Dos manzanos de la misma variedad plantados uno junto al otro pueden florecer espléndidamente cada primavera durante veinte años y no dar jamás una manzana. No les falta agua, ni abono, ni sol. Les falta polen compatible, y como son genéticamente el mismo árbol —dos clones del mismo injerto— nunca van a dárselo el uno al otro.

Ese malentendido es el origen de buena parte de las consultas sobre frutales que florecen y no cuajan. Entender cómo se poliniza cada especie no es teoría botánica: es la diferencia entre plantar bien y plantar mal, y la decisión se toma en el vivero, años antes de ver el problema.

Árboles frutales en plena floración de primavera

Polinización y fecundación no son lo mismo

La polinización es el transporte físico del polen desde la antera de un estambre hasta el estigma de un pistilo. La fecundación es lo que ocurre después: el grano germina, emite un tubo polínico que baja por el estilo y sus núcleos se fusionan con el óvulo. Solo entonces empieza a formarse la semilla, y solo cuando hay semilla en formación el ovario recibe la señal hormonal para engordar y convertirse en fruto.

La distinción importa porque el fallo puede estar en cualquiera de los dos pasos. Un árbol puede recibir muchísimo polen y no fecundar nada, porque ese polen es incompatible o inviable. Y ahí está la clave de todo lo que viene a continuación.

Hay una excepción notable: la partenocarpia, es decir, la formación de fruto sin fecundación. Es lo que ocurre en el plátano, en la higuera común, en muchas variedades de caqui y en los cítricos sin pepitas. En estos casos el fruto engorda igual sin semilla dentro.

Autofértil, autoestéril y por qué dos árboles iguales no sirven

Un frutal autofértil (o autocompatible) fructifica con su propio polen. Basta un ejemplar solo en el jardín.

Un frutal autoestéril (autoincompatible) rechaza su propio polen. No es que no lo reciba: lo recibe, el grano germina en el estigma, y el estilo detiene el crecimiento del tubo polínico antes de que llegue al óvulo. Es un mecanismo de reconocimiento genético, gobernado en las rosáceas por una serie de alelos llamados S, que la planta usa para evitar la autofecundación y mantener variabilidad.

De aquí sale la consecuencia práctica que más gente ignora: una variedad injertada es un clon. Todos los manzanos 'Reineta' del mundo llevan los mismos alelos S. Plantar dos, o diez, no resuelve nada. Lo que hace falta es otra variedad compatible que florezca a la vez.

Quién necesita compañía y quién no

Autofértiles, se pueden plantar solos: melocotonero y nectarina (Prunus persica), prácticamente todas las variedades; albaricoquero (Prunus armeniaca) en sus variedades más extendidas en España, aunque unas cuantas necesitan polinizador; guindo (Prunus cerasus); membrillero; higuera común; níspero japonés; granado; vid; y los cítricos, que además suelen ser partenocárpicos.

Autoestériles, exigen polinizador: manzano (Malus domestica), salvo contadas excepciones; peral (Pyrus communis), en su mayoría; cerezo dulce (Prunus avium), con la excepción de variedades autofértiles modernas como 'Stella', 'Lapins', 'Sunburst' o 'Sweetheart'; ciruelo japonés (Prunus salicina); avellano; castaño; kiwi; y buena parte del almendro y del olivo.

El almendro merece un párrafo propio porque ha cambiado mucho. Las variedades tradicionales españolas —'Marcona', 'Desmayo Largueta'— son estrictamente autoincompatibles y necesitan otra variedad al lado. Pero desde los años ochenta el CITA de Aragón y el CEBAS-CSIC han sacado una serie de variedades autofértiles y de floración tardía —'Guara', 'Soleta', 'Belona', 'Antoñeta', 'Marinada', 'Vairo', 'Penta', 'Makako'— que se plantan solas y además escapan a las heladas tardías. Para un jardín particular en el interior peninsular, elegir una de estas resuelve los dos problemas de golpe.

La trampa de los triploides

Hay un caso que despista incluso a quien ya sabe lo del polinizador. Algunas variedades de manzano son triploides: tienen tres juegos de cromosomas en vez de dos y producen polen inviable. No solo necesitan que las polinicen, sino que no pueden polinizar a nadie. Están en este grupo la 'Reineta gris del Canadá', la 'Jonagold', la 'Mutsu' y la 'Ribston Pippin', entre otras.

Si plantas una triploide, necesitas dos variedades diploides más que florezcan a la vez: una para polinizar la triploide y otra para que esas dos diploides se polinicen entre sí, ya que la triploide no las va a ayudar. Es el error clásico de quien planta una 'Reineta' con una sola compañera y luego no entiende por qué la compañera tampoco produce.

