Entre 70 y 90 días a 4 ºC. Ese es el requisito que separa un puñado de pepitas guardadas en un plato de un plantel de manzanos, y el motivo por el que tantos intentos caseros acaban en un algodón mohoso encima del radiador.

Las semillas de manzano (Malus domestica, a menudo escrito Malus × domestica) tienen latencia fisiológica embrionaria. El embrión está formado y es viable, pero lleva un bloqueo hormonal —ácido abscísico acumulado en el embrión y las cubiertas— que solo se desactiva tras un periodo largo de frío húmedo. Es un reloj evolutivo: impide que la pepita germine en octubre, cuando cae la manzana, y la obliga a esperar a la primavera siguiente. Calor no es sustituto de frío. Si te saltas ese paso, germinará un porcentaje ridículo y las plántulas que salgan lo harán débiles y desiguales.

Antes de empezar: qué vas a obtener y qué no

Esto conviene decirlo antes de que inviertas tres meses de nevera. Un manzano de semilla no reproduce la variedad de la manzana que te comiste. El manzano es autoincompatible —necesita polen de otro manzano para cuajar— y su genoma es extremadamente heterocigótico. Cada pepita de una Fuji es un individuo nuevo, mezcla de la Fuji y de lo que hubiera florecido cerca, y estadísticamente el fruto que dará será más pequeño, más ácido y más basto que el de la madre. Es exactamente por eso que el manzano se propaga por injerto desde hace dos mil años.

Además tarda. Un manzano de semilla pasa por una fase juvenil de entre 5 y 10 años durante la cual, sencillamente, no florece, por mucho que lo cuides. Los frutales injertados sobre patrón enanizante producen al segundo o tercer año porque el patrón acorta esa fase.

Dicho lo cual, germinar pepitas tiene tres usos perfectamente legítimos: obtener patrones francos sobre los que injertar después la variedad que quieras, conseguir árboles vigorosos para setos o para sombra, y aprender cómo funciona una semilla con latencia. Lo que no es, es un atajo para tener manzanas.

Cuándo hacerlo

El calendario se deduce del propio proceso. La manzana está en el árbol entre agosto y noviembre según variedad y zona, y una semilla recién extraída de fruta madura de temporada es mucho mejor material que una de manzana de cámara.

El esquema que funciona en España es:

Octubre-noviembre: extracción y limpieza de las semillas.
Noviembre-febrero: estratificación en frío, entre 70 y 90 días.
Febrero-marzo: siembra en bandeja o maceta.
Marzo-abril: nascencia y primeras hojas verdaderas.
Mayo-junio: repicado a maceta individual.

Existe la alternativa de la estratificación natural: sembrar en noviembre en una maceta y dejarla a la intemperie, protegida de la lluvia excesiva y de los ratones, para que el invierno haga el trabajo. Funciona bien en la meseta, en el norte y en zonas de montaña. En Sevilla, Murcia, la costa mediterránea o Canarias no, porque el invierno no baja lo suficiente durante el tiempo suficiente. Allí, nevera obligatoria.

Extraer y limpiar las semillas

Corta la manzana transversalmente, por el ecuador, en lugar de por la mitad de arriba abajo. Así se ve la estrella de cinco lóculos del corazón y se sacan las pepitas sin cortarlas. Una manzana lleva entre 5 y 10 semillas, y no todas están llenas.

Lávalas con agua. La pulpa contiene inhibidores de la germinación y, sobre todo, azúcares que son el mejor cultivo posible para hongos durante los tres meses que van a pasar en un ambiente húmedo y cerrado. Frota bajo el grifo hasta que la semilla quede resbaladiza y limpia.

Descarta las malas. Una pepita viable es marrón oscura, uniforme, turgente y firme al apretarla entre dos uñas. Las blanquecinas, planas, arrugadas o huecas son óvulos no fecundados o abortados: no germinarán nunca. El truco de tirar las que flotan da una orientación, pero no es infalible; el examen visual acierta más.

Sécalas superficialmente unas horas sobre papel, a la sombra y a temperatura ambiente. Superficialmente: lo justo para que no queden gotas de agua libre. No las deseques al sol ni las guardes semanas en un cajón, porque el manzano tiene semilla de comportamiento intermedio y pierde viabilidad si se deshidrata en exceso.

