Un puñado de cactus americanos contiene alcaloides con actividad sobre el sistema nervioso, y el más conocido de todos es la mescalina. Las dos especies que concentran casi toda la historia son el peyote (Lophophora williamsii), del norte de México y el sur de Texas, y el cactus de San Pedro (Echinopsis pachanoi, antes Trichocereus pachanoi), de los Andes de Perú y Ecuador. El resto de nombres que circulan por foros y libros divulgativos, los llamados falsos peyotes, o no contienen mescalina o la contienen en cantidades irrelevantes.
Conviene separar tres planos que se mezclan continuamente al hablar de este tema. Uno es el botánico: qué plantas son, cómo se reconocen y cómo se cultivan. Otro es el histórico y etnográfico: qué papel tuvieron en las culturas de Mesoamérica y los Andes, documentado en crónicas y en arqueología. Y el tercero es el legal: la mescalina es una sustancia fiscalizada y varias de estas plantas están protegidas por convenios internacionales de comercio. Este artículo cubre los tres. Lo que no encontrarás aquí son preparaciones, dosis ni indicaciones de consumo.
Qué son los alcaloides de los cactus
Los alcaloides son compuestos nitrogenados que muchas plantas fabrican como metabolitos secundarios, en general con función defensiva frente a herbívoros. En las cactáceas aparecen sobre todo derivados de feniletilamina y tetrahidroisoquinolinas, y su presencia y concentración varían mucho entre géneros, entre especies del mismo género y hasta entre poblaciones de la misma especie.
La mescalina es una feniletilamina. Fue aislada del peyote a finales del siglo XIX por el farmacólogo alemán Arthur Heffter, que además identificó cuál de los alcaloides del cactus era el responsable de los efectos que describían las fuentes antiguas. Fue la primera vez que se aisló un compuesto de este tipo a partir de una planta, y por eso el peyote ocupa un lugar fijo en la historia de la farmacología.
El peyote, Lophophora williamsii
Es un cactus pequeño, globoso y deprimido, de cuerpo verde grisáceo o azulado, dividido en costillas anchas y tuberculadas. No tiene espinas: en las areolas solo hay mechones de pelos blancos, lo que lo hace inconfundible dentro de la familia. La raíz es napiforme, gruesa y profunda, y buena parte de la planta queda bajo tierra: en el desierto apenas asoma un disco a ras de suelo. Florece en el ápice, con flores pequeñas de color rosa pálido a blanco.
Su rasgo más determinante para todo lo demás es el crecimiento. El peyote es de los cactus más lentos que existen: un ejemplar de vivero tarda años en alcanzar el tamaño de una moneda grande, y en el medio natural una planta de porte adulto puede tener décadas. Esa lentitud explica por qué la recolección silvestre ha reducido tanto sus poblaciones y por qué la planta cultivada y la planta arrancada del campo no son en absoluto lo mismo desde el punto de vista de la conservación.
En las culturas del norte de México su uso ritual está documentado desde época prehispánica y continúa hoy entre los huicholes (wixárikas) y los rarámuris o tarahumaras, con calendarios, peregrinaciones y normas propias. Las crónicas españolas de los siglos XVI y XVII lo describen con hostilidad, y el Tribunal del Santo Oficio lo persiguió expresamente a comienzos del XVII. Esa persecución no lo eliminó: lo desplazó a los márgenes y lo mantuvo asociado a la clandestinidad durante siglos.
El cactus de San Pedro, Echinopsis pachanoi
Es una planta completamente distinta en aspecto y en comportamiento. Se trata de un cactus columnar de tallos verdes, erectos, ramificados desde la base, con costillas anchas y redondeadas y espinas cortas o casi ausentes en los clones más difundidos. Alcanza varios metros de altura y crece deprisa. Las flores son grandes, blancas, muy fragantes y de apertura nocturna.
También aquí el uso ritual está documentado en los Andes desde muy antiguo: aparece representado en la iconografía de Chavín de Huántar, en Perú, con más de dos milenios de antigüedad, y su empleo por curanderos de la costa norte peruana llega hasta hoy. El nombre cristiano, San Pedro, es un añadido colonial, como ocurrió con tantas prácticas indígenas que se recubrieron de vocabulario católico para sobrevivir.
En jardinería el San Pedro tiene una vida propia que nada tiene que ver con lo anterior. Es una de las especies más utilizadas como portainjertos en colecciones de cactáceas, porque crece rápido, tolera bien el exceso de humedad y aguanta el frío mejor que la mayoría de los columnares sudamericanos. Se vende en viveros europeos como planta ornamental sin ningún problema.
