Bajo la etiqueta comercial de «arce japonés» se venden en España plantas muy distintas entre sí, con exigencias que no son las mismas y con resistencias al sol y al calor que difieren enormemente. Comprar el cultivar equivocado para tu clima es la causa más frecuente de que un arce japonés acabe con las hojas quemadas en julio y muerto al segundo verano, mucho más que cualquier error de riego o de abonado.

Aquí repaso las variedades que realmente se encuentran en vivero, qué distingue a cada una y cómo cultivarlas en condiciones peninsulares, que es donde está el verdadero desafío.

Qué es un arce japonés y qué grupos existen

La especie central es Acer palmatum Thunb., de la familia Sapindaceae (antes se clasificaba en las Aceraceae). Es originaria de Japón, Corea y el este de China, donde vive como árbol pequeño de sotobosque en laderas frescas y húmedas. Ese origen explica todo lo que viene después: es una planta de media sombra, aire húmedo y suelo ácido, no una planta de solana mediterránea.

Junto a Acer palmatum se comercializan también Acer japonicum y Acer shirasawanum, ambos igualmente japoneses y de cultivo similar, con hoja más redondeada y de más lóbulos.

Dentro de Acer palmatum, los viveristas agrupan los cientos de cultivares existentes por el tipo de hoja. Conocer los grupos ahorra mucho tiempo:

  • Palmatum: hoja de cinco a siete lóbulos, de tamaño medio, la forma clásica.
  • Matsumurae: hoja de siete a nueve lóbulos, más profundamente hendida.
  • Dissectum: hoja finísimamente laciniada, casi de encaje, con porte generalmente llorón y crecimiento lento.
  • Linearilobum: lóbulos estrechísimos, casi lineales, aspecto de bambú.
  • Reticulatum: hoja de fondo claro con la nerviación oscura muy marcada, efecto de red.
  • Amoenum: hoja grande, de lóbulos anchos, tipo más cercano a la especie silvestre.
Acer palmatum con follaje verde

Las variedades más interesantes

Acer palmatum, la especie tipo

Antes de irse a los cultivares de color conviene reivindicar la especie sin apellidos. Es un árbol de 5 a 8 metros, de hoja verde fresco en primavera y verano que en octubre vira a una gama de amarillos, naranjas y rojos que ningún cultivar púrpura consigue, porque el púrpura permanente parte de una hoja que ya es roja y no tiene ese contraste.

Además es el más vigoroso, el más longevo y con diferencia el más resistente al sol y al calor de todo el grupo, y es el patrón sobre el que se injertan casi todos los demás. Si vives en clima duro y quieres un arce japonés con posibilidades reales, el tipo verde de semilla es la apuesta más segura, no la menos interesante.

Acer palmatum 'Atropurpureum'

El más plantado de España. Hoja púrpura-rojiza desde la brotación hasta la caída, con un otoño escarlata intenso. Alcanza de 4 a 6 metros con porte de copa abierta y ramificación fina.

Hay un matiz que casi nunca se explica en el punto de venta: 'Atropurpureum' no es un clon único, sino un grupo tradicional de semilla. Por eso dos ejemplares comprados en sitios distintos pueden diferir bastante en el tono y, sobre todo, en la capacidad de mantener el púrpura durante el verano. Muchos «broncean» hacia un verde parduzco en julio y agosto, lo que decepciona a quien esperaba rojo todo el año. Si quieres un rojo estable garantizado, busca un clon injertado como 'Bloodgood', que conserva mucho mejor el color en calor y tiene hoja de tacto más consistente.

Acer palmatum Atropurpureum de hoja púrpura

Acer palmatum 'Oshio Beni'

Un clásico japonés de brotación espectacular: las hojas nuevas salen de un naranja-rojizo brillante y luminoso, muy superior al de 'Atropurpureum' en primavera. Es vigoroso y de crecimiento rápido, llegando a 5 o 6 metros, con porte más extendido que erecto.

Su punto flaco es el verano: tiende a broncearse y a verdear con el calor, y sus hojas nuevas, muy tiernas, se queman con facilidad al sol directo y al viento seco. Compensa en octubre con un rojo carmesí muy limpio. Es un cultivar para zonas de verano suave o para plantarlo donde reciba solo el sol de la mañana.

Acer palmatum 'Orange Dream'

Selección italiana relativamente moderna y una de las mejores compras para jardines pequeños o para maceta. Brota en amarillo-naranja con el margen de la hoja finamente ribeteado de rojo, pasa a un verde lima luminoso en verano y termina en un dorado anaranjado muy vivo en otoño. La corteza de las ramas jóvenes es verdosa, lo que aporta interés invernal.

Es compacto, de 2,5 a 3,5 metros a largo plazo, y de crecimiento moderado. Al ser de tonos claros, es de los que más sufren la quemadura foliar: sombra de tarde obligatoria en el interior peninsular y en el sur.

