Un cerezo plantado a raíz desnuda en enero arranca mejor que ese mismo árbol comprado en maceta y plantado en abril, ya con las hojas fuera. Suena contraintuitivo, porque el de maceta parece más vivo, pero el de raíz desnuda dispone de dos o tres meses de suelo fresco para emitir raíces antes de tener que sostener una sola hoja. Esa ventaja es la que decide la ventana de plantación.
Qué árbol estamos plantando
El cerezo dulce es Prunus avium, un árbol de porte grande —sobre pie franco pasa de los 10 metros sin dificultad— con corteza lisa, brillante y anillada, hoja caduca y una floración blanca que en la Península se produce entre finales de marzo y mediados de abril, antes o a la vez que la brotación. El guindo o cerezo ácido es Prunus cerasus, más pequeño, más rústico y con fruta ácida destinada a conserva y repostería.
Lo que compramos casi nunca es un Prunus avium puro, sino una variedad injertada sobre un portainjerto, y ese portainjerto condiciona el tamaño final más que ninguna otra cosa:
Pie franco de Prunus avium: máximo vigor, árbol enorme, primera cosecha seria hacia el quinto o sexto año. Solo tiene sentido en parcela grande.
Santa Lucía (Prunus mahaleb): vigor medio-alto, muy tolerante a la sequía y a los suelos calizos. Es el pie clásico de secano en buena parte de España.
Colt: vigor medio, buena entrada en producción, pero mal comportamiento en suelos con mucha caliza activa, donde amarillea por clorosis férrica.
Gisela 5 y Gisela 6: pies enanizantes. El árbol se queda en 2,5 a 3,5 metros, entra en producción al segundo o tercer año y se puede recoger casi todo desde el suelo. Es la opción razonable para un jardín, con una condición: exigen riego y suelo bueno, no perdonan la sequía.
Adara (Prunus cerasifera seleccionado) se usa en suelos pesados y asfixiantes, donde los demás sufren.
La ventana de plantación
El cerezo se planta en reposo vegetativo, es decir, entre la caída de la hoja y el desborre. En términos de calendario peninsular, eso significa de mediados de noviembre a finales de febrero, con algún matiz según zona:
Clima suave (litoral atlántico y mediterráneo, valle del Guadalquivir, Levante): lo mejor es noviembre y diciembre. El suelo aún guarda calor del otoño, la raíz emite pelos absorbentes durante todo el invierno y en marzo el árbol brota ya conectado al terreno.
Interior frío (meseta norte, Aragón, zonas de montaña, Jerte alto): conviene esperar a enero o febrero, cuando ya han pasado los fríos más severos. Plantar en diciembre en una zona que baja de −8 °C expone raíces recién cortadas a heladas fuertes con el suelo sin arraigo.
El límite por arriba es claro: antes de que las yemas se hinchen. Un cerezo plantado a raíz desnuda cuando ya está desborrando tiene muchas papeletas de secarse en el primer golpe de calor de mayo, porque le pedimos que alimente hoja con un sistema radicular que aún no ha enganchado.
Si el árbol viene en contenedor, el cepellón está intacto y en teoría se puede plantar todo el año. En la práctica, en España, de mayo a septiembre es mala idea: el árbol pasa su primer verano dependiendo de un cepellón pequeño y de que nadie se olvide de regarlo. Con contenedor, el otoño sigue siendo la mejor fecha; la primavera temprana es aceptable; el verano, no.
Antes de decidir la fecha, comprueba que la zona sirve
Este es el punto que más disgustos da y el que rara vez se comprueba a tiempo. El cerezo necesita horas de frío: un número acumulado de horas por debajo de 7 °C durante el invierno para romper la latencia de las yemas. Según variedad, la exigencia va de unas 500-700 horas en las más tempranas, como 'Burlat', hasta 1.000-1.400 en variedades tardías.
En un invierno que no alcanza esa cifra, el árbol florece de forma irregular y escalonada, cuaja mal y acaba dando cuatro cerezas. Por eso el cerezo funciona en el Jerte, en las Caderechas, en el Bajo Aragón, en Cantabria o en la sierra malagueña de Alfarnate, y funciona mal en zonas costeras cálidas del sur y del sureste, por muy buena que sea la tierra. La altitud compensa la latitud: a 700-900 metros, incluso en Andalucía, las horas de frío se cumplen.
Segundo requisito, la polinización. Buena parte de las variedades de cerezo dulce son autoincompatibles: su propio polen no fecunda sus flores. 'Burlat', 'Van' o 'Ambrunés' necesitan un polinizador compatible que florezca a la vez y esté a menos de 25 o 30 metros. Si solo hay sitio para un árbol, hay que elegir una variedad autofértil: 'Lapins', 'Sunburst', 'Stella', 'Sweetheart' o, entre las guindas, 'Montmorency'. Comprar un 'Burlat' aislado en un patio y esperar cosecha es un error caro que se descubre cuatro años después.
El suelo manda más que el riego
El cerezo es de los frutales más sensibles a la asfixia radicular. En suelo encharcado, las raíces se ahogan y aparecen Phytophthora y pudriciones de cuello que matan el árbol en una o dos temporadas. Pide suelo profundo, suelto y bien drenado, con pH entre 6 y 7,5, y no tolera ni la capa freática alta ni la suela de labor.
Si el terreno es arcilloso, plantar en caballón o lomo elevado 30-40 cm es la solución que de verdad funciona. Lo que no funciona es cavar un hoyo profundo en arcilla y rellenarlo de tierra buena: se convierte en una bañera que recoge toda el agua del entorno y ahoga al árbol.