Los llamados falsos peyotes
Bajo esa etiqueta se agrupan cactus pequeños y globosos del norte de México que se parecen al peyote o que recibieron nombres locales equivalentes. La lista habitual incluye especies de Ariocarpus, Mammillaria, Coryphantha, Pelecyphora, Aztekium y Lophophora diffusa.
Aquí es donde más se ha escrito sin base. La química de estos géneros es real, se han descrito alcaloides de varios tipos en muchos de ellos, pero de ahí no se sigue que tengan actividad comparable a la del peyote, y en varios casos la literatura etnobotánica documenta el nombre y el papel ritual sin que exista un principio activo que lo explique. Las atribuciones mágicas o medicinales que aparecen en las fuentes antiguas forman parte del registro etnográfico, no son afirmaciones farmacológicas verificadas y no deben leerse como tales.
Lo que sí es cierto y comprobable de este grupo es su interés como plantas de colección. Ariocarpus y Aztekium están entre los cactus más buscados por coleccionistas, son extremadamente lentos y viven en hábitats muy reducidos, lo que los ha convertido en objetivo de recolección ilegal.
Situación legal y conservación
Son dos marcos distintos y conviene tenerlos separados.
Sustancias fiscalizadas. La mescalina figura en la Lista I del Convenio sobre Sustancias Sicotrópicas de 1971 de Naciones Unidas, el grupo sometido al control más estricto. En España el régimen de las sustancias psicotrópicas se articula a través del Real Decreto 2829/1977. La fiscalización recae sobre la sustancia, sobre su extracción y sobre las preparaciones destinadas al consumo, no sobre la simple tenencia de una planta ornamental en una maceta, que es la situación en la que están la inmensa mayoría de los Echinopsis y Lophophora que se venden en viveros europeos.
Comercio internacional de especies. Toda la familia Cactaceae está incluida en los apéndices de CITES: la regla general es el Apéndice II, y algunos taxones especialmente amenazados están en el Apéndice I, entre ellos todas las especies del género Ariocarpus y también Aztekium ritteri. En la Unión Europea CITES se aplica mediante el Reglamento (CE) 338/97, que traduce esos apéndices a anexos propios. En la práctica esto significa que cualquier ejemplar que cruce una frontera necesita documentación, que un cactus recolectado en el campo no puede legalizarse después, y que comprar plantas de procedencia dudosa alimenta un expolio que en el norte de México ha vaciado localidades enteras.
Cultivo de estas especies como ornamentales
Si el interés es botánico, ambas se cultivan sin misterio en España, y el error que las mata no es la sed, sino el agua fuera de temporada.
Echinopsis pachanoi es de las cactáceas columnares más agradecidas. Quiere sol directo, sustrato mineral con drenaje rápido y riegos regulares de primavera a principios de otoño, siempre dejando secar el sustrato entre uno y otro. En invierno se mantiene seco. En el litoral mediterráneo aguanta el exterior sin problema; en el interior peninsular, con heladas fuertes, conviene resguardo. Es una planta grande, así que necesita maceta profunda o suelo. Su tolerancia a la humedad y sus areolas pequeñas y hundidas son justo lo que la hace tan buen patrón cuando se trata de injertar un cactus.
Lophophora williamsii pide mucha más paciencia. Necesita un sustrato muy poroso y una maceta honda, porque su raíz napiforme baja bastante. Riego espaciado en primavera y verano, nulo desde finales de otoño hasta que el tiempo se estabiliza en primavera. Sol filtrado en las horas centrales del verano peninsular, porque en cultivo se quema con más facilidad que en su hábitat. Y por encima de todo, sustrato que no retenga agua: el riego de invierno sobre un sustrato húmedo pudre la raíz gruesa y no hay marcha atrás.
En resumen
El peyote y el cactus de San Pedro son las dos únicas cactáceas con un contenido de mescalina relevante y con un uso ritual bien documentado, en Mesoamérica una y en los Andes la otra. La larga lista de falsos peyotes pertenece sobre todo al terreno etnográfico y a la confusión divulgativa: hay alcaloides descritos en varios de esos géneros, pero eso no equivale a una actividad comparable, y muchas de las propiedades que les atribuyen las fuentes antiguas no están respaldadas.
En el plano práctico hay dos cosas firmes. La mescalina es una sustancia fiscalizada por el Convenio de 1971 y por la normativa española de psicotrópicos, mientras que las plantas se cultivan y se venden como ornamentales. Y toda la familia Cactaceae está en CITES, con Ariocarpus y Aztekium ritteri en el apéndice más restrictivo, aplicado en la Unión Europea por el Reglamento (CE) 338/97. Comprar en vivero, con papeles, y no recolectar nunca en el medio natural es la única forma de tener estas plantas sin contribuir a su desaparición.