Un cactus que se estira hacia arriba, palidece y saca espinas cada vez más cortas y débiles no está enfermo ni le falta abono: está mal colocado. La ubicación es la decisión que más condiciona la vida de un cactus, por delante del sustrato y muy por delante del riego, porque de ella dependen la luz que recibe, la rapidez con que se seca la maceta y la temperatura que pasa en invierno. Cambiar de sitio una planta es gratis y arregla más problemas que cualquier producto de garden center.

Cuánta luz necesitan de verdad

La referencia práctica para un cactus de desierto —Mammillaria, Echinocactus, Ferocactus, Echinopsis, Opuntia, Gymnocalycium— son entre cuatro y seis horas de sol directo al día como mínimo. Por debajo de eso la planta sobrevive, pero no crece bien ni florece.

El síntoma de falta de luz se llama etiolación: el cuerpo se adelgaza y se alarga por la punta, las costillas se separan, el color vira a un verde claro y las areolas nuevas producen espinas raquíticas. Es un daño irreversible. Aunque se corrija la ubicación, el tramo estirado se queda así para siempre; lo único que se consigue es que lo nuevo salga bien. En cactus globosos ese estrechamiento en forma de peonza es especialmente feo y delata años de salón oscuro.

Hay excepciones importantes dentro de la propia familia. Los cactus epífitosSchlumbergera (el cactus de Navidad o de Pascua), Rhipsalis, Epiphyllum, Hatiora— viven en las ramas de árboles de bosques nubosos brasileños y se queman con el sol directo del verano español. Estos quieren ventana orientada al este o al norte, luz abundante pero filtrada, y algo de humedad ambiental. Colocarlos en el alféizar sur de julio es la manera de acabar con las hojas planas manchadas de blanco.

Dentro de casa: la ventana lo es todo

La luz cae con enorme rapidez conforme uno se aleja del cristal. Un cactus a dos metros de una ventana recibe una fracción muy pequeña de lo que recibe pegado a ella, aunque a nuestros ojos la habitación siga pareciendo luminosa: la pupila compensa y nos engaña. Regla práctica de interior: el cactus va en el alféizar o a menos de medio metro del cristal. La mesa del centro del salón y la estantería del fondo no son sitios para un cactus, por mucho que decorativamente pidan uno.

Por orientaciones, en la Península:

Sur. La mejor para cactus de desierto todo el año, con una salvedad: de junio a agosto, detrás de un cristal y sin ventilación, la temperatura junto a la ventana puede superar los 50 °C y provocar quemaduras. Si la ventana no se abre en todo el día, conviene apartar un poco la maceta o entornar el visillo en las horas centrales del verano.

Sureste y suroeste. Muy buenas. El sureste da sol de mañana, más suave, y es la orientación más segura para especies sensibles.

Este. Correcta para haworthias, gasterias y cactus epífitos; escasa para un Echinocactus grusonii, que acabará etiolado.

Norte. Insuficiente para cualquier cactus de desierto. Aquí solo funcionan Rhipsalis, Schlumbergera y poco más.

Dos detalles que se pasan por alto. El primero, la ventilación: los cactus vienen de sitios con aire en movimiento y agradecen una ventana que se abra a diario, aunque sea un rato; el aire estancado y húmedo favorece la cochinilla algodonosa y los hongos del cuello. El segundo, la rotación: un cactus iluminado siempre por el mismo lado se inclina hacia la luz y crece torcido. Un cuarto de vuelta cada dos o tres semanas lo mantiene simétrico.

Baño y cocina merecen mención aparte. El baño suele reunir poca luz y mucha humedad, la peor combinación posible. La cocina puede servir si tiene ventana orientada al sur, pero conviene alejar la planta de la zona de vapores y frituras, que dejan una película grasa sobre el cuerpo y sobre las espinas muy difícil de limpiar.

