En Brasil, donde crece de forma silvestre, esta planta florece en mayo y allí la llaman flor de maio. El nombre de "cactus de Navidad" es un accidente geográfico: al cruzar el ecuador y llegar a los invernaderos europeos, su ciclo se invirtió y las flores empezaron a coincidir con diciembre. Lo que se cuenta sobre esta planta arrastra bastantes malentendidos de ese estilo, y varios tienen consecuencias directas sobre cómo se cuida.

Cactus de Navidad en flor con segmentos colgantes

Es un cactus de selva, no de desierto

El género Schlumbergera procede de un área muy concreta: la Mata Atlántica del sureste de Brasil, en las montañas próximas a Río de Janeiro, entre los 700 y los 1.500 metros de altitud. Allí no vive en arena ni al sol directo. Crece encima de los árboles, agarrada a las horquillas de las ramas donde se acumula musgo y hojarasca, y en algunos casos sobre rocas cubiertas de materia orgánica. Es una planta epífita y litófita, con humedad ambiental alta buena parte del año y luz filtrada por el dosel del bosque.

De ahí salen casi todas las consecuencias prácticas. No tolera el sol de mediodía: en verano, un cactus de Navidad expuesto al sol peninsular se pone rojizo o violáceo y luego amarillea con quemaduras irreversibles en los segmentos. Tampoco tolera el sustrato mineral pobre que se vende como "sustrato para cactus", pensado para especies de zonas áridas. Y no aguanta la sequía prolongada que sí resiste un Echinocactus: sus raíces son finas, superficiales y se secan muy rápido.

La mezcla que le va bien es ácida, ligera y con materia orgánica: corteza de pino fina, fibra de coco, algo de turba y un tercio largo de perlita o pómez para que drene. Un pH en torno a 5,5-6,5. Si el agua del grifo es muy caliza, como en buena parte del centro y el levante peninsular, conviene alternar con agua de lluvia.

Sí es un cactus, y lo demuestran las areolas

Que no tenga espinas visibles siembra dudas. Pero pertenece de pleno derecho a la familia Cactaceae, y la prueba está en las muescas del borde de los segmentos: ahí hay areolas, las estructuras exclusivas de los cactus, con pelillos finos y a veces cerdas cortas. De esas mismas areolas salen las flores y los brotes nuevos.

Lo que parecen hojas no lo son. Son cladodios (o filoclados): tallos aplanados que hacen la fotosíntesis, articulados en segmentos. La planta no tiene hojas verdaderas en absoluto.

El "cactus de Navidad" auténtico es un híbrido de 1852

Aquí hay una confusión que se repite en viveros y etiquetas. Lo que se vende masivamente en noviembre suele ser Schlumbergera truncata y sus cultivares, la especie de segmentos con dientes puntiagudos y agresivos en los márgenes, que florece antes, hacia noviembre. Los ingleses la llaman cactus de Acción de Gracias por eso.

El cactus de Navidad en sentido estricto es Schlumbergera × buckleyi, un híbrido entre S. truncata y S. russelliana obtenido en Inglaterra hacia 1852 por William Buckley. Se reconoce porque sus segmentos tienen los bordes redondeados y ondulados, sin dientes, y porque florece más tarde, en diciembre y enero. Es bastante menos frecuente en el comercio de lo que su fama sugiere.

Y hay un tercer implicado: el llamado cactus de Pascua, de floración primaveral, flores radiales y estrelladas en lugar de asimétricas. Ha cambiado de nombre varias veces (Rhipsalidopsis gaertneri, luego Hatiora gaertneri) y los estudios moleculares recientes lo han acabado incluyendo en Schlumbergera. Se cuida parecido, pero no comparte calendario.

El nombre Zygocactus y el señor Schlumberger

El género honra a Frédéric Schlumberger, un coleccionista francés del siglo XIX que reunió una colección notable de cactáceas en su castillo de Les Authieux, cerca de Ruan. El nombre lo estableció Charles Lemaire en 1858.

El viejo nombre Zygocactus, que todavía se ve en etiquetas y catálogos, viene del griego zygon, yugo, por la articulación entre segmentos. Botánicamente está en desuso desde hace décadas, aunque en el lenguaje de vivero sigue vivísimo. También circula Epiphyllum truncatum, que fue el nombre original que le dio Haworth en 1819 y que hoy corresponde a otro género distinto.

Sus flores son una rareza dentro de la familia

Los cactus tienen, salvo contadas excepciones, flores actinomorfas: simétricas en todas direcciones, como una margarita. Las de Schlumbergera son zigomorfas, con un solo plano de simetría, el tubo curvado hacia arriba y los estambres proyectados hacia fuera. Esa forma no es casual: en Brasil las polinizan colibríes, y la flor está diseñada para depositar polen en la frente del pájaro mientras liba.

Flor rosa del cactus de Navidad vista de perfil

Cada flor individual dura entre cinco y ocho días, pero como los botones no abren a la vez, una planta bien cuidada mantiene la floración tres o cuatro semanas. Las hay rosas, fucsias, rojas, blancas, salmón y amarillas; los cultivares amarillos son relativamente modernos y costaron años de mejora.

Si se poliniza a mano con polen de otro ejemplar distinto (casi todos los clones comerciales son autoincompatibles), da un fruto: una baya rosada, carnosa y de sabor suave, comestible sin más gracia que la curiosidad. Tarda casi un año en madurar.

