Un piso español no es un desierto: hay menos luz, menos ventilación y, en invierno, calefacción con aire seco y temperatura constante. Muchos cactus preciosos no encajan ahí, y los listados traducidos del inglés meten en la lista saguaros y chollas que jamás van a vivir en una terraza de Madrid.

Estos once sí. Son especies que se encuentran en viveros españoles, que caben en una maceta, que toleran la luz de una ventana bien orientada y que no exigen invernadero. Al final tienes también los que suelen colarse en estas listas y por qué es mejor dejarlos fuera.

Varios cactus de interior en macetas pequenas

1. Mammillaria

El género más agradecido para empezar. Son cactus pequeños, globosos o cilíndricos cortos, cubiertos de tubérculos en espiral, que florecen con facilidad formando una corona de flores pequeñas alrededor del ápice. Muchas especies florecen ya en ejemplares jóvenes, cosa que no es habitual en cactus.

Mammillaria plumosa, cubierta de espinas plumosas blancas que parecen algodón, es una de las más vendidas. Tiene un detalle práctico: al regar no se mojan las plumas, porque tardan en secar y se manchan. Mammillaria elongata, la de dedos alargados, y Mammillaria hahniana, con pelos blancos largos, son igual de fáciles.

Mammillaria plumosa cubierta de espinas blancas plumosas

2. Rebutia

Si lo que quieres es flor, esta es la apuesta segura. Las Rebutia son cactus diminutos de los Andes de Bolivia y el norte de Argentina que se cubren literalmente de flores rojas, naranjas o amarillas en primavera, y cada flor es casi del tamaño de la planta.

Forman macollas con el tiempo, así que se multiplican solas separando hijuelos. Piden una invernada fresca y seca para florecer bien: si pasan el invierno a veintidós grados junto a un radiador, florecen poco.

3. Gymnocalycium

Globosos, de crecimiento lento, con costillas marcadas y flores grandes en el ápice. Su ventaja para un piso es que toleran menos luz directa que la mayoría: en su hábitat crecen a menudo protegidos entre hierbas, y agradecen una ventana luminosa pero sin el sol de mediodía a través del cristal.

De este género salen también los famosos cactus lunares, esas bolas rojas o amarillas sobre un tallo verde. Son injertos: la bola de color es un Gymnocalycium sin clorofila, que no puede vivir por sí solo, colocado sobre un patrón verde que lo alimenta. Duran lo que aguante el patrón, normalmente unos años, y no es un defecto tuyo cuando se acaban.

Cactus lunar injertado de color sobre patron verde

4. Echinopsis

Los cactus de flor espectacular y efímera. Producen flores enormes, a menudo nocturnas o de un solo día, sobre un cuerpo globoso o columnar corto. Son duros, crecen razonablemente rápido para ser cactus y producen muchos hijuelos, lo que los convierte en la planta que todo el mundo regala.

Dentro del grupo, Echinopsis chamaecereus, el cactus cacahuete, es de los pocos que agradece una maceta colgante: forma dedos verdes que se descuelgan y se llena de flores naranjas.

5. Astrophytum myriostigma

El mitra de obispo. Un cactus con forma de estrella de cuatro a ocho costillas, sin una sola espina, cubierto de puntitos blancos que le dan aspecto de piedra. Es la elección obvia si en casa hay niños pequeños y quieres un cactus que no pinche.

Es de crecimiento lento y sensible al exceso de agua, así que sustrato muy mineral y riego escaso. Vale la pena saber que la ausencia de espinas no significa que se pueda manipular alegremente: la epidermis se marca con facilidad y las marcas no se van.

6. Cephalocereus senilis, el viejito

Columnar, cubierto de largos pelos blancos que parecen una peluca. Es un clásico de interior porque crece muy despacio y tarda años en molestar por altura. Bajo los pelos hay espinas duras, conviene recordarlo al manipularlo.

Es mexicano y está considerado una especie amenazada en su medio natural, así que se compra de vivero y jamás recolectado. Los pelos blancos se ensucian con el polvo de una casa y se limpian con un pincel suave y seco, nunca frotando con agua.

7. Cereus, el castillo de hadas

El Cereus de múltiples brazos cortos que se vende como castillo de hadas, a menudo etiquetado como Cereus tetragonus, forma un grupo de columnas de distinta altura que recuerda a torres. Crece despacio en maceta, tolera bien el interior y solo necesita una ventana muy luminosa para no estirarse.

Si le falta luz se etiola: la punta nueva sale más fina y más pálida que el resto. Ese estrechamiento no se corrige, se queda ahí como marca del año que estuvo mal colocado.

