Una castaña recogida en noviembre y guardada en un cajón hasta marzo no germina. Está muerta. La semilla del castaño es recalcitrante: no soporta la deshidratación ni el almacenamiento en seco, y pierde la viabilidad en pocas semanas si baja de un 40 % de humedad interna. Ese único dato explica la mayor parte de los fracasos al intentar sacar adelante un castaño desde el fruto, y también por qué todo el calendario de siembra gira en torno al otoño.

El castaño europeo, Castanea sativa, se multiplica por semilla, por acodo y por injerto, y cada método sirve para una cosa distinta. La semilla da árboles vigorosos pero impredecibles; el acodo y el injerto perpetúan una variedad concreta. Conviene tener claro qué se busca antes de empezar.

Castañas maduras usadas como semilla

Lo primero: qué esperas del árbol

El castaño es una especie alógama y muy heterocigótica. Una castaña de la variedad Judía, del Bierzo, sembrada en tu huerto no dará un castaño Judía: dará un árbol nuevo, hijo de esa madre y de un padre desconocido, con un fruto que puede ser mejor, peor o simplemente distinto. Además tardará entre 8 y 15 años en dar la primera cosecha decente, frente a los 4 o 6 de un injerto.

Si lo que quieres es fruta de calidad conocida y pronto, compra planta injertada o injerta tú sobre un patrón. Si lo que quieres es un árbol para el paisaje, para madera, para sombra, o un pie sobre el que injertar más adelante, la semilla es el camino lógico y con diferencia el más barato. También hay una razón práctica: los portainjertos del castaño se obtienen habitualmente de semilla o, en el caso de los híbridos resistentes, por acodo.

Recolección y selección de la semilla

Recoge las castañas en octubre y noviembre, cuando los erizos se abren y caen solos. Las que caen por su propio peso están maduras; las que hay que arrancar del árbol, no. Recógelas del suelo cuanto antes, porque una castaña que pasa varios días sobre tierra húmeda se contamina de hongos, y a los pocos días aparecen las larvas de Curculio elephas, el gorgojo de la castaña, que vacían la semilla por dentro.

Elige frutos grandes, pesados, de cáscara brillante y sin agujeros. Un orificio circular de un par de milímetros en la cáscara significa gorgojo: descártala. Después haz la prueba de flotación: sumerge las castañas en un cubo con agua durante unos minutos y tira todas las que floten. Flotan las huecas, las secas y las agusanadas. Es un cribado tosco pero muy eficaz, y elimina de golpe buena parte de la semilla inservible.

Un tratamiento que sí compensa contra el gorgojo es la termoterapia: sumergir las castañas en agua a 48-50 ºC durante unos 45 minutos y secarlas superficialmente después. Mata las larvas sin dañar el embrión. Ojo con la temperatura, porque por encima de 52 ºC empiezas a cocer la semilla.

Selecciona más semilla de la que necesitas. Contando el cribado, la pérdida por hongos y la que no germina, es prudente partir de el triple o el cuádruple de castañas que plantas que quieres obtener.

Estratificación: el frío obligatorio

La castaña tiene una latencia fisiológica del embrión que solo se rompe con frío húmedo. Sin ese periodo, o no germina o germina de forma irregular y tardía. Hay dos maneras de dárselo.

Siembra directa en otoño. La más sencilla y la que imita a la naturaleza: siembras en noviembre o diciembre y el invierno hace el trabajo. El inconveniente es serio: ratones, ratas, arrendajos, jabalíes y ardillas localizan las castañas enterradas con una facilidad que sorprende. Si siembras directamente, protege con malla metálica de luz fina enterrada por los bordes, o siembra en macetas dentro de un cajón con tela metálica.

Estratificación controlada en frigorífico. Es el método que da resultados más regulares. Mezcla las castañas con arena de río lavada, turba o perlita ligeramente húmedas —humedecidas, no encharcadas: al apretar el sustrato con la mano no debe gotear— en una bolsa de plástico perforada o un tupper sin cerrar del todo, y guárdalo en la parte baja de la nevera, entre 2 y 5 ºC, durante 60 a 90 días. Revisa cada dos semanas: retira las que se enmohezcan y comprueba que el sustrato sigue húmedo.

