Antes de que el alambre de espino se fabricara en serie, las llanuras del centro de Estados Unidos se cerraban con setos vivos de una sola especie, plantada tan densa que el ganado no la atravesaba. Ese árbol era Maclura pomifera, y todavía hoy sobreviven kilómetros de aquellas lindes convertidas en hileras de árboles viejos y retorcidos. En España se planta poco y casi siempre por dos motivos: como curiosidad de coleccionista por sus enormes frutos verdes, o como barrera impenetrable en fincas rústicas.

Conviene aclarar de entrada una confusión que arrastra desde su nombre popular. Se le llama naranjo de los Osages, naranjo de Luisiana o falso naranjo, pero no tiene ningún parentesco con los cítricos. Pertenece a la familia Moraceae, la de las moreras, las higueras y el árbol del pan, y eso explica muchas de sus rarezas: el látex blanco, la estructura del fruto y la facilidad con la que enraíza de estaca.

Ejemplar adulto de Maclura pomifera con su copa irregular

Qué es exactamente y cómo reconocerlo

Maclura pomifera es un árbol caducifolio originario de una zona relativamente pequeña del sur de Norteamérica: el valle del río Rojo, entre Texas, Oklahoma y Arkansas. Desde allí lo difundió el hombre por medio mundo. Alcanza entre 8 y 15 metros de altura en cultivo, con ejemplares excepcionales que superan los 18, y desarrolla una copa ancha, irregular y bastante desordenada, con ramas que se doblan hacia abajo y vuelven a subir.

El tronco es corto y a menudo acanalado, con corteza pardo-anaranjada que se desprende en tiras entrelazadas. Al hacerle un corte aparece de inmediato un látex lechoso pegajoso que mancha la ropa y que en personas sensibles produce dermatitis de contacto; merece la pena podar con guantes.

Las hojas son alternas, ovadas y acuminadas, de 6 a 12 cm, de un verde brillante casi barnizado por el haz. En otoño viran a un amarillo dorado limpio y muy vistoso, uno de los mejores argumentos ornamentales de la especie en climas continentales. Caen pronto, hacia noviembre en el interior peninsular.

En las axilas de las hojas de los brotes jóvenes nacen espinas rectas y duras de 1 a 2,5 cm. Esta es la clave de su uso tradicional como seto defensivo, y también la razón por la que no es un árbol para plantar junto a una zona de juego infantil. Los ejemplares muy adultos tienden a producir menos espinas en la parte alta de la copa, pero las ramas bajas siguen armadas.

El fruto: ni naranja ni comestible

Lo que todo el mundo mira cuando ve el árbol por primera vez es el fruto. Es una infrutescencia (sicono compuesto) globosa de 8 a 15 cm de diámetro, verde amarillenta, con la superficie cubierta de un relieve cerebriforme muy característico, y puede pesar cerca de un kilo. Al cortarlo rezuma abundante látex y desprende un olor tenue, entre cítrico y resinoso, que es lo que sostiene el equívoco con la naranja.

Aquí hay que ser claro: la pulpa no es comestible. No es un veneno mortal, pero es fibrosa, amarga, llena de látex irritante y produce molestias digestivas. Lo único aprovechable son las semillas, parecidas a pipas de calabaza, que las ardillas extraen desmenuzando el fruto durante el invierno. Si alguien las quiere probar, se separan lavando la pulpa deshecha en agua y se tuestan; el rendimiento por fruto es ridículo comparado con el trabajo.

Otro punto importante: la especie es dioica. Hay pies macho y pies hembra, y solo estos últimos fructifican, y solo si hay un macho a distancia razonable (aunque se han descrito frutos partenocárpicos sin semilla). Para arbolado urbano o jardín transitado interesa plantar pies macho injertados, porque un fruto de 900 gramos cayendo desde diez metros sobre un coche o una acera es un problema real. Si lo que se quiere es la curiosidad ornamental de las "naranjas falsas", entonces hace falta lo contrario: hembra más macho.

Frutos verdes y rugosos del Maclura pomifera en la rama

Usos reales de la especie

Seto impenetrable. Es su uso histórico y sigue siendo el más sensato. Plantado a 30-45 cm entre pies y recepado los primeros años para forzar la ramificación baja, forma en cinco o seis temporadas una masa espinosa que ni el ganado ni los jabalíes cruzan. Rebrota con enorme vigor de cepa, así que aguanta cortes drásticos sin inmutarse.

Madera. Es probablemente la mejor madera de la especie desde el punto de vista técnico. De un amarillo anaranjado intenso que oscurece a pardo con la luz, es extraordinariamente dura, densa y resistente a la pudrición: los postes de valla clavados sin tratar duran décadas en contacto con el suelo. Los pueblos de las llanuras la usaban para fabricar arcos —de ahí el nombre francés bois d'arc—, y como leña tiene un poder calorífico altísimo, con el inconveniente de que chisporrotea mucho y no conviene en chimenea abierta.

Tinte. De la madera y la raíz se extrae un colorante amarillo que, mezclado, dio el tono caqui de algunos uniformes militares antes de la síntesis química.

Cortavientos y suelos difíciles. Tolera sequía, calizas, suelos compactados, salinidad moderada y contaminación urbana. En terrenos donde otras frondosas fracasan, aquí funciona.

