Hay un olmo cuyos frutos no se apiñan pegados a la rama, sino que cuelgan de un rabillo largo, sueltos, moviéndose con el aire, y llevan el borde del ala orlado de pelos blancos que se ven a simple vista. Con eso basta: es Ulmus laevis, el olmo pedunculado, y ningún otro olmo europeo tiene esa combinación.

En España es raro. No fue el árbol de las plazas ni de los paseos, sino de los sotos encharcadizos, y su historia con la grafiosis tampoco se parece a la de sus congéneres: sufrió mucho menos, y por una razón que tiene más que ver con el escarabajo que con el hongo.

Ulmus laevis adulto en su hábitat de ribera

Cómo se reconoce

Árbol caducifolio grande, de 20 a 30 m, con la copa amplia e irregular. Dos rasgos del tronco lo delatan incluso en invierno: la base suele ser acostillada, con contrafuertes que arrancan de las raíces principales y suben un metro o más, algo excepcional en un árbol de clima templado, y el fuste se cubre con frecuencia de brotes epicórmicos y abultamientos que le dan aspecto desaliñado. La corteza es grisácea y se desprende en placas finas, dejando manchas más claras.

La hoja mide de 6 a 14 cm, es obovada, doblemente aserrada, con el envés claramente pubescente y el haz suave, no áspero como el de U. glabra. Su base es la más asimétrica del género: uno de los lados desciende entre 5 y 10 mm por debajo del otro, hasta el punto de que la hoja parece torcida sobre el peciolo.

La flor y el fruto son la clave. Las flores salen entre febrero y marzo, antes que las hojas, y a diferencia de las de los demás olmos ibéricos van montadas sobre pedicelos largos, colgando de la rama en manojos laxos. La sámara conserva ese pedúnculo de 1,5 a 3 cm, mide unos 10-15 mm, es ovada y aguda, y tiene el margen cubierto de cilios blancos, un fleco denso que ninguna otra sámara europea presenta. La semilla queda centrada o algo desplazada hacia el ápice, sin alcanzar la escotadura. Madura en abril o mayo.

El nombre de olmo blanco alude al envés claro de la hoja y al color pálido de la madera; el de olmo temblón, al movimiento de las sámaras colgantes.

El árbol del suelo encharcado

Lo que define ecológicamente a esta especie es su tolerancia a la inundación prolongada. Aguanta con las raíces bajo el agua durante semanas seguidas, y sobrevive a periodos de encharcamiento que el olmo común no soporta. La estructura acostillada de la base y su capacidad de emitir raíces adventicias en el cuello van en la misma dirección: es un árbol adaptado a suelos que se anegan cada invierno y se compactan después.

Vive por tanto en sotos y bosques de ribera, en las zonas de sedimento fino donde el nivel freático está alto todo el año, acompañando a fresno de hoja estrecha, aliso, chopo, sauces y, cuando queda, al propio olmo común, que ocupa la parte algo más alta y drenada de la vega. Tolera suelos pesados y arcillosos, prefiere los sustratos ácidos o neutros y le sienta mal la caliza activa.

La contrapartida es que no tolera la sequía. Fuera de la vega, en secano, no prospera. En cambio soporta el frío sin dificultad, por debajo de -25 ºC, coherente con una distribución europea que llega hasta Rusia y Escandinavia meridional.

Menos grafiosis, y por qué

En campo, Ulmus laevis ha sobrevivido a la segunda pandemia de grafiosis en proporciones muy superiores a las de U. minor y U. glabra. Hay poblaciones europeas con adultos en pie donde las olmedas de olmo común desaparecieron por completo.

La explicación es interesante porque no es la que se supone. No es una especie especialmente resistente al hongo. Si se le inocula Ophiostoma novo-ulmi de forma artificial en el tronco, se infecta y puede morir igual que los demás. Lo que tiene no es resistencia, sino escape: el vector no la usa.

Los escolítidos del género Scolytus encuentran esta especie poco atractiva en las dos fases de su ciclo. Por un lado, los adultos que salen en primavera y buscan copas de olmo sano para roer la corteza tierna de los ramillos —el momento en que inoculan las esporas— la eligen mucho menos que a U. minor, aparentemente por diferencias en los compuestos volátiles y en la química de la corteza. Por otro, la corteza de U. laevis es un sustrato de cría malo: las hembras que llegan a instalarse producen menos descendencia y con peor supervivencia. Sin un vector que la visite, la puerta de entrada del hongo se queda cerrada.

