Lo primero que hay que decidir no es la variedad, sino el sitio. Una higuera adulta tiene un sistema radicular somero, extendido y con fama bien ganada de meterse donde no debe: soleras, arquetas, saneamiento viejo, el vaso de la piscina. Elegir mal el punto de plantación es el único error de esta lista que no se arregla después.

Resuelto eso, la higuera es de los frutales más agradecidos que se pueden poner en un jardín español. Ficus carica lleva milenios en el Mediterráneo, aguanta el calor, la sequía, los suelos pobres y calizos, se multiplica con una estaca clavada en tierra y da fruto sin que nadie la ronde con el pulverizador.

Higuera con higos madurando entre las hojas

Dónde plantarla y a qué distancia

Una higuera libre alcanza de 5 a 8 metros de alto y otro tanto o más de copa, con crecimiento rápido en cuanto tiene agua. Deja como mínimo 5 o 6 metros respecto a la casa, muros, aceras, piscinas y cualquier conducción enterrada, y entre dos higueras cuenta con 6 u 8 metros. Si el jardín es pequeño, la solución no es plantarla pegada a la pared y podarla mucho: es plantar una variedad de porte contenido, o cultivarla en un contenedor grande.

Necesita sol directo, cuanto más mejor. A media sombra crece igual de deprisa, pero da menos fruta y de menor calidad. Y agradece un lugar resguardado del viento frío: en zonas de interior, plantada junto a un muro orientado al sur, se beneficia del calor acumulado y adelanta la maduración.

En cuanto al suelo, es poco exigente. Tolera terrenos pedregosos, pobres y con caliza, y funciona con pH entre 6 y 8, incluso algo más. Lo único que no perdona es el encharcamiento: en suelo arcilloso y compactado se asfixia, así que en ese caso conviene plantar en caballón o loma para levantar el cuello unos centímetros sobre el nivel del terreno.

Cuándo plantar

La higuera es de hoja caduca y se planta con ella parada. La ventana buena va de finales de invierno a principios de primavera, entre febrero y marzo en la mitad norte y el interior, y desde diciembre en el litoral y el sur, donde el invierno es benigno.

La diferencia entre plantar en diciembre o en marzo depende del riesgo de helada de tu zona. Una higuera recién plantada, con la raíz aún sin explorar, es más sensible al frío que una establecida: si tu jardín tiene heladas fuertes en enero, espera a que pasen. La planta comprada a raíz desnuda obliga a respetar ese calendario. La comprada en contenedor se puede plantar prácticamente en cualquier momento salvo en pleno verano, aunque el arranque siempre es mejor con plantación invernal.

Cómo plantarla paso a paso

Abre un hoyo amplio, del orden de 60 x 60 x 60 cm, y afloja el fondo y las paredes; en suelos compactos el hoyo liso se comporta como una maceta de barro y la raíz gira dentro sin salir. Mezcla la tierra extraída con compost bien hecho o estiércol maduro, pero sin excederse: un aporte de dos o tres kilos por hoyo es suficiente y no hace falta nada más.

Coloca el árbol de forma que el cuello quede al nivel del suelo o un dedo por encima, nunca enterrado. Rellena en tandas, aprieta con la mano sin pisotear la tierra y forma un alcorque. Riega abundante justo después, aunque llueva: ese primer riego no es para dar agua, es para que la tierra se asiente contra las raíces y no queden bolsas de aire.

Después, un acolchado de paja, restos de poda triturados o corteza, dejando unos centímetros libres alrededor del tronco. Y si la planta viene con varas largas, corta la guía a unos 60-80 cm para forzar la ramificación baja y formar la copa desde el principio.

Brevas e higos: por qué esto cambia la poda

Aquí está la clave que explica los disgustos más frecuentes con este árbol. La higuera puede dar dos cosechas al año, y no salen de la misma madera:

Las brevas se forman sobre la madera del año anterior, quedan latentes durante el invierno como pequeñas yemas y maduran en junio o principios de julio. Son más grandes y menos dulces. Los higos se forman sobre los brotes del año en curso y maduran desde agosto hasta octubre, según variedad y clima. Son más pequeños y mucho más dulces.

Las variedades bíferas dan las dos cosechas; las uníferas solo higos. Y de ahí sale el error más repetido: podar fuerte en invierno una variedad bífera. Al acortar la madera del año pasado se tiran a la basura todas las brevas, y luego el jardinero se pregunta por qué el árbol del vecino tiene brevas en junio y el suyo no. Si quieres brevas, la poda invernal de tu higuera tiene que ser ligera y respetar los extremos de las ramas del año anterior.

La poda de formación y limpieza se hace a finales de invierno, en febrero, antes de que brote. Basta con eliminar ramas secas, cruzadas o muy verticales, aclarar el centro para que entre luz y contener la altura. Un detalle práctico: el látex blanco de la higuera es irritante y fotosensibilizante, es decir, produce quemaduras si te salpica la piel y luego te da el sol. Guantes y manga larga, y no podes en manga corta un día soleado de marzo.

Riego y abonado: menos es más

Corre por ahí la idea de que la higuera no se riega nunca. Es media verdad. Un árbol adulto en secano mediterráneo sobrevive perfectamente y da higos pequeños y concentrados de azúcar; con riego, da más fruta y más grande. Lo que arruina la cosecha es regar mucho justo en la maduración: el higo absorbe agua, se raja por el pedúnculo o por el ostiolo, fermenta y acaba lleno de vinagre y mosca.