Hacia el final del periodo, muchas castañas empiezan a emitir la radícula dentro de la propia nevera, una raicilla blanca que rompe la cáscara por la punta. Eso es la señal de que hay que sembrarlas ya. Manéjalas con cuidado: si se rompe la radícula, el brote se pierde o sale muy debilitado.

Siembra y primer año

El castaño desarrolla desde el principio una raíz pivotante larga y poco tolerante a los enrollamientos. Ese es el detalle que arruina más siembras bien planteadas: la castaña germina en un tiesto normal de 12 cm, la raíz llega al fondo, se enrosca y el árbol queda condenado a un anclaje defectuoso que se paga años después.

Usa envases profundos: tubetes forestales de 300-400 cm³ con costillas antiespiralantes y fondo abierto para autorrepicado, macetas altas de 25-30 cm de profundidad, o directamente el sitio definitivo. La profundidad importa mucho más que el diámetro.

Sustrato ácido y suelto. El castaño es calcífugo: no tolera la caliza activa. Le va un pH de 5 a 6,5. Una mezcla de turba rubia con perlita o arena silícea, en proporción 2:1, funciona bien. Nada de sustratos con dolomita ni riego con agua muy dura si puedes evitarlo.

Coloca la castaña tumbada, con la cicatriz hacia un lado, a unos 3-5 cm de profundidad, y cúbrela. Riega y mantén el sustrato fresco pero nunca encharcado; el exceso de agua en semillero es la vía directa al Phytophthora.

La emergencia llega en tres a seis semanas desde la siembra en primavera, según la temperatura. Un lugar luminoso, con sol de mañana y sombra en las horas centrales del verano, y unos 18-22 ºC, es lo ideal. En el primer año un plantón sano alcanza entre 30 y 60 cm; con buena fertilización puede pasar del metro.

El trasplante a sitio definitivo se hace en otoño-invierno del primer o segundo año, en parada vegetativa, cuanto más joven mejor, precisamente por la pivotante. Un castaño de savia parada, con cepellón bien formado, arraiga sin problema; uno de tres años arrancado a raíz desnuda lo pasa mal.

Acodo: el método tradicional de los viveros

El castaño no enraíza bien por estaquillado. Es una especie de difícil rizogénesis en madera dura, y ahí es donde tropieza quien intenta clavar una rama en el suelo esperando que agarre como si fuera una higuera. Los intentos con estaquillas semileñosas bajo nebulización y hormonas dan porcentajes bajos e irregulares, así que en la práctica el clonado se hace por otras vías.

El sistema clásico es el acodo de cepa o acodo bajo. Se corta un pie madre a ras de suelo en invierno para forzar la emisión de brotes; cuando esos brotes tienen 20-30 cm, en primavera, se recalzan con tierra o serrín húmedo hasta cubrir la mitad de su longitud, y se vuelve a recalzar según crecen. Al otoño siguiente se retira el montículo y se separan los brotes que hayan emitido raíces. Se puede acelerar con un anillado o un estrangulamiento con alambre en la base del brote y con hormona de enraizamiento antes del recalce.

También funciona el acodo aéreo en ramas de uno o dos años: anillado de un par de centímetros de corteza en primavera, musgo de sphagnum húmedo alrededor, plástico negro atado por ambos extremos y paciencia hasta el otoño. Es más laborioso y con el castaño no es tan agradecido como con otras especies, pero permite clonar un ejemplar concreto sin tocar el pie.

Este es el método con el que se multiplican industrialmente los híbridos Castanea crenata × Castanea sativa usados como portainjertos por su resistencia a la tinta, clones seleccionados como Marsol, Maraval o Ferosacre, además de la micropropagación en laboratorio.

Injerto: cuando quieres una variedad concreta

El castaño tiene fama justificada de difícil de injertar. Los porcentajes de prendimiento son bajos comparados con los de un manzano o un cerezo, y no es raro que la unión falle años después. Aun así, es el único modo práctico de tener un árbol de variedad conocida y producción temprana.

