Trasplantar un cactus se parece bastante a trasplantar cualquier otra planta, salvo por un detalle que lo cambia todo: no lo puedes agarrar. La forma de resolverlo es una tira de papel de periódico doblada varias veces, pasada alrededor del cuerpo del cactus como una cincha, sujetando los dos extremos juntos con una mano. Con esa cincha levantas la planta, la sostienes mientras rellenas y la sueltas sin que se te clave nada.
Lo segundo que hay que saber antes de empezar es que el cactus se trasplanta en seco, con el cepellón sin regar desde hace días, y que después no se riega hasta que las raíces rotas hayan cicatrizado. Con el sustrato húmedo, las heridas de raíz son una puerta de entrada para la pudrición. Este artículo va sobre eso, sobre el manejo físico de una planta que pincha y sobre cómo salir ileso.
Las herramientas que sí funcionan
Para esto no hacen falta utensilios especiales, pero sí los adecuados. Lo que de verdad sirve:
- Papel de periódico en tiras anchas, dobladas en tres o cuatro capas. Es el mejor agarre para cactus globosos y columnares. Cuanto más gruesa la tira, mejor reparte la presión y menos posibilidades hay de aplastar costillas.
- Guantes de cuero grueso, del tipo de los de poda. Los de látex, nitrilo o tela fina no sirven: las espinas los atraviesan como si no estuvieran.
- Pinzas largas de cocina o de barbacoa, para cactus pequeños y para colocar piedras alrededor del cuello sin meter los dedos.
- Espuma de aislante o goma espuma enrollada, alternativa al periódico para ejemplares grandes y pesados.
- Palillos o palitos de madera para apretar el sustrato entre la maceta y la planta sin acercar la mano.
- Cepillo o brocha de cerdas duras para retirar tierra suelta del cuerpo al terminar.
Cómo se sujeta cada tipo de cactus
La forma del ejemplar decide el agarre. Un cactus globoso (una Mammillaria, un Echinocactus) se rodea por su ecuador con la tira de periódico y se levanta tirando de los dos cabos hacia arriba, como quien saca un cubo de un pozo. Un columnar alto se sujeta igual, pero por su tercio inferior y con la otra mano acompañando desde abajo, porque si lo agarras por la mitad se vence por su propio peso.
Los ejemplares grandes, de más de unos kilos, se manejan entre dos personas. Uno sostiene la cincha y otro maneja la maceta. Intentarlo en solitario acaba con el cactus en el suelo y con espinas en el antebrazo.
Con los cactus de espina blanda o pelo, como Cephalocereus o los mamilarias muy lanudos, el problema es al revés: no te vas a clavar, pero aplastas los pelos y quedan marcados durante meses. Ahí conviene manipular por la maceta y tocar lo mínimo.
Y con los injertados, esos cactus de color rojo o amarillo montados sobre un patrón verde, nunca se agarra por la parte de arriba. Toda la sujeción va en el patrón, porque la unión del injerto se rompe con una torsión mínima.
Las opuntias merecen párrafo aparte
Las chumberas y demás Opuntia, incluidas las orejas de conejo (Opuntia microdasys), que parecen inofensivas y aterciopeladas, llevan gloquidios: pelillos cortísimos agrupados en las areolas, con púas microscópicas orientadas hacia atrás. Se desprenden con el mínimo roce, flotan, atraviesan un guante de tela y se clavan por decenas. Una vez dentro de la piel cuesta muchísimo sacarlos, porque no se ven.
Con una opuntia, el manejo es distinto: guantes de cuero por encima de guantes finos, mangas largas, y mejor manipular la planta agarrando la maceta o usando pinzas antes que tocar los cladodios. No sacudas nunca una opuntia ni soples para quitarle el polvo. Si vas a trabajar con varias, hazlo fuera de casa y no encima de la mesa donde luego vas a comer.
Si acabas con gloquidios clavados, lo que suele funcionar es cinta adhesiva fuerte aplicada y retirada de golpe sobre la zona, y pinzas de depilar con buena luz para los que queden. Si se clavan en el ojo o si la zona se inflama, al médico.
El trasplante, paso a paso
Con el agarre resuelto, el resto es ordenado y rápido:
- Deja de regar una semana o más antes. El cepellón seco se desprende entero y pesa menos.
- Afloja la maceta presionando los laterales si es de plástico, o pasando un cuchillo fino por el borde interior si es de barro. Nunca tires del cactus para arrancarlo.
- Saca la planta con la cincha de periódico, volcando la maceta de lado y acompañando el cepellón, no tirando hacia arriba.
- Retira la tierra vieja con los dedos por fuera del cepellón o con un palito. Aprovecha para mirar las raíces: busca zonas blandas, oscuras o con olor, y esas manchitas algodonosas blancas que delatan cochinilla de raíz.
- Corta lo dañado con tijera limpia y desinfectada. Deja secar los cortes al aire, a la sombra, antes de plantar.
- Coloca en la maceta nueva sobre una base de sustrato, a la misma altura a la que estaba, sin enterrar el cuello. Enterrarlo de más es una de las causas más frecuentes de pudrición.
- Rellena con sustrato seco y asiéntalo con golpecitos de la maceta contra la mesa y con el palito, no apretando con la mano.
- No riegues. Deja pasar unos días, entre cinco y diez según el tamaño y la humedad ambiente, y da entonces el primer riego moderado.
Maceta y sustrato, lo justo
La maceta nueva se elige apenas un poco mayor que la anterior, con agujeros de drenaje amplios. El barro sin esmaltar va bien en zonas húmedas del norte porque evapora por la pared, y el plástico funciona mejor en el interior peninsular seco, donde el barro obliga a regar más a menudo.
El sustrato debe ser mineral y drenar rápido: una mezcla de sustrato específico de cactus con arena gruesa de río, picón, puzolana o arlita fina. Lo que hay que evitar es la turba pura del sustrato de vivero, que retiene agua alrededor del cuello y acaba pudriendo la planta.
Cuándo hacerlo
La ventana buena para la mayoría de los cactus de desierto es el final del invierno y la primavera, cuando arrancan a crecer y regeneran raíces con rapidez. En pleno verano mediterráneo, con la planta parada por el calor extremo, es mejor esperar, y en otoño avanzado la herida cicatriza despacio.
Los cactus epífitos de selva, como la Schlumbergera de Navidad, siguen otro calendario y se trasplantan después de la floración. Ni se cuidan ni se trasplantan como un cactus de desierto, aunque compartan familia.
En resumen
El trasplante de un cactus se juega en el agarre y en la sequedad. Tira de periódico doblada, guantes de cuero, pinzas para lo pequeño, y una segunda persona cuando el ejemplar pesa. Sustrato seco al plantar y varios días sin regar para que cicatricen las raíces.
Con las opuntias sube el nivel de precaución, porque los gloquidios son un problema distinto al de una espina grande y visible. Trabájalas fuera, con doble guante, y sin sacudir nada. Hecho así, un trasplante que suena desagradable se resuelve en diez minutos y sin una sola espina clavada.