos quieren lo mismo: un sustrato que no retenga agua más de un par de días. Una mezcla que funciona bien es dos tercios de material mineral de grano medio (puzolana, pómice, akadama, arena de sílice gruesa de 2 a 5 mm o gravilla volcánica) y un tercio de sustrato para cactáceas o de turba muy suelta. Nada de tierra de jardín compactada y nada de sustrato universal a secas: es la causa número uno de podredumbre.
La forma de la maceta importa. Las plántulas y los ejemplares jóvenes de saguaro tienen una raíz principal que baja bastante, así que en los primeros años agradecen contenedores altos. Con los años el sistema radicular se vuelve superficial y muy extendido —en el desierto ocupa un radio similar a la altura de la planta—, de modo que los ejemplares grandes prefieren maceteros anchos. Trasplante en primavera, con la tierra seca, y espere una semana antes del primer riego para que cicatricen las raíces rotas.
Para manejarlos sin sangrar, use una tira de cartón doblada o goma espuma alrededor del tallo a modo de asa. Las espinas del cardón son duras y largas; las del saguaro, en un ejemplar mediano, también.
Riego y abonado
La idea de que un cactus gigante no necesita agua es falsa y se paga con décadas de estancamiento. Estas dos especies crecen mucho y para crecer necesitan beber. El criterio es sencillo: regar a fondo y dejar secar del todo. De abril a septiembre, un riego copioso cada 7 a 12 días en maceta según el calor y el tamaño del tiesto; en pleno agosto, en el sureste, incluso más a menudo. En octubre se espacia, y de noviembre a febrero, si la planta está en un sitio fresco, se suspende por completo. Un ejemplar en el suelo, ya establecido, se apaña con muy poco riego de apoyo en verano.
Riegue el sustrato, no la planta, y evite mojar el ápice y dejar agua encharcada en el cuello. Si el agua de su zona es muy dura, alterne con agua de lluvia cuando pueda: las manchas blancas de cal en la epidermis no se quitan.
Del abonado, poco y bien. Un fertilizante específico para cactáceas, pobre en nitrógeno y con potasio suficiente, aplicado con el riego cada tres o cuatro semanas de mayo a septiembre y a la dosis que indique la etiqueta o algo por debajo. Abonar de más produce tejido blando y aguado, que se marca, se agrieta y es un imán para la podredumbre y para la cochinilla.
Luz y el error del cambio brusco
Ambas especies quieren sol directo y mucho. Un saguaro cultivado en interior con poca luz se ahíla: el crecimiento nuevo sale más estrecho que el tejido viejo, la planta se vuelve pálida y adopta una silueta de bolo invertido que ya no se corrige nunca.
Ahora bien, si su planta viene de un invernadero con malla de sombreo o ha pasado el invierno tras un cristal, no la ponga a pleno sol de golpe. La quemadura solar en cactáceas es real y deja cicatrices blanquecinas o corchosas permanentes en la cara expuesta. Acostúmbrela a lo largo de dos o tres semanas, empezando por unas horas de sol de mañana. Y cuando la saque al jardín en primavera, hágalo antes de que apriete el calor, no en julio.
Multiplicación
Se reproducen por semilla, sin más. La siembra se hace en primavera, cuando la temperatura ronda los 22-28 °C: semillero con sustrato mineral fino y estéril, semillas en superficie sin enterrar, humedad constante y tapado transparente. Germinan en una o dos semanas y las plántulas son bolitas verdes de un par de milímetros. El primer año se mantienen tapadas o en ambiente húmedo; después se van destapando poco a poco.
Hay quien acelera los primeros años injertando las plántulas sobre patrones vigorosos como Hylocereus o Myrtillocactus geometrizans. Funciona y multiplica la velocidad de crecimiento, pero el patrón acaba condicionando la forma y la resistencia al frío del conjunto, y tarde o temprano hay que desinjertar y enraizar el vástago. Para un ejemplar destinado al jardín, prefiero una planta de pie franco.
Legalidad y compra responsable
Todas las cactáceas están incluidas en el Apéndice II del CITES, salvo contadas excepciones, lo que significa que su comercio internacional está regulado y que las plantas de origen silvestre no se pueden mover libremente. El saguaro, además, está protegido por la legislación de Arizona: arrancar uno en el campo es delito. Compre siempre en viveros que trabajen material reproducido en cultivo. Un cardón adulto de varios metros que aparece de repente en el mercado a buen precio es motivo suficiente para preguntar de dónde sale.
Problemas frecuentes
Base blanda y oscura. Podredumbre por hongos del suelo, casi siempre por exceso de agua en frío. Se corta por encima del tejido dañado con hoja desinfectada, se deja cicatrizar varias semanas en seco y sombra, y se vuelve a enraizar. Si la afección ha llegado al cilindro central, no hay rescate.
Manchas blancas algodonosas en las areolas. Cochinilla algodonosa. Se retira con un pincel y alcohol y se trata con jabón potásico o un insecticida específico. Revise también las raíces al trasplantar, porque existe una forma radicular que pasa desapercibida hasta que la planta se para en seco.
Bronceado o corchosidad en la parte baja. En ejemplares viejos es normal y se llama corchificación. En plantas jóvenes suele ser araña roja o quemadura solar, y en ninguno de los dos casos se revierte.
Pliegues muy marcados y planta blanda. Le falta agua, o las raíces no funcionan. Riegue; si en tres o cuatro días no recupera turgencia, saque el cepellón y mire qué queda de raíz.
En resumen
Carnegiea gigantea y Pachycereus pringlei son los dos cactus más altos que existen, pero en una maceta son otra cosa: plantas lentas, sedientas en verano y muy sensibles al agua invernal. El cardón crece bastante más rápido que el saguaro y es la elección sensata si quiere ver resultados en su propia vida. Los dos piden sol directo previa aclimatación, sustrato mineral que drene en minutos, riego abundante de abril a septiembre y sequía total en invierno, y en el interior peninsular, un tejado sobre la cabeza durante los meses lluviosos. Plántelos entendiendo la escala temporal a la que juegan y darán muy poco trabajo; trátelos como una planta de temporada y no pasarán del primer invierno.