Un cerezo plantado solo puede florecer espectacularmente cada primavera durante quince años y no darte nunca una cesta de cerezas. No es un fallo de riego ni de abonado: es que la variedad que compraste necesita el polen de otra distinta y nadie te lo dijo en el vivero. Antes de hablar de suelo, poda o recolección conviene dejar claro esto, porque es el error que más cerezos improductivos ha creado en jardines particulares.

El cerezo dulce es Prunus avium, un árbol de porte vigoroso que en franco puede pasar de los diez metros. El guindo o cerezo ácido, Prunus cerasus, es más pequeño, más rústico y da fruto para conserva y licor más que para mesa. Lo que se planta en España para comer en fresco pertenece casi siempre al primero.

Cerezas maduras colgando de las ramas del cerezo

La polinización cruzada manda

El cerezo tiene un sistema de autoincompatibilidad gametofítica: cada variedad lleva dos alelos S y su polen no puede fecundar flores que compartan esos mismos alelos. Por eso las variedades tradicionales se agrupan en grupos de incompatibilidad, y dos variedades del mismo grupo no se polinizan entre sí aunque florezcan a la vez. Burlat, por ejemplo, es un magnífico polinizador de muchas variedades tardías, pero no sirve para todo.

Tienes dos salidas. La primera, plantar dos o tres variedades compatibles con floración solapada, a menos de veinte metros y sin obstáculos entre ellas. La segunda, y la más razonable si solo tienes sitio para un árbol, es elegir una variedad autofértil: Lapins, Sunburst, Sweetheart, Stella o Skeena cuajan con su propio polen. También existen árboles injertados con dos o tres variedades sobre el mismo pie, una solución práctica en jardines pequeños.

Y aun con la variedad correcta, la fecundación depende de los insectos. Un tratamiento insecticida durante la floración arruina la cosecha entera. Si hay que tratar, se hace antes de que abran las flores o después de la caída de pétalos, y nunca en las horas centrales del día.

Horas-frío, clima y dónde tiene sentido plantarlo

El cerezo necesita acumular frío invernal para romper la dormición de sus yemas. Según variedad, la exigencia va de unas 500 a más de 1.200 horas por debajo de 7 ºC, con la mayoría de las variedades comerciales entre 700 y 1.000. Esto lo sitúa cómodamente en el interior peninsular, la cornisa cantábrica, las zonas de media montaña y valles como el del Jerte, Caderechas o el Ebro medio. En el litoral mediterráneo cálido o en el sur costero, el invierno se queda corto: las yemas brotan de forma escalonada, la floración se desordena y el cuajado es errático. No es imposible, pero hay que buscar variedades de bajo requerimiento y aceptar cosechas irregulares.

El problema opuesto también existe. El cerezo florece pronto, entre finales de febrero y abril según altitud, y una helada de -2 ºC con la flor abierta se lleva la cosecha. En zonas de heladas tardías frecuentes conviene evitar las hondonadas donde se acumula el aire frío y preferir laderas con buen drenaje de aire.

Suelo, portainjerto y plantación

Si hay una cosa que el cerezo no tolera, es el encharcamiento. Sus raíces son especialmente sensibles a la asfixia y a Phytophthora; un suelo pesado que retiene agua en invierno mata el árbol en dos o tres campañas, a veces de golpe en pleno verano cuando la demanda de agua supera lo que unas raíces dañadas pueden dar. Quiere suelos profundos, sueltos, aireados y con pH entre 6 y 7,5.

El portainjerto decide buena parte del resultado:

Franco de Prunus avium: muy vigoroso, longevo, árboles grandes que tardan cinco o seis años en producir. Exige suelo profundo y no aguanta la caliza activa alta.

Santa Lucía (Prunus mahaleb, SL-64): el clásico de secano y suelos calizos, resistente a la sequía, pero muy sensible al exceso de agua. Ideal para terrenos pedregosos y áridos del interior.

