El nombre que figura en la etiqueta del vivero lleva más de un siglo siendo incorrecto. "Eugenia myrtifolia" es un nombre de jardinería que la botánica dejó atrás hace décadas: la planta que se vende bajo esa etiqueta es Syzygium paniculatum, y a veces ni siquiera eso, sino su pariente Syzygium australe. Como el nombre comercial se ha quedado, seguiremos usándolo aquí, pero conviene saber qué hay detrás, porque las dos especies no se cuidan exactamente igual ni dan el mismo fruto.

Ejemplar de Syzygium paniculatum con brotes nuevos rojizos

Qué planta es en realidad

Syzygium paniculatum es un árbol pequeño de la familia de las mirtáceas —la misma del mirto, el eucalipto, el guayabo y el clavero— originario de una franja costera muy estrecha de Nueva Gales del Sur, en el este de Australia. En su hábitat natural es una especie escasa, catalogada como amenazada, aunque en cultivo ornamental esté extendidísima por todo el mundo de clima templado y cálido.

En Australia crece hasta unos 15 metros. En cultivo mediterráneo rara vez pasa de 4 o 5 metros, y podado como seto se mantiene donde uno quiera. Tiene porte denso y columnar, con la copa bien vestida desde abajo, que es justamente lo que se le pide a un seto.

Las hojas son opuestas, lanceoladas u ovadas, de 3 a 8 cm, coriáceas y de un verde oscuro brillante. Lo llamativo es el brote nuevo: sale de un color bronce rojizo intenso que dura varias semanas antes de virar a verde. Con dos o tres oleadas de brotación al año, el arbusto pasa buena parte de la temporada con las puntas teñidas de rojo, y ese es su principal atractivo ornamental, por encima de la flor.

Las flores aparecen en primavera y verano, en pequeños ramilletes terminales. Son blancas o cremosas y su volumen lo dan los estambres, largos y numerosos, que forman una especie de borla o pincel. Duran poco, pero atraen abejas con mucha intensidad.

El fruto: la cereza magenta

El fruto es lo que le da el nombre inglés de magenta cherry o magenta lilly pilly: una baya globosa o ligeramente periforme, de 1,5 a 2,5 cm, de un color rosa-magenta muy saturado, casi eléctrico. Madura desde finales de verano y a lo largo del otoño.

Es comestible, y aquí conviene ajustar expectativas: no sabe a cereza. La pulpa es blanquecina, crujiente, muy acuosa, y el sabor es ácido y ligeramente astringente, con un fondo resinoso o especiado que recuerda vagamente al clavo, lógico tratándose de una mirtácea. Comido crudo y directamente del árbol resulta refrescante pero soso a un paladar acostumbrado a la fruta de mesa; su terreno es la cocina.

Lleva una única semilla central grande que hay que retirar. Con la pulpa se hacen mermeladas y jaleas excelentes, de color intensísimo, y también encurtidos y salsas agridulces para carnes. Como es pobre en pectina, la mermelada agradece que se le añada manzana rallada o zumo de limón para que cuaje. Un detalle práctico: el color magenta se degrada con la cocción prolongada, así que conviene hervir el tiempo justo.

Frutos maduros de color magenta de la Eugenia myrtifolia

Dónde ponerla

A pleno sol florece y fructifica mucho mejor, y el follaje queda más compacto. Pero "pleno sol" en Australia costera y "pleno sol" en Córdoba en julio no son lo mismo. En el interior peninsular, con 38-40 ºC y aire seco, un ejemplar joven a sol directo todo el día sufre quemaduras en el borde de las hojas y se defolia. En esas zonas conviene una exposición con sol de mañana y sombra en las horas centrales; en la costa mediterránea y atlántica sur, sol pleno sin problema.

Es sensible al viento seco y salino. Tolera bien la brisa marina moderada, pero un poniente fuerte le seca los brotes tiernos. Un sitio resguardado por un muro o por vegetación más alta le va bien.