Si el suelo es muy calizo, hay que elegir portainjerto antes que variedad: Santa Lucía lo aguanta, Colt no.
Cómo se hace la plantación, paso a paso
Preparar el hoyo con antelación. Un mes antes si es posible. De 60 a 80 cm de ancho y otro tanto de hondo, rompiendo bien el fondo y las paredes. Si la pared del hoyo queda pulida por la azada en suelo arcilloso, la raíz gira sobre sí misma en lugar de salir; conviene repasarla con la horca.
Revisar la raíz. En árbol a raíz desnuda se recortan con tijera limpia las raíces rotas o machacadas, dejando corte fresco. Si el árbol ha viajado y llega deshidratado, se sumerge la raíz en agua entre 6 y 12 horas antes de plantar. El barrillo tradicional (pralinado, una papilla de tierra arcillosa y agua) mejora el contacto raíz-suelo y sigue siendo buena práctica.
Colocar el árbol a la altura correcta. Esto es lo que más se falla. El punto de injerto —el engrosamiento visible en la base del tronco— debe quedar entre 5 y 10 cm por encima del nivel del suelo una vez asentada la tierra. Si queda enterrado, la variedad emite raíces propias, se pierde el efecto del portainjerto y aumenta el riesgo de pudrición del cuello. La marca oscura que el árbol trae en el tronco del vivero indica dónde estaba el nivel de tierra: es una buena referencia.
Rellenar con la tierra del propio hoyo, la superficial abajo y la del fondo arriba, apretando con el pie por capas para eliminar bolsas de aire. Nada de estiércol fresco en contacto con las raíces: quema. Si se quiere aportar materia orgánica, se usa compost bien hecho mezclado con el tercio superior del relleno, o mejor todavía, se extiende en superficie.
Regar de verdad. Un riego copioso, de 40 a 60 litros, inmediatamente después de plantar, aunque el suelo esté húmedo y aunque esté lloviendo. No es por aportar agua: es para que la tierra se asiente y selle el contacto con cada raicilla. Después se forma un alcorque.
Tutor y acolchado. Tutor solo si el árbol es alto, la zona ventosa o el portainjerto enanizante (Gisela 5 tiene anclaje débil y suele necesitarlo de forma permanente). Se ata en ocho, holgado, y nunca al tronco desnudo con alambre. El acolchado de paja, corteza o restos de poda se extiende en un círculo de un metro, dejando libres los 10 cm que rodean el tronco.
El despunte de formación. Si es un plantón de un año en forma de látigo, se despunta a 60-80 cm para forzar la ramificación a la altura de cruz deseada. Ese corte se hace en el momento de plantar. Pero cuidado con el resto: el cerezo es un Prunus, y los cortes grandes en pleno invierno húmedo abren la puerta al chancro bacteriano y a la gomosis. Toda la poda de formación posterior es mejor hacerla en verde, de mayo a agosto.
Marcos de plantación
Sobre pie franco o Santa Lucía hace falta espacio de verdad: de 6 x 6 a 7 x 7 metros, y ese árbol dará sombra densa a todo lo que tenga alrededor. Sobre Colt, 5 x 4 metros. Sobre Gisela 5, en formaciones apoyadas o en seto frutal, se baja a 4 x 2 o 4 x 2,5 metros. En un jardín pequeño, un cerezo sobre pie franco pegado a la casa se convierte en un problema estructural a los quince años.
El primer año
El primer verano es el único que de verdad decide si el árbol prospera. Riego cada 8 o 15 días según suelo y calor, abundante en cada aplicación y no en dosis pequeñas y frecuentes, para que el agua baje y la raíz la persiga hacia abajo. Sin abono nitrogenado ese primer año: estimula brote tierno y no raíz, que es justo lo contrario de lo que interesa. El ruedo, sin hierba en un radio de un metro, porque la competencia del césped por el agua superficial frena a un árbol joven más de lo que parece.
Y una expectativa realista sobre la cosecha: de 2 a 4 años sobre Gisela, de 5 a 6 sobre pie franco. Las primeras cerezas no llegan al año siguiente, por muy bien que se haya hecho todo.
Errores frecuentes
Plantar demasiado profundo o enterrar el injerto. Cavar la bañera de arcilla. Comprar un árbol autoincompatible sin polinizador. Elegir variedad de alta exigencia en frío para una zona cálida. Plantar en maceta en mayo, cuando ya viene el calor. Podar fuerte en el invierno de plantación. Y una que se ve mucho: colocar el cerezo en el punto de riego más generoso del jardín, junto a los aspersores del césped, que es exactamente donde peor lo va a pasar.
Conviene añadir un factor local: el cerezo revienta el fruto con las lluvias de mayo y junio justo antes de la recolección. No cambia la fecha de plantación, pero sí explica por qué en zonas de tormentas de finales de primavera se prefieren variedades tempranas o tardías que esquiven ese periodo.
En resumen
La ventana buena va del final del otoño al final del invierno, con el árbol dormido: noviembre y diciembre en clima suave, enero y febrero en zonas frías, y siempre antes de que las yemas se hinchen. En contenedor se admite algo más de margen, pero nunca en verano. Antes de fijar la fecha hay que resolver tres cosas que pesan más que ella: que la zona acumule las horas de frío que pide la variedad, que haya polinizador o que la variedad sea autofértil, y que el suelo drene. Al plantar, injerto por encima del nivel del suelo, riego copioso de asentamiento, acolchado sin tocar el tronco y ninguna poda invernal más allá del despunte de formación.