Una Rebutia puede abrir su primera flor a los dos años de vida; un saguaro (Carnegiea gigantea) necesita más de treinta. Entre esos dos extremos cabe casi todo lo que se vende en un vivero, y esa es la razón por la que la pregunta "¿cuándo florece mi cactus?" no tiene una respuesta única. Depende de la especie, de la edad de la planta y, sobre todo, de lo que le hayas hecho el invierno anterior.

Porque ahí está el detalle que se pasa por alto: los botones florales de la mayor parte de los cactus globosos se inducen en invierno, no en primavera. Cuando en marzo empiezas a regar y abonar con la esperanza de ver flores, la decisión ya está tomada. Si la planta pasó el invierno a 21 °C en el salón y con riego cada quince días, no habrá flores por mucho que la mimes en mayo.

El calendario de floración en España

El grueso de los cactus de colección florece entre abril y julio, con el pico en mayo y junio. Es el momento en que la planta rompe el reposo, se hidrata y empuja hacia fuera los botones que llevaba formados desde el invierno.

Por grupos, y con las fechas propias del clima peninsular:

Abril y mayo. Los géneros madrugadores: Rebutia y Sulcorebutia, que se cubren literalmente de flores naranjas, rojas o amarillas a ras de suelo; Mammillaria, con su característica corona de florecillas rodeando el ápice; Gymnocalycium, con flores grandes en tonos blanco rosado que salen de las areolas jóvenes; y Echinopsis, cuyas flores enormes se abren de madrugada y aguantan un día o dos.

Junio y julio. Ferocactus, Echinocactus, Astrophytum, Parodia y Notocactus. Aquí también entran los cactus columnares grandes que ya han alcanzado tamaño adulto y las opuntias, que en el sur y el levante florecen con el calor fuerte.

Julio y agosto. Copiapoa, oriundos del desierto chileno de Atacama, abren sus flores amarillas en pleno verano, casi siempre embutidas en la lana del ápice.

Copiapoa hypogaea con flor amarilla en el ápice

Verano de noche. Las flores nocturnas son un capítulo aparte. La reina de la noche (Selenicereus grandiflorus) y el galán de noche o flor de un día (Epiphyllum oxypetalum) abren al anochecer una flor enorme y perfumada que está marchita a la mañana siguiente. Si te vas a dormir temprano, te la pierdes.

Otoño e invierno. Los cactus epífitos van al revés que sus primos del desierto. El cactus de Navidad (Schlumbergera) florece de noviembre a enero y el de Pascua (Rhipsalidopsis gaertneri) en marzo y abril. No son plantas de desierto ni deben tratarse como tales, y más abajo explico por qué.

Antes de la floración está la edad

Un cactus no florece hasta que alcanza la madurez sexual, y eso es una cuestión de tamaño y de años acumulados que ningún abono acelera. Como orientación, contando desde semilla:

De 2 a 4 años: Rebutia, Mammillaria (muchas especies), Gymnocalycium, Frailea, Notocactus. Son los géneros que recomiendo a quien empieza y quiere ver flores pronto.

De 3 a 6 años: Echinopsis, Astrophytum asterias, Parodia, Echinocereus.

De 10 a 20 años o más: Ferocactus, Copiapoa, Melocactus (que además necesita formar antes su cefalio, la estructura lanosa del ápice de la que salen las flores).

Más de 20 años: el asiento de suegra (Echinocactus grusonii) no suele florecer hasta rondar los 40 cm de diámetro, lo que en maceta significa dos décadas largas. Es la decepción clásica de quien compra uno del tamaño de un puño y espera flores al año siguiente.

Los cactus columnares grandes son un caso extremo: el saguaro tarda entre 30 y 40 años en dar su primera flor y todavía más en ramificar. En un piso de Madrid no vas a verlo florecer, y no es culpa tuya.

El invierno seco y fresco es el interruptor

Este es el punto que decide la partida. Los cactus del desierto necesitan un periodo de reposo invernal en seco y en frío para diferenciar botones florales. Sin ese estímulo, la planta sigue vegetando y no forma flor.

La receta, aplicada a un invierno peninsular:

Corta el riego del todo desde finales de octubre hasta marzo. Sí, del todo: ni un vaso de agua en cinco meses. Un cactus adulto sano no sufre por ello, porque su tejido está diseñado para almacenar reservas. Solo haría una excepción con plántulas de menos de tres años y con ejemplares muy pequeños, que pueden deshidratarse; a esos les daría un riego ligero en pleno enero y otro a mediados de febrero.

Busca entre 5 y 12 °C. Un cuarto sin calefacción, un porche cubierto, un invernadero frío o una galería acristalada. En seco, los géneros habituales aguantan sin daño hasta rozar los 0 °C, y algunos como Echinocereus u Opuntia soportan heladas fuertes. Lo que no perdonan es frío y sustrato húmedo a la vez: esa combinación es la que pudre las raíces.

Mantén la luz. Reposo no es oscuridad. Un cactus metido en un trastero cinco meses sale etiolado, deformado y sin flores. Necesita la ventana igual que en verano.

La consecuencia práctica es incómoda pero clara: un cactus que vive todo el año dentro de casa, con calefacción, es muy difícil que florezca. Si tienes balcón, sácalo en octubre y no lo riegues. Ese solo cambio suele bastar.