Cactus colocados junto a una ventana con sol directo

Sacarlos fuera: cómo hacerlo sin quemarlos

Un cactus que ha pasado el invierno en interior no puede salir de golpe al sol de mediodía. La epidermis pierde parte de su protección cuando vive tras un cristal, que filtra buena parte de la radiación ultravioleta, y en una sola tarde de abril puede aparecer una mancha blanquecina o amarillenta que después se vuelve parda y corchosa. Esa cicatriz no desaparece nunca.

La aclimatación correcta lleva dos o tres semanas: primero unos días a la sombra luminosa de un porche o bajo un árbol, después una hora de sol de mañana, luego dos, y así hasta la exposición completa. Empiece a finales de marzo o en abril, cuando ya no haya riesgo de heladas nocturnas en su zona.

Un truco que ahorra disgustos: marque con un rotulador el borde de la maceta que miraba al sol y respete esa orientación al sacar la planta fuera. La cara que estaba en sombra está sin curtir y es la primera que se quema.

En el interior peninsular, con Madrid, Zaragoza, Sevilla o Córdoba superando de largo los 38 °C en julio y agosto, incluso los cactus aclimatados agradecen una malla de sombreo del 30-40 % en las horas centrales, sobre todo los ejemplares pequeños en macetas negras de plástico, que se cocinan por las raíces. En la costa mediterránea, con más humedad y menos extremos, esa protección suele ser innecesaria.

El invierno decide si florecen

Aquí está la creencia que más conviene corregir. Un cactus de desierto que pasa el invierno en un salón a 21 °C con la calefacción puesta no descansa: sigue intentando crecer con poca luz, se estira y no florece nunca. La floración de la mayoría de las cactáceas de desierto se induce con un reposo invernal frío y seco, aproximadamente entre 5 y 12 °C, con luz y sin una gota de agua desde octubre hasta marzo.

Sitios que sirven para ese reposo: una galería acristalada sin calefacción, un invernadero frío, un garaje con ventana, un porche cerrado, una habitación que no se caliente. Sitios que no sirven: cualquier estancia con radiador, y desde luego encima de él.

Y una precisión sobre el alféizar en invierno: de noche, el aire pegado al cristal puede estar varios grados por debajo del resto de la habitación, y si además se corren las cortinas por delante de la planta se crea un bolsillo frío que puede helar el tejido. En las noches más duras, retire la maceta hacia el interior o deje la cortina detrás.

Fuera todo el año: qué se puede y dónde

En el litoral mediterráneo, en Andalucía occidental, en el litoral atlántico sur y en Canarias, muchos cactus viven a la intemperie sin más cuidado que un buen drenaje. Tierra adentro la limitación es doble: el frío y, sobre todo, la combinación de frío con humedad.

Este es el punto clave y el que más ejemplares se lleva por delante. Un cactus rústico y seco aguanta heladas que lo matarían si estuviera con el sustrato empapado. La rusticidad publicada de una especie —los −10 °C que se atribuyen a Opuntia, Echinocereus o algunos Escobaria— presupone siempre que la planta está seca. Bajo las lluvias de noviembre a febrero de media España, esa misma planta se pudre a 0 °C.

De ahí que la colocación exterior en clima continental se resuelva con tres decisiones:

Un techo por encima. El alero de la casa, un porche, un tejadillo de policarbonato o simplemente la cara sur de un muro con vuelo suficiente para que no le llueva encima en invierno.

Un muro a la espalda. Un muro orientado al sur acumula calor durante el día y lo devuelve de noche; puede suponer dos o tres grados de diferencia, que en una helada marginal son la diferencia entre perder la planta y no perderla. Además corta el viento del norte.

El nivel del suelo elevado. En jardín, plantar en un montículo, en un talud o en una rocalla levantada quince o veinte centímetros sobre el nivel general. El agua escurre por gravedad y las raíces nunca se quedan en el charco. Plantar un cactus en un hoyo de suelo arcilloso al mismo nivel que el césped es condenarlo.