Con dos matices que conviene tener presentes. El primero, que el escape no es absoluto: donde la presión de inóculo es alta y hay olmos comunes enfermos alrededor, los escolítidos acaban usando también el olmo pedunculado. El segundo, que la vía radical sigue abierta: si un ejemplar tiene las raíces soldadas con las de un olmo infectado próximo, el hongo pasa por ahí y el insecto sobra. En plantaciones mixtas y muy densas eso ha ocurrido.

Dónde está en España

Su distribución peninsular es pequeña y estuvo largo tiempo mal interpretada. Durante décadas se dio por hecho que los ejemplares españoles procedían de plantaciones antiguas, hasta que los trabajos genéticos de las últimas décadas mostraron que las poblaciones ibéricas son nativas y genéticamente diferenciadas de las centroeuropeas, restos de un refugio glaciar propio.

Los núcleos naturales se concentran en el cuadrante centro-occidental: los valles del Alberche y del Tiétar, entre Ávila y Toledo, y las cuencas del Alagón y el Árrago en el norte de Cáceres, con presencia dispersa en Salamanca y algún punto de Castilla y León. Son poblaciones cortas, de pocos individuos, ligadas a tramos concretos de río. Fuera de ahí, lo que se encuentra son ejemplares plantados en parques y riberas urbanas.

Su rareza y la fragmentación de esos núcleos han llevado a incluirla en catálogos autonómicos de flora protegida y a considerarla prioritaria en los trabajos de conservación de olmos ibéricos. Recoger semilla local, y no material de procedencia centroeuropea, es la manera de no diluir esa diferenciación genética.

Cultivo y usos

Restauración de riberas. Es su uso principal y el que mejor le va. En tramos de río con encharcamiento invernal, donde el olmo común se pudre y el fresno no llega, el olmo pedunculado ocupa un hueco funcional que casi ninguna otra especie cubre. Su menor susceptibilidad a la grafiosis lo hace además una apuesta más segura a treinta años vista.

Árbol de parque grande. Aguanta suelos compactados y encharcadizos, tolera bien la poda y da una sombra amplia. Necesita espacio: el porte adulto y los contrafuertes de la base lo hacen inadecuado para alcorques estrechos o aceras. Y necesita agua: en secano, sin riego, no vale.

Plantación y riego. Se planta en otoño o a finales de invierno, en suelo profundo y fresco, a pleno sol. Los primeros tres o cuatro años exige riegos de verano regulares aunque esté junto a un río, hasta que la raíz alcance el freático. A partir de ahí se defiende solo.

Multiplicación. Por semilla, y con prisa: la sámara se siembra recién recogida, en mayo, sin dejarla secar, porque el poder germinativo cae en cuestión de semanas. No necesita estratificación y nace en dos o tres semanas. También arraiga por estaquilla semileñosa de verano con hormonas, y a diferencia del olmo común no proporciona chupones de raíz con los que multiplicarlo.

La madera es blanda, poco densa y con tendencia a alabearse, bastante inferior a la de U. glabra. Se ha empleado en envases, chapa, trabajo de torno y pasta de papel, no en carpintería de exigencia. En el ámbito rural la hoja se usó como forraje de complemento a final de verano.

Hojas de Ulmus laevis con la base muy asimétrica

En resumen

Ulmus laevis, el olmo pedunculado u olmo blanco, es un árbol de 20-30 m con la base del tronco acostillada en contrafuertes y la hoja de base extremadamente asimétrica, con el envés pubescente.

Su carácter inconfundible es el fruto: sámaras de 10-15 mm colgando de un pedúnculo de 1,5 a 3 cm y con el margen orlado de cilios blancos. Ningún otro olmo europeo los tiene.

Tolera el encharcamiento prolongado, semanas con las raíces bajo el agua, y por eso ocupa los suelos de ribera que el olmo común no aguanta. No resiste la sequía; sí el frío intenso, hasta -25 ºC.

Sufre mucho menos la grafiosis, pero por escape, no por resistencia: los escolítidos del género Scolytus lo eligen poco para alimentarse y crían mal en su corteza. Inoculado directamente se infecta, y el contagio por raíces soldadas sigue siendo posible.

En España es raro y nativo, con núcleos en los valles del Alberche, Tiétar, Alagón y Árrago. Se emplea sobre todo en restauración de riberas y en parques amplios con suelo húmedo, y se multiplica sembrando la sámara recién recogida en mayo, sin dejarla secar.


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