Sobre patrón de semilla o de acodo, de uno o dos años y del grosor de un dedo, se injerta principalmente de dos formas:

De púa, en primavera. Hendidura simple o inglés complicado, en marzo o abril, cuando el patrón empieza a moverse pero la púa sigue dormida. Las púas se recogen en pleno invierno, de madera del año anterior con yemas bien formadas, y se conservan envueltas en papel húmedo dentro de una bolsa en la nevera, entre 2 y 4 ºC, hasta el momento del injerto. Una púa que haya brotado antes de injertarse ya no sirve.

De canutillo o flauta, a finales de primavera. El injerto tradicional del noroeste peninsular: se extrae un anillo completo de corteza con una yema y se encaja en el patrón, del que se ha retirado un anillo equivalente. Solo puede hacerse cuando la corteza "despega", es decir, cuando la actividad del cámbium permite separarla limpiamente, lo que en Galicia y Asturias ocurre típicamente entre mayo y junio. Es el sistema con el que se injertaron durante siglos los soutos.

Ata siempre con cinta de injertar y sella la parte aérea de la púa con mastic para evitar la desecación, que es la causa habitual del fallo. Y protege el injerto del viento durante el primer verano: el brote nuevo es frágil y se desgarra por la unión con una facilidad exasperante.

Castaño en flor con sus amentos

Dónde plantarlo y con qué compañía

De poco sirve dominar la propagación si el sitio no es el adecuado. El castaño quiere suelo ácido, profundo, suelto y bien drenado, y precipitaciones por encima de los 700-800 mm anuales o riego de apoyo en verano. Prospera en Galicia, la cornisa cantábrica, El Bierzo, el Sistema Central, las sierras extremeñas y salmantinas, la Sierra de Aracena, el Valle del Genal, el Montseny y la Serra de Tramuntana, y en las medianías de Canarias. En un suelo calizo de secano manchego, sencillamente no va.

Es sensible al encharcamiento, que favorece la enfermedad de la tinta (Phytophthora cinnamomi), y al chancro (Cryphonectria parasitica). Ambas son razones de peso para elegir patrones híbridos resistentes en zonas donde la tinta ya está presente, en lugar de plantar pie franco de semilla.

Y un detalle que se olvida constantemente: el castaño es autoincompatible en la práctica. Muchas variedades tienen los estambres reducidos o son directamente astaminadas, y su propio polen no fecunda. Un castaño solo en una parcela aislada florecerá cada junio y no cuajará nada. Planta al menos dos o tres árboles de variedades distintas y compatibles, a menos de 50-100 metros entre sí, o asegúrate de que hay castaños en el entorno.

Errores que más se repiten

Dejar secar la semilla. Si la castaña se arruga, ya no vale. De la recolección a la estratificación no debe pasar más de una semana, y siempre en fresco y húmedo.

Estratificar en agua o en sustrato empapado. Se pudren. El sustrato debe estar húmedo al tacto y nada más.

Sembrar en tiestos pequeños. La pivotante se enrosca y el árbol arrastra ese defecto toda la vida.

Regar con agua caliza o plantar en suelo calizo. Aparece clorosis férrica, la hoja amarillea entre los nervios y el árbol se estanca. No hay quelato que compense un suelo básico a largo plazo.

Esperar castañas iguales a las de la madre. No las va a dar. Si el objetivo es la fruta, hay que injertar.

En resumen

Reproducir el castaño por semilla es fácil siempre que se respeten tres cosas: recoger las castañas maduras en otoño y no dejarlas secar nunca, someterlas a 60-90 días de frío húmedo entre 2 y 5 ºC, y sembrarlas en un envase profundo con sustrato ácido para que la raíz pivotante se desarrolle sin enroscarse. El resultado será un árbol vigoroso, útil como patrón o como ejemplar de paisaje, pero con fruto distinto al de su madre y con una espera larga hasta la primera cosecha. Para conservar una variedad concreta hay que ir por el acodo de cepa, que es como se multiplican los clones y los portainjertos híbridos resistentes a la tinta, o por el injerto de púa en primavera o de canutillo cuando la corteza despega. Y sea cual sea el método, el sitio manda: suelo ácido, drenaje, humedad suficiente y compañía de otros castaños para que la floración de junio acabe convertida en erizos.


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