Las especies que mejor se comportan a la intemperie en la Península son Opuntia ficus-indica y otras chumberas, Cylindropuntia, Echinopsis y Trichocereus columnares, Echinocereus y bastantes Mammillaria de altiplano. Conviene saber que la chumbera está muy afectada por la cochinilla del carmín (Dactylopius opuntiae) en el sur y el levante peninsular, y que en varias comunidades Opuntia figura en el catálogo de especies exóticas invasoras, lo que limita o prohíbe su plantación. Infórmese antes de plantar una en el jardín.

Cactus plantados al exterior en un jardín seco

Balcones, terrazas y macetas

En balcón, el enemigo no es el sol sino el viento y la inercia térmica de la maceta. Un tiesto pequeño expuesto al aire se seca en un día y sus raíces sufren oscilaciones brutales de temperatura. Agrupar las macetas en un rincón resguardado, meterlas dentro de un cajón de madera o de un macetero mayor, y usar barro cocido en vez de plástico negro suaviza mucho esas oscilaciones. El barro además transpira, lo que perdona un riego de más.

Cuidado con el suelo de la terraza en verano: una baldosa oscura a pleno sol pasa de los 60 °C y transmite ese calor a la base de la maceta. Elevar los tiestos sobre unos pies de plástico o una rejilla, además de mejorar el drenaje, evita ese contacto y corta el paso a las babosas.

Deje aire entre plantas. Los cactus apiñados no se ventilan por dentro, retienen humedad en la base y comparten cochinilla de una a otra sin que se vea nada hasta que el foco es grande. Con separar los ejemplares un par de dedos ya se nota.

Seguridad y sentido común

Un cactus espinoso no va en un pasillo estrecho, a la altura de la cara de un niño, junto al sofá ni en el borde de una estantería alta. Las Opuntia merecen una advertencia propia: sus gloquidios, las espinitas diminutas y barbadas de las areolas, se clavan al menor roce, se rompen bajo la piel y son mucho más molestos de extraer que una espina grande. Con chumberas, guantes de cuero y ubicación alejada de las zonas de paso.

Y sobre el mito más repetido: un cactus junto al ordenador no absorbe radiación de ningún tipo. No hay nada en la planta capaz de hacerlo y la idea carece de base física. Si quiere poner un cactus junto a la pantalla, póngalo porque le gusta, pero elija la mesa que esté cerca de una ventana, que es lo único que le importa a la planta.

Señales de que el sitio está mal

Se estira y aclara: falta luz. Muévalo a una orientación sur, pero de forma progresiva para no quemarlo.

Mancha blanquecina, amarilla o parda en la cara al sol: quemadura. Sombree en las horas centrales y aclimate más despacio la próxima vez.

Cuerpo blando y pardo desde la base: podredumbre. Casi siempre es exceso de agua en un sitio frío, sin sol o sin ventilación. Es urgente: saque la planta, corte por encima del tejido dañado y deje cicatrizar en seco.

Se arruga y encoge en verano: le falta agua o el sol es excesivo para la especie. Un cactus arrugado en pleno invierno seco, en cambio, es normal y se rehidrata en primavera.

Nunca florece pese a estar sano: casi con seguridad, invierno demasiado cálido. Búsquele un sitio fresco de octubre a marzo.

En resumen

Coloque los cactus de desierto donde reciban al menos cuatro o cinco horas de sol directo: alféizar sur o sureste, pegados al cristal, con ventilación y girando la maceta cada pocas semanas. Reserve el este y el norte para los epífitos como la Schlumbergera y para haworthias y gasterias, que se queman al sol de mediodía. Si los saca al exterior en primavera, acostúmbrelos al sol en dos o tres semanas y respete la cara que ya estaba curtida. En invierno, sitio luminoso, fresco (5-12 °C) y seco: ese reposo es lo que provoca la floración, y un salón con calefacción lo impide. Al aire libre todo el año, lo que mata no es tanto el frío como el frío con el sustrato empapado, así que busque alero, muro al sur y suelo elevado que drene. Y fuera de las zonas de paso, sobre todo con chumberas.


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