Un apunte sobre el miedo recurrente a las pepitas: contienen amigdalina, un glucósido cianogénico. En las cantidades que hay en unas pocas semillas, y sin triturarlas, es irrelevante. No es motivo para no manejarlas, aunque tampoco tiene ningún sentido comérselas a puñados.

Semillas de manzano extraídas y limpias, listas para estratificar

La estratificación en frío, paso a paso

Es el corazón del asunto y donde se juega el resultado. Lo que buscas es frío húmedo con oxígeno, las tres cosas a la vez y durante el tiempo suficiente.

El medio. Vermiculita, perlita fina, arena de sílice lavada o fibra de coco. Los tres primeros son preferibles al papel de cocina porque no se compactan y dejan aire alrededor de la semilla. Humedécelo y luego escúrrelo apretándolo con la mano: debe quedar húmedo al tacto sin soltar una gota. Ese punto es el que evita la asfixia y el moho.

El recipiente. Una bolsa de cierre hermético o un táper pequeño, con las semillas mezcladas en el medio, no amontonadas. Si usas bolsa, déjala con algo de aire dentro y hazle dos o tres agujeros de alfiler.

La temperatura. Entre 3 y 5 ºC, es decir, la parte baja del frigorífico, nunca el congelador. Por debajo de 0 ºC el proceso se detiene y por encima de 8 ºC la latencia no se rompe bien: la semilla acumula «horas de frío» solo en esa franja estrecha. Ten en cuenta que el cajón de las verduras suele ir a 8-10 ºC; el estante inferior es mejor sitio.

La duración. Entre 70 y 90 días para la mayor parte de variedades. Menos de 60 y la germinación cae en picado; alargar hasta 100-120 días no perjudica.

La vigilancia. Abre el recipiente cada diez o quince días. Sirve para tres cosas: renovar el aire, comprobar la humedad y retirar cualquier semilla con moho antes de que contagie a las demás. Si aparece moho generalizado, es que hay exceso de agua: cambia el medio por otro más seco.

Hacia el final del periodo, parte de las semillas emiten la radícula dentro de la bolsa. Eso es señal de éxito y también de urgencia: hay que sembrar esas de inmediato, con cuidado de no romper la raicilla, porque si sigue creciendo en la bolsa se deforma y se enreda.

La siembra

El sustrato. Uno de semillero, ligero y sin abonar en exceso: turba rubia o fibra de coco con un 30 % de perlita funciona bien. Que sea nuevo, no reutilizado de otra maceta, porque el enemigo número uno de las plántulas de manzano vive en el sustrato viejo.

El recipiente. Alveolos profundos o macetas de 8-10 cm, mejor que bandejas planas. El manzano hace raíz pivotante desde el primer momento y una bandeja de 4 cm la obliga a doblarse en pocos días.

La profundidad. Un centímetro, un centímetro y medio como mucho. Semilla enterrada demasiado hondo gasta reservas antes de asomar. Una o dos semillas por alveolo, y luego se aclara a una.

La temperatura de germinación. Entre 15 y 20 ºC. No hace falta calor de fondo ni manta térmica, y de hecho más de 25 ºC induce una latencia secundaria en algunas partidas: la semilla vuelve a bloquearse. Un invernadero pequeño, una galería fresca o una ventana sin sol directo bastan.

El riego. Por abajo, poniendo la bandeja en un plato con agua unos minutos, o con pulverizador. Húmedo constante, encharcado nunca.

La nascencia llega entre dos y cuatro semanas después de sembrar, escalonada. Con semilla bien estratificada de fruta fresca se puede esperar un 60-80 % de germinación; con semilla de manzana de supermercado guardada meses en cámara, bastante menos. En cuanto asome el hipocótilo, la maceta necesita luz plena inmediatamente. Una plántula de manzano en penumbra se ahíla en tres días y ya no se recupera.

Cuidados de las plántulas

El problema que mata más plantel: el damping-off

La caída de plántulas, provocada por hongos del suelo del grupo de Pythium, Rhizoctonia y Phytophthora, se lleva por delante siembras enteras en cuestión de días. Se reconoce porque el tallito se estrangula justo a nivel del sustrato, se vuelve marrón y acuoso, y la plántula cae con las hojas todavía verdes.

No se cura, se previene: sustrato nuevo, macetas limpias, riego contenido, ventilación —nada de tapar la bandeja con plástico una vez han nacido— y siembra no demasiado densa. Si aparece un foco, retira las afectadas con el cepellón, espacia las demás y deja secar la superficie.