Cereus con varias columnas cortas en maceta

8. Opuntia microdasys, las orejas de conejo

Paletas ovaladas de color verde claro con motitas de espinas doradas o blancas muy juntas. Es bonita, barata y fácil, pero tiene una trampa: esas motitas son gloquidios, espinas diminutas y con ganchos que se clavan en la piel en cuanto la rozas y son un incordio de sacar.

No es planta para un pasillo estrecho ni para una casa con niños o animales. Bien colocada, en alto y lejos del paso, es de las que menos problemas dan.

Opuntia de paletas con gloquidios

9. Echinocactus grusonii, el asiento de suegra

La bola dorada de costillas marcadas y espinas amarillas. Es el cactus de foto por excelencia y en maceta se mantiene manejable durante muchísimos años, porque crece despacio. Quiere toda la luz que puedas darle: es de los que más se deforman en una habitación oscura.

Curiosidad que conviene saber: aunque es un cactus comunísimo en viveros de todo el mundo, en su área natural de México está catalogado como especie en peligro. Todo lo que se vende procede de cultivo.

Echinocactus grusonii de espinas doradas

10. Schlumbergera, el cactus de Navidad

Aquí cambia todo. La Schlumbergera es un cactus epífito del sureste de Brasil que crece sobre ramas y rocas en bosque húmedo y sombreado. No es un Zygocactus, que es un nombre antiguo, ni un Epiphyllum, que es otra cosa; y el cactus de Pascua, que florece en primavera, es Rhipsalidopsis.

Se cuida al contrario que un cactus de desierto: luz filtrada y no sol directo, sustrato con corteza y fibra de coco, y riego regular sin dejar que el cepellón se seque del todo. Florece porque los días se acortan y las noches refrescan, así que un balcón fresco en otoño hace más por su floración que cualquier abono.

Cactus de Navidad en flor

11. Rhipsalis

El cactus que nadie diría que lo es: tallos finos y colgantes, sin espinas visibles, que forman una cascada verde. También es epífito de selva, así que es la única cactácea que se puede poner en una habitación con luz indirecta y que además queda bien en una estantería alta o colgada.

Quiere más humedad ambiental que ningún otro de esta lista y sufre con el aire seco de la calefacción. Un baño con ventana es su sitio ideal.

Los que suelen colarse en estas listas y no deberían

El saguaro (Carnegiea gigantea) sale en todos los listados porque es el cactus de los dibujos animados. Crece con extremada lentitud, necesita décadas para parecer algo y en maceta de interior no prospera. Además está protegido en Arizona y su semilla y sus plantas tienen restricciones de comercio.

Saguaro en su habitat

Los cholla (Cylindropuntia) son plantas de exterior con segmentos que se desprenden al mínimo roce y se clavan con ganchos. En un pasillo de casa son un accidente esperando a ocurrir.

El cactus de San Pedro (Echinopsis pachanoi) es un cactus columnar ornamental de los Andes, de cultivo fácil, pero crece mucho y su sitio es un jardín, no un salón. Contiene mescalina, que en España es una sustancia fiscalizada: la planta se cultiva como ornamental y ahí se acaba el asunto.

Cactus columnar de San Pedro

El cactus lápiz (Euphorbia tirucalli) ni siquiera es un cactus: es una euforbia. Al cortarla suelta un látex blanco irritante para la piel y muy peligroso en los ojos, y es tóxica por ingestión. Si la tienes, guantes al podar y lavarse después; en caso de contacto con los ojos, al médico.

Euphorbia tirucalli de tallos finos

Lo que los once tienen en común

Salvo la Schlumbergera y la Rhipsalis, que son de selva, el resto pide lo mismo: la ventana más luminosa que tengas, sustrato con mucho material mineral grueso, maceta con agujero y riego abundante solo cuando el sustrato está seco del todo.

El punto que marca la diferencia en España es el invierno. Un cactus de desierto que pasa el invierno fresco y seco descansa, engorda y florece en primavera. Uno que pasa el invierno a temperatura de salón y regado cada semana se estira, no florece y acaba pudriéndose por la base. Si tienes una galería, una terraza cerrada o una habitación sin calefacción, ahí es donde tienen que pasar de noviembre a marzo.

En resumen

Para un piso español funcionan los cactus pequeños y de crecimiento lento: Mammillaria, Rebutia, Gymnocalycium, Echinopsis, Astrophytum, el viejito, el Cereus de castillo de hadas, la Opuntia de orejas de conejo y el Echinocactus grusonii. Y si la luz que tienes no da para tanto, los dos epífitos, Schlumbergera y Rhipsalis, resuelven una habitación con luz indirecta.

Ten en cuenta dos cosas al comprar. Toda la familia Cactaceae está incluida en CITES y en el Reglamento (CE) 338/97, así que la planta se compra en vivero legal y nunca recolectada del campo. Y las paletas de motitas doradas, por bonitas que sean, tienen gloquidios: piensa antes dónde vas a ponerlas.


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