Un cactus columnar de tres metros hace en un jardín algo que ninguna otra planta consigue: introduce una vertical rígida, sin hojas, que ordena todo lo que tiene alrededor. Por eso los cactus altos se han convertido en un recurso habitual del paisajismo mediterráneo, en jardines de grava, en rotondas y en patios donde antes se ponía un ciprés.
Ahora bien, «cactus alto» abarca desde plantas que alcanzan un metro y medio en diez años hasta gigantes que necesitan un siglo para levantar el primer brazo. Y no todas se comportan igual en el clima peninsular: la limitación aquí rara vez es el frío, sino la combinación de frío con lluvia invernal. Vamos a ver cuáles son, cuánto miden de verdad y cuáles tienen sentido plantar en España.
Carnegiea gigantea, el saguaro
Es el cactus icónico, el de las siluetas con brazos levantados de las películas del oeste. Carnegiea gigantea es un género monotípico del desierto de Sonora, entre Arizona y el noroeste de México, y es el cactus más alto de Estados Unidos: los ejemplares grandes superan los 12-15 metros, y hay registros históricos cercanos a los 20.
Lo interesante es su ritmo. Un saguaro tarda unos diez años en alcanzar 4 centímetros de altura. A los treinta años mide alrededor de un metro. Los primeros brazos no aparecen hasta los 50-70 años, y algunos ejemplares no los producen nunca. Vive entre 150 y 200 años. En su hábitat depende de plantas nodriza —Parkinsonia, Prosopis— que dan sombra a las plántulas durante sus primeras décadas.
Sus flores blancas, que abren de noche en mayo y junio, son la flor oficial del estado de Arizona, y sus frutos rojos son un recurso alimenticio tradicional del pueblo tohono o'odham.
¿Es viable en España? Con muchas reservas. El saguaro tolera heladas de hasta -7 ºC, pero solo breves, nocturnas y con el suelo completamente seco. El desierto de Sonora tiene un régimen de lluvias estivales; nuestro clima mediterráneo hace justo lo contrario y concentra las precipitaciones en otoño e invierno. Un saguaro plantado en el suelo en la meseta o en el interior de Cataluña acumula agua en la raíz precisamente en la estación fría y se pudre. Es cultivable en el litoral del sureste —Almería, Murcia, Alicante— y en Canarias, con drenaje extremo y en terreno inclinado, pero incluso allí su crecimiento es tan lento que hablamos de una planta simbólica más que de un elemento de diseño. Si buscas volumen en pocos años, no es tu cactus.
Trichocereus, los columnares andinos que sí funcionan aquí
Si el saguaro es el cactus que todos quieren y casi nadie puede tener, Trichocereus es el que deberían plantar. Es un grupo sudamericano —hoy incluido formalmente dentro de Echinopsis, aunque el nombre antiguo sigue siendo el que usa todo el mundo en horticultura— procedente de los Andes de Argentina, Bolivia, Chile y Perú.
Trichocereus pasacana (hoy Echinopsis atacamensis subsp. pasacana) es el gigante del grupo: alcanza 10 metros y ramifica desde media altura formando candelabros. Vive en la Puna argentina y boliviana a más de 3.000 metros, donde soporta heladas nocturnas frecuentes. En cultivo tolera -10 ºC en seco, lo que lo hace apto para casi toda la Península. Sus troncos secos, con las costillas leñosas convertidas en un enrejado, se usan tradicionalmente como material de construcción en el noroeste argentino.
Trichocereus terscheckii, el cardón grande, es aún más robusto: hasta 12 metros con tallos de 45 cm de diámetro y espinas amarillas de hasta 8 cm. Es probablemente el cactus columnar de gran porte más adecuado para un jardín español grande.
Trichocereus pachanoi, el san pedro, es el más rápido de todos. Puede crecer de 30 a 50 cm al año en buenas condiciones, alcanza 6 metros, tiene un color verde azulado muy limpio y espinas mínimas o ausentes. Enraíza de esqueje con una facilidad extraordinaria: se corta un trozo de un metro, se deja secar dos semanas y se planta. Es la vía más rápida para tener un cactus alto en un jardín.
Todos ellos dan flores blancas nocturnas muy grandes, de 20 cm, extremadamente perfumadas, en verano.
