Respuesta corta: entre mediados de febrero y finales de marzo en el interior peninsular, y también en octubre y noviembre en el litoral mediterráneo y en Andalucía. Respuesta larga: depende de si el olivo viene en contenedor con el cepellón intacto o si es un ejemplar que hay que arrancar del suelo, porque son dos operaciones distintas con dos calendarios distintos y confundirlas es lo que mata árboles.

El olivo (Olea europaea) tiene fama de indestructible y en gran medida se la ha ganado, pero esa fama hace que se le trasplante en cualquier fecha y de cualquier manera. Aguanta mucho, sí; lo que no aguanta es perder raíz en junio.

Olivo adulto con la copa formada

Por qué el calendario importa

La raíz del olivo empieza a emitir raicillas nuevas cuando la temperatura del suelo pasa de unos 12 o 14 ºC, y lo hace antes de que la parte aérea arranque a brotar de forma visible. Esa es la ventana que buscamos: un árbol que todavía no está transpirando a pleno rendimiento pero cuyo suelo ya está templado. Plantado en ese momento, el olivo emite raíz nueva durante marzo, abril y mayo, y llega al verano con capacidad para beber.

Si lo plantas en mayo o junio, la copa transpira a tope con un sistema radicular todavía sin colonizar el terreno, y el árbol se descompensa: hojas mates, plegadas por el nervio, y en el peor caso defoliación. Si lo plantas en pleno invierno en zona fría, el suelo está a 5 ºC, no emite ni una raicilla, y el cepellón se queda semanas en un agujero frío y encharcado, condiciones ideales para Phytophthora.

Olivo en contenedor

Un olivo comprado en vivero, con su maceta y su cepellón trabado por las raíces, se puede plantar en una franja amplia porque prácticamente no pierde raíz. Las dos mejores épocas son:

Otoño, de octubre a noviembre. Es la opción preferente en Levante, Andalucía, Extremadura, Baleares y Canarias. El suelo conserva el calor del verano, llegan las lluvias otoñales, y el árbol dispone de todo el invierno y la primavera para enraizar antes de su primer verano. Los olivos plantados en otoño en clima suave necesitan bastante menos riego de apoyo al año siguiente.

Final de invierno, de febrero a marzo. Es la opción para el interior y el norte: la meseta, el valle del Ebro, zonas con heladas de -6 ºC o más severas. Se planta cuando ha pasado el grueso de las heladas y antes de la brotación.

Fuera de eso, un ejemplar en maceta también sobrevive plantado en abril o incluso en septiembre si se riega con cabeza. Lo que hay que descartar sin excepciones es de junio a agosto y los días de helada.

Ejemplar adulto arrancado del campo

Aquí el margen se estrecha muchísimo. Trasplantar un olivo centenario o un árbol adulto plantado en el suelo implica cortarle una fracción enorme de su sistema radicular, y solo se puede hacer con el árbol en parada vegetativa o al borde de arrancar: de diciembre a marzo, con febrero como mes de referencia en el conjunto de la Península.

El procedimiento resumido, porque no es un trabajo de aficionado a partir de cierto porte:

Se marca la orientación del tronco antes de arrancarlo, para replantarlo mirando al mismo sitio; la corteza de la cara sur está aclimatada al sol y la del norte no, y girarlo provoca quemaduras graves en el tronco. Se abre una zanja alrededor formando un cepellón cuyo diámetro sea, como mínimo, de tres a cuatro veces el diámetro del tronco. Se cortan las raíces con herramienta limpia y corte neto, nunca desgarrando con la pala de la máquina. Se envuelve el cepellón con malla o arpillera para que no se desmorone durante el transporte.

Y se reduce la copa drásticamente, entre un 50 y un 70 %, para equilibrar la superficie que transpira con la raíz que queda. Este paso, que a mucha gente le duele hacer, es justamente el que determina si el árbol vive. Un olivo trasplantado con la copa entera se seca por deshidratación aunque el suelo esté húmedo, porque la raíz mutilada no da abasto.

Cómo se planta

Ubicación. Sol directo todo el día, sin discusión. El olivo a media sombra vegeta y no cuaja fruto. Suelo drenante; tolera calizo, pedregoso y pobre, y de hecho da mejor aceite en suelos pobres. Lo único que no perdona es el suelo que se encharca. Separación mínima de cinco o seis metros de muros, tuberías y pavimentos, porque su raíz se extiende superficialmente mucho más allá de la proyección de la copa.

El hoyo. Para un ejemplar de vivero, entre 60x60x60 cm y 80x80x80 cm. Para un adulto, del orden de un metro y medio de ancho y al menos medio metro más que la altura del cepellón. En suelos arcillosos hay que picar y romper las paredes y el fondo del hoyo. Si se deja el agujero liso, hecho con barrena o azada en arcilla compacta, se forma una bañera: el agua entra y no sale, y la raíz se pudre o se enrolla dentro sin salir al terreno.

