Antes de plantar una chumbera en España hay que comprobar dos cosas: qué dice la normativa de tu comunidad autónoma sobre las opuntias, y si en tu comarca ya está la cochinilla que las está arrasando. Las dos son novedades de los últimos quince años y cambian por completo el consejo que se daba antes, cuando la chumbera era la planta que se recomendaba para el rincón donde no crecía nada.
Dicho eso, Opuntia ficus-indica sigue siendo una planta extraordinaria: da fruto sin riego, forma seto impenetrable, fija taludes y produce una verdura que en México se come a diario. Merece la pena conocerla bien, empezando por lo que suele contarse mal.
Origen: ni española ni de Canarias
La chumbera es mexicana. Se domesticó en el centro de México hace milenios a partir de opuntias silvestres, y llegó a la península en los primeros viajes tras 1493. En cuatro siglos se naturalizó por todo el Mediterráneo hasta convertirse en parte del paisaje de Sicilia, del sur de Italia, del Magreb, del Levante español y de Canarias. Ese paisaje, sin embargo, tiene menos de quinientos años.
La otra historia que arrastra es la de la cochinilla del carmín (Dactylopius coccus), el insecto que se cría sobre sus pencas y del que se extrae el ácido carmínico, el colorante rojo E-120. Canarias fue uno de los grandes productores mundiales en el siglo XIX y aún se cultiva en Lanzarote y en el sureste de Gran Canaria. Ese cultivo es la razón por la que la chumbera tiene en las islas un estatus legal distinto del que tiene en el resto del país.
El asunto legal, que conviene mirar antes de plantar
Varias especies de Opuntia figuran en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, y hay comunidades autónomas con restricciones propias sobre su plantación, venta y transporte, con excepciones vinculadas a cultivos tradicionales y a determinados territorios. La situación no es uniforme y ha ido cambiando, así que consulta la normativa vigente en tu comunidad antes de comprar o plantar; en un jardín particular del interior peninsular el riesgo real es bajo, pero en zonas costeras del sureste y en las islas la chumbera invade matorral, cortados y ramblas con enorme facilidad.
Sea cual sea tu caso, hay una regla que no admite matices: las pencas que retires no se tiran al campo, ni al monte, ni al contenedor de restos vegetales. Una penca caída enraíza sola en el suelo desnudo. Así se han formado casi todos los chumberales que hoy hay que erradicar con dinero público.
Cómo es
Llega a 3-5 m de altura y con los años forma un tronco leñoso cilíndrico bastante grueso. Lo que parecen hojas son cladodios —pencas o palas—, tallos aplanados de 30 a 60 cm, verde glauco, que hacen la fotosíntesis y almacenan agua. Las hojas verdaderas existen, pero son unos conitos carnosos de pocos milímetros que salen en las pencas tiernas y se caen en unas semanas.
Las variedades cultivadas suelen tener pocas espinas grandes o ninguna, y de ahí viene el peor malentendido sobre esta planta: que una chumbera «sin espinas» sea inofensiva. En las areolas siempre hay gloquidios, haces de pelillos diminutos con microganchos que se desprenden al mínimo roce, se clavan en la piel y no se ven. Son mucho más molestos que las espinas grandes, entre otras cosas porque no se pueden sacar con pinzas. Si te caen encima, la solución que funciona es aplicar cinta adhesiva ancha o cera depilatoria fría y tirar de golpe; frotar con agua solo los reparte.
Florece de abril a junio, con flores amarillas o anaranjadas de 6-8 cm que salen del borde superior de las pencas del año anterior. El fruto —el higo chumbo o tuna— madura de julio a septiembre según variedad y zona, y puede ser amarillo, naranja, rojo o púrpura. Todo el metabolismo de la planta es CAM: abre los estomas de noche para fijar CO₂ y los mantiene cerrados de día, que es exactamente lo que le permite perder tan poca agua.
Cuidados
Sol y suelo. Sol directo, cuanto más mejor. Acepta suelos pobres, pedregosos y calizos, con un pH cómodo entre 6 y 8,5, y prefiere terrenos ligeros. Lo único que no tolera es el encharcamiento: en arcilla compacta se pudre por el cuello. En ese caso, montículo o bancal elevado.
Frío. Aguanta unos -5 ºC, y hasta -8 ºC puntuales en ejemplares adultos, secos y bien asentados. La clave otra vez es la humedad: una helada suave con el suelo empapado hace más daño que una fuerte en seco. Con frío intenso las pencas se arrugan y se ponen mustias; si el tejido no se ha reblandecido, se recuperan al subir la temperatura.
Riego. Establecida en suelo, no necesita ninguno en la mitad sur y el Levante. Si lo que buscas es fruta, un par de riegos generosos entre floración y cuajado aumentan mucho el calibre y el jugo. En maceta, riego abundante cada 15-20 días de mayo a septiembre y nada de octubre a marzo.
Abono. Prescindible en jardín. En plantación productiva, materia orgánica bien compostada al final del invierno y un aporte de potasio antes de la floración. Nitrógeno, el justo: en exceso da pencas grandes y blandas, y menos fruta.
Poda. Se hace a finales de invierno o después de la cosecha, retirando pencas mal orientadas, las que se cruzan y las que rozan el suelo, para que entre luz y aire en el interior. Se corta por la articulación entre pencas, no por la mitad de una. Guantes de cuero gruesos y pinzas largas, siempre.
Propagación por pencas
Se multiplica sin esfuerzo por cladodios y es como se hace prácticamente siempre; la semilla germina, pero tarda años y no reproduce la variedad.