La pauta razonable: riegos espaciados y profundos durante la primavera y el verano, sobre todo los tres primeros años mientras se establece, y reducir el aporte cuando los higos empiezan a ablandarse y colgar. Un higo de secano bien llevado tiene el doble de sabor que uno hinchado de agua.

Con el abono, la misma prudencia. El nitrógeno en exceso es el enemigo: da una higuera enorme, de hoja preciosa, que crece sin parar y produce poco, con fruto acuoso y propenso a agrietarse. Un aporte de compost o estiércol maduro al pie en invierno cubre las necesidades. Si acaso, algo de potasio en primavera en suelos muy arenosos y pobres.

Variedades para el jardín

El catálogo español es enorme, con decenas de variedades locales. Algunas seguras y fáciles de encontrar en vivero:

'Cuello Dama Blanco' y 'Cuello Dama Negro', de higo excelente para consumo fresco y secado, muy extendidas en Extremadura. 'Colar', la clásica del sureste, de piel oscura y pulpa muy dulce. 'Coll de Dama' y 'Bordissot Negra' en el ámbito catalán y levantino. 'San Antonio', muy conocida por su breva temprana y de gran calibre. 'Brown Turkey', bífera, rústica y tolerante al frío, la más habitual en centros de jardinería y una opción razonable si no tienes claro qué buscar.

Un apunte técnico que evita compras equivocadas: la mayor parte de las variedades cultivadas en España son partenocárpicas, es decir, cuajan el fruto sin polinización y no necesitan ningún compañero. Existen tipos de tipo esmirna que sí requieren caprificación con cabrahigo y con la avispa Blastophaga psenes, pero no son lo que vas a comprar para un jardín. Si alguien te dice que necesitas dos higueras para tener fruta, en el caso general no es cierto.

Multiplicarla es casi trivial

La higuera no suele injertarse: va sobre su propio pie porque enraíza con una facilidad casi ridícula. En enero o febrero, corta estaquillas de madera de uno o dos años, de 25 a 30 cm y del grosor de un lápiz o algo más, con tres o cuatro yemas. Entiérralas dos tercios de su longitud en un sustrato arenoso, en un rincón resguardado, y mantén humedad sin encharcar. En primavera brotan y al invierno siguiente ya se pueden trasplantar.

Cuidado con una trampa: la estaquilla brota por la reserva de la propia madera antes de haber emitido raíz. Ver hojas no significa que haya enraizado. No la muevas hasta el otoño.

Plagas, problemas y recolección

El enemigo serio del higo maduro es la mosca negra del higo (Silba adipata), que pone dentro del ostiolo y provoca que el fruto se pudra y caiga; y la mosca mediterránea (Ceratitis capitata), que pica los higos en maduración. El trampeo con mosqueros y, sobre todo, la recogida y retirada del fruto caído cortan el ciclo mejor que cualquier tratamiento. También aparecen cochinillas como Ceroplastes rusci, que se controlan con aceite de verano, y en veranos húmedos la roya (Cerotelium fici), que amarillea y tira la hoja de forma prematura sin llegar a comprometer el árbol.

Los pájaros son competencia real, especialmente estorninos y mirlos. Si el árbol es pequeño, una malla lo resuelve; si es grande, hay que asumir el reparto.

Y la recolección tiene su regla: el higo no madura después de cortado. Hay que cogerlo en el punto, y el punto se reconoce porque el cuello se dobla, el fruto cuelga en lugar de apuntar hacia arriba, la piel se agrieta ligeramente y a veces asoma una gota de néctar en el ojo. Un higo cortado duro no se vuelve dulce en la fuente. Se recolecta cada uno o dos días durante toda la campaña, preferiblemente por la mañana.

Higos recién recolectados

Higuera en maceta

Es una de las pocas especies de árbol frutal que funciona de verdad en contenedor, porque la restricción de raíz reduce el vigor y adelanta la fructificación. Contenedor de 40 a 60 litros como mínimo, sustrato con buen drenaje, sol pleno, riego frecuente en verano y abonado ligero. Cada dos o tres años toca sacarla, recortar la raíz por el borde y renovar el sustrato. En invierno pierde la hoja y aguanta el frío al aire libre en gran parte de España, protegiendo el cepellón en zonas de heladas fuertes, porque en maceta la raíz sí se puede helar.

Resistencia al frío

Una higuera establecida y en reposo aguanta bien hasta -10 ºC o -12 ºC, lo que la hace viable en casi toda la Península salvo zonas de montaña. El problema no es tanto la helada de invierno como la helada tardía de primavera, que quema la brotación y se lleva por delante las brevas ya formadas. En comarcas con heladas de abril, dar por hecho que solo tendrás la cosecha de higos es una expectativa más realista.

En resumen

La higuera es un frutal fácil que se estropea por tres motivos: plantarla demasiado cerca de la casa o de las tuberías, podarla fuerte en invierno cuando es bífera y por tanto quedarse sin brevas, y regarla y abonarla en exceso, lo que da árbol grande, higos aguados y fruta rajada. Sitúala a 5 o 6 metros de cualquier estructura, plántala en reposo entre diciembre y marzo según el frío de tu zona, con el cuello al nivel del suelo y buen drenaje, poda ligero a finales de invierno, aporta compost y poco más, y corta el agua cuando el fruto empiece a ablandar. Elige una variedad partenocárpica de las habituales en vivero y no necesitarás una segunda higuera. Con eso, y con paciencia los dos o tres primeros años, tendrás higos durante décadas.


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