Colt: vigor medio-alto, buena adaptación a suelos algo más pesados, entra antes en producción.

Serie Gisela (5 y 6): enanizantes, dejan árboles de dos a tres metros y medio que dan fruta al tercer año. Perfectos para jardín porque se recolectan desde el suelo, pero necesitan riego regular, suelo fértil y no perdonan la sequía ni la competencia de hierba.

Se planta a raíz desnuda entre noviembre y febrero, con el árbol en reposo, o en cualquier momento si viene en contenedor, evitando el verano. El punto de injerto debe quedar al menos diez centímetros por encima del suelo: enterrarlo anula el efecto del portainjerto y abre la puerta a la podredumbre del cuello. Marcos orientativos: 6x5 m en franco, 5x4 m en Colt o Santa Lucía, 4x2,5 m en Gisela.

Riego y abonado

Un cerezo adulto en secano del interior puede sobrevivir sin riego sobre Santa Lucía, pero con fruto pequeño. Con riego, lo que importa no es la cantidad total sino la regularidad. El momento crítico va desde el cuajado hasta la recolección, cuando el fruto engorda; después de cosechar, el árbol todavía necesita agua para formar las yemas del año siguiente, y ahí se descuida mucho.

El fallo típico es dejar el árbol seco durante el engorde y darle un riego generoso justo antes de la maduración. Ese golpe de agua es una de las causas del agrietado o cracking de la cereza, junto con la lluvia sobre fruto maduro. La piel no acompaña el aumento súbito de volumen y se raja. Contra la lluvia poco se puede hacer salvo cubrir el árbol o elegir variedades menos sensibles; contra el riego irregular, sí.

En abonado, moderación con el nitrógeno. Un cerezo sobrealimentado produce brotes largos, tiernos y acuosos que son la entrada favorita de Pseudomonas syringae y que retrasan la entrada en producción. Un aporte de materia orgánica bien compostada en otoño y un abonado equilibrado con potasio en primavera cubren las necesidades de un árbol de jardín. El potasio, además, mejora el calibre y el color.

Poda: cuándo, y por qué no en invierno

Aquí hay otra creencia extendida que conviene corregir. El cerezo no se poda en pleno invierno como un manzano. Con el árbol parado y con humedad, las heridas cicatrizan mal y son la vía de entrada de la gomosis, del chancro bacteriano y de Monilinia. La poda del cerezo se hace preferentemente en verde: en verano, justo después de la recolección, cuando el árbol está en plena actividad y sella las heridas en pocos días. Si hace falta una intervención de estructura en seco, se retrasa a final del invierno, con yema hinchada y tiempo seco previsto para varios días.

Los cortes de más de dos o tres centímetros conviene tratarlos con pasta cicatrizante o al menos hacerlos en tiempo seco. Y siempre con herramienta desinfectada entre árboles.

En cuanto a la forma, el cerezo fructifica en ramilletes de mayo, formaciones cortas y longevas que producen durante años, y también en la base de las ramas de un año. Podar demasiado corto elimina precisamente esa madera productiva. En formación se busca abrir el árbol: vaso de tres o cuatro brazos si el pie es vigoroso, eje central o formas tipo arbusto (KGB) en portainjertos enanizantes, donde se renuevan ramas por completo cada pocos años para mantener la altura baja.

Plagas y enfermedades que hay que tener en el radar

Mosca de la cereza (Rhagoletis cerasi): el gusano blanco dentro de la cereza. Ataca sobre todo variedades de media estación y tardías, cuando el fruto vira de color. Las trampas cromáticas amarillas colgadas desde que el fruto empieza a colorear ayudan a detectar y reducir la población. Las variedades muy tempranas suelen escapar del ciclo de la mosca.

Drosophila suzukii: mosca de alas manchadas, mucho más problemática que la anterior en zonas húmedas porque pica el fruto sano ya maduro y no solo el que empieza a virar. Se combate con trampas de vinagre y vino, recolección puntual y eliminación de todo el fruto caído o pasado, que es donde se multiplica.