El suelo: el punto que más ejemplares arruina

Aquí está el fallo que explica la mayor parte de las eugenias amarillentas que se ven en jardines españoles. La planta pide un suelo fértil, profundo, con materia orgánica y bien drenado, de pH ligeramente ácido a neutro, entre 5,5 y 7. En suelos calizos —es decir, en buena parte del levante, el valle del Ebro, La Mancha y Andalucía— desarrolla clorosis férrica: las hojas nuevas se vuelven amarillas con los nervios marcados en verde, el crecimiento se para y el brote rojizo pierde intensidad.

Si el suelo es calizo, hay dos caminos honestos. Uno: cultivarla en maceta grande con sustrato para acidófilas, regando con agua de lluvia u ósmosis. Dos: plantarla en suelo enmendado con abundante materia orgánica y asumir que habrá que aplicar quelato de hierro EDDHA una o dos veces al año, a la salida del invierno y a finales de verano, disuelto en el agua de riego. El sulfato de hierro no sirve en suelo calizo: se bloquea a los pocos días. Lo que no funciona es plantarla en tierra caliza y esperar que se acostumbre.

El agua de riego cuenta tanto como el suelo. Un agua dura, con más de 300-350 mg/l de bicarbonatos, va alcalinizando el sustrato de una maceta en cuestión de meses aunque el sustrato de partida fuera ácido.

Riego

Es una planta de clima subtropical húmedo, no una mediterránea: no tolera la sequía prolongada. Tampoco el encharcamiento, que le provoca podredumbre radicular con la misma facilidad.

El criterio es mantener el sustrato fresco de forma constante. En plena tierra y en clima mediterráneo litoral, eso significa regar dos o tres veces por semana en verano y espaciar mucho en invierno, hasta una vez cada diez o quince días si llueve poco. En maceta, comprueba metiendo el dedo: cuando los primeros tres centímetros estén secos, riega hasta que salga agua por los agujeros, y vacía el plato.

Un acolchado de corteza de pino de 5-7 cm alrededor del pie hace más por esta planta que cualquier otra medida: mantiene la humedad, modera la temperatura de la raíz y, siendo de pino, acidifica ligeramente al descomponerse.

Abonado

Responde muy bien al abonado y es bastante voraz, sobre todo si se poda como seto, porque cada corte le obliga a rebrotar. Desde marzo hasta septiembre, un fertilizante equilibrado para plantas acidófilas cada quince días en maceta, o un abono granulado de liberación lenta dos veces por temporada en plena tierra.

En otoño e invierno, nada: abonar tarde estimula brotes tiernos que llegan al primer frío sin lignificar y se hielan. Es un error frecuente en ejemplares de terraza.

Una advertencia sobre los abonos de las mirtáceas australianas: algunas plantas de este origen —sobre todo las de la familia de las proteáceas— son sensibles al fósforo, pero Syzygium no lo es especialmente, así que no hace falta buscar fertilizantes bajos en fósforo como sí ocurre con banksias o grevilleas.

Poda

Tolera la poda como pocas especies ornamentales. Rebrota desde madera vieja, aguanta el recorte severo y se deja formar en bola, cono, espiral o pantalla. Por eso se ve tanto en topiaria y en setos formales de altura media.

Y aquí hay una decisión que conviene tomar de forma consciente, porque no se puede tener todo: un seto recortado con regularidad no da fruto. Las flores salen en las puntas de los brotes del año, y el recorte se las lleva. Si quieres cerezas magenta, deja el ejemplar en porte libre o limítate a una poda ligera de limpieza justo después de la floración, en verano, respetando lo que ya ha cuajado. Si lo que quieres es un seto impecable, recorta dos o tres veces al año —primavera, verano y principio de otoño— y olvídate del fruto.

La poda fuerte de renovación, si el ejemplar se ha quedado desnudo por abajo, se hace a finales de invierno, cuando ha pasado el riesgo de heladas fuertes pero antes de la brotación.

Rusticidad y frío

Es su limitación real. Un ejemplar adulto y bien establecido aguanta heladas puntuales de hasta -3 o -4 ºC; por debajo de eso empiezan las quemaduras foliares serias, y una helada de -6 ºC mata la parte aérea. Los ejemplares jóvenes son bastante más sensibles y sufren ya con 0 ºC si el frío se acompaña de viento.