El mito del fruto contra las arañas

Circula desde hace más de un siglo la idea de que colocar frutos de Maclura en sótanos y armarios ahuyenta arañas, cucarachas y otros insectos. La planta contiene efectivamente compuestos interesantes —osajina y pomiferina, dos isoflavonas, además de flavonoides en el látex— y algunos extractos concentrados han mostrado actividad repelente en laboratorio. Pero eso no es lo mismo que dejar una bola verde en el suelo del trastero: el fruto entero, tal cual, no genera concentración suficiente para repeler nada. Lo único que se consigue es que a las tres semanas se pudra y forme un charco de látex. Es un remedio popular sin base práctica.

Cultivo y cuidados

Clima. Es de las frondosas ornamentales más rústicas que se pueden plantar en España. Aguanta sin daño por debajo de -20 ºC y soporta veranos secos y tórridos de meseta. Se comporta bien en toda la Península, incluidas zonas continentales como Castilla y León, Aragón o Castilla-La Mancha, donde muchos árboles de jardinería sufren. En el litoral mediterráneo también prospera, pero pierde parte de su gracia otoñal porque el color amarillo depende del contraste térmico.

Exposición. Pleno sol, sin excepciones. A media sombra se ahíla, produce ramas largas y débiles y florece mal.

Suelo. Indiferente. Prefiere suelos profundos y frescos, donde crece muy rápido, pero vegeta bien en arcillas pesadas, terrenos pedregosos y pH alcalinos hasta 8. Lo único que no perdona es el encharcamiento permanente.

Riego. Solo durante los dos o tres primeros veranos, con riegos espaciados y abundantes que obliguen a la raíz a profundizar. A partir del cuarto año, un ejemplar establecido en el interior peninsular puede pasar el verano sin aporte alguno. Regarlo poco y a diario es el error que más ejemplares estropea: genera raíces superficiales y árboles dependientes.

Abonado. Prácticamente innecesario. Un aporte de compost o estiércol maduro al pie en otoño cada dos o tres años es más que suficiente. Los abonados nitrogenados fuertes solo producen brotes tiernos, largos y muy espinosos que luego hay que podar.

Plantación. A raíz desnuda entre noviembre y febrero, que es cuando mejor arraiga; en contenedor, también en otoño. Deja al menos 6-8 metros libres respecto a edificios y pavimentos si es árbol aislado. Tiene raíz pivotante marcada de joven, lo que dificulta el trasplante de ejemplares grandes: cuanto más pequeño se planta, mejor prende.

Poda y multiplicación

La poda se hace en reposo vegetativo, de diciembre a febrero, aprovechando que sin hojas se ve la estructura y se maneja mejor el látex. En árbol aislado conviene una poda de formación durante los primeros años para elegir un eje y despejar la cruz por encima de los dos metros, porque de forma natural el árbol tiende a ramificar bajo y torcido. Después, apenas mantenimiento: retirada de ramas cruzadas, secas o mal insertadas. En seto, el recorte se puede repetir tras la brotación de primavera.

Para multiplicarlo hay tres vías:

Semilla. Se extraen los aquenios de los frutos maduros caídos en otoño, dejándolos deshacerse en agua unos días. Necesitan estratificación en frío húmedo a 3-5 ºC durante unos 30 días antes de sembrar en primavera. Germinan bien, pero el resultado es una lotería de sexos que no conocerás hasta pasados varios años.

Estaca de raíz. El método clásico y el más fiable para clonar un pie concreto. Trozos de raíz de 8-10 cm y grosor de lápiz, tomados en invierno y enterrados horizontalmente en sustrato arenoso, brotan con mucha facilidad.

Estaquilla leñosa. Ramas del año, sin hojas, en pleno invierno, con hormona de enraizamiento. Da porcentajes aceptables y garantiza el sexo del pie madre.

Plagas y enfermedades

Su fama de árbol indestructible es merecida. En España no se le conocen plagas específicas de importancia, y su látex y sus compuestos fenólicos lo protegen de casi todo. Lo que sí puede aparecer:

Cochinillas y pulgón en brotes tiernos de ejemplares jóvenes muy abonados o regados en exceso. Se controlan con jabón potásico o aceite de verano, y sobre todo corrigiendo el manejo.

Pudriciones radiculares por Phytophthora o Armillaria en suelos mal drenados. Es la causa real de la mayoría de fracasos: no muere de frío ni de sequía, muere de agua parada.

Chancros y necrosis en heridas de poda mal cicatrizadas, especialmente si se poda con humedad alta a final de invierno. Cortes limpios, herramienta desinfectada y elección de días secos.

Muérdago (Viscum album) en zonas donde es frecuente; se retira cortando la rama por debajo del punto de inserción, no arrancando la mata.

Un aviso final que no es plaga pero da problemas: los frutos caídos rebrotan con facilidad en terrenos húmedos y el árbol emite renuevos de raíz. Plantado sin control cerca de pastos o cultivos, puede volverse invasor local y costar trabajo erradicarlo.

En resumen

Maclura pomifera es un árbol de utilidad, no de fruta. Su interés está en la madera imputrescible, en la barrera espinosa que forma y en el amarillo otoñal de sus hojas, no en esas bolas verdes que parecen naranjas y no se comen. Es durísimo, rústico, resistente al frío extremo y a la sequía, y prácticamente ignora las plagas.

Las tres decisiones que marcan la diferencia son elegir el sexo del pie según el uso previsto (macho si molesta el fruto, hembra si lo que se busca es la curiosidad), garantizar el drenaje porque es su único punto débil serio, y ser consciente de que sus espinas y su capacidad de rebrote lo hacen inadecuado en jardines pequeños o muy transitados. Puesto en el sitio correcto —una linde, un cortavientos, un parque amplio, una finca de suelo pobre—, es de los árboles que se plantan una vez y aguantan un siglo sin pedir nada.


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