A finales de enero, con el resto del huerto todavía dormido y las ramas peladas, el almendro se cubre de flor. Ese adelanto es lo que lo ha hecho famoso y, a la vez, lo que explica casi todos sus problemas: florece cuando aún quedan heladas por delante. Entender ese desajuste es la diferencia entre tener un árbol precioso que además da almendras y tener un árbol precioso que unos años da y otros no.
Como frutal de jardín tiene argumentos de sobra: porte moderado, copa abierta y luminosa, hoja fina que deja pasar la luz al suelo que hay debajo, floración espectacular en pleno invierno y una tolerancia a la sequía que pocos frutales igualan. Vamos con lo que hay que saber para plantarlo bien.
Qué es exactamente el almendro
Su nombre botánico actual es Prunus dulcis, aunque en literatura antigua y en viveros todavía se ve como Prunus amygdalus o Amygdalus communis. Pertenece a las rosáceas, la misma familia que el melocotonero, el ciruelo y el cerezo, y de hecho es tan próximo al melocotonero que ambos se hibridan sin dificultad: de ahí salen los patrones más usados hoy.
Es un árbol caducifolio que en jardín se queda entre 4 y 7 metros, aunque un ejemplar viejo sin podar puede pasar de 8. Vive mucho: sigue produciendo bien a los 40 o 50 años y hay pies centenarios en secanos de Aragón y Levante. Procede de las zonas montañosas de Asia central y occidental, y llegó al Mediterráneo hace milenios de la mano de fenicios, griegos y romanos.
El fruto no es la almendra: el fruto es una drupa, con una cáscara verde y aterciopelada por fuera (el pericarpo) que al madurar se abre y se seca, un hueso leñoso dentro, y la almendra propiamente dicha es la semilla que hay en el interior de ese hueso. Es el mismo esquema que un melocotón, solo que aquí comemos la pipa y tiramos la carne.
Dónde plantarlo: sol, drenaje y nada de encharcamiento
El almendro quiere sol directo todo el día. A media sombra vegeta, florece poco y se llena de hongos. Si el único hueco disponible está pegado a la pared norte de la casa o bajo la copa de un árbol grande, mejor plantar otra cosa.
En cuanto al suelo, es de los frutales menos exigentes en fertilidad y de los más tolerantes a la caliza: vive sin problemas en terrenos pedregosos, pobres y con pH de 7,5 u 8. Lo que no tolera de ninguna manera es el agua parada en la zona de raíces. Un suelo arcilloso compacto que se queda embarrado dos días después de llover es una sentencia a medio plazo: aparece Phytophthora, el cuello se pudre y el árbol muere de golpe, muchas veces en verano y aparentando falta de riego. Si el terreno es pesado, hay dos soluciones: plantar sobre un caballón de 30-40 cm de altura, o elegir un patrón adaptado.
La distancia mínima a un muro o a otro árbol es de 5 metros, y algo más si el patrón es vigoroso. Sus raíces no son agresivas con tuberías ni con soleras, a diferencia de las de una higuera o un chopo, así que no hay que tenerle miedo por ese lado.
La plantación se hace de noviembre a febrero, con el árbol sin hoja y a raíz desnuda si se compra así. Un detalle que se descuida a menudo: el punto de injerto tiene que quedar claramente por encima del nivel del suelo, unos 10 cm. Si se entierra, la variedad emite raíces propias, se pierde el efecto del patrón y se abre la puerta a podredumbres del cuello.
La floración temprana y las heladas
Aquí está el nudo del cultivo. El almendro tiene necesidades de frío invernal muy bajas —bastantes variedades cubren su cupo con 200-400 horas por debajo de 7 ºC—, así que en cuanto se cumple ese requisito y suben un poco las temperaturas, brota. En el litoral mediterráneo eso puede pasar en la primera quincena de enero.
El árbol dormido aguanta sin despeinarse -15 ºC. La flor abierta, no: a partir de -2 ºC empieza a haber daño en el pistilo y a -3 ºC la pérdida puede ser total. Y el fruto recién cuajado, del tamaño de un guisante, es todavía más frágil. Por eso en el interior peninsular, en zonas con heladas tardías de marzo, un almendro de floración temprana puede pasar años enteros sin dar un solo fruto, aunque florezca de maravilla todos los inviernos.
La solución no es tapar el árbol ni encender fuegos, que en jardín no es práctico. La solución es elegir variedad. La mejora genética española lleva cuarenta años trabajando exactamente en esto y hoy hay material de floración tardía y extra-tardía que abre tres o cuatro semanas después que las variedades tradicionales.