Espostoa, el cactus con lana blanca
Espostoa es un género peruano y ecuatoriano cuyo atractivo no está en la altura —de 2 a 4 metros, hasta 7 en E. lanata en su hábitat— sino en la textura: el tallo está cubierto por una densa lana blanca que le da aspecto de columna de algodón y que en la naturaleza cumple la función de proteger la epidermis de la radiación ultravioleta extrema de altitud.
Espostoa melanostele es la especie más cultivada y la que mejor conserva ese aspecto lanoso. Espostoa lanata crece más y ramifica desde la base.
Una particularidad del género es el cefalio: cuando la planta alcanza la madurez, a partir de metro y medio aproximadamente, desarrolla en un lateral del tallo una banda de lana más densa y de color distinto, de la que brotan las flores. Es una estructura reproductiva especializada, y su aparición indica que la planta ha llegado a la edad adulta.
Requiere drenaje impecable y protección de la lluvia: la lana blanca absorbe agua como una esponja y, si el tallo se moja repetidamente en invierno, aparecen manchas pardas y hongos. Además el agua dura la mancha de forma permanente, así que hay que regar por el sustrato, nunca por encima. Tolera hasta -4 ºC en seco. En la práctica, es más planta de maceta bajo alero o de invernadero frío que de jardín abierto en la mitad norte.
Oreocereus, el viejo de los Andes
Oreocereus es el más resistente al frío de los cactus columnares que se cultivan habitualmente. Procede de los Andes de Perú, Bolivia, Chile y Argentina, entre 2.000 y 4.000 metros de altitud, y está cubierto de largos pelos blancos entre los que asoman espinas fuertes de color amarillo, naranja o rojizo. El contraste entre el pelo blanco y la espina anaranjada es lo que lo hace tan buscado.
Oreocereus celsianus alcanza 2-3 metros y ramifica desde la base. Oreocereus trollii es más bajo, alrededor de un metro, y tiene la pilosidad más densa de todo el género. Oreocereus doelzianus produce flores rojas de un tubo largo y curvado.
Su gran virtud para el jardinero español es la rusticidad: soporta -10 ºC e incluso algo menos en condiciones secas, lo que permite cultivarlo al aire libre en la meseta, en el valle del Ebro o en zonas de invierno frío. La condición, como siempre, es la misma: el suelo no puede estar encharcado. En un talud de grava con pendiente y sin riego invernal es una planta perfectamente viable en Zaragoza o en Valladolid.
Crece despacio, unos 10-15 cm al año, y agradece sol pleno pero no el bochorno húmedo del litoral atlántico.
Otros columnares que merece la pena conocer
Pachycereus pringlei, el cardón mexicano. Es, en volumen, el mayor cactus del mundo: tronco central grueso, ramificación en candelabro y ejemplares que superan los 15-19 metros y pesan varias toneladas. Crece más rápido que el saguaro y es más tolerante al calor, aunque igualmente sensible a la humedad invernal.
Cereus repandus (también citado como C. peruvianus). El columnar más plantado en jardines españoles, y con razón: crece rápido, alcanza 8-10 metros, ramifica bien, tiene un tono verde azulado atractivo, resiste hasta -5 ºC y aguanta el sol de Andalucía sin quemarse. Da flores blancas nocturnas y frutos comestibles rosados (la llamada pitaya peruana). Es la opción segura si quieres altura sin complicaciones.
Cleistocactus strausii, la antorcha plateada. Tallos delgados de 5-6 cm de diámetro, completamente cubiertos de espinas blancas finas que le dan aspecto de columna de plata. Alcanza 2-3 metros formando grupos densos. Flores tubulares rojas horizontales muy llamativas. Resiste -10 ºC en seco y es uno de los mejores columnares para maceta grande en terraza.
Stetsonia coryne, el cardón moro. Argentino, de 6-8 metros, con ramificación baja y espinas largas negras muy decorativas. Resistente y de crecimiento moderado.
Pilosocereus pachycladus. Brasileño, de un azul metálico tan intenso que parece pintado, con espinas doradas. Alcanza 6-10 metros. El más espectacular en cuanto a color, pero también el más friolero del grupo: no tolera por debajo de 4-5 ºC, así que solo es viable en el litoral más cálido o en invernadero.
