Antes de comprar nada para tratar un mandarino, haz dos cosas: dale la vuelta a unas cuantas hojas y raspa con la uña la corteza del cuello, justo donde el tronco entra en la tierra. Con eso descartas o confirmas la mitad de los problemas que sufre este árbol. Los mandarinos (Citrus reticulata y sus híbridos: clementinos, satsumas, clemenvillas, tangelos) comparten enemigos con el resto de los cítricos, pero tienen sensibilidades propias que conviene conocer antes de generalizar.

Una advertencia previa que ahorra dinero y disgustos: buena parte de lo que se diagnostica como "plaga" en un mandarino de jardín es en realidad un problema de suelo o de riego. Hojas amarillas con nervios verdes es clorosis férrica por caliza, no un hongo. Hojas que caen tras un golpe de calor es estrés hídrico. Antes de pulverizar, descarta el manejo.

Enfermedades de raíz y cuello: la Phytophthora

Es la enfermedad que más mandarinos mata en jardines particulares, y casi siempre por culpa del riego. Los responsables son oomicetos del género Phytophthora, principalmente P. citrophthora y P. nicotianae, que sobreviven en el suelo en forma de esporas de resistencia y se dispersan con el agua. No son hongos verdaderos, y ese detalle importa: los fungicidas convencionales apenas les hacen nada.

Da tres cuadros distintos:

  • Gomosis y podredumbre de cuello. Aparece una zona de corteza oscura y deprimida en la base del tronco, que exuda una goma ambarina que se endurece al aire. Al rascar, el tejido de debajo está pardo y muerto en lugar de verde y húmedo. Si la lesión rodea el tronco, el árbol se muere.
  • Podredumbre radicular. Destruye las raicillas absorbentes. El árbol vegeta mal, amarillea de forma general, brota poco y da fruta pequeña. Se confunde una y otra vez con falta de abono, y el abonado extra solo lo empeora.
  • Aguado del fruto. Los frutos de las faldas bajas, salpicados por el agua del suelo en otoño lluvioso, se pudren con un aspecto húmedo y correoso y un olor característico.

La prevención es casi todo el control. El punto de injerto debe quedar claramente por encima del nivel del suelo, entre 15 y 25 cm; si el árbol se planta hondo o el alcorque se va llenando de tierra y mantillo, la variedad acaba enterrada y expuesta. Los goteros nunca deben mojar el tronco: sepáralos al menos 30 o 40 cm. Evita encharcamientos y suelos compactados, y elimina el césped y el acolchado pegados a la base.

Cuando hay lesión, se sanea la corteza afectada hasta tejido vivo, se deja secar y se trata con productos a base de fosetil-aluminio o fosfonatos, o con metalaxil en el suelo, siempre respetando lo autorizado para cítricos. Los patrones tolerantes (citrange Carrizo, citrumelo Swingle) reducen mucho el riesgo, mientras que el mandarino Cleopatra es más sensible a la podredumbre de raíz.

Enfermedades foliares y de fruto

Mancha marrón de las mandarinas (Alternaria alternata pv. citri). Esta sí es específica del mandarino y de sus híbridos, y es la enfermedad fúngica más seria del grupo en España. Ataca a variedades como Fortune, Nova y Murcott, mientras clementinas de Nules o satsumas apenas la sufren. Produce manchas necróticas marrones o negras rodeadas de halo amarillo en hojas jóvenes, con caída prematura, muerte de brotes tiernos y manchas hundidas en la piel del fruto que provocan su desprendimiento. El hongo se dispara con lluvias y rocíos prolongados en primavera y verano. Se controla con aplicaciones preventivas de cobre o de fungicidas específicos coincidiendo con las brotaciones sensibles y las lluvias, con podas que aireen la copa y evitando riegos por aspersión. La medida más eficaz, si se va a plantar, es sencillamente no elegir una variedad sensible en zonas húmedas.

Antracnosis (Colletotrichum gloeosporioides). Oportunista: coloniza ramas ya debilitadas por heladas, sequía o cochinillas, secando ramillas y manchando frutos. Podar y quemar la madera muerta, y corregir la causa de fondo, vale más que cualquier tratamiento.

Podredumbres de poscosecha (Penicillium digitatum y P. italicum). El moho verde y el azul entran solo por heridas de la piel. Recolecta con tijera y sin arrancar, no dejes la fruta al sol tras cogerla y conserva en frío. Una mandarina golpeada contamina toda la caja.

Fumagina. Ese polvillo negro que ennegrece hojas y frutos no es un parásito: es un hongo saprofito que crece sobre la melaza que segregan pulgones, cochinillas y moscas blancas. Tratar la fumagina sin eliminar al insecto productor de melaza no sirve de nada. Es un síntoma, no la enfermedad.

Virus y viroides

Son incurables y se combaten únicamente con material vegetal sano y certificado.