En términos prácticos: en la costa mediterránea, en las islas y en el suroeste atlántico se cultiva en plena tierra sin precauciones. En Madrid, Castilla y León, Aragón o el interior de Cataluña, mejor en maceta, para resguardarla en invierno junto a una pared orientada al sur, con velo de invernaje en las noches frías o directamente bajo cubierta luminosa y fresca. En el norte húmedo, el frío no suele ser el problema, sino el exceso de agua invernal en suelos pesados.

Multiplicación

Por semilla es sorprendentemente fácil, siempre que sea fresca: la semilla de Syzygium, como la de casi toda la familia, pierde viabilidad en pocas semanas al secarse. Extrae la semilla del fruto maduro, límpiala de pulpa, y siémbrala enseguida a 1 cm de profundidad en sustrato drenante y húmedo, a unos 22-25 ºC. Germina en tres o cuatro semanas.

Un detalle curioso y muy útil: sus semillas son poliembriónicas. De una sola semilla brotan con frecuencia dos, tres o más plántulas, y varias de ellas proceden del tejido materno, no de la fecundación. Eso significa que son clones de la planta madre, idénticas a ella, algo que normalmente solo se consigue por esqueje. Si te interesa reproducir un ejemplar concreto, quédate con las plántulas más vigorosas del grupo y descarta la más débil, que suele ser la de origen sexual.

Por esqueje, toma trozos semileñosos de 10-15 cm a finales de primavera o en verano, quita las hojas inferiores, corta por la mitad las superiores para reducir la transpiración, aplica hormona de enraizamiento y planta en perlita con turba, bajo plástico y con calor de fondo si es posible. Enraiza en seis u ocho semanas, no siempre con porcentajes altos.

Plantación y trasplante

El momento es la primavera, de marzo a mayo según la zona, cuando ya no hay riesgo de heladas y le queda toda la temporada cálida por delante para enraizar antes del invierno. En litoral suave, el otoño temprano también funciona.

Cava un hoyo del doble del ancho del cepellón, mézclale compost o mantillo bien hecho, y no entierres el cuello: la corona debe quedar al mismo nivel que estaba en la maceta. Riega abundantemente y acolcha.

En maceta, trasplante cada dos o tres años a un contenedor un par de tallas mayor, siempre en primavera. Cuando ya no quieras aumentar el tamaño, cambia el sustrato de la capa superior cada año y recorta ligeramente el cepellón por los lados en el cambio.

Plagas y problemas

El problema específico de esta planta es el psílido de la eugenia (Trioza eugeniae), un pequeño insecto que pone en los brotes tiernos y provoca abultamientos o agallas que deforman la hoja y le dan un aspecto arrugado y purpúreo. No mata la planta, pero la afea mucho, y en setos muy podados —que emiten brotes tiernos constantemente— puede ser persistente. Se controla espaciando las podas para no ofrecerle brote tierno continuo, retirando y destruyendo las hojas afectadas, y con aceite de verano o jabón potásico sobre la brotación nueva, que es cuando el insecto pone.

También son habituales las cochinillas, algodonosa y de caparazón, en ejemplares con poca ventilación, y los pulgones en la brotación de primavera. El amarilleo generalizado, en cambio, casi nunca es una plaga: es clorosis por cal o por exceso de riego.

En resumen

La planta que los viveros llaman Eugenia myrtifolia es Syzygium paniculatum, un pequeño árbol australiano de follaje brillante, brotes rojizos y frutos magenta comestibles que se aprovechan sobre todo en mermelada. Quiere sol —con sombra a mediodía en el interior cálido—, suelo fértil, drenado y sin exceso de cal, riego regular sin llegar al encharcamiento y abonado de acidófilas de marzo a septiembre. Aguanta la poda como pocas, lo que la hace ideal para setos, pero recortarla con frecuencia elimina la floración y con ella el fruto: hay que elegir. Su límite es el frío, en torno a -3 ºC, de modo que fuera del litoral y las islas conviene cultivarla en maceta para poder protegerla. Y la clorosis por suelo calizo, no las plagas, es la causa más común de que un ejemplar se estanque.


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