Variedades: autofértiles y de floración tardía
Las variedades clásicas —'Marcona', la de la almendra redonda y dulce que se usa en turrón, y 'Desmayo Largueta'— tienen dos inconvenientes serios para un jardín: florecen muy pronto y son autoestériles, es decir, necesitan otro almendro de variedad distinta y floración coincidente al lado para cuajar. Plantar una 'Marcona' sola y esperar cosecha es el error de manual.
Para un jardín, lo razonable es una variedad autofértil y de floración tardía. Algunas ampliamente disponibles en vivero español:
'Guara' es la más extendida y la más tolerante al descuido; autofértil de verdad, con buena autogamia incluso si hay pocos insectos. Su almendra no es de la calidad de una 'Marcona', pero produce con regularidad. 'Soleta' y 'Belona', del CEBAS-CSIC, son autofértiles, de floración tardía y con almendra de tipo comercial mucho mejor; 'Belona' recuerda bastante a la 'Marcona'. 'Vairo', 'Marinada' y 'Constantí', del IRTA, van en la misma línea y son buenas opciones en Cataluña y Levante. Y para zonas con heladas realmente tardías, 'Penta', 'Makako' y sobre todo 'Tardona', que es la de floración más retrasada del mercado y florece cuando las demás ya tienen fruto cuajado.
Aunque la variedad sea autofértil, la cosecha mejora si hay abejas trabajando. Merece la pena no tratar con insecticidas durante la floración y tener alguna planta melífera cerca.
Los patrones importan más de lo que parece
El patrón sobre el que va injertada la variedad decide el vigor, la tolerancia a la caliza, la resistencia a la asfixia radicular y hasta la vida del árbol. Los que se encuentran habitualmente:
El franco de almendro (semilla de almendro amargo) es el tradicional de secano: raíz profunda, aguanta la sequía y la caliza como ninguno, pero da un árbol grande y no tolera nada el exceso de agua. El GF-677, híbrido de almendro y melocotonero, es hoy el más usado: muy vigoroso, resistente a la clorosis férrica en suelos calizos y bien adaptado a riego, aunque tampoco perdona el encharcamiento. Los patrones de la serie Rootpac permiten regular el vigor: los de tipo enanizante o semi-enanizante son la elección lógica para un jardín pequeño, porque dejan un árbol de 3-4 metros que se poda y se recolecta desde el suelo. Para suelos pesados y con tendencia a mojarse existen patrones a base de ciruelo, más tolerantes a la asfixia.
En resumen práctico: suelo seco, pedregoso y calizo, franco o GF-677; jardín pequeño con riego, un Rootpac de vigor reducido; suelo arcilloso y húmedo, patrón de ciruelo y caballón.
Riego: la creencia que más cosecha cuesta
Se repite mucho que el almendro no necesita riego. Es verdad que sobrevive sin él —lleva siglos haciéndolo en los secanos de media España—, pero sobrevivir y producir no es lo mismo. En secano estricto, un almendro adulto da uno o dos kilos de almendra; con riegos de apoyo bien colocados, esa cifra se multiplica varias veces y además la almendra sale de mayor calibre.
Los momentos críticos son dos: el cuajado y el crecimiento del fruto, entre abril y mayo, y el llenado de la semilla, en junio y julio. Si falta agua en ese segundo periodo, la almendra se queda pequeña y arrugada aunque el árbol tenga muchísimos frutos. En un jardín, con un riego cada 10-15 días de mayo a agosto, aplicando agua suficiente para mojar el suelo en profundidad, va sobrado. Es preferible regar poco y a fondo que a diario y superficialmente.
Los dos o tres primeros años tras la plantación sí necesita riego regular en verano, sin excepción, mientras explora el terreno. Después se le puede ir espaciando.
De abono no pide gran cosa. Un aporte de compost o estiércol maduro al final del invierno, extendido bajo la copa, cubre la mayor parte de sus necesidades en jardín. Si el árbol produce mucho, un complemento nitrogenado después de la floración ayuda; el exceso de nitrógeno, en cambio, favorece la vegetación a costa de la flor y hace la madera más blanda frente a hongos.
Poda: menos y en verano
El almendro se forma normalmente en vaso, con tres o cuatro ramas principales abiertas que dejan la copa despejada por dentro. Esa formación se hace en los tres o cuatro primeros años y después el árbol pide poco: aclarar lo que se cruza, quitar madera seca, rebajar altura si se va de manos y renovar de vez en cuando ramillete viejo, porque los ramos fructíferos envejecen y dejan de dar.