Compatibles pero desincronizados

Que dos variedades sean genéticamente compatibles no basta. Tienen que solapar su floración. Un cerezo de floración muy temprana y otro de floración tardía pueden ser perfectamente compatibles sobre el papel y no coincidir ni un día en flor. Los catálogos serios de vivero indican la época de floración en semanas o con una escala relativa, y ese dato es tan importante como la compatibilidad.

En el cerezo dulce, además, existe una capa más: los grupos de intercompatibilidad. Dos variedades del mismo grupo comparten alelos S y son mutuamente estériles aunque sean variedades distintas. Antes de comprar dos cerezos, conviene preguntar por su grupo.

Monoicas, dioicas y flores que cambian de sexo

La mayor parte de los frutales de nuestros huertos tiene flores hermafroditas: cada flor lleva estambres y pistilo. Manzano, peral, melocotonero, cerezo, ciruelo, almendro, membrillo. Pero no todos.

Especies monoicas (pies con flores masculinas y femeninas separadas, en el mismo árbol): nogal, avellano, castaño. Aquí el reparto sexual no da problemas por sí mismo, pero estas especies practican de forma habitual la dicogamia: las flores masculinas y las femeninas del mismo árbol no maduran a la vez. El Juglans regia puede ser protándrico (suelta el polen antes de que sus propias flores femeninas sean receptivas) o protogínico, según la variedad. Por eso, aunque un nogal tenga los dos sexos, en la práctica produce mucho mejor con otra variedad cerca que solape.

Especies dioicas (pies macho y pies hembra separados): el caso doméstico más frecuente es el kiwi (Actinidia deliciosa). Si plantas solo un ejemplar y resulta ser hembra, tendrás flores todos los años y cero fruta. Se necesita un macho por cada seis u ocho hembras, y no vale cualquiera: para la variedad hembra 'Hayward', el macho recomendado es 'Tomuri', que solapa su floración. La palmera datilera y algunas variedades de caqui siguen la misma regla.

Y luego está el chirimoyo (Annona cherimola), que es el ejemplo perfecto de por qué esto no es teórica. Sus flores son hermafroditas pero protogínicas: primero pasan por una fase femenina de unas horas, con el estigma receptivo, y solo después se abren las anteras, cuando el pistilo ya no sirve. Sus polinizadores naturales son unos pequeños coleópteros que en España no existen. Por eso en la costa tropical de Granada y Málaga el chirimoyo se poliniza a mano: se recoge el polen de flores en fase masculina al atardecer, se guarda en un botecito y a la mañana siguiente se aplica con un pincel fino sobre las flores en fase femenina. Es trabajo, pero multiplica la cosecha y da frutos simétricos en vez de deformes.

El aguacate funciona con una variante de lo mismo. Sus variedades se clasifican en tipo A y tipo B según el horario en que abren en fase femenina y masculina. 'Hass' es tipo A, 'Fuerte' y 'Bacon' son tipo B. Plantar una de cada tipo hace que los horarios encajen y mejora sensiblemente el cuajado.

El viento, los insectos y la eficacia de cada uno

El nogal, el avellano, el castaño, el olivo, el pistacho y la nuez pecana son anemófilos: el viento mueve su polen. Tienen flores pequeñas, sin pétalos vistosos ni néctar, y producen polen en cantidades enormes y muy ligero. En estas especies, los insectos ayudan poco y lo que importa es que haya otra variedad a distancia razonable y viento en la época correcta. El avellano florece en pleno invierno, entre enero y febrero, precisamente porque sin hojas en las ramas el polen viaja mejor.

Los frutales de pepita y de hueso —manzano, peral, cerezo, ciruelo, almendro, melocotonero— son entomófilos. Su polen es pesado y pegajoso y no vuela solo. Sin insectos, la cosecha se hunde.

Abeja recogiendo polen en una flor de frutal

Aquí conviene deshacer otro tópico: la abeja de la miel (Apis mellifera) no es el único polinizador ni siempre el mejor. Es el más manejable, porque se transporta en colmenas, pero tiene limitaciones. No sale del colmenar por debajo de unos 14-15 °C, ni con lluvia, ni con viento fuerte, y en un frutal tiende a trabajar recogiendo néctar por el lateral de la flor, con lo que a veces toca poco las anteras.