Acer palmatum 'Seiryu'

Es una rareza dentro de su grupo y por eso merece atención especial: pertenece al grupo Dissectum, de hoja finamente laciniada, pero es el único de porte erecto en lugar de llorón. Eso lo convierte en un árbol de 4 a 5 metros con el follaje plumoso de un disectum pero con estructura de árbol de verdad, algo que ningún otro cultivar consigue.

La hoja es verde intenso en primavera y verano y en otoño se enciende en naranjas, dorados y carmesíes simultáneos, con frecuencia el mejor otoño de toda la lista. Es también uno de los disectum más tolerantes al sol, aunque «tolerante» sigue significando media sombra en Madrid o Sevilla.

Acer palmatum 'Shigitatsu-sawa'

Un cultivar antiguo del grupo Reticulatum, también catalogado como 'Reticulatum'. Su hoja es de fondo verde muy pálido o amarillo verdoso con la nerviación verde oscuro dibujada con nitidez, produciendo un efecto de vidriera o de red que no se parece a nada más. En otoño vira a naranja rosado.

Es, sin discusión, el más delicado de los seis. Su lámina clara y fina se quema con dos horas de sol directo de julio, y el viento seco le pardea los bordes. Solo tiene sentido en sombra luminosa, jardín protegido y con humedad ambiental decente. En la cornisa cantábrica es una joya; en la meseta es un ejercicio de paciencia.

Otras que conviene conocer

Fuera de los seis anteriores, hay cultivares que aparecen con frecuencia en vivero y que resuelven bien situaciones concretas:

  • 'Sango-kaku' (o 'Senkaki'): corteza de las ramillas jóvenes de un rojo coral intenso en invierno, lo que le da valor cuando está desnudo. Hoja verde clara y otoño amarillo dorado.
  • 'Inaba-shidare', 'Crimson Queen' y 'Garnet': disectum llorones de hoja púrpura, los típicos «paraguas» de 1,5 a 2,5 metros para maceta grande o primer plano de macizo.
  • 'Butterfly': variegado en blanco crema con toques rosados, muy pequeño y muy sensible al sol.
  • Acer shirasawanum 'Aureum': hoja redondeada, casi circular, de un amarillo dorado luminoso toda la temporada. Crecimiento lentísimo y quemadura muy fácil.
  • Acer japonicum 'Aconitifolium': hoja grande profundamente dividida, verde, con el otoño más espectacular de todo el grupo de arces japoneses. Aguanta mejor el frío que A. palmatum.

El problema real en España: la caliza y el agua

Si un artículo sobre arces japoneses solo pudiera decir una cosa, sería esta. Los arces japoneses son calcífugos: quieren un pH entre 5,5 y 6,5. En buena parte de la Península, tanto el suelo como —peor aún— el agua del grifo son muy calizos, con contenidos altos de bicarbonatos.

Un arce plantado en sustrato ácido y regado durante dos años con agua dura acaba con un sustrato alcalinizado. El síntoma es la clorosis férrica: hoja amarilla con los nervios todavía verdes, empezando por las hojas nuevas. Con el tiempo, necrosis marginal y muerte de ramillas. Se confunde constantemente con falta de abono, y abonar con nitrógeno solo empeora las cosas.

Las medidas que funcionan:

  • Recoger agua de lluvia siempre que sea posible; es la solución de fondo, no un remedio.
  • Si riegas con agua de red dura, acidificarla ligeramente con unas gotas de vinagre o ácido cítrico hasta pH 6-6,5, midiendo con tiras o medidor.
  • Aplicar quelato de hierro EDDHA —no EDTA, que se inactiva por encima de pH 6,5— una o dos veces en primavera si aparece la clorosis.
  • En suelo francamente calizo, plantar directamente en maceta grande con sustrato para plantas acidófilas en lugar de pelear contra el terreno.

Sol, sombra y quemaduras

La segunda causa de fracaso. La quemadura foliar del arce japonés —bordes pardos, secos y crujientes, avanzando hacia el centro— no la produce solo el sol: la produce la combinación de radiación directa, aire seco y viento, que hace que la hoja pierda agua más rápido de lo que la raíz puede reponerla. Por eso un arce puede quemarse en Zaragoza con un poniente seco a la sombra y aguantar bien a pleno sol en Santander.

Como regla práctica para España:

  • Norte húmedo (Galicia, Cantabria, País Vasco, Navarra húmeda, Pirineo): pleno sol o sol de mañana sin problema para los cultivares verdes y púrpuras.
  • Interior peninsular y mitad sur: sol de mañana hasta las 12 y sombra a partir del mediodía, sin excepción. Ideal la sombra proyectada por un muro orientado al este o por árboles de copa alta.
  • Litoral mediterráneo: media sombra y mucha atención a la salinidad del agua, que quema tanto o más que la cal.

Los más sensibles son, por este orden: variegados, amarillos y verdes muy claros, reticulados, y por último los púrpuras oscuros, que son los más aguantadores.