Luz, maceta y abono

Sol directo. Un cactus tras un visillo o a metro y medio de la ventana acumula muy poca energía para permitirse florecer. Necesita el máximo de horas de sol posible, con una salvedad: si ha pasado el invierno dentro, sácalo al exterior de forma progresiva durante dos o tres semanas en marzo. El sol de mayo sobre una epidermis desacostumbrada produce quemaduras que dejan cicatrices blanquecinas permanentes.

Maceta justa. En un tiesto grande la planta invierte en raíz y en cuerpo, no en flor. Trasplanta solo cuando el cepellón esté realmente ocupado, y sube un único número de maceta.

Abono bajo en nitrógeno. Un fertilizante rico en nitrógeno da un cactus verde, hinchado, de tejido blando y sin una sola flor; además lo vuelve más apetecible para la cochinilla. Usa un abono específico de cactus o uno de tomate, con un NPK del estilo 4-8-8 o 5-10-10, cada dos o tres semanas de abril a septiembre. Nada de abono durante el reposo invernal.

Sustrato mineral y drenaje. Un buen sustrato lleva al menos la mitad de material inerte: arena gruesa de sílice, pómice, akadama o picón. La turba sola retiene agua durante semanas y es el origen de la mayoría de las pérdidas por pudrición.

Ya tiene botones: qué hacer y qué no

No lo muevas ni lo gires. Los botones se orientan hacia la fuente de luz y, en varios géneros —muy marcadamente en Schlumbergera—, un cambio de posición o de temperatura provoca la caída de los botones antes de abrir. Marca con un rotulador el borde de la maceta que mira a la ventana y respétalo hasta que termine la floración.

Riega con normalidad, pero sin mojar la flor. El agua sobre los pétalos favorece la botritis y arruina la flor en un día.

Ten paciencia con la duración. Una Mammillaria mantiene su corona abierta más de una semana; una Echinopsis, uno o dos días; una Selenicereus, una noche. La brevedad no es un síntoma de que algo vaya mal, es la biología de la planta, que está adaptada a polinizadores muy concretos.

Después de la flor. Si no quieres semillas, retira las flores secas cuando se desprendan solas para que no se pudran contra el cuerpo. Si sí las quieres, deja el fruto en la planta hasta que madure; en Mammillaria son esos frutos rojos alargados que salen entre los tubérculos meses después.

Rebutia wessneriana con flores rojas

Tres creencias que conviene desmontar

"Los cactus florecen cada siete años." No hay ninguna base para esa cifra. Un cactus maduro y bien tratado florece todos los años, muchos incluso varias veces en la misma temporada. Si el tuyo lleva años sin flor y ya tiene tamaño adulto, el problema es el invierno cálido, la falta de sol o el exceso de nitrógeno, no un supuesto ciclo.

"Florecen cuando están a punto de morir." Es exactamente al revés: la floración es un signo de que la planta ha acumulado reservas suficientes. Lo que sí ocurre es que algunas especies son monocárpicas o presentan floración terminal —los agaves, por ejemplo, que ni siquiera son cactus—, y de ahí ha saltado la idea a un grupo al que no le corresponde.

Las flores de colores del vivero. Muchos cactus pequeños se venden con una flor chillona pegada al ápice con silicona caliente. No es una flor de la planta: es una siempreviva seca (Xerochrysum) teñida. Retírala cuanto antes con cuidado, porque la cola tapa el punto de crecimiento y deja una cicatriz que puede llegar a pudrirse. Un cactus del tamaño de una nuez con una flor rosa de tres centímetros que dura seis meses no está floreciendo, está pegado.

Un caso aparte: el cactus de Navidad

El Schlumbergera es un epífito de la selva atlántica brasileña, no un habitante del desierto, y aplicarle el manual del cactus globoso es la forma más segura de no verlo florecer nunca. Necesita días cortos: unas seis semanas de octubre a noviembre con al menos 13 o 14 horas de oscuridad ininterrumpida cada noche (cuidado con la lámpara del salón encendida hasta medianoche) y temperaturas de 13 a 18 °C. En esas condiciones induce botones y florece en diciembre.

Además quiere luz filtrada en vez de sol directo, sustrato que no llegue a secarse por completo y humedad ambiental. Y una vez que aparecen los botones, ni tocarlo: es la especie más propensa a soltarlos si la cambias de sitio.

En resumen

Los cactus del desierto florecen sobre todo entre abril y julio, siempre que tengan la edad suficiente y hayan pasado el invierno secos, frescos y con luz. Elige géneros de floración temprana —Rebutia, Mammillaria, Gymnocalycium— si quieres resultados en pocos años y no esperes flores de un Echinocactus grusonii juvenil. Corta el riego de noviembre a marzo, tenlos a menos de 12 °C, dales todo el sol que puedas, abona bajo en nitrógeno de abril a septiembre y no los muevas cuando aparezcan los botones. Los epífitos como el cactus de Navidad juegan con otras reglas: días cortos, fresco moderado y luz tamizada. Y si tu cactus lleva medio año luciendo una flor rosa perfecta, mira debajo: casi seguro que está pegada con cola.


Contenidos relacionados