Tristeza (Citrus tristeza virus). Transmitida por pulgones y por injerto, mata los árboles injertados sobre naranjo amargo al necrosar el floema bajo la línea de injerto. Por eso ese patrón dejó de usarse en España. Sobre patrones tolerantes el mandarino convive con el virus sin colapsar.

Cachexia o xiloporosis (viroide Hop stunt viroid). Es el problema vírico más relevante específicamente para los mandarinos: mandarinos, clementinos, satsumas y sus híbridos son muy sensibles. Provoca picado y acanaladuras en la madera del patrón, con acumulación de goma en la unión de injerto, árboles achaparrados y producción decreciente. Se transmite con las herramientas de poda, y esto lo separa de la tristeza. Desinfecta las hojas de tijeras y sierras con hipoclorito entre árbol y árbol si trabajas en material dudoso.

Exocortis (Citrus exocortis viroid). Se manifiesta como exfoliación de la corteza del patrón y enanismo, sobre todo sobre Poncirus trifoliata y citranges. También se transmite por herramientas.

Huanglongbing (HLB). El mayor riesgo futuro. La bacteria Candidatus Liberibacter no está presente en la España peninsular, pero su vector Trioza erytreae sí se ha establecido en el noroeste peninsular y en Canarias. Los síntomas serían moteado asimétrico en hojas, frutos deformes y amargos y muerte del árbol. Por eso está prohibido mover plantas de cítricos sin pasaporte fitosanitario y traer esquejes de fuera; no es burocracia sin sentido.

Ácaros: araña roja y compañía

La araña roja de los cítricos incluye a dos especies distintas: Tetranychus urticae, que ataca sobre todo en la parte baja del árbol y en las malas hierbas, y Panonychus citri, el ácaro rojo propiamente cítrico, más activo en primavera y otoño. Producen un punteado clorótico plateado en hojas y, lo más grave, decoloraciones grises alrededor del cáliz de los frutos que los descalifican comercialmente. Se ven con lupa en el envés.

Araña roja sobre el envés de una hoja

Prosperan con calor, sequedad y polvo. Tratar los ácaros con piretroides u otros insecticidas de amplio espectro deja la parcela peor de lo que estaba: eliminan a los depredadores naturales (fitoseidos como Euseius stipulatus, Neoseiulus californicus, además de Stethorus) y provocan una explosión de araña roja mucho peor que la inicial. Lo eficaz es mojar bien el envés con azufre mojable o con acaricidas específicos, alternando materias activas para no crear resistencias, mantener la cubierta vegetal como refugio de auxiliares y evitar el estrés hídrico y el exceso de nitrógeno.

Otros ácaros propios de cítricos: el ácaro de las maravillas (Aceria sheldoni), un eriófido que deforma los frutos dándoles formas grotescas, y el ácaro de las herrumbres (Phyllocoptruta oleivora), que oscurece la piel sin afectar a la pulpa.

Cochinillas

Son insectos chupadores protegidos por un escudo céreo o algodonoso que los hace difíciles de mojar. En mandarino destacan varios:

  • Piojo rojo de California (Aonidiella aurantii): pequeños escudos redondos y rojizos sobre ramas, hojas y frutos. No produce melaza, pero cada individuo sobre el fruto lo deprecia. Es la cochinilla clave del sector, y se controla con sueltas del parasitoide Aphytis melinus, confusión sexual con feromona y aceite mineral bien posicionado sobre las larvas móviles.
  • Serpeta gruesa (Lepidosaphes beckii): escudos alargados en forma de coma sobre corteza y fruto.
  • Caparreta negra (Saissetia oleae): abombada y oscura, con forma de H en el dorso; produce mucha melaza y fumagina. Aparece en árboles densos y mal aireados.
  • Cotonet (Planococcus citri) y el más reciente Delottococcus aberiae, cochinillas algodonosas que se refugian bajo el cáliz y en frutos pegados; la segunda deforma la fruta cuajada y ha obligado a replantear los tratamientos en el Levante.
Cochinilla sobre un cítrico

Contra las cochinillas, el momento manda: los tratamientos solo son eficaces sobre las larvas móviles, cuando aún no han formado el escudo. Aplicar aceite mineral de verano en el momento equivocado es tirar el producto. Poda para airear el interior de la copa, controla las hormigas —protegen a las cochinillas de sus enemigos naturales y merece la pena poner bandas de cola en el tronco— y no abuses del nitrógeno.

Mosca blanca

La más común en cítricos españoles es la mosca blanca algodonosa (Aleurothrixus floccosus), que forma masas de cera blanca en el envés de las hojas y segrega abundante melaza. También aparecen Dialeurodes citri y Paraleyrodes minei, esta última reconocible por sus nidos de cera en espiral.