Cuidados generales

Suelo y sustrato

Suelto, con materia orgánica, ácido y sobre todo muy bien drenado. En maceta, una mezcla que funciona bien es 40% de sustrato de plantas acidófilas o turba rubia, 30% de corteza de pino de granulometría media y 30% de perlita, pómice o akadama. La corteza de pino no solo drena: acidifica lentamente conforme se descompone.

Riego

Constante pero nunca excesivo. El arce japonés quiere el sustrato fresco, no empapado. Mata más el encharcamiento que la sequía: las raíces son finas y superficiales y se asfixian en dos semanas de suelo saturado, abriendo la puerta a Phytophthora.

En maceta y en verano puede necesitar riego diario, en dos aplicaciones si hace mucho calor. Un acolchado de 5 cm de corteza de pino sobre el cepellón o el alcorque reduce mucho la oscilación de humedad y de temperatura del suelo, que es a lo que peor responde esta planta.

Abonado

Poco y equilibrado. Un abono de liberación lenta para acidófilas, aplicado una vez a principios de primavera, es suficiente para toda la temporada. Evita el exceso de nitrógeno: produce crecimientos largos, blandos y acuosos que se queman con el primer día de calor y atraen pulgón. A partir de agosto no se abona, para que la madera agoste bien antes del invierno.

Poda

Mínima y en el momento correcto. Los arces sangran mucho si se podan cuando la savia está en movimiento, es decir, desde finales de invierno hasta bien entrada la primavera. La mejor época es el final del verano y el otoño, entre agosto y noviembre, cuando el flujo está bajo y las heridas cicatrizan antes de las lluvias.

El trabajo consiste en retirar madera muerta, ramas cruzadas y las que crecen hacia el interior, y en aclarar para que entre luz y aire a la copa. No se recortan las puntas: la gracia del arce japonés es su ramificación fina y estratificada, y despuntar la destruye.

Trasplante

En otoño, tras la caída de la hoja, o a finales de invierno antes de la brotación. Nunca en verano. En maceta, cada dos o tres años, aprovechando para recortar ligeramente las raíces exteriores y renovar el sustrato.

Rusticidad y heladas

Casi todos resisten entre -15 y -20 °C sin daños en la madera; algunos cultivares de A. japonicum aún más. El frío invernal no es su problema en España. Sí lo son dos cosas: las heladas tardías de marzo y abril, que queman la brotación recién abierta —los cultivares de brotación precoz como 'Orange Dream' son los más expuestos— y el calor seco de julio y agosto.

Injerto y rebrotes del patrón

Prácticamente todos los cultivares se venden injertados sobre Acer palmatum tipo, con el punto de injerto visible como un engrosamiento en la base del tronco. Vigílalo: cualquier brote que salga por debajo de ese punto pertenece al patrón, es verde y mucho más vigoroso, y si lo dejas acabará dominando y sustituyendo al cultivar que compraste. Se eliminan a ras en cuanto aparecen.

Plagas y enfermedades

El pulgón ataca los brotes tiernos en primavera; se controla con jabón potásico. La cochinilla algodonosa se instala en las axilas y las ramas viejas; aceite de parafina en invierno. La araña roja es la más habitual en clima seco y produce un punteado amarillento y decoloración general de la hoja: se combate más subiendo la humedad ambiental que fumigando.

Entre las enfermedades, la más grave es la verticilosis (Verticillium dahliae), un hongo de suelo que colonizando el xilema provoca la marchitez repentina de una rama o de medio árbol en pleno verano, con el corte del leño manchado de verde oliva o pardo. No tiene tratamiento eficaz; se retira la madera afectada, se desinfectan las herramientas y, si el árbol muere, no se replanta otro arce en el mismo sitio.

La Phytophthora aparece en suelos encharcados y pudre el cuello y las raíces: se previene con drenaje, no se cura. La antracnosis produce manchas pardas en la hoja en primaveras muy lluviosas y rara vez pasa de un problema estético.

En resumen

Los seis cultivares reseñados cubren registros distintos: Acer palmatum tipo para el mejor otoño y la máxima resistencia, 'Atropurpureum' y su versión estabilizada 'Bloodgood' para púrpura constante, 'Oshio Beni' para una brotación primaveral encendida, 'Orange Dream' para jardín pequeño y maceta, 'Seiryu' si quieres hoja de encaje con porte de árbol y 'Shigitatsu-sawa' como pieza de coleccionista para jardines protegidos.

La elección del cultivar importa, pero importa menos que resolver bien tres cosas: sombra a partir del mediodía en casi toda España, agua sin cal o acidificada con quelato de hierro EDDHA de apoyo, y un sustrato ácido, drenante y siempre fresco, acolchado con corteza de pino. Si esas tres condiciones están cubiertas, cualquiera de estas variedades vivirá décadas; si falta alguna, la más resistente del catálogo tampoco pasará del tercer verano.


Contenidos relacionados