Tierra preparada para la plantación del olivo

El relleno. La propia tierra extraída, mejorada con compost bien hecho o mantillo y, si el suelo es pesado, con arena gruesa o grava fina en el fondo. Nada de estiércol fresco en contacto con las raíces: fermenta, calienta y las quema. El abono orgánico se reserva para la superficie, en cobertera, una vez plantado.

La altura. Este es el error más frecuente y el más caro. El cuello del árbol, donde el tronco se ensancha para pasar a raíz, debe quedar al nivel del suelo o dos o tres centímetros por encima. Enterrar el tronco parece que da estabilidad, pero asfixia el cuello, mantiene la corteza húmeda de forma permanente y abre la puerta a la podredumbre. Si el olivo está injertado, el punto de injerto tiene que quedar claramente por encima de la tierra. Conviene colocar el cepellón, tumbar un listón recto sobre el borde del hoyo y comprobar la altura antes de rellenar, contando con que el terreno cederá unos centímetros al asentarse.

El cepellón. Si viene de maceta y las raíces dan vueltas espiraladas en el fondo, hay que descalzarlas con la mano o hacer tres o cuatro cortes verticales superficiales en el costado. Una raíz espiralada que no se corrige sigue creciendo en círculo y termina estrangulando al árbol años después.

El asiento. Se rellena por tandas, apretando con el pie sin machacar, se forma un alcorque o rodete de tierra de unos 15 cm de alto en el perímetro y se riega abundantemente, entre 50 y 100 litros según el porte. Este primer riego no es para dar de beber: es para que la tierra se acomode contra las raíces y desaparezcan las bolsas de aire, que es lo que las seca.

Tutor. Solo si el árbol es joven, esbelto o la zona es ventosa. Se clava separado del cepellón, se ata en ocho con material flexible y se retira a los dos años. Los adultos grandes se sujetan con vientos anclados al suelo, no con un tutor clavado.

Los dos primeros veranos

Se repite mucho que el olivo no necesita riego. Es cierto para un árbol establecido, con veinte años y raíz profunda, en secano. Es falso para uno recién trasplantado. Durante los dos primeros veranos conviene un riego abundante y espaciado, del orden de una vez por semana en julio y agosto y cada diez o quince días en primavera y otoño, siempre llenando el alcorque y dejando secar entre riegos. Riegos frecuentes y cortos son peores que ninguno: fomentan raíz superficial y dependiente.

Encalar el tronco con lechada de cal, o envolverlo con malla de sombreo, evita las quemaduras solares en la corteza expuesta tras el desmoche. Un acolchado de paja o corteza en el alcorque reduce la evaporación y frena la hierba competidora.

No se abona el año del trasplante con fertilizante mineral. El árbol tiene que emitir raíz, y un exceso de nitrógeno lo empuja a fabricar brotes que no puede sostener. A partir de la segunda primavera, un abonado equilibrado en marzo es suficiente.

Olivos en maceta

Un olivo cultivado en contenedor se cambia de maceta cada dos o tres años, a finales de invierno, cuando las raíces asoman por los agujeros de drenaje o el sustrato se seca en un día. Se sube un solo tamaño de maceta cada vez y se recorta ligeramente el exterior del cepellón. El sustrato debe ser muy drenante: sustrato universal con un 30 % de arena gruesa o de picón, o una mezcla específica para cactus y mediterráneas. El olivo en maceta muere mucho más a menudo ahogado que de sed.

Si el olivo procede de semilla o de esqueje enraizado, el paso a maceta definitiva o a suelo se hace cuando alcanza los 40 o 50 cm y ha lignificado la base, nunca con un plantón tierno de un palmo. Y conviene saber que un olivo de semilla es un acebuche genético: tardará entre siete y doce años en dar fruto y no será igual que el árbol del que salió el hueso. Los olivos productivos se multiplican por estaquillado o se injertan.

Errores que se repiten

Trasplantar en verano porque "el olivo aguanta todo". Plantar demasiado profundo. No romper el fondo del hoyo en suelo arcilloso. Echar estiércol fresco o gallinaza en contacto con la raíz. No reducir la copa de un adulto arrancado. Girar la orientación del tronco. Regar poco y a diario en vez de mucho y espaciado. Y esperar cosecha inmediata: un adulto trasplantado tarda dos o tres años en recomponer su sistema radicular y volver a producir con normalidad. Ese primer par de años de aspecto discreto es normal, no es un fracaso.

En resumen

El olivo se trasplanta en parada vegetativa o justo antes de arrancar: febrero y marzo en el interior, y también octubre y noviembre en las zonas de invierno suave, donde el otoño suele ser incluso mejor. De junio a agosto, jamás. Un ejemplar en contenedor perdona fechas porque conserva su cepellón; un adulto arrancado del suelo no perdona ninguna, y además exige reducir la copa a la mitad, respetar la orientación original y sujetarlo bien. Se planta con el cuello a ras de suelo, en un hoyo con las paredes rotas, se hace alcorque, se riega a fondo para asentar y se sostiene el riego los dos primeros veranos. Hecho así, el árbol tiene por delante siglos de vida.


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