El procedimiento correcto tiene un paso que la gente se salta y que decide el resultado. Se elige una penca sana de uno o dos años, ni la más tierna ni la más leñosa, y se separa por la articulación. Después se deja secar tumbada a la sombra y ventilada entre dos y cuatro semanas, hasta que el corte forme una costra dura y seca. Solo entonces se planta, enterrando como mucho el tercio inferior, en vertical. Y no se riega hasta pasadas dos o tres semanas desde la plantación.
Una penca plantada recién cortada y regada se pudre en la mayoría de los casos. Es el fallo número uno con esta planta.
La mejor época es de abril a junio, con el suelo ya templado. En plantaciones se orientan las caras planas al este y al oeste, para que ambas reciban sol y ninguna se queme por exceso de exposición al mediodía. Puede necesitar un tutor los primeros meses, hasta que la raíz sujete.
Cosechar higos chumbos sin acabar lleno de pinchos
El fruto se recolecta cuando ha virado de color por completo y cede ligeramente a la presión. Dos reglas de oro: a primera hora de la mañana, con el rocío, porque los gloquidios están húmedos y se desprenden mucho menos; y nunca con la mano desnuda, aunque el fruto parezca liso. Se usan guantes gruesos y unas pinzas o un cuchillo, girando el higo hasta que se suelte.
Después hay que limpiarlos. Lo tradicional es frotarlos con un manojo de hierba seca o con un cepillo duro, o volcarlos en un cubo con agua y removerlos con una escoba. Para pelarlos, se cortan los dos extremos, se hace un corte longitudinal en la piel y se abre con el cuchillo; la pulpa sale entera.
Un detalle que en Sicilia se explota a fondo: si se eliminan las primeras flores de mayo (la scozzolatura), la planta emite una segunda floración y da fruta en otoño, más grande y más dulce. Es una técnica real de cultivo, no una leyenda, y funciona igual en el Levante español.
Usos en cocina
El higo chumbo se come fresco y muy frío, y también da buenas mermeladas, sorbetes, licores y una miel de tuna que se obtiene reduciendo el zumo. Las semillas son duras y no se mastican: se tragan o se cuelan. Merece una advertencia poco conocida: comer grandes cantidades de higos chumbos con sus semillas en poco tiempo puede provocar impactación intestinal, sobre todo en personas mayores. Está descrito en la literatura médica y en España se ve algún caso cada verano. Con un consumo normal no hay problema alguno.
Las pencas tiernas del año son los nopalitos, verdura habitual en México. Se recolectan pequeñas, de 15-20 cm y todavía flexibles, se raspan las areolas con un cuchillo y se cortan en tiras. Al cocerlas sueltan un mucílago viscoso; para reducirlo se hierven con un poco de sal y se enjuagan, o directamente se asan a la plancha, que es como mejor quedan. Sabor: entre la judía verde y el pimiento, con un punto ácido.
Propiedades y uso medicinal
El fruto es rico en agua, fibra, vitamina C, magnesio y betalaínas (betanina e indicaxantina), los pigmentos que le dan el color y que tienen actividad antioxidante demostrada in vitro. Las pencas aportan mucho mucílago y fibra soluble.
La medicina tradicional mexicana usa el nopal para la gastritis y para ayudar a controlar la glucemia, y hay estudios que apuntan a un efecto modesto sobre la glucosa posprandial y el perfil lipídico, atribuible en buena parte a esa fibra. Ahora bien, «modesto» y «apuntan» son las palabras importantes: no sustituye a ningún tratamiento, y si tomas antidiabéticos, incorporar nopal de forma regular es algo que debes comentar con tu médico, porque los efectos se suman. Como alimento rico en fibra, sin más pretensiones, es excelente.
La cochinilla que está matando las chumberas
Desde 2007 se detecta en España Dactylopius opuntiae, una cochinilla emparentada con la del carmín pero mucho más agresiva. Ha causado mortandades masivas de chumberas en Murcia, Almería, Alicante, Baleares y Canarias, y sigue extendiéndose.
Se reconoce por un polvo blanco algodonoso que cubre las pencas y que, al aplastarlo, tiñe los dedos de rojo intenso. La penca amarillea, se deshidrata, se vuelve blanda y la planta muere en una o dos temporadas.
Qué se puede hacer en un jardín particular: cortar y embolsar las pencas afectadas —nunca compostarlas ni transportarlas sin cerrar—, tratar con jabón potásico o aceite de verano en pulverizaciones repetidas cada 7-10 días mojando bien las areolas, y limpiar herramientas y guantes, que es una de las vías de contagio. Ningún tratamiento doméstico erradica una infestación avanzada. Si aparece en tu zona por primera vez, avisa al servicio de sanidad vegetal de tu comunidad: existen protocolos oficiales y ensayos de control biológico con depredadores como Cryptolaemus montrouzieri.
Aparte de esto, la chumbera sufre poco: caracoles y babosas en las pencas nuevas, alguna podredumbre bacteriana en suelos encharcados y, en zonas frías, daños por helada que se confunden con enfermedad.
En resumen
Opuntia ficus-indica es un cactus mexicano naturalizado en el Mediterráneo, resistente a la sequía, productivo sin riego y con tres aprovechamientos claros: fruta, verdura y seto defensivo. Se multiplica por pencas, dejándolas cicatrizar dos o tres semanas antes de plantar y sin regar después. Quiere sol, drenaje y poco más; tolera hasta unos -5 ºC en seco. Los gloquidios son el peligro real, no las espinas, y se retiran con cinta adhesiva. Y hoy, dos decisiones se toman antes de plantarla: revisar la normativa autonómica sobre opuntias y saber si la cochinilla Dactylopius opuntiae ya ha llegado a tu comarca.