Pulgón negro del cerezo (Myzus cerasi): enrolla y ennegrece las hojas de las puntas en primavera. En árboles jóvenes frena el crecimiento. Jabón potásico al inicio del ataque, antes de que la hoja se cierre sobre la colonia, porque después el producto ya no llega.

Cribado (Stigmina carpophila): manchas redondas en la hoja que acaban perforándola como un tiro de perdigones. Se favorece con primaveras lluviosas. Tratamiento con cobre en caída de hoja y al final del invierno.

Monilia (Monilinia laxa): seca ramilletes florales enteros, que quedan colgando marrones y secos con la flor pegada. Muy agresiva en floraciones lluviosas. Hay que cortar y retirar la madera afectada, no dejarla en el suelo.

Gomosis y chancro bacteriano: la resina ámbar que rezuma del tronco es un síntoma, no una enfermedad. Puede venir de heridas de poda mal hechas, de asfixia radicular o de Pseudomonas syringae. Antes de tratar nada, revisa el drenaje y el calendario de poda, que es donde suele estar la causa.

Los pájaros, por cierto, son la plaga más constante de todas. Una malla antipájaros colocada dos semanas antes de la maduración es lo único realmente eficaz; los espantapájaros y las cintas reflectantes funcionan tres días.

Cuándo y cómo recoger las cerezas

Cerezas recogidas en el punto de maduración

Dato esencial y muy ignorado: la cereza es un fruto no climatérico. No madura después de recogerla. Lo que coges es lo que te comes; si la arrancas verde, se quedará ácida y sin aroma para siempre, solo se ablandará. Esto es lo contrario de lo que pasa con un melocotón o un plátano, y explica por qué merece la pena esperar.

La campaña española se extiende desde finales de abril en las zonas más tempranas del sur y del litoral hasta agosto en las variedades tardías de montaña. El grueso cae en mayo, junio y julio. Un mismo árbol no madura de una vez: conviene pasar dos o tres veces con varios días de diferencia, empezando por la parte más soleada de la copa.

Cómo saber que está: el color debe ser uniforme y profundo en toda la superficie, sin zonas claras junto al rabo ni tonos verdosos alrededor del pedúnculo. La cereza cede ligeramente a la presión pero sigue firme. El pedúnculo debe estar verde y flexible: si está seco y marrón, el fruto lleva días pasado. Y si tienes dudas, prueba una. Es el mejor refractómetro disponible.

Se recolecta con el rabo puesto, tirando del pedúnculo, no del fruto. Una cereza arrancada sin rabo tiene una herida abierta por donde pierde jugo y por donde entran los hongos: en dos días está fermentada. La excepción son las picotas del Jerte (Ambrunés, Pico Colorado, Pico Negro, Pico Limón), variedades cuyo pedúnculo se desprende solo en el árbol al madurar, dejando una cicatriz seca que no supura. Que una picota venga sin rabo es normal; que venga sin rabo una Burlat o una Lapins, no.

Recoge a primera hora de la mañana, con el fruto todavía fresco. Una cereza cogida a mediodía en junio entra en la nevera a 30 ºC y se deteriora mucho más rápido. En frigorífico y sin lavar aguanta entre cinco y diez días; lavada, la mitad. Se lava justo antes de comerla.

En resumen

El cerezo pide tres cosas innegociables: un compañero que lo polinice o una variedad autofértil, un suelo que no se encharque nunca y un invierno lo bastante frío. Con eso resuelto, el resto es manejo: riego constante en lugar de golpes de agua para evitar que la fruta se raje, nitrógeno con mano corta, poda en verde después de la cosecha en vez de en pleno invierno, y una malla contra los pájaros. La recolección se decide por el color, se hace tirando del rabo y no admite prisas, porque la cereza no madura fuera del árbol. Entre plantar y comer pasan de tres a seis años según el portainjerto, pero un cerezo bien colocado produce después durante décadas.


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