El dato relevante: la mosca blanca algodonosa está controlada de forma natural en España por el parasitoide Cales noacki, introducido hace décadas y hoy plenamente establecido. Cuando hay un brote fuerte suele ser porque un tratamiento insecticida ha eliminado al parasitoide. Si ves pupas oscuras entre las blancas, el parasitismo está funcionando y no hay que hacer nada. Para bajar poblaciones puntuales basta con lavados a presión con agua jabonosa o potásico sobre el envés, siempre por la mañana o al atardecer.

Minador de los cítricos

Phyllocnistis citrella es la plaga más aparatosa y la peor entendida. Sus orugas excavan galerías plateadas y serpenteantes dentro de las hojas tiernas, que quedan retorcidas y abarquilladas. El aspecto es alarmante y provoca tratamientos innecesarios cada verano.

La realidad: en un árbol adulto y en producción, el minador no justifica tratamiento. Ataca solo a las brotaciones tiernas de verano y otoño, que aportan poco a la cosecha de ese año, y está bien controlado por parasitoides establecidos como Citrostichus phyllocnistoides. Donde sí hay que actuar es en plantones y árboles jóvenes de menos de tres o cuatro años, en los que la destrucción de la brotación retrasa realmente la formación de la copa. Las galerías, además, son puerta de entrada para el chancro bacteriano donde esa enfermedad existe.

Si hay que intervenir en planta joven, se usa aceite mineral repetido sobre brotes tiernos o productos específicos autorizados, y sobre todo se controla el riego y el abonado nitrogenado en verano para no provocar brotaciones continuas que alimenten a la plaga.

Otras plagas que no conviene ignorar

Mosca de la fruta (Ceratitis capitata). En mandarinos de maduración temprana es la plaga económicamente más grave. La hembra pica el fruto cuando empieza a virar de color y deposita huevos; la pulpa se pudre alrededor de la galería y la fruta cae. Se maneja con trampas de mosqueo, atrayentes alimenticios y quimioesterilizantes en trampeo masivo, recogiendo del suelo toda la fruta caída y sin dejar madurar frutos residuales en el árbol.

Pulgones. Aphis spiraecola es el más dañino en clementino: deforma y encarruja las hojas tiernas de la brotación de primavera y frena el crecimiento de árboles jóvenes. Aphis gossypii es además el principal vector de la tristeza. En árboles formados, mariquitas, sírfidos y crisopas suelen resolverlo solos en dos o tres semanas.

Trips (Pezothrips kellyanus). Raspan el fruto recién cuajado bajo los pétalos secos y dejan un anillo de piel corchosa alrededor del cáliz. El daño es solo estético, pero en clementina comercial es decisivo. El momento de vigilancia es la caída de pétalos.

Caracoles y babosas, que suben por el tronco en otoño húmedo y roen corteza y fruta baja, y hormigas, que no dañan directamente pero sabotean todo el control biológico.

Una estrategia de manejo que funciona

Con los cítricos, el control biológico no es una preferencia ideológica, es lo más eficaz: el cultivo tiene un cortejo de auxiliares tan completo que la mayoría de las plagas se mantienen bajo control solas mientras no se destruya ese equilibrio. Un calendario razonable para un mandarino en España sería:

  • Invierno. Poda de aclareo, retirada de madera muerta y de fruta momificada. Revisión del cuello y del alcorque. Tratamiento de cobre tras la poda si hubo problemas fúngicos.
  • Primavera. Vigilar pulgón en la brotación y trips en la caída de pétalos. Comprobar el arranque de la araña roja en el envés.
  • Verano. Momento crítico de araña roja, cochinillas (larvas móviles) y minador en planta joven. Aceite mineral solo con temperaturas moderadas y árbol bien regado: aplicado a más de 30 °C o con estrés hídrico, quema hojas y fruta.
  • Otoño. Trampeo de Ceratitis antes del envero, control de aguado en las faldas bajas y recogida de fruta caída.

Y una regla general: identifica antes de tratar. Un tratamiento a ciegas contra "bichos" en un mandarino suele empeorar la situación al eliminar los enemigos naturales que estaban haciendo el trabajo gratis.

En resumen

En el mandarino, las enfermedades graves son las de suelo y las víricas: Phytophthora se previene plantando alto, separando el gotero del tronco y evitando encharcamientos, mientras que tristeza, cachexia y exocortis solo se evitan comprando planta certificada y desinfectando las herramientas de poda. La mancha marrón por Alternaria es el riesgo fúngico propio de este grupo y depende sobre todo de la variedad elegida. Entre las plagas, araña roja y cochinillas exigen intervención bien cronometrada sobre los estadios vulnerables, la mosca blanca y el minador suelen resolverse con los parasitoides ya establecidos, y la mosca de la fruta es la que decide la cosecha en variedades tempranas. El hilo común: mantén el equilibrio biológico, no abuses del nitrógeno ni del riego, y reserva los tratamientos para cuando sepas exactamente a qué te enfrentas.


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