Las abejas solitarias del género OsmiaOsmia cornuta, Osmia bicornis— son muy superiores en frutales de rosáceas. Vuelan a partir de 10-12 °C y con cielo cubierto, transportan el polen seco en la escopa ventral del abdomen en vez de apelmazado en las patas, lo que hace que se desprenda con facilidad en cada flor, y visitan un número de flores por minuto muy alto. Se calcula que unos pocos cientos de hembras de Osmia hacen el trabajo de una colmena entera en una parcela de frutal. Los abejorros (Bombus terrestris) tampoco se arrugan con el frío y trabajan a 6-8 °C, lo que en una primavera fría del norte peninsular puede salvar la floración. Y los sírfidos, esas moscas rayadas que parecen avispas, polinizan mientras sus larvas se comen los pulgones.

Cómo conseguir que haya insectos cuando hacen falta

Un frutal florece dos o tres semanas al año. Si en esa ventana no hay polinizadores en la parcela, la cosecha está perdida y no hay abono que lo arregle. Las medidas que de verdad funcionan son estas.

No tratar con insecticidas durante la floración. Es la más importante, y en España además está regulado: los productos fitosanitarios peligrosos para abejas no pueden aplicarse sobre cultivos en flor. Si hay que tratar antes o después, hacerlo al atardecer, cuando el vuelo ha cesado.

Floración escalonada alrededor del frutal. Los polinizadores necesitan comer los otros once meses del año, y si no encuentran nada no se instalan. Romero, lavanda, tomillo, salvia, borraja, facelia, caléndula, aliso marítimo y las umbelíferas de la huerta dejadas subir a flor —hinojo, cilantro, zanahoria— cubren casi todo el calendario en clima mediterráneo. El romero, que florece de otoño a primavera, es especialmente valioso porque llega con recursos justo antes de que abran los frutales.

Sitios donde nidificar. Alrededor del 70 % de las abejas silvestres anida en el suelo, en taludes soleados de tierra desnuda y compacta. Dejar sin acolchar y sin pisar un rincón orientado al sur hace más que cualquier otra cosa. Para las que nidifican en cavidades, un hotel de insectos sencillo funciona bien si está bien hecho: cañas o tubos de 6 a 10 mm de diámetro interior, de unos 15 cm de largo, cerrados por un extremo, orientados al sureste y protegidos de la lluvia. Los hoteles decorativos con piñas y agujeros de 2 cm no sirven para nada.

Agua accesible. Un plato poco profundo con piedras o canicas que sobresalgan, para que puedan beber sin ahogarse. En agosto es un recurso escaso.

Menos siega. Un césped segado a ras cada semana es un desierto. Dejar florecer el trébol y las margaritas en una franja cambia la fauna de un jardín en una sola temporada.

Cuando la culpa no es de la polinización

Antes de dar por hecho que falta polinizador, conviene descartar las otras causas de que un frutal florezca y no cuaje, porque son igual de frecuentes.

Heladas tardías. Una flor abierta se pierde en torno a -2 °C, y un fruto recién cuajado a -1 °C. Es la causa número uno de fracaso en el interior peninsular, y ante una helada de abril el mejor polinizador del mundo no sirve de nada. La respuesta es elegir variedades de floración tardía.

Exceso de nitrógeno. Un árbol sobreabonado crece a lo bestia y no fructifica. Da madera en lugar de flor.

Falta de horas de frío. Cada variedad necesita acumular un número de horas por debajo de 7 °C durante el invierno para brotar y florecer con normalidad. Plantar una variedad de alta necesidad de frío en Almería o en Canarias produce floraciones erráticas y escalonadas que ningún insecto puede arreglar.

Vecería. Muchos frutales, sobre todo el olivo y algunas variedades de manzano, alternan un año de cosecha abundante con otro de descanso. Aclarar fruto en el año cargado suaviza el ciclo.

Un último dato para calibrar expectativas: no hace falta que cuajen todas las flores. En un manzano adulto, con que cuaje entre el 5 y el 10 % de la floración se obtiene una cosecha plena. La caída natural de flores y de frutitos en mayo —la llamada caída de junio— es un proceso normal de autorregulación, no un síntoma de que algo va mal.

En resumen

La regla operativa cabe en tres frases. Antes de comprar un frutal, averigua si la variedad concreta es autofértil o autoestéril; si es autoestéril, necesitas otra variedad distinta compatible y con floración solapada, nunca un segundo ejemplar de la misma. Comprueba los casos especiales —triploides de manzano que no polinizan a nadie, kiwis con pie macho aparte, chirimoyos y aguacates con dicogamia— antes de plantar, porque después ya no hay marcha atrás fácil. Y una vez plantado, encárgate de que haya insectos: floración escalonada durante todo el año, un rincón de suelo desnudo al sol, agua, y ni un insecticida mientras haya flor abierta. Si aun así el árbol florece y no cuaja, mira primero al termómetro de abril y al abono nitrogenado antes de culpar al polen.


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