La floración se dispara por frío o por oscuridad, y basta con una

Es una planta de día corto. Necesita noches ininterrumpidas de unas 13-14 horas durante seis u ocho semanas para inducir botones florales. Ahí está el motivo por el que muchos ejemplares de interior no florecen nunca: una lámpara de salón encendida hasta medianoche, o una farola frente a la ventana, rompe la noche larga y cancela la señal.

Pero hay un atajo que mucha gente desconoce: por debajo de unos 12-15 °C, la planta forma botones al margen del fotoperiodo. Da igual la luz que reciba. Por eso los ejemplares que pasan octubre y noviembre en una galería fresca, un balcón cubierto o un patio protegido florecen sin que nadie haga nada especial. Y por eso a los que viven todo el año a 22 °C en un salón con calefacción les cuesta tanto.

El límite superior también importa: por encima de 21-22 °C nocturnos la inducción floral se bloquea, incluso con noches largas. En un piso español con calefacción central, esa es la causa habitual del fracaso.

Durante el periodo de inducción conviene además reducir el riego (sin llegar a secar del todo) y suspender el abonado. En cuanto los botones son visibles, se vuelve al riego normal.

La caída de botones y el mito de no girar la maceta

Es la queja más repetida: la planta llena de botones, y de pronto los suelta todos. Corre la idea de que la culpa es de girar la maceta, y esto es medio falso. Girarla despacio no hace nada. Lo que provoca el aborto de botones es un cambio brusco de condiciones cuando la planta ya ha comprometido su energía en florecer:

El cepellón secado del todo, aunque sea una vez, es la primera causa. Le siguen las corrientes de aire frío al abrir ventanas, la proximidad a un radiador o a la salida del aire acondicionado, el traslado desde un invernadero fresco de vivero a un salón caldeado, y el exceso de agua con sustrato compactado. Cuando llegue una planta comprada con botones, hay que darle un sitio fijo, estable y fresco, y dejarla ahí hasta que termine.

Puede sobrevivirte

Es una de las plantas de interior más longevas que existen. Ejemplares de treinta, cuarenta o cincuenta años son habituales en casas donde han ido pasando de madre a hija, y están documentados casos de más de un siglo. No tiene mérito extraordinario: crece despacio, no agota el sustrato con rapidez y agradece que la molesten poco.

De hecho, prefiere ir algo justa de maceta. Un trasplante a un contenedor mucho mayor suele traducirse en años sin flor, porque la planta destina energía a raíz y a segmentos nuevos. Se trasplanta cada tres o cuatro años, en primavera y después de la floración, subiendo un solo número de maceta.

Multiplicarla es trivial. Se desprenden con un giro de muñeca esquejes de dos o tres segmentos, se dejan orear dos o tres días en sombra para que cicatrice el corte, y se clavan un centímetro en sustrato ligero y apenas húmedo. En primavera enraízan en tres o cuatro semanas. Plantar varios esquejes juntos en la misma maceta da un ejemplar denso mucho antes.

En España puede vivir fuera casi todo el año

Al no ser una planta de desierto sino de bosque de montaña subtropical, tolera bien el fresco pero no la helada. Por debajo de 5 °C sufre, y con helada se pierde.

En la cornisa cantábrica, Galicia, el litoral mediterráneo y Canarias puede pasar todo el año en el exterior si está a sombra luminosa, bajo un porche, un árbol o una malla de sombreo. En el interior peninsular, donde las heladas son norma, lo razonable es sacarla de mayo a octubre a un sitio protegido y entrarla antes de las primeras heladas: ese veraneo fresco al aire libre es precisamente lo que hace que florezca bien luego. En Canarias es planta de patio sin más.

Durante el crecimiento, de primavera a principios de otoño, agradece un abono equilibrado o algo alto en potasio, diluido a la mitad de la dosis de la etiqueta, cada dos o tres semanas. Los cultivadores suelen añadir sulfato de magnesio (sales de Epsom, una cucharadita por cada cuatro litros de agua) una vez al mes en verano, porque estas plantas son sensibles a la carencia de magnesio en sustratos ácidos y sin cal.

Que rebrote en primavera no es un error

Un ejemplar bien llevado suele dar una segunda floración, más corta y menos densa, entre marzo y mayo. No es un fallo del reloj de la planta ni una señal de estrés: responde otra vez a días cortos que se alargan lentamente y a temperaturas suaves. Se le deja hacer y se abona en cuanto termina.

Y un último apunte útil: pinzar dos o tres segmentos de cada rama a finales de primavera, poco después de la floración, multiplica los puntos de crecimiento. Como las flores nacen en los extremos de los segmentos, más extremos significa más flores el invierno siguiente. Los esquejes retirados, además, sirven para plantas nuevas.

En resumen

El cactus de Navidad es una cactácea epífita brasileña que no tiene nada que ver con el desierto: quiere sombra luminosa, sustrato ácido y aireado, riego regular y agua sin exceso de cal. Su floración depende de noches largas ininterrumpidas o de temperaturas por debajo de 15 °C, y se bloquea con noches por encima de 21 °C, que es lo que ocurre en un salón con calefacción. Los botones no caen por girar la maceta, sino por sequía puntual, corrientes o cambios bruscos de ambiente. Lo que se vende en noviembre suele ser S. truncata, de segmentos dentados; el híbrido navideño verdadero es Schlumbergera × buckleyi, de bordes redondeados. Es longeva, prefiere la maceta justa y se multiplica con esquejes de dos o tres segmentos en primavera.


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