Una pera que se recoge del árbol cuando ya cede a la presión del dedo llega tarde. Por dentro la pulpa se ha vuelto harinosa, el corazón empieza a pardear y el aroma no acaba de aparecer. El peral es uno de los pocos frutales en los que la fruta se coge dura y verde y termina de madurar fuera del árbol, y entender ese detalle cambia por completo la forma de cultivarlo. Alrededor de esa peculiaridad giran casi todas las demás: la polinización, el portainjerto, la poda y el momento de la cosecha.
Qué árbol es exactamente el peral
El peral europeo es Pyrus communis, un árbol de la familia de las rosáceas, la misma del manzano, el membrillero, el ciruelo o el rosal. Procede de las zonas templadas de Europa oriental y de Asia occidental, en torno al Cáucaso y Asia Menor, y su cultivo está documentado desde hace más de tres mil años en el Mediterráneo. Las variedades actuales no descienden de una única especie silvestre: son el resultado de siglos de cruces y selección a partir de poblaciones locales, y de ahí que existan miles de nombres varietales, muchos de ellos comarcales.
Conviene no confundirlo con el peral asiático o nashi (Pyrus pyrifolia), que da frutos redondos, muy crujientes y jugosos, con textura de manzana. Es otra especie, con otro comportamiento en poscosecha: el nashi sí madura en el árbol. Cuando alguien dice que "las peras se cogen maduras" suele estar pensando en un nashi o en una variedad muy temprana consumida en el mismo día.
El peral es un árbol de porte erguido, con tendencia natural a formar un eje dominante y ramas que salen en ángulo cerrado. Sin conducción puede pasar de los 15 metros y vivir más de un siglo; en cultivo se mantiene entre 2,5 y 4 metros. Tiene raíces más profundas y menos superficiales que el manzano, lo que lo hace algo más resistente a la sequía puntual pero también más lento en instalarse tras el trasplante.
Es de hoja caduca: en otoño amarillea y cae, y el árbol pasa el invierno en reposo. Ese reposo no es decorativo, es una necesidad fisiológica. Las yemas necesitan acumular un número de horas por debajo de 7 ºC —lo que se llama horas frío— antes de poder brotar de forma regular. Según la variedad, la exigencia va de unas 400 horas en las más tempranas a más de 1.200 en variedades tardías como Decana del Comicio o Passa Crassana. Plantar un peral de alta exigencia en el litoral mediterráneo cálido termina en floraciones escalonadas, cuajado irregular y cosechas de risa.
La flor y por qué casi ningún peral se apaña solo
Florece antes que el manzano y después que el almendro o el albaricoquero: en la Península, según zona y variedad, entre finales de febrero en el sur y mediados de abril en zonas frías del norte y del interior. Las flores son blancas, de cinco pétalos, agrupadas en corimbos de seis a nueve flores que abren de fuera hacia dentro a lo largo de una semana larga.
Prácticamente todas las variedades comerciales son autoincompatibles: su propio polen no fecunda sus óvulos. Se necesita, por tanto, un segundo peral de otra variedad que florezca al mismo tiempo y que no pertenezca al mismo grupo de incompatibilidad. Quien planta un único peral en el huerto de casa se queda con un árbol que florece espectacularmente cada primavera y da cuatro peras deformes.
Combinaciones que funcionan bien y son fáciles de encontrar en vivero español:
- Blanquilla (la Blanca de Aranjuez) con Conference o con Castell.
- Conference con Williams, Decana del Comicio o Blanquilla.
- Ercolini con Coscia o con Williams.
- Abate Fetel con Williams o Conference.
Hay un matiz que despista mucho: Conference produce fruto por partenocarpia, es decir, sin fecundación. Esas peras salen alargadas, estrechas, con forma de plátano y sin pepitas. Que un Conference solitario dé algo de fruta no significa que no necesite polinizador; significa que su cosecha será escasa y de calibre y forma pobres. Con polinizador cerca, las peras engordan, se redondean por la base y pesan bastante más.
El transporte del polen lo hacen las abejas, pero el peral no es un cultivo que las entusiasme: su néctar es pobre en azúcares comparado con el de otras rosáceas y con el de las flores silvestres que abren a la vez. Por eso interesa que las variedades estén entremezcladas, no en bloques separados, y que no haya un tapiz de crucíferas o de colza en flor al lado compitiendo por las visitas. Si se dispone de colmenas, lo habitual es una o dos por cada 1.000 metros cuadrados y traerlas cuando el 10 % de las flores esté abierto, no antes.
La otra amenaza en floración son las heladas tardías. La flor abierta de peral se pierde en torno a -2 ºC y el fruto recién cuajado a -1 ºC. En la Meseta y en el valle del Ebro esto no es una anécdota: es lo que decide la cosecha muchos años. Retrasar la poda de invierno hasta finales del reposo y evitar situar el árbol en una vaguada donde se acumule el aire frío ayudan más de lo que parece.
La pera: variedades y cuándo cogerlas
El fruto del peral es un pomo: lo que se come no es la pared del ovario, sino el receptáculo floral engrosado. El corazón coriáceo del centro es el ovario verdadero. La pulpa de muchas variedades contiene esclereidas, células de pared lignificada que se notan como una fina arenilla; están más concentradas cerca del corazón y aumentan cuando el árbol ha pasado sed o cuando la fruta se recolecta tarde.
Por época de recolección en clima peninsular:
- Muy tempranas (finales de junio a julio): Limonera, Ercolini, Coscia. Piel fina, poca conservación, se consumen en días.
- De media estación (agosto): Blanquilla, Williams. La Williams es la de las conservas en almíbar y la base del aguardiente de pera.
- Tardías (septiembre a octubre): Conference, Decana del Comicio, Abate Fetel, Passa Crassana. Son las que aguantan meses en frío.
La Conference de Rincón de Soto, en La Rioja, tiene denominación de origen protegida, igual que la Pera de Jumilla en Murcia. Lleida concentra la mayor parte de la producción española, seguida de La Rioja, Aragón y el Levante.
El punto de recolección es lo más difícil de acertar. Las señales fiables son tres: el color de fondo de la piel vira de verde intenso a verde claro o amarillento; las pepitas pasan de blancas a marrón oscuro; y el pedúnculo se desprende con facilidad al levantar la pera y girarla un cuarto de vuelta hacia arriba. Si hay que tirar, todavía no toca. Recolectada en ese punto, la pera termina de madurar a temperatura ambiente en un plazo que va de tres días en las tempranas a dos o tres semanas en las tardías.
Un dato que sorprende: las variedades de invierno como Conference o Passa Crassana necesitan pasar frío para poder madurar. Si se dejan en la cocina recién cogidas, se arrugan y se secan sin llegar a ablandarse bien. Dos o tres semanas a 0-1 ºC en la parte baja de la nevera desbloquean el proceso, y luego maduran a temperatura ambiente en una semana. Junto a plátanos o manzanas, que emiten etileno, el proceso se acelera notablemente.
Suelo, clima y portainjerto
El peral quiere suelos profundos, frescos y bien drenados, con al menos 60-80 cm sin obstáculos para la raíz. Tolera texturas algo pesadas mejor que el melocotonero, pero no soporta el encharcamiento: la asfixia radicular abre la puerta a Phytophthora y a la podredumbre de cuello. El pH ideal está entre 6 y 7,5.
La elección del patrón o portainjerto es la decisión con más consecuencias, y depende sobre todo de la caliza del suelo:
- Membrillero (Cydonia oblonga), en sus selecciones EMA, EMC y BA29. Enanizan el árbol, adelantan la entrada en producción a los tres o cuatro años y facilitan la recolección desde el suelo. Su problema es la clorosis férrica: en suelos con más de un 6-8 % de caliza activa las hojas amarillean entre los nervios y el árbol se apaga. BA29 es el más tolerante del grupo, pero ninguno es una solución para un suelo muy calizo.
- Franco de peral, obtenido de semilla de Pyrus communis. Aguanta la caliza y la sequía, da un árbol vigoroso y longevo, pero retrasa la primera cosecha hasta los seis u ocho años.
Hay otro detalle que pilla a mucha gente: algunas variedades son incompatibles con el membrillero. Williams, Decana del Comicio y Abate Fetel injertadas directamente sobre membrillero acaban desgajándose por la unión al cabo de unos años. La solución del vivero es el intermediario: se injerta primero una variedad compatible, casi siempre Beurré Hardy o Curé, y sobre ella la variedad definitiva. Si se compra un árbol ya formado esto viene resuelto, pero quien injerte por su cuenta debe tenerlo presente.
En cuanto a marcos, un peral sobre membrillero conducido en eje central admite 4 metros entre filas y 1,5-2 metros entre árboles. Sobre franco y en forma libre hay que irse a 6 x 5 metros. En un jardín, dos perales de variedades compatibles a 4 metros uno de otro cubren de sobra el consumo de una familia.
Plantar y conducir el árbol
La plantación se hace en reposo, de noviembre a febrero, evitando días de helada. El árbol a raíz desnuda se planta en ese periodo; el de contenedor admite también principios de otoño. Se abre un hoyo amplio —60 x 60 cm es razonable—, se afloja el fondo y se rellena con la propia tierra mezclada con compost bien hecho, nunca con estiércol fresco en contacto con las raíces.
El punto crítico es la altura del injerto: el bulto de la unión debe quedar entre 10 y 15 cm por encima del nivel del suelo. Si se entierra, la variedad emite raíces propias, anula el efecto enanizante del patrón y el árbol se dispara. Es un fallo silencioso, porque las consecuencias no aparecen hasta tres o cuatro años después.
Tras plantar se riega abundantemente para asentar la tierra, aunque llueva, y se acolcha con paja o restos de poda triturados dejando un palmo libre alrededor del tronco.
La forma más práctica hoy es el eje central: un tronco único con ramas laterales cortas y horizontales distribuidas en espiral, más largas abajo que arriba, de manera que el árbol tenga silueta cónica y la luz llegue a todas partes. También se usan la palmeta y el vaso tradicional.
La poda de invierno se hace de enero a marzo, sobre árbol dormido. Hay que saber dónde fructifica el peral antes de coger las tijeras: la fruta se forma en dardos (ramitos muy cortos con yema terminal gruesa), en brindillas (ramitos finos de 15-30 cm con yema de flor en la punta) y en lamburdas o bolsas, engrosamientos que van acumulando fructificaciones año tras año. Todo eso es madera vieja de aspecto poco vistoso, y quien poda "limpiando" ramitos cortos se queda sin cosecha. Lo que se elimina son los chupones verticales, la madera muerta, lo que se cruza y lo que ensombrece el interior.
Más eficaz que cortar es arquear. Una rama vertical crece y no da fruto; la misma rama llevada a la horizontal con un peso o una cuerda frena su vigor y convierte sus yemas en yemas de flor. En perales jóvenes muy erguidos, arquear en junio hace más por adelantar la producción que cualquier poda.
En cuanto al aclareo, cada corimbo puede cuajar varias peras. Dejando una o dos por ramillete, hacia mayo cuando el fruto tiene el tamaño de una nuez, se consigue mejor calibre, menos ramas rotas y se evita la vecería, esa alternancia de un año de cosecha enorme y otro de nada que se produce porque el exceso de semillas inhibe la formación de yemas de flor para el año siguiente.
Riego, abonado y problemas frecuentes
El peral consume agua sobre todo entre el cuajado y las tres o cuatro semanas previas a la recolección, que es cuando el fruto engorda. Un estrés hídrico en ese periodo se paga con peras pequeñas, arenosas y con más esclereidas. En condiciones peninsulares de secano estival, un árbol adulto en producción necesita riego semanal de junio a septiembre, mejor por goteo y con dos ramales por fila que mojen un volumen amplio de suelo. Los riegos cortos y diarios son contraproducentes: fomentan raíces superficiales.
El abonado se cubre con compost o estiércol maduro en superficie a finales de invierno, entre 3 y 5 kg por metro cuadrado de proyección de copa. El nitrógeno en exceso es un problema real en peral: da brotación exuberante, tejidos blandos, más pulgón y muchísima más sensibilidad al fuego bacteriano.
Los tres enemigos que de verdad importan:
- Fuego bacteriano (Erwinia amylovora). Es una bacteria de declaración obligatoria en España. Marchita brotes que se curvan en cayado, ennegrece flores y hojas como si estuvieran quemadas y puede matar un árbol adulto en una temporada. No tiene tratamiento curativo: se corta 40-50 cm por debajo de la zona afectada, se desinfecta la herramienta entre cada corte y se destruye el material. Ante una sospecha hay que avisar a la Consejería de Agricultura correspondiente.
- Psila del peral (Cacopsylla pyri). La plaga clave del cultivo. Sus ninfas segregan una melaza pegajosa sobre la que crece negrilla, la hoja se mancha y el fruto queda inservible. Se ha vuelto resistente a muchos insecticidas, así que la estrategia real pasa por moderar el nitrógeno, evitar podas que provoquen brotación tierna continua y conservar sus depredadores naturales, en especial el chinche Anthocoris nemoralis.
- Moteado (Venturia pyrina) y estemfiliosis (Stemphylium vesicarium). Hongos favorecidos por primaveras húmedas que manchan y agrietan hoja y fruto. Recoger y eliminar la hojarasca del otoño, donde el hongo inverna, reduce mucho la presión del año siguiente.
También aparece la carpocapsa (Cydia pomonella), el gusano de la pera y la manzana, que se controla razonablemente bien con trampas de feromona para seguimiento y con confusión sexual en superficies suficientemente grandes.
Multiplicar un peral: injerto, no semilla
Sembrar pepitas de una pera funciona —germinan bien tras una estratificación de dos o tres meses en arena húmeda a 4 ºC—, pero el árbol resultante no se parece a su madre. El peral es altamente heterocigoto: la descendencia de semilla da árboles vigorosos, espinosos, de fruta pequeña y a menudo áspera, que además tardan ocho o diez años en producir. Esos plantones sirven exactamente para una cosa: como patrón franco sobre el que injertar.
La multiplicación real es por injerto, y hay dos ventanas:
- Injerto de escudete a yema durmiente, de finales de julio a primeros de septiembre. Se toma una yema del año con su escudo de corteza y se introduce en un corte en T sobre el patrón, a unos 15-20 cm del suelo. Prende en dos o tres semanas —se nota porque el peciolo se desprende limpiamente— pero no brota hasta la primavera siguiente, momento en el que se corta el patrón por encima del injerto.
- Injerto de púa (de hendidura o inglés), en febrero-marzo, con púas recogidas en pleno reposo invernal y conservadas envueltas en trapo húmedo en la nevera. Es el método para reinjertar un árbol adulto y cambiarle la variedad.
En ambos casos manda el cambium: las dos finas capas verdes bajo la corteza de patrón y variedad deben quedar en contacto en al menos un lado. Todo lo demás —la cinta, el mástic, la limpieza del corte— es acompañamiento de ese principio.
El estaquillado leñoso, que funciona bien en membrillero o higuera, en Pyrus communis tiene un porcentaje de enraizamiento muy bajo. Por eso los patrones francos se hacen de semilla y los de membrillero por acodo o estaquilla, pero la variedad siempre va injertada.
Calendario resumido del peral
- Noviembre-febrero: plantación, poda de invierno, aporte de compost al final del periodo.
- Febrero-abril: floración según zona y variedad; vigilancia de heladas tardías; injerto de púa.
- Mayo: aclareo de frutos; primera vigilancia de psila y pulgón.
- Junio-septiembre: riegos regulares; arqueado de ramas verticales en junio.
- Junio-octubre: recolección escalonada según variedad, siempre con la fruta firme.
- Julio-septiembre: injerto de escudete a yema durmiente.
- Otoño: retirada de hojarasca y de frutos momificados para reducir inóculo de hongos.
En resumen
El peral (Pyrus communis) es un frutal de clima templado que exige frío invernal, teme las heladas de floración y necesita casi siempre una segunda variedad como polinizadora: plantar un único árbol es el error que más cosechas arruina. El portainjerto se elige por el suelo —membrillero si no hay caliza activa, franco de peral si la hay—, y con algunas variedades hace falta un intermediario compatible. Se poda respetando dardos, brindillas y lamburdas, que es donde está la fruta, y se gana más arqueando ramas verticales que cortando. El riego constante durante el engorde evita la pulpa arenosa. Y la regla que resume el cultivo: la pera se coge dura y madura fuera del árbol, con las variedades de invierno pasando antes unas semanas de frío. Bien plantado y bien conducido, un peral empieza a dar a los tres o cuatro años sobre membrillero y sigue produciendo durante décadas.