Un cactus de desierto florece cuando se juntan tres condiciones: tiene edad suficiente, recibe luz de verdad durante la temporada de crecimiento y ha pasado un invierno fresco y seco. Las dos primeras se entienden solas. La tercera es la que casi nadie le da, y es la razón por la que la mayoría de los cactus de interior en España no vuelven a florecer nunca después del año en que se compraron.
La explicación es sencilla. En el vivero, la planta pasó el invierno en un invernadero frío y sin riego, en reposo. Ese parón es lo que dispara la formación de los botones en primavera. Cuando se la lleva uno a casa y la tiene todo el año en un salón a veintitantos grados, regándola de vez en cuando, la planta no llega a parar nunca, y una planta que no para no florece. Lo que sigue es lo que hay que darle, requisito por requisito. Si el tuyo cumple todo esto y aun así no abre una flor, el repaso causa por causa está en qué hacer cuando un cactus se niega a florecer.
Edad: no todos los cactus tardan lo mismo
La madurez para florecer varía enormemente de un género a otro, y conviene saber en qué liga juega el tuyo antes de darte por vencido.
- Florecen jóvenes y con facilidad: Rebutia, Mammillaria, Gymnocalycium, Echinopsis, Parodia, Turbinicarpus. Una rebutia puede abrir sus primeras flores en su segundo o tercer año desde semilla, y una mamilaria bien cultivada forma su corona de flores todos los años sin hacerse grande.
- Tardan años: muchos Echinocereus, Ferocactus y Astrophytum, que necesitan alcanzar un tamaño considerable antes de empezar.
- Tardan décadas: los grandes globulares y columnares. Un asiento de suegra o un saguaro en maceta no van a florecer en una vida de salón, y no es culpa tuya.
- Caso aparte: los Melocactus, que primero tienen que formar el cefalio, ese gorro de lana y cerdas del ápice, y solo florecen a partir de ahí.
Si quieres flores pronto y sin complicaciones, compra un género de la primera lista. Las rebutias y las mamilarias son las que menos exigen para dar más.
Luz: mucha más de la que crees que le estás dando
Un cactus necesita luz intensa durante toda la primavera y el verano, no solo claridad. Una habitación que a ti te parece luminosa puede estar recibiendo una fracción pequeña de la luz exterior, y el cristal de una ventana moderna retiene bastante. La señal de que no tiene suficiente es inconfundible: el tallo se estira, se afina hacia arriba y pierde color, un crecimiento estiolado que además no es reversible. Un cactus estiolado no florece.
Lo que funciona en España es una ventana orientada al sur o al este, o mejor una terraza o galería. Y ojo con el paso de la sombra al sol pleno: si la planta viene de interior, sacarla de golpe a un balcón a pleno sol de julio la quema. Se aclimata en dos o tres semanas, primero a media sombra y ampliando la exposición poco a poco.
El invierno fresco y seco: el requisito que falta
Esta es la pieza clave. Los cactus de desierto y de montaña seca vienen de sitios donde el invierno es frío y sin lluvia, y su ciclo está construido sobre eso. Durante ese parón la planta consume reservas, se deshidrata ligeramente y diferencia yemas florales en las areolas. Sin parón no hay diferenciación, y en primavera la planta se limita a seguir creciendo en vegetativo.
Hay un segundo motivo, más prosaico. Si mantienes un cactus caliente y regado en invierno, seguirá creciendo con la poca luz que hay en diciembre, y ese crecimiento sale pálido, blando y estirado. Le estropeas la silueta y le gastas energía que debería ir a las flores.
Cómo se hace el reposo invernal
No tiene misterio, pero hay que hacerlo entero:
- A partir del otoño, espacia los riegos hasta cortarlos por completo. La mayoría de los cactus de desierto pasan el invierno sin una gota de agua.
- Lleva la maceta a un sitio fresco y luminoso. Una galería sin calefacción, un porche cerrado, una habitación fría, un invernadero frío. El rango que se maneja habitualmente para invernar cactus de desierto está entre unos cinco y diez grados, siempre sin heladas para las especies delicadas.
- Fresco y luminoso van juntos. Un trastero oscuro no vale: la planta acabaría estirándose en cuanto notara algo de calor.
- Deja de abonar del todo.
- No te asustes si el cactus se arruga un poco y parece encogido en febrero. Eso es exactamente lo que tiene que pasar, y se rellena en cuanto vuelvas a regar.
- En primavera, reanuda el riego poco a poco, con un primer riego ligero, no con una inundación sobre un cepellón que lleva meses seco.
Un matiz importante para el norte atlántico: ahí el problema no es el frío sino la humedad ambiental y la lluvia. Un cactus a cinco grados y seco aguanta bien; a cinco grados y con el sustrato húmedo se pudre. Si inviernas fuera, lo que hay que garantizar es que no le caiga agua encima.
El abono, y por qué no es la solución
Mucha gente, viendo que su cactus no florece, le echa fertilizante. Suele empeorar las cosas. Un abono rico en nitrógeno estimula el crecimiento del tejido, que es justo lo contrario de lo que quieres: tallo blando, verde y sin botones.
Lo que se usa es un abono específico de cactáceas, con poco nitrógeno y proporcionalmente más fósforo y potasio, diluido, y solo desde la primavera hasta mediado el verano. Desde final de verano se deja de abonar para que la planta endurezca de cara al reposo.
La maceta justa, no la grande
Los cactus florecen mejor con las raíces algo apretadas. Una maceta muy grande tarda muchísimo en secarse, mantiene el cepellón húmedo más días de la cuenta y empuja a la planta a crecer en volumen antes que a florecer. Al trasplantar, sube un número de maceta, no tres, y usa un sustrato con buena parte mineral. Cómo regar en cada época lo tienes en cómo regar un cactus.
Cuando aparezcan los botones, no lo toques
Los botones florales tardan semanas en desarrollarse y son sensibles a los cambios bruscos. Girar la maceta para que "le dé por el otro lado", cambiarla de sitio o pasar de riego escaso a riego abundante de golpe hace que los botones se sequen y caigan sin llegar a abrir. Una vez que veas los bultitos en las areolas, deja la planta donde está, con la misma cara mirando a la luz, y riega con regularidad.
Detalle útil para las mamilarias: su corona de flores brota de las axilas de los tubérculos formados la temporada anterior. Es decir, lo que hagas este verano decide las flores del año que viene, no las de este.
Los epífitos van por otro calendario
Todo lo anterior vale para cactus de desierto. Los epífitos de selva funcionan de otra manera y meterlos en el mismo saco es el error clásico. El cactus de Navidad, Schlumbergera, no forma botones por sequía sino por días cortos y noches frescas en otoño: necesita noches largas y sin interrupciones de luz artificial, y temperaturas nocturnas suaves pero frescas. Y no se le corta el agua como a un cactus de desierto, porque no es uno. Lo tienes desarrollado en cómo hacer florecer un cactus de Navidad.
En resumen
Para que un cactus florezca hay que darle edad, luz intensa de primavera a verano y un invierno fresco, luminoso y sin una gota de agua. Ese reposo invernal es lo que diferencia las yemas florales, y es lo único que falta en la mayoría de los cactus de interior que nunca vuelven a florecer. El abono no lo sustituye, y de hecho un exceso de nitrógeno trabaja en contra.
Elige bien la planta si quieres flores pronto, porque una rebutia o una mamilaria florecen siendo jóvenes y un ferocactus grande puede tardar décadas. Y cuando por fin aparezcan los botones, no la muevas de sitio ni la gires: es el momento en el que más fácil resulta perderlos.