Repicado

Se repican cuando tienen dos o tres hojas verdaderas, o unos 10 cm de altura, normalmente entre mayo y junio. Riega el semillero una hora antes para que el cepellón salga entero, y saca cada plántula haciendo palanca por debajo con un lápiz o un repicador, sujetándola siempre por una hoja, nunca por el tallo: si aprietas el tallo lo aplastas y la pierdes.

Pasan a maceta individual de 1 a 2 litros con sustrato universal más un 20 % de perlita. En producción de patrones se acostumbra a pinzar la punta de la raíz pivotante en este momento para forzar un sistema radicular ramificado, que trasplanta mucho mejor después. Si tu intención es que el árbol quede definitivo en el suelo y no vas a moverlo más, puedes saltarte ese pinzamiento.

Tras el repicado, dos o tres días a la sombra clara y luego de vuelta a pleno sol, con la excepción de las tardes de julio y agosto en el interior peninsular, donde una malla de sombreo del 40 % evita quemaduras en hoja tierna.

Manzano joven procedente de semilla en maceta

El primer año

Abonado. Nada hasta que tengan cuatro o cinco hojas verdaderas. A partir de ahí, un abono líquido equilibrado a media dosis cada quince días de abril a septiembre. Un manzanito de semilla puede hacer entre 40 y 80 cm en su primera temporada si no le falta agua ni luz.

Riego. Regular, dejando secar el centímetro superior entre riegos. Las macetas negras al sol de agosto se recalientan y cuecen las raíces; conviene ponerlas agrupadas o a media sombra en pleno verano.

Invierno. Aquí está el otro error clásico: meterlos en casa para «protegerlos» del frío. El manzano es un caducifolio de clima templado que necesita acumular horas de frío por debajo de 7 ºC para brotar bien en primavera —según variedad, entre 600 y 1.200 horas. Un manzano invernando en un salón a 21 ºC brota mal, desigual y débil. Se dejan fuera, tirarán la hoja en noviembre y estarán perfectamente. Lo único que pide una maceta en zona de heladas fuertes es que la protejas del hielo del cepellón arrimándola a un muro o envolviéndola.

Al segundo año pasan a maceta de 10-20 litros o a suelo definitivo, siempre en parada vegetativa, entre noviembre y febrero. Y ese es también el momento en que, si el objetivo era un frutal de verdad, se injerta: de púa en enero-febrero, o de escudete en agosto, cuando el patrón tenga el grosor de un lápiz.

Errores frecuentes

Germinar en papel de cocina sobre el radiador. Es el método que circula por todas partes y el que peor funciona con manzano: le da calor cuando lo que necesita es frío, y humedad estancada sin aire.

Acortar la estratificación. Cuarenta días no son noventa. El porcentaje de germinación cae de forma abrupta por debajo de los dos meses.

Dejar pulpa pegada a la semilla. Es la causa habitual del moho en la bolsa.

Estratificar en el congelador. Congelar semilla húmeda no rompe la latencia; forma cristales de hielo y daña el embrión.

Sembrar y tapar con plástico indefinidamente. Útil antes de la nascencia, letal después: es la receta del damping-off.

Esperar la manzana original. Ya está dicho, pero es la decepción más repetida. Si quieres una Reineta, injerta una Reineta.

En resumen

Germinar pepitas de manzana es sencillo si se respeta el orden: sacarlas de fruta madura en otoño, lavarlas bien para quitar toda la pulpa, descartar las blancas o vacías, estratificarlas entre 70 y 90 días a 3-5 ºC en vermiculita apenas húmeda y ventilar la bolsa cada dos semanas, sembrarlas a un centímetro en sustrato de semillero a 15-20 ºC y darles luz plena desde que asoman.

Después, lo que decide el resultado no es la siembra sino la higiene: sustrato nuevo, riego corto y aire, que es lo que evita el damping-off. Repicado con dos o tres hojas verdaderas a maceta de un litro, y a partir de ahí sol, agua y un invierno pasado a la intemperie, porque el frío no es una amenaza para un manzano sino un requisito.

Y el marco realista: lo que estás criando es un árbol nuevo, no una copia. Tardará entre 5 y 10 años en florecer y su fruta será distinta a la de origen. Como planta de jardín está muy bien; como patrón para injertar encima la variedad que quieras, todavía mejor.


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