Zelkova es un género pequeño y viejo: seis especies vivas repartidas entre el Cáucaso, China, Japón, Creta y Sicilia, restos dispersos de un grupo que en el Terciario cubría buena parte del hemisferio norte y que las glaciaciones fueron arrinconando. Hoy interesa por un motivo muy concreto de jardinería urbana: es el pariente del olmo que la grafiosis apenas toca, y por eso ha ido ocupando las calles que la enfermedad dejó vacías.
Un olmo que no es olmo
Las zelkovas pertenecen a las ulmáceas, la misma familia que los olmos (Ulmus), y el parecido de la hoja es tan grande que la confusión es constante. Hay tres caracteres que las separan sin margen de duda:
La base de la hoja. En el olmo es marcadamente asimétrica, con un lado que baja bastante más que el otro sobre el peciolo. En la zelkova es casi simétrica, apenas desigual.
Los dientes. El olmo tiene el borde doblemente aserrado, con dientes grandes que llevan dientecillos encima. La zelkova tiene una serración simple, de dientes regulares, agudos y curvados hacia la punta de la hoja.
El fruto. Aquí no hay discusión posible. El olmo produce sámaras, esos discos membranosos y planos que en marzo tapizan el suelo. La zelkova produce una drupa seca, diminuta, de tres a cinco milímetros, sin ala ninguna y sin espectáculo.
Conviene aclarar de paso un nombre que circula mucho en el comercio: Zelkova parvifolia no es un nombre válido. La planta que se designa así es Ulmus parvifolia, el olmo chino, que es un olmo verdadero, tiene su propio comportamiento y también su propia resistencia a la enfermedad. Si en la etiqueta pone parvifolia, lo que hay en la maceta es un olmo.
La conexión con la grafiosis
La historia de cómo la grafiosis liquidó los olmos europeos está contada en su propio artículo, y no hace falta repetirla. Lo que importa aquí es el resultado práctico: los servicios de parques se quedaron sin un árbol de copa amplia, hoja fina, sombra densa y crecimiento razonable para calles y paseos, y necesitaban un sustituto con ese mismo perfil.
Las zelkovas asiáticas lo tenían. Al haber evolucionado junto a los hongos del complejo Ophiostoma en su área de origen, muestran una resistencia alta a la grafiosis: se infectan poco y, cuando lo hacen, suelen limitar el daño a ramas concretas en vez de morir enteras. Conviene decirlo con precisión, porque en los viveros se simplifica: resistencia alta no es inmunidad. Se han descrito infecciones en ejemplares aislados.
Tampoco están libres de todo. La galeruca del olmo (Xanthogaleruca luteola) sí se alimenta de sus hojas, aunque en general con menos intensidad y menos daño estético que sobre un olmo. Y comparten pulgones y ácaros con el resto de la familia.
El otro punto que se les reconoce es que su sistema radical resulta menos agresivo que el del olmo común, lo que reduce los levantamientos de acera y las roturas de conducciones. Por eso figuran en los pliegos municipales de árbol de alineación desde hace tres décadas.
Las especies
Zelkova serrata, la japonesa, es la que se planta de forma habitual: la más disponible, la de mejor color de otoño y la que ha dado casi todos los cultivares urbanos. Tiene su propia ficha, porque como árbol de calle y como bonsái merece un capítulo aparte.
Zelkova carpinifolia, del Cáucaso y el norte de Irán, es la más impresionante de las tres cuando llega a vieja. Hace un tronco corto y grueso del que arrancan de golpe multitud de ramas verticales, formando una copa ovoide densísima que puede pasar de 30 m. En Europa hay ejemplares plantados en el siglo XIX en parques históricos. Es más lenta que la japonesa y su color otoñal es un amarillo pardo más discreto.
Zelkova sinica, del centro de China, es la más pequeña, con 15 a 18 m, hoja menor y la corteza exfoliante más vistosa del género, que deja placas anaranjadas muy limpias. Es la más adaptada a suelos secos y calizos, un punto a favor en buena parte de España, pero cuesta encontrarla.
Quedan Zelkova schneideriana, china y parecida a la japonesa, y las dos joyas mediterráneas: Zelkova abelicea, endémica de las montañas de Creta, y Zelkova sicula, descubierta en Sicilia en 1991 y reducida a unos pocos centenares de individuos. Estas dos últimas son objeto de conservación, no de jardinería.
Porte y corteza
El porte típico del género es la copa en vaso: un tronco que se divide bastante bajo en varias ramas principales ascendentes que se abren hacia arriba, como un jarrón. Esa arquitectura es exactamente la que hacía tan reconocibles a los olmos de las plazas y la que se echó de menos cuando desaparecieron. La copa acaba siendo casi tan ancha como alta, con ramillas finas en zigzag y un ramaje fino y muy dividido que da una sombra ligera, no opaca.
La corteza empieza lisa y gris, casi como la de un haya joven, y con la edad se exfolia en placas redondeadas que al desprenderse dejan al descubierto manchas anaranjadas o pardo rojizas. El efecto recuerda al plátano de sombra a escala reducida, y es uno de los motivos por los que aguantan bien la mirada en invierno, sin hoja.
Cultivo del género
Clima. Templado con estaciones marcadas. Son plenamente rústicas: serrata y carpinifolia aguantan -20 ºC sin problema. El verano seco lo toleran una vez establecidas, pero no son árboles de secano estricto.
Ubicación. Sol pleno. En sombra se ahílan y pierden la forma de vaso, que es justo lo que se busca.
Suelo. Profundo y fresco, ligeramente ácido a neutro. Aquí está su limitación española: en suelos muy calizos y regados con agua dura aparece clorosis férrica, con hojas amarillas y nervios verdes. Antes de plantar una alineación en el Levante o en el interior calizo conviene mirar el análisis de suelo y el agua de riego. Z. sinica es la más tolerante en ese aspecto.
Riego. Fundamental los tres a cinco primeros años, con riegos abundantes y espaciados que obliguen a la raíz a profundizar. Después, riegos de apoyo en las olas de calor.
Poda. Mínima. Se hace poda de formación en los primeros años para definir el arranque de las ramas principales y despejar el gálibo de la calle, y luego solo limpieza. No responden bien al terciado ni a las podas severas de rebaje: emiten un rebrote desordenado y débil, y quedan puertas de entrada a pudriciones. Se poda en reposo, entre noviembre y febrero.
Multiplicación. Por semilla recogida en otoño y estratificada en frío húmedo dos o tres meses antes de sembrar en primavera. Los cultivares seleccionados, por injerto sobre patrón de semilla, porque no salen idénticos de semilla.
En resumen
Zelkova es un género de ulmáceas emparentado con los olmos, del que se distingue por la base de la hoja casi simétrica, la serración simple y el fruto en drupa seca en lugar de sámara alada. Su resistencia alta —que no total— a la grafiosis lo ha convertido en el sustituto del olmo en el arbolado urbano. Z. serrata es la especie de uso corriente, Z. carpinifolia la de porte monumental y Z. sinica la más adaptada al suelo seco y calizo. Todas comparten copa en vaso, ramaje fino y corteza que se exfolia en placas. Piden sol, suelo profundo que no sea muy calizo, riego durante el establecimiento y muy poca poda.