Myrtillocactus geometrizans. Mexicano, de 4-5 metros, ramificado en candelabro desde muy abajo, con un característico tono azul glauco. Muy usado como patrón de injerto. Tolera hasta -4 ºC.
Lo que no es un cactus aunque lo parezca
Conviene aclarar una confusión frecuente en jardinería. Muchas plantas altas, columnares y espinosas que se venden como «cactus» pertenecen al género Euphorbia, de la familia de las euforbiáceas, sin relación con las cactáceas. Son un caso de libro de evolución convergente: dos linajes sin parentesco que, adaptándose a condiciones áridas parecidas, desarrollan la misma forma.
Distinguirlas es sencillo. Los cactus tienen areolas —esos cojinetes de los que salen las espinas, y a veces pelos y flores—; las euforbias no las tienen, sus espinas nacen directamente del tallo o en pares junto a la cicatriz de una hoja. Y sobre todo: al hacer una herida, una euforbia segrega un látex blanco lechoso que es tóxico e irritante, especialmente peligroso en contacto con los ojos. Un cactus segrega savia acuosa o mucilaginosa, salvo algunas Mammillaria.
Especies como Euphorbia ingens, Euphorbia candelabrum o Euphorbia trigona son plantas magníficas, pero conviene saber qué se está manejando antes de podarlas sin guantes.
Cómo cultivar un cactus columnar en el jardín
El drenaje es todo. Repito la idea porque es la que decide el éxito: en España, un cactus columnar rara vez muere de frío, muere de agua en invierno. Si tu suelo es arcilloso, no lo plantes a nivel del terreno. Levanta un montículo o un talud de 40-50 cm con una mezcla de tierra del lugar, grava gruesa y arena silícea, de modo que la raíz quede por encima de la cota de encharcamiento. Una pendiente natural es la mejor ubicación posible.
Ubicación protegida de la lluvia. Un alero, un voladizo o la proximidad de un muro orientado al sur reducen mucho la precipitación que recibe la planta y añaden inercia térmica nocturna. Es el truco que permite cultivar especies aparentemente imposibles en climas fríos.
Riego. Durante los dos primeros años, riegos de asentamiento cada 15-20 días de abril a septiembre. Una vez establecida, una planta de jardín en el litoral mediterráneo puede prescindir prácticamente de riego, salvo un aporte mensual en pleno verano que acelera notablemente el crecimiento. Cero riego de noviembre a marzo.
Sujeción. Un cactus columnar de más de metro y medio recién plantado no tiene sistema radicular suficiente para aguantar el viento. Entutórralo con dos o tres estacas y correas anchas —nunca alambre ni cuerda fina, que hieren la epidermis— durante al menos dos temporadas.
Plantación. La mejor época es la primavera, de abril a junio, para que la raíz se establezca antes del invierno. Si plantas un esqueje o una planta a raíz desnuda, deja secar los cortes dos o tres semanas y no riegues hasta pasado un mes.
Manipulación. Un tallo de Trichocereus de dos metros pesa mucho y sus espinas son largas. Se maneja con una manta vieja enrollada alrededor del tallo, guantes de cuero grueso y, a partir de cierto tamaño, entre dos personas. Los daños en la epidermis de un cactus columnar no cicatrizan de forma invisible: quedan como cicatrices corchosas permanentes.
En resumen
Los cactus más altos del mundo son Pachycereus pringlei y Carnegiea gigantea, ambos por encima de los 15 metros, seguidos de los grandes columnares andinos del grupo Trichocereus, que llegan a 10-12 metros. Espostoa y Oreocereus juegan en otra liga de tamaño —de 1 a 4 metros— pero aportan la textura lanosa que ninguna otra cactácea tiene.
Para un jardín español, la recomendación práctica es clara: Trichocereus terscheckii o pasacana si buscas gran porte y resistencia al frío, Cereus repandus si quieres altura rápida y sin problemas, Oreocereus si tu invierno es duro y Cleistocactus strausii si trabajas en maceta. El saguaro, por espectacular que sea, es una apuesta a un siglo vista y solo en el sureste más seco.
Y sobre todo: levanta el terreno, asegura el drenaje y no riegues en invierno. Esa es la diferencia entre un cactus columnar que dentro de veinte años será el eje de tu jardín y uno que se caerá blando la primera primavera lluviosa.