Lo que se vende en los viveros como cactus orquídea casi nunca es un Epiphyllum puro. Las especies botánicas del género abren flores blancas, enormes y de vida nocturna, con un perfume muy fuerte que se apaga al amanecer. Las plantas de colores encendidos que llenan los balcones —rojo cereza, fucsia, salmón, amarillo— son híbridos de jardinería obtenidos cruzando Epiphyllum con géneros vecinos como Disocactus, Selenicereus o Nopalxochia. La distinción no es una curiosidad de coleccionista: condiciona cuándo florece la planta, cuánto dura la flor y qué se puede esperar de ella.

El resto de sus exigencias sí se comparten, y todas derivan de un mismo hecho: es un cactus epífito. En la selva de Centroamérica y del norte de Sudamérica vive encaramado en la horcadura de los árboles, con las raíces entre hojarasca en descomposición, a la sombra del dosel y con humedad ambiental constante. Nada que ver con la grava ardiente de un Echinocactus. Tratar al cactus orquídea como si fuera un cactus de desierto es el origen de la mayoría de fracasos.

Flor de Epiphyllum crenatum, el cactus orquídea

Los tallos planos no son hojas

Lo que parecen hojas carnosas, largas y aserradas por el borde son cladodios: tallos aplanados que hacen la fotosíntesis. La planta no tiene hojas verdaderas. En los bordes ondulados de esos tallos se sitúan las areolas, y de las areolas salen tanto las raíces aéreas como los botones florales. Esto tiene una consecuencia práctica inmediata: al podar o manipular la planta, cualquier daño en el borde de un cladodio elimina puntos de floración futuros.

Los brotes nuevos suelen salir cilíndricos o de sección triangular durante los primeros 15 o 20 centímetros y solo después se aplanan. Es normal y no indica ningún problema; a algunos cultivadores les alarma pensar que la planta "ha degenerado".

Sustrato: materia orgánica, no arena

El sustrato comercial para cactáceas, muy mineral y pobre, no le sirve. Necesita una mezcla ligera pero con contenido orgánico y ligeramente ácida, en torno a pH 6. Una fórmula que funciona bien:

  • 3 partes de fibra de coco o turba rubia.
  • 2 partes de corteza de pino compostada de calibre fino.
  • 2 partes de perlita o puzolana.
  • 1 parte de compost o humus de lombriz bien maduro.

El objetivo es un medio que retenga algo de agua pero que drene en segundos y no se compacte. Si al regar el agua tarda en salir por los agujeros, la mezcla es demasiado fina.

Sobre el tamaño de la maceta: conviene que quede algo justa. Un tiesto sobredimensionado retiene humedad en zonas donde no hay raíces, favorece pudriciones y retrasa la floración, porque la planta invierte en raíz antes que en flor. Por su porte colgante, la maceta de suspensión o un contenedor colocado en alto le va mejor que uno de suelo.

Luz: sombra luminosa, nunca sol de mediodía

La ubicación ideal es luz abundante pero filtrada: un porche orientado al este, bajo una malla de sombreo del 50 %, o junto a una ventana muy clara sin sol directo. Tolera —y agradece— el sol de primera hora de la mañana. Lo que no tolera es el sol directo del mediodía en verano peninsular: los cladodios se tornan amarillentos o rojizos y aparecen manchas blanquecinas de quemadura que ya no se recuperan.

El extremo opuesto también penaliza. Una planta en sombra profunda se mantiene verde intenso y de aspecto sano, pero no florece nunca. Si su ejemplar tiene años, buen porte y no da un solo botón, el primer sospechoso es la falta de luz; el segundo, el invierno.

Riego y calidad del agua

De marzo a octubre se riega cuando los 2 o 3 centímetros superiores del sustrato estén secos al tacto, empapando bien y dejando escurrir. En pleno verano, en el interior de la península, eso puede significar dos riegos por semana; en abril, uno cada diez días. No hay calendario fijo: se comprueba con el dedo.

A diferencia de un cactus de desierto, no encaja bien sequías largas. Cuando pasa sed, los cladodios se arrugan longitudinalmente y pierden turgencia; si eso se repite durante la formación de botones, la planta los aborta.

Es sensible a la cal. En zonas de agua dura —buena parte del levante, el valle del Ebro, Madrid— el riego continuado con agua del grifo alcaliniza el sustrato, bloquea el hierro y provoca clorosis. Use agua de lluvia siempre que pueda, o agua embotellada de baja mineralización; también sirve acidificar el agua de riego con unas gotas de vinagre o de ácido cítrico hasta rondar pH 6.

La humedad ambiental le sienta bien. Pulverizar el follaje en verano, con agua sin cal y a primera hora, reproduce mejor sus condiciones de origen. No pulverice sobre las flores abiertas: se manchan.

Temperaturas y el reposo invernal que decide la floración

Su rango cómodo de crecimiento está entre 18 y 25 ºC. Por debajo de 10 ºC deja de crecer, y por debajo de 5 ºC empieza a sufrir daños en los tejidos; una helada, aunque sea breve, se lleva la planta.

Aquí está el punto que más gente pasa por alto. El cactus orquídea necesita un invierno fresco y seco para florecer. Entre noviembre y febrero conviene mantenerlo entre 10 y 13 ºC, con riegos muy espaciados: uno cada tres o cuatro semanas, lo justo para que los tallos no se deshidraten del todo. Ese descanso es el que induce la formación de botones en primavera.

Un ejemplar que pasa el invierno en el salón, a 21 ºC constantes y con el mismo riego que en julio, se mantiene vivo y verde durante años sin dar una sola flor. Es el diagnóstico más frecuente en las plantas "que no florecen nunca". En la franja mediterránea y en Canarias, un porche cubierto o una galería sin calefacción cumplen esa función sin más esfuerzo. En el interior y en el norte, un garaje con ventana, una habitación no calefactada o un invernadero frío resuelven el problema.

Abonado

Desde marzo hasta septiembre, cada 15 días con el riego, un abono líquido bajo en nitrógeno y alto en potasio. Los fertilizantes de tomate, diluidos a la mitad de la dosis de etiqueta, dan muy buen resultado por su relación NPK. Fuera de temporada, nada: en invierno no se abona.

El exceso de nitrógeno produce cladodios grandes, blandos y de un verde exagerado, muy apetecibles para la cochinilla y sin un botón. Cuando la planta esté a punto de florecer, en cuanto se vean los botones hinchándose, un aporte extra de potasio mejora el tamaño y el color de la flor.

Floración: qué esperar

Los híbridos de flor coloreada abren entre abril y junio, con flores diurnas que duran de dos a cuatro días. Algunas variedades repiten una segunda tanda más discreta a comienzos de otoño. Las especies de flor blanca, como Epiphyllum oxypetalum, abren de noche y la flor está marchita a media mañana del día siguiente: son espectaculares y efímeras, y suelen concentrar varias aperturas en una misma noche de verano.

Durante la formación de los botones, no gire ni cambie de sitio la maceta. Los botones se orientan hacia la fuente de luz y reaccionan mal a los cambios bruscos de orientación, de riego o de temperatura: la respuesta típica es que amarillean por la base y se caen antes de abrir.

Una planta joven necesita alcanzar cierto porte antes de florecer. Un esqueje enraizado tarda de dos a tres años; una plántula de semilla, cinco o más. La paciencia forma parte del cultivo.

Epiphyllum de la variedad Wendy en flor

Poda y trasplante

La poda se hace al terminar la floración, nunca antes: los botones se forman sobre tallos del año anterior y podar en invierno o en marzo equivale a cortar la floración. Se recortan los tallos desmesuradamente largos, los que hayan perdido color y los que crezcan hacia el interior de la mata. Corte siempre en la unión entre dos segmentos, no por la mitad de un cladodio.

El trasplante toca cada dos o tres años, también después de florecer, subiendo un solo número de maceta. Aproveche para revisar las raíces y retirar el sustrato viejo, que con el tiempo se degrada y pierde aireación. Si la planta está bien pero el sustrato está agotado, basta con renovar los primeros centímetros y esperar un año más.

Multiplicación por esqueje

Es de las plantas más agradecidas de reproducir, y el mejor momento es la primavera o el principio del verano:

  1. Corte un segmento sano de 15 a 20 cm, por la unión con el tallo madre.
  2. Déjelo cicatrizar de 7 a 10 días en un sitio seco, aireado y a la sombra, hasta que el corte forme un callo seco. Saltarse este paso es la causa habitual de que el esqueje se pudra.
  3. Entiérrelo 3 o 4 cm en sustrato apenas húmedo, sujetándolo con una caña si hace falta.
  4. Manténgalo a media sombra y no riegue hasta pasadas dos semanas; después, riegos muy ligeros.

Suele enraizar en cuatro a seis semanas. Plantar tres o cuatro esquejes en la misma maceta da un ejemplar más denso y vistoso desde el principio.

Problemas frecuentes

Cochinilla algodonosa. Es su plaga número uno, y se esconde justo donde no se mira: en el fondo de las ondulaciones del borde, en las areolas y en la base de los tallos. Se retira con un bastoncillo mojado en alcohol y, si hay muchas, con jabón potásico o aceite de parafina pulverizado al atardecer. Repita a los 10 días para alcanzar a las ninfas.

Araña roja. Aparece en ambientes calientes y secos; deja un punteado plateado y telarañas finas. Subir la humedad ambiental es media cura.

Manchas marrones blandas y de aspecto acuoso en la base. Pudrición por exceso de agua, casi siempre combinada con frío. Corte por encima de la zona afectada, deje secar y salve la parte sana como esqueje; el cepellón no suele recuperarse.

Cladodios rojizos o con reborde purpúreo. Exceso de luz, o frío en el límite. Si la planta está por lo demás firme y no se ha regado en exceso, no es una enfermedad: basta con moverla a más sombra.

Amarilleo generalizado con nervios verdes. Clorosis férrica por riego con agua caliza. Corrija el agua y aplique un quelato de hierro.

En resumen

El cactus orquídea se cultiva como una epífita de selva y no como un cactus: sustrato orgánico y aireado, sombra luminosa, riego regular sin encharcar y agua sin cal. Necesita temperaturas por encima de 10 ºC durante la temporada de crecimiento y, sobre todo, un invierno fresco y seco entre 10 y 13 ºC, que es la condición que dispara la floración de primavera. Abone quincenalmente con un fertilizante rico en potasio de marzo a septiembre, pode solo después de florecer, mantenga la maceta algo justa y no la mueva mientras se estén formando los botones. Vigile las areolas para adelantarse a la cochinilla. Con eso, una planta bien situada florece cada primavera durante décadas y se multiplica sola a base de esquejes.


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