El punto importante es el momento. Los cortes gruesos hechos en pleno invierno cicatrizan mal en Prunus y son la vía de entrada de la gomosis y de los chancros de madera. Es mucho más seguro podar en verano, después de la recolección, con el árbol activo y el tiempo seco, o al final del invierno cuando ya haya arrancado la savia. Y siempre con herramienta desinfectada entre árboles.
El error frecuente aquí es la poda severa de rejuvenecimiento en un árbol adulto: se corta todo a la mitad, el árbol responde con un bosque de chupones improductivos y las heridas grandes se pudren. Si hay que reducir mucho un almendro viejo, se hace en dos o tres años, no de una vez.
Problemas sanitarios que conviene conocer
La mancha ocre (Polystigma amygdalinum) es la enfermedad más característica: manchas amarillo-anaranjadas en la hoja a partir de mayo y defoliación en verano, con la consiguiente pérdida de reservas para el año siguiente. Se controla con tratamientos preventivos en primavera y, sobre todo, retirando y destruyendo la hojarasca caída, donde el hongo pasa el invierno.
La perdigonada o cribado (Wilsonomyces carpophilus) hace agujeritos redondos en la hoja como de perdigón, y aparece en primaveras lluviosas. Un tratamiento de cobre a la caída de la hoja y otro antes de la floración lo mantienen a raya. La monilia quema flores y brotes tiernos cuando llueve durante la floración.
Entre las plagas, el pulgón y los ácaros son molestos pero manejables. La avispilla del almendro (Eurytoma amygdali) es más seria: su larva se desarrolla dentro de la almendra y el fruto momificado queda colgado del árbol todo el invierno; recogerlos y destruirlos antes de la primavera rompe el ciclo y es la medida más eficaz en jardín. El barrenillo ataca sobre todo a árboles ya debilitados por sequía o asfixia.
Mención aparte para Xylella fastidiosa, la bacteria que ha causado arranques masivos de almendro en la provincia de Alicante y que está sometida a control oficial. No tiene tratamiento curativo. La medida al alcance de cualquiera es sencilla y no negociable: comprar planta certificada en vivero y no traer esquejes ni plantones de otras zonas por libre.
Recolección y una advertencia sobre las almendras amargas
La almendra está lista cuando la cáscara verde exterior se seca y se abre dejando ver el hueso, lo que en España ocurre entre finales de agosto y septiembre según variedad y zona. Se varea o se sacude la rama sobre una lona, se retira el pericarpo seco el mismo día —si se deja, favorece hongos y la aparición de aflatoxinas— y se secan los huesos al sol dos o tres días, en capa fina y removiéndolos.
Guardadas con cáscara, en sitio seco y fresco, se conservan más de un año. Peladas se enrancian mucho antes, así que conviene pelar solo lo que se vaya a consumir.
Dos avisos. El primero: las almendras amargas contienen amigdalina, que en el aparato digestivo libera cianuro. Un puñado de almendras amargas es una intoxicación grave, y en niños bastan muy pocas. Las almendras de un árbol nacido de semilla pueden salir amargas, así que hay que probar una antes de comer un cuenco.
El segundo, que enlaza con lo anterior: sembrar una almendra del supermercado casi nunca funciona, porque suele estar tostada, escaldada o pasteurizada y el embrión está muerto. Si se quiere probar la multiplicación por semilla, hay que usar almendra fresca con cáscara de la última cosecha y estratificarla en frío, en arena húmeda dentro del frigorífico, entre seis y ocho semanas antes de sembrar. Aun así, el árbol resultante no será igual que el de origen y tardará bastantes años en fructificar: para tener fruta conocida en un plazo razonable, lo suyo es un árbol injertado.
En resumen
El almendro es un frutal agradecido para jardines soleados y suelos secos, con un valor ornamental que ningún otro árbol da en enero. Sus dos exigencias reales son sol pleno y drenaje; el resto lo perdona. Su punto débil es la floración temprana, y se resuelve eligiendo una variedad autofértil de floración tardía —'Guara', 'Soleta', 'Belona', 'Vairo' o 'Tardona' según la zona— sobre un patrón acorde al suelo y al tamaño de árbol que se quiera. Riego de apoyo en primavera y verano aunque se diga que no lo necesita, poda ligera y preferentemente en verano, limpieza de hojarasca y de frutos momificados para cortar el ciclo de hongos y avispilla, y planta certificada de vivero. Con eso se tiene un árbol que florece antes que nadie, da sombra ligera en verano